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Capítulo 23

* * *

—Gracias, lo tendré en consideración.  

Ya fuera Niad o Ilipa nunca imaginé que sería él, y no otra persona, quien me diría eso.

Respondí sin comprenderlo del todo.

Oried bajó la mirada suavemente, observándome.

Por alguna razón, su mirada intensa decía más que las palabras, ante él  tomé una decisión.

—Padre.

Aceptaría el compromiso con el Príncipe Heredero.

—Deseo aceptar el compromiso con su Alteza Real el Príncipe Heredero.

Aunque eso significaba casarse con el hijo de mi enemigo, me ofrecía más opciones.

Mi objetivo era asegurarme un puesto en el Gran Comité de Operaciones de Haylian, estaba decidida a utilizar el poder que obtuviera allí para cumplir todas mis planes, aunque, en realidad ese paso podría realizarse sin ningún inconveniente. 

Por muy favorable que fuera la opinión que Robertick tuviera para mí, era impensable que fuera tan beneficiosa como el puesto de la princesa heredera.

Aun así, no podía esperar a que se presentaran innumerables oportunidades más en el futuro. ni dar tampoco  sentado que a mi abuelo le quedaba  poco tiempo de vida.

Incluso si el emperador me quitara en el futuro el puesto de princesa heredera, un compromiso con el Príncipe Heredero me daría naturalmente la autoridad y el respaldo del imperio.

Además, dado que se trata de un compromiso, y no de un matrimonio, que puede disolverse, sigue existiendo algún vacío dentro del contrato  que permitiría liberarme más adelante. Por lo tanto, aceptaré ahora la mano que me ofrece el emperador.

Tendrá mejores  beneficios a largo plazo, entonces no pondré más objeciones. 

«Di lo que necesitas que haga y luego salgamos de aquí». 

La promesa que Orid me hizo hace mucho tiempo siempre me ha impulsado a seguir adelante.

—Edith, ¿qué es eso…? ¡No, un compromiso tan pronto!.

Robelick se quedó en silencio por un momento, se desplomó en el suelo y me agarró por los hombros.

—Se trata de un compromiso real. ¡Tendrías que soportar una carga y una presión insoportables durante el resto de tu vida! Edith, papá nunca lo permitiría.

Para mí, estar en el Ducado o entrar en el palacio no había ninguna diferencia.

Al fin y al cabo, todo esto ha sucedido por su culpa.

Antes, la política y el poder eran ecos lejanos en mi vida tranquila. Ahora vivo entre intentos de asesinato y la  expectativa de la voluntad de alguien más.

Así que esta vez, voy a actuar únicamente para aprovechar la situación primero.

—Quiero convertirme en princesa heredera, padre.

—¿Qué es eso…?

Mi corazón cansado estaba en conflicto.

—El Gran Ducado de Haylian será heredado por Alea, a quien se le concedió el título de gran duquesa antes que a mí.

Aunque no era mi intención, se me ha presentado una oportunidad.

Si Robertick  se enfrentara a una situación en la que mi vida estuviera en peligro ¿a quién confiaría el Comité?

—Edith. ¿Por qué crees que Alea será la que  heredaría el Gran Ducado?.

Robelick frunció profundamente el ceño, como si hubiera oído algo una tontería.

—Por supuesto, Alea  también es hija de padre,

—Hija, sí es mi hija es correcto.

Repitió la palabra hija  como si la estuviera masticando.

Entonces, de repente, me tomó la mano y declaró:

—Pero Edith, Alea no es la hija que heredó la sangre de mi padre. El Consejo del Gran Duque no puede ser heredado por alguien que no lleve la sangre  de Haylian, mi padre nunca contempló romper la regla, por lo tanto…

Se inclinó hacia mí, sus ojos se encontraron con los míos  mientras hablaba.

—La persona que se convierta en Gran Duque de Haylian después de mí… serás tú.

