Capítulo 228
Y por eso, tú pudiste heredar el poder de Ilipa y convertirte en un ser inmortal. Porque tú eras la primera mortal que floreció en este mundo por sí misma, aun sin haber sido creada por Vanus.
[—Entonces, ¿cuántas veces arruiné tu vida?]
Esimed murmuró confundido, sosteniendo con dificultad su cuerpo tambaleante contra la barandilla. Su mente era un torrente de recuerdos inundantes, su corazón sacudido por un maremoto de culpa hacia su propia existencia.
—Basta, Esimed.
La voz que lo llamó de vuelta a la realidad era la de la joven humana a la que había amado. Esimed volvió la cabeza, aturdido. Edith había usado una voz humana para llamarlo. Y entonces… Esimed bajó lentamente la mirada.
En el instante en que descubrió la mano de Edith, apretando la suya sin importarle las afiladas espinas negras que la cubrían, Esimed apartó bruscamente su mano de la de ella.
AH…
Pero su mano, que debería estar llena de heridas, estaba intacta. Y al comprender una vez más que Edith se había convertido en la Reina Espíritu, Esimed la miró con una mirada temblorosa.
—Sí, es cierto. Soy la primera vida que floreció en este universo, y el mismo ser del que naciste tras devorarme.
Edith respondió a la confusión de Esimed con una voz firme.
—Ilipa, Vanus, me transfirió su posición como Reina Espíritu de la Vida y regresó al cosmos. Arcane, escuchando tu súplica, eligió por sí mismo el camino del confinamiento eterno en el vacío.
Dando un paso, acortando de nuevo la distancia que él había creado al retroceder.
—La larga, larga noche ha terminado ahora, Esimed.
A través de su cabello lavanda ondeando al viento, se reveló el rojo amanecer que iluminaba el cielo.
El alba.
Justo después de que el Segundo Príncipe del Imperio Roshan comprendiera por primera vez su verdadera identidad, y de que la Gran Princesa de Haylian expulsara por primera vez la oscuridad.
Un amanecer inconcluso, en el que, aun sin conocerse del todo, se vieron forzados a alejarse.
Pero el tiempo fluyó, los niños crecieron, navegaron a través de los vendavales del destino,
y una vez más se encontraron para recibir juntos el amanecer.
—Y ahora, finalmente, nos conocemos el uno al otro por completo.
Un amanecer que anuncia la consumación, brillando cada vez más, mientras el largo, largo viaje finalmente llega a su fin. Edith miró a Esimed con una sonrisa temblorosa, casi llorando, abrumada por una oleada de emociones.
—Tú has regresado a ser el Rey Espíritu de la Muerte, y yo me he convertido en la Reina Espíritu de la Vida.
[—¿No me odias?]
Finalmente, Esimed preguntó con voz temblorosa, derramando lágrimas.
Mikumkzuu: CREO que podría haber una confusión con la simbología, pero no es un error que de repente hablen como dioses y luego como humanos, así lo deciden ellos, ya que por lo menos Edith lo hizo
[—Yo nací tras devorarte, elegí nacer como humano de manera imprudente, solo por el deseo de volver a verte, y por eso tú tuviste que sufrir innumerables dificultades. Pero…]
«¿Cómo puedes aún sonreír al mirarme?»
—Es que no puedo odiarte —a esa pregunta, Edith respondió—. A ti, que eres puro como un niño, y guardas en lo profundo de tu corazón una bondad de la que ni siquiera eres consciente.
Con una expresión entre risa y llanto, mirándolo fijamente con ojos brillantes y cristalinos.
—Al principio fue compasión. También pensé que tenías suficiente valor para ser usado. Pero… al enfrentar tu pasado como Rose Hakadella, y darme cuenta, incluso en medio del arduo viaje… del momento en que comprendí que tú habías cambiado por mí.
Y bajando lentamente la mirada, habló con serenidad.
—Probablemente, desde ese momento, supe que nunca podría olvidarte…
No era una pasión ardiente y abrasadora.
—Me siento tranquila a tu lado, me alegro sinceramente al confirmar que me amas. Los días en que no podía estar contigo siempre estaban cubiertos por una tristeza que no se desvanecía…
«¿No podría llamarse también a esto amor?»
—Y, aunque naciste devorándome… no creo que sea del todo malo.
Edith cambió de tema con una sonrisa radiante.
—En aquel entonces, en la era primigenia cuando solo existía el vacío en este universo, aunque logré nacer, vivir era demasiado difícil.
Rememorando los recuerdos ancestrales que ahora podía evocar al instante, Edith extendió la mano hacia el paisaje de la capital, ya completamente bañado por el amanecer.
—Pero mira el mundo ahora. Este lugar próspero y hermoso, donde innumerables vidas viven de manera colorida.
Y Edith, volviéndose hacia Esimed, sonrió brillantemente.
—¿No es mucho mejor para vivir que aquellos tiempos antiguos?
Está hablando con un tono deliberadamente alegre para consolarme.
Aunque las lágrimas aún fluían por su rostro, ahora con una expresión libre de agonía, Eshmed capturó en sus ojos a la mujer que brillaba más bella que ninguna.
[—Yo, gracias a ti, comprendí el valor de la vida.]
