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Capítulo 222

—… Con este cuerpo humano tan insignificante, vengo a rendir homenaje al Gran Rey Espíritu de la Sabiduría.

En el instante en que se dio cuenta de que su plan había tenido éxito, Carlyle se arrodilló, inclinó la cabeza y ofreció sus respetos a Laer.   

[—No hagas cosas que no sientes. Es repulsivo.]

Laer, que había observado en silencio la actuación de Carlyle, murmuró con voz fría.

[—Tengo una idea aproximada, pero debo oírlo de tus propios labios. ¿Cuál fue la razón por la que de repente le diste la espalda a Arcane y me ofreciste tu alma?]

Alejándose de Carlyle, Laer preguntó mientras caminaba por el espacia vacío en blanco.

—… ¿Aceptaría si lo llamara un cambio de opinión tardío?

[—Tonterías.]

Tras un momento de vacilación, Laer rechazó la respuesta de Carlyle con brusquedad.

[—Aunque puedo prever el futuro, eso no significa que no me enfurezcan tus pecados. Has complicado las cosas muchísimo y ¿ahora pretendes confiar en mí por un cambio de opinión tardío?]

Una mirada severa se posó sobre Carlyle como una espada.

[—Ten un poco de vergüenza.]

Era un tipo de presión diferente a la que había sentido cuando se enfrentó a la voz de Arcane y a su presencia.

Carlyle, con las manos temblorosas, trató de mantenerse firme, pero no pudo aguantar la mirada implacable de Laer.

—Créame, seré un peón muy útil para usted.

[—… Qué arrogante. ¿Qué demonios podrías tener tú que me fuera útil?]

—El destinado a convertirse en el nuevo Rey de la Vida, a quien Arcane desea eliminar desesperadamente.

[—¡…!]

Carlyle observó la silenciosa agitación de Laer y se rio desesperadamente.

—Dedicaré mi alma a protegerlo. Úseme como quiera, incluso destrúyame, ¡no importa!

[—… ¿Destrucción, dices? Al fin y al cabo, un alma que ha traicionado la luz y adora la oscuridad no puede reencarnarse y como castigo por su pecado caerá en el vacío, desapareciendo por toda la eternidad. Hablas como si fuera una gran determinación.]

Por un momento, Laer habló con un tono frío y distante.

[—Incluso desde el principio, el plan que le ofreciste a Arcane dificultó el nacimiento del Hijo del Destino…]

Su mirada se apartó de Carlyle y se fijó en el vacío.

Loar parecía sumido en sus pensamientos, contemplando las múltiples ramas del destino. Carlyle, sintiéndose cada vez más ansioso, lo miró con una sensación de desesperación.

Esto no podía continuar así.

Debía ser reconocido por Laer aquí, en este momento, y ayudarlo…

{—¡Carlyle!}

El rostro de Carlyle se retorció al recordar la última imagen de Shastia.

Al morir de forma contraria a lo planeado, Arcane quedaría momentáneamente desconcertado.

Pero pronto, como se había previsto originalmente, Shastia sería utilizada como una pieza para manipular el corazón de Robertick Arne Haylian.

Así, Shastia viviría toda su vida siendo manipulada, sin saber que tanto Alea como ella misma eran meras marionetas de Arcane…

[—Una vez eliminado el Niño del Destino, dedicaré todas mis fuerzas a romper el Sello Dorado. Esta vez, pretendo traer el silencio perfecto a este mundo caótico. ¿Te complace eso? Sé muy bien que tú también desprecias este mundo.]

Al final, estaba destinado a encontrar una muerte miserable junto con el apocalipsis desatado por Arcane, liberado de las restricciones del decreto.

—…

Sabiendo todo esto, y aun así ayudando a la voluntad de Arcane.

Qué tontería, darme cuenta de ello solo ahora…

—Si realmente duda de mi sinceridad, entonces examiné todos mis recuerdos.

Shastia no desea que él muera de forma tan miserable.

Con gran esfuerzo, Carlyle reprimió las emociones que se alzaban en su pecho y habló hacia Laer.

—De esta manera, de esta forma… no…

[—… ¿Qué dijiste?]

Ante la propuesta de Carlyle, Laer entrecerró ligeramente los ojos y preguntó.

—Si puedes ver a través de cada fibra de mí ser, debes comprender mi desesperación. …Entonces podría utilizarme a la perfección.

La imagen de Shastia acercándose a él, incluso cuando la casa estaba envuelta en llamas y ella no huía, no dejaba su mente.

«… Habiendo sido el causante de todo esto, ¿cómo pude cometer semejante estupidez y dar marcha atrás?»

Carlyle pensó amargamente sobre sí mismo.

Al final, el camino que había recorrido, él mismo lo estaba destruyendo.

—Por favor, acéptame como tu peón. Pase lo que pase… Debo conocer a quien está destinado a convertirse en el Rey de la Nueva Vida.

Carlyle habló con desesperada determinación.

El ser al que Arcane más teme, el que traerá el fin de la oscuridad.

Debía encontrar al niño del destino y, con él, proteger a Shastia de la tormenta de oscuridad que se desataría sobre el mundo. 

[—Tú…]

Laer contempló la sincera súplica de Carlyle y murmuró en voz baja.

[—Así que, incluso un humano como tú… es capaz de amar, después de todo.]