Pensaba que realmente le importaba Alea, estudié su expresión reflexionando si era una  tan firme y decidida como parecía.

«¿Esta devoción por tu  sangre es más fuerte que tu amor por Shastia y Alea?». 

—Entonces no importa si no te conviertes en princesa heredera. Debes sucederme como gran duque, si te convirtieras en princesa heredera un miembro de la familia real no puede  heredar un título nobiliario al mismo tiempo. Por lo tanto, Edith.

—Deseo formar mi propia familia.

Bueno, supongo que entiendo tus pensamientos sin embargo no cambia mis planes. 

—¿Qué?.

La leve sonrisa de Robertick se desvaneció mientras hablaba, su rostro cambió  repentinamente.

—Siempre he deseado vivir sola con mi abuelo, tener más familia. Aunque ahora tengo a mi padre, convertirme en duquesa me llevará inevitablemente a un matrimonio político.

Continué lentamente.

—Dado que el matrimonio es inevitable, deseo elegir a mi pareja por adelantado, cuando conocí a Su Alteza Imperial el Príncipe Heredero en el palacio la última vez, me pareció un hombre amable y gentil. Creo que sería maravilloso que una persona así se convirtiera en mi futuro esposo.

Casi me echo a reír en ese instante, pero me contuve y fijé mi mirada en Robertick.

—Así que, por favor, concédeme permiso, padre.

Las pestañas blancas como la nieve de Robertick se agitaron ligeramente.

Sin embargo, la respuesta que finalmente salió de sus labios fue:

—Muy bien, Edith.

Tal y como había previsto.

* * *

Era el día antes de mi entrada oficial en el Palacio Imperial.

Mientras tanto, el Palacio Imperial se encontraba en crisis provocado por dos acontecimientos.

El primero era el nombramiento de Edith Ronen Lady de Haylian hija del antiguo duque de Basteban, cuyo título había sido confiscado y exiliado, y del gran duque de Haylian como prometida del Príncipe Heredero, sus orígenes eran asombrosos más allá de toda medida.

El segundo era este.¡Se ha prohibido la invocación de espíritus…!.

Se había lanzado un hechizo dentro del Palacio Imperial que prohibía la invocación de espíritus a todos excepto a la familia imperial.

Si bien se permitía la invocación de espíritus de nivel inferior, absolutamente esenciales para la gestión de la casa real, la invocación de cualquier espíritu de rango superior estaba totalmente prohibida, independientemente del motivo.

Aunque sorprendido por la repentina noticia, al escuchar la razón tuvieron que aceptar a regañadientes.

Ese día.

El asalto al palacio del Príncipe Heredero por una colosal pared de hielo, de origen desconocido, no era un incidente que hubiera ocurrido solo una o dos veces.

Había sucedido repetidamente durante varios años y, a medida que su escala e intensidad aumentaban gradualmente, los rumores comenzaban a circular por todas partes.

—Se aprovechará esta oportunidad para erradicar los movimientos traicioneros que se atreven a amenazar la vida del príncipe  heredero.

Así lo proclamó el emperador, aparentemente decidido a no quedarse de brazos cruzados mientras continuaban estos incidentes inexplicables.

Dadas las circunstancias, había poco margen para protestar.

El término familia imperial se refería únicamente a aquellos con sangre de la Casa Imperial,por lo que yo no estaba incluido.

Así, me encontré ante una despedida inesperada.

—Por esta razón, no podré convocarlos por el momento.

Los Reyes Espirituales, al escuchar las circunstancias, reaccionaron de maneras diferentes.

Oried escupió con desdén el nombre del Emperador, luego clavando en mí una mirada severa me advirtió que debía cuidar de mí misma y actuará con prudencia. Acto seguido se desvaneció regresando al Reino Espiritual.

[—Esto no puede ser. Pensar que no volveré a verte….]

—No es una despedida definitiva, una vez que se resuelva el problema, debería poder invocarte como antes.