Y abrió la boca sonriendo, como a punto de llorar.
[—Y entendí completamente lo que significa amar a alguien.]
«Así que…»
[—Te estoy realmente agradecido, Edith.]
«Mi único amanecer que ilumina mi noche.»
Esimed se acercó lentamente a la mujer que amaba e inclinó su cuerpo.
Y con cuidado, besó la comisura del ojo de Edith, quien lo miraba sorprendida.
«Aunque mi amor y tu amor no tengan el mismo peso.»
[—Esperaré. Hasta que tu amor crezca y algún día florezca.]
Ya no tienes que preocuparte de que las espinas que envuelven mi mano te lastimen.
Edith, sin atreverse a tocarlo aún, lo observó mientras su rostro se demoraba ansiosmente sobre el suyo.
Extendió ambos brazos y lo abrazó.
Sorprendido por esto, Esimed, que se había quedado rígido, tras un momento, con cuidado, solo lo suficiente para que sus espinas no perforaran la ropa de Edith, extendió sus manos, envolvió su frágil cuerpo y finalmente, abrazándola a su vez, la estrechó contra sí.
Y así, la mujer que había cumplido con toda su misión, trascendiendo la mortalidad para ascender a la inmortalidad, descansó por un momento, cómodamente, en los brazos de la Muerte que había aprendido a amar.
Epílogo: El Final de la Noche
Arcane lloró.
Al darse cuenta de que el único sonido que resonaba en este vacío era su propio sollozo, volvió a llorar sin consuelo.
En el momento de asimilar la realidad de haber sido abandonado, la abrumadora sensación de privación y desesperación era simplemente insoportable.
Había dado todo de sí para recuperar a quien le habían arrebatado…
Vanus, a quien Arcane anhelaba tan amargamente, había elegido a un humano para expulsarlo.
Y Esimed amaba precisamente a ese humano elegido por Vanus.
Bajo esa cruel realidad, toda la voluntad que Arcane había luchado por mantener se desmoronó.
Arcane rumió el último recuerdo con Esimed, una y otra vez.
Al darse cuenta de nuevo de que ahora estaba confinado en el vacío, condenado a vivir solo por la eternidad,
lloró desconsoladamente por la desesperación de haberlo perdido todo.
[—Arcane.]
Y entonces, junto a la oscuridad dejada sola, el Cosmos regresó.
AH…
Arcane, aturdido por el llamado de aquel a quien ni en sueños podría olvidar, y de quien nunca imaginó volver a escuchar, volvió la cabeza.
AH, AHH…
Y al final de su mirada, no estaba la Reina Espíritu de la Vida, sino la forma ancestral que Arcane tanto anhelaba.
El Cosmos, que había regresado a ser Vanus, lo miraba sonriendo.
¿Era una ilusión?
No… Arcane extendió una mano temblorosa hacia él, y comprendió.
Que esto era, sin duda, la realidad.
En el instante en que supo ese hecho, nada más importó.
Arcane se levantó de un salto de su lugar y corrió hacia Vanus.
Y el Cosmos abrió los brazos, envolviendo en un abrazo a la oscuridad que se aferraba a él desesperadamente.
[—Va, Vanus… ¿Por qué, por qué ha regresado…? Yo pensé… que usted… me había abandonado…]
Arcane se aferró con desesperación al calor que apenas había recuperado. Y preguntó, sollozando sin control.
[—Esa fue mi intención desde el principio. Después de devolverle su lugar legítimo al hijo que perdí, planeaba volver a ti.]
Vanus consoló a Arcane, hablando con una voz bondadosa.
[—Mi único compañero al que regresar eres solo tú.]
«Mi oscuridad, que me ha llenado más que nadie.»
[—Aunque para recuperar al hijo que perdí y recorrer el camino de regreso a ti… tuve que infligirte una profunda herida.]
Vanus apoyó su cabeza en su amada oscuridad y cerró los ojos.
[—Sin embargo, fue solo a través de todo ese sufrimiento que pudimos llegar a un momento como este.]
«Así que, ahora…»
[—Estemos juntos para siempre, Arcane. Si estamos juntos, incluso el vacío se convertirá en un paraíso…]
Arcane, hundiendo su rostro en el cuello de Vanus, asintió repetidamente.
[—Sí, hagámoslo, hagámoslo así.]
«Mientras usted esté a mi lado, incluso si cayera en cualquier infierno…»
[—Usted es mi único y único consuelo…]
Mikumkzuu: me estás diciendo que todo esto fue solo para que ellos dos esten juntos xd?
«Sí, esa era la única verdad.»
Arcane tendría que vivir en la oscuridad por un tiempo cercano a la eternidad, pero dado que Vanus había regresado a su lado, era como haber vuelto a los tiempos ancestrales que tanto anhelaba.
Y así, la profecía de Lore finalmente se cumplió con el paso del tiempo.
Con una sola diferencia…
Lo que llegó a la oscuridad no fue su fin, sino su final. El término de la noche eterna.
El comienzo de un nuevo acto, en el que, liberado de su miserable odio, viviría sin cometer más maldad alguna.

TRADUCCIÓN: MIKUMKZU
CORRECCIÓN: MIKUMKZU
REVISIÓN: MIKUMKZU
RAW HUNTER: ACOSB