 [—Bueno, incluso esa horrible oscuridad ha cometido tales locuras, cegada por su amor… Está bien.]

Y así, el Rey Espíritu de la Sabiduría decidió reclamar el alma del pecador invocador de espíritus.

* * *

Mientras Carlyle se perdía en sus recuerdos, vio su propia desaparición y a Edith observándolo, con una expresión de incredulidad en el rostro.

Aunque Edith era la enemiga que había destrozado su vida, su inquietud era palpable… 

Carlyle debería sentirse aliviado, pero ella seguía ahí. Sin embargo, a pesar de todo, una extraña sensación de alivio lo invadió.

No había duda alguna sobre el noble carácter de aquella chica.

Entonces…

Justo antes de sumergirse en el silencio eterno.

Carlyle pensó en Shastia.

Ella estaría a salvo.

No tendría que enfrentar un destino tan miserable como el suyo, ni ser rechazada por el mundo.

Viviría mucho tiempo, y al final, moriría en paz.

Así, el hombre que había vivido una vida llena de odio hacia el mundo y arrogancia hacia sí mismo, dejó atrás todas sus creencias y malicia.

Solo deseaba la seguridad de una mujer que había tocado su corazón.

Y se desvaneció.

En otras palabras, encontró la muerte eterna.

  1. El mortal de la antigüedad.

El alma brillantemente blanca se precipitó hacia el abismo infinito.

La primera emoción que dominó su corazón fue un miedo extremo a lo desconocido, diferente a todo lo que había experimentado antes.

Sin embargo, pronto, inclinándose hacia la oscuridad que lo envolvía suavemente, el alma cerró lentamente los ojos ante la irresistible oleada del vacío, sumergiéndose en los tiernos recuerdos susurrados por el cosmos.

* * *

En la antigüedad.

En los tiempos cuando la vasta expansión del universo solo estaba llena de oscuridad, en ese espacio que bien podría haberse llamado vacío, solo existían dos entidades: el universo, Vanus, y la oscuridad que representaba Arcane.

Solo ellos dos.

Fue una sucesión de días tranquilos, desprovistos de vitalidad y agitación.

Arcane amaba sinceramente a Vanus que lo envolvía con su oscuridad.

Consideraba que cada momento que pasaba Vanus era una bendición, pero Vanus no sentía lo mismo.

[—Qué vacío…]

El cabello, que se enroscaba como una extensión del universo, caía en largas curvas.

En sus ojos, completamente oscuros, reflejaba el mismo universo sin luz que los rodeaba.

Una calma profunda, pero desprovista de novedad o singularidad.

La oscuridad era suave y cariñosa. El universo, a su manera, también amaba la oscuridad.

Sin embargo, Vanus no podía quitarse ese pensamiento de la cabeza.

Que el significado de su existencia seguramente no residía únicamente en abrazar la oscuridad y vivir.

Pero, ¿cómo, exactamente, debía buscar el cambio?

El universo de aquella época no podía saberlo.

Así que Vanus abrazó el vacío y dejó pasar otro vasto lapso de tiempo.

Soñando con un cambio desconocido, creyendo que algún día llegaría algo nuevo.

Y el cambio llegó en un momento inesperado.

* * *

Un día, mientras Arcane dormía profundamente, vagando por los confines del universo para pasar las tediosas horas, Vanus se encontró con algo que no había existido antes.

[—Esto es…]

Ni siquiera poseía una forma definida.

Su fragilidad era evidente a simple vista.

Envuelta en un tenue resplandor, había florecido de la árida oscuridad…

Era, sin duda, la primera forma de vida nacida en este universo.

Vanus contempló la forma de vida, sumido en el asombro.

Esta primera forma de vida había surgido débilmente en una época en la que ni siquiera se conocía el cosmos, sobreviviendo por sus propios medios.

Vanus no podía apartar la mirada de ella.

Aunque su apariencia podía calificarse con razón de poco atractiva, para Vanus nada era más hermoso que esta frágil vida que tenía ante sí.

Incapaz incluso de considerar la posibilidad de regresar a Arcane, Vanus se sentó en el borde del universo donde había florecido la vida, contemplando sin cesar esa vida.

No hubo comunicación entre ellos.

Los días pasaban sin cambios.

Sin embargo, Vanus encontraba satisfacción simplemente en contemplar esa vida ante él.

[—No puede ser…]

El momento de felicidad duró muy poco.

El universo era demasiado árido para que algo sobreviviera.

La primera vida, tal y como había nacido, desapareció en silencio.

Como si nunca hubiera existido, se desvaneció.

[—….]

El universo se dio cuenta de la pérdida por primera vez, inmediatamente después de su nacimiento.

Y al darse cuenta de que la pérdida traía consigo dolor, se sumió en una desesperación que no podía superar.

Contempló al ser que había nacido en el mismo lugar donde la primera vida se había desvanecido.

Tenía unos ojos azules pálidos que brillaban con un azul penetrante y gélido.

La identidad de este ser, nacido al devorar la primera vida que había florecido en este universo, era “la Muerte”.

[—Así que… fuiste tú quien lo empezó todo.]

Vanus contempló a la joven Muerte con ojos llenos de un dolor inconmensurable y susurró débilmente.



TRADUCCIÓN: DULCINEA
CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: DULCINEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


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