Niad se negaba a aceptar la despedida con tal intensidad que se aferró a mi mano, negándose a soltarla, lo que me dejó completamente desconcertada.

[—Edith está en una situación difícil, ¿no es así?.]

Con las palabras tranquilizadoras de Ilipa, Niad finalmente logró calmarse.

Aun así, se quedó allí durante un buen rato, y solo regresó al reino espiritual después de insistirle repetidamente.

[—Creo que lo harás bien.]

Como siempre, Ilipa esbozó esa sonrisa depositando en mí una confianza inquebrantable.

—Me esforzaré por dar lo mejor de mí.

Al fin y al cabo, era el camino que había elegido, así que debía darlo todo.

[—Aunque no esté a tu lado, nunca olvides que siempre te bendigo y te quiero más que a nada.]

Ilipa me habló con una sonrisa cálida antes de disolverse en una lluvia de luces brillantes.

Me quedé sola, apreté las manos con fuerza y las presioné contra mi pecho.

Esta sensación de soledad y miedo era la misma que había sentido incluso en la residencia del gran duque.

Ir al Palacio Imperial no cambiará mucho las cosas.

Mientras mi abuelo no esté allí, para mí es lo mismo.

* * *

Al día siguiente.

Al caer la tarde, entré en el Palacio Imperial y según los deseos del Emperador me citaron primero en la sala de audiencias.

—Aunque aún no hemos celebrado formalmente la ceremonia de compromiso, tú también eres ahora miembro de la familia imperial.

El emperador sacó algo de una caja carmesí que le trajo un asistente y me lo entregó.

—Toma esto.

Acepté lo que me ofrecía el emperador.

—¿Un colgante?.

El objeto era, efectivamente, un colgante, en su centro estaba grabado un fénix, el rey espiritual del fuego símbolo del Imperio, un fénix magnífico e intenso, como si estuviera a punto de alzar el vuelo en cualquier momento.

Era idéntico al diseño grabado en la puerta que daba acceso a la sala de audiencias.

—Como consorte del Príncipe Heredero y futura emperatriz, este es un objeto que debes poseer. Guárdalo en un lugar seguro.

—Sí.

—Originalmente, era una reliquia de la emperatriz pero ahora ese puesto está vacante, dado que estás destinada a convertirte en emperatriz de todos modos, es mejor que lo tengas.

Así que era una reliquia transmitida de generación en generación por las emperatrices Roshan.

Dejé de examinar el colgante y volví mi mirada hacia el emperador quien parecía recordar algo que le disgustaba volviendo su expresión fría y gélida.

—Majestad, el Príncipe Heredero ha llegado.

—Hazlo pasar.

Mientras me invadía una fugaz sorpresa, se anunció la llegada del Príncipe Heredero.

—He oído que me has llamado, padre.

La voz del Príncipe Heredero resonó en la sala.

Al girar la cabeza, mi mirada se encontró con la del Príncipe Heredero, un sonrojo inmediato tiñó sus mejillas. 

—Como mencioné antes, esta es Edith Ronen, tu prometida y futura princesa heredera. Esta es nuestra segunda reunión, ¿no es así?

—Sí, sí.

—Dado que estarán juntos por el resto de sus vidas, sería mejor que se acercaran cuanto antes.

El emperador borró por completo la inexplicable frialdad que había aparecido en su rostro y miró a su hijo mayor con una leve calidez.

—Demos un paseo juntos por el jardín.

—Sí, padre.¿Puedo acompañar a Lady Edith?.

Apreté el colgante en mi mano y le ofrecí al Príncipe Heredero una leve sonrisa.

—Sí, Alteza Real.

Luego me colgué el colgante al cuello y levanté el brazo para tomar el del Príncipe Heredero.



TRADUCCIÓN: AKANAE
CORRECCIÓN: AKANAE
REVISIÓN: 
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


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