Capítulo 207
—¡Alea Seraphina Haylian! ¿De verdad no te das cuenta de la atrocidad del crimen que estás cometiendo? ¡Incluso considerando la gracia de la casa Ducal Haylian, que te acogió y crió a pesar de tu humilde nacimiento, detén ahora mismo lo que intentas hacer y confiesa tu culpa!
La voz furiosa de Robertick resonó en el salón. Alea, que había estado mirando fijamente a Esimed, endureció su rostro en un instante y se volvió hacia él.
—Padre, márchese de una vez mientras aún digo que lo dejaré ir sano y salvo.
—¿Qué? ¿Qué has dicho?
Con una sonrisa glacial dibujada en el rostro, Alea miró desde lo alto a su padrastro y habló:
—Ya ha perdido casi por completo la bendición de los espíritus, ¿no es así? Dicen que ahora ni siquiera Ariel responde a su llamado.
—Tú… ¿cómo sabes eso?
Robertick la miró con expresión de conmoción al ver su secreto expuesto. Alea giró con un paso ligero y caminó hacia el trono mientras decía:
—Debido a que ha amenazado repetidamente a Su Majestad el Emperador, desde hace años está prohibido incluso convocar Espíritus o usar el poder Elemental dentro del palacio imperial. En esta situación, ustedes no pueden hacer nada.
Volvió a darse la vuelta, mirando desde lo alto a quienes la observaban atónitos.
—Así que regresen. Ahora mismo.
Bajo la brillante luz que caía del techo, Alea sonrió con cansancio. Su apariencia era la de una emperatriz completa; solo le faltaba la corona.
—…¡!
Esimed, guiado por el instinto, comprendió que no debía permanecer ni un segundo más allí. Salió apresuradamente del salón. Alea observó cómo su silueta se perdía en la oscuridad y dibujó una sonrisa colmada de expectación.
Con ello, el verdadero infierno comenzó a desplegarse en el palacio imperial de Roshan.
***
—No puede ser.
Tras escuchar de boca de Esimed todo lo sucedido, murmuré atónita, sumida en el shock. Desde el momento en que la gente empezó a perder el conocimiento y a caer desplomada sin motivo, todo había resultado ominoso… ¡pero que el Príncipe Heredero asesinara al Emperador y se alzara en rebelión!
—Alea… ¿por qué?
Ya era difícil de creer que el príncipe heredero hubiera matado al emperador, quien lo amaba entrañablemente, pero lo que más me inquietaba era Alea. Aún permanecía vívida en mi memoria su imagen llorando con aparente fragilidad, diciendo que las jóvenes nobles se habían desmayado tras entrar en la Sala del Espejo.
—…Edith, puede que esto solo sea una corazonada mía, pero…
Justo cuando me encontraba sumida en una profunda preocupación, Esimed habló con la respiración agitada y una mirada inquieta.
—No dejo de pensar en él… en Arcane.
—¡!
Ese nombre, que al escucharlo evocaba un miedo estremecedor. Arcane. Con los ojos muy abiertos, miré a Esimed, quien me observaba con una expresión desolada.
«Hace cuatro años, aunque logramos imponer una restricción a Arcane en Literra… ¡debido a eso, ahora ni siquiera los Reyes de los Espíritus pueden ser convocados!»
—Entonces esto no es un problema común. ¡Que Arcane, quien recibió sanciones dos veces por desatar la calamidad y atacar Literra, esté intentando emerger en el mundo nuevamente!
Sumida en la confusión, olvidé incluso usar el tratamiento formal con Esimed mientras gritaba:
—¡Laer, usted sabía de antemano que esto sucedería!
Y al recordar la conducta de Laer, cuando la gente comenzó a desmayarse y él me sacó del salón… al darme cuenta por fin de que había previsto todo, me volví hacia él con una mirada afilada y severa.
[—Sea como sea, la situación no va a cambiar. Lo importante es que debemos salir de este palacio imperial cuanto antes.]
Laer respondió con un tono sereno, sin mostrar el menor atisbo de agitación.
—¿Qué? ¿Laer?
Por su parte, Esimed habló con evidente sorpresa al oírme llamar “Laer” a Idris. Conteniendo mi ira, alcé la vista y le expliqué:
—Idris es el Gran Elementalista de la sabiduría. Por eso, ahora mismo Laer está dominando su cuerpo.
[—Cuánto tiempo sin vernos, Rey Espíritu de la Muerte.]
Laer, revestido con el cuerpo de Idris, se dirigió a Esimed, quien igualmente había adoptado una forma humana, y lo saludó con una actitud respetuosa.
«Ya sabía que el Rey Espíritu de la Muerte formaba parte de los espíritus primordiales, pero aun así, la imagen de Laer mostrando semejantes modales resultaba extrañamente desconcertante.»
—Así que era eso. En cualquier caso, Edith. Ahora no es momento de perder el tiempo.
Esimed, que me observaba en silencio con una mirada cargada de emociones, murmuró en voz baja mientras tomaba mi mano con cuidado.
—Tu abuelo materno y el conde Yufs no han podido salir del palacio imperial porque están buscándote a ti y al joven heredero del Conde. Tenemos que irnos ya.
—Mi abuelo… Entiendo. Lord Laer, usted también venga con nosotros.
Hablé mientras me volvía hacia Laer. El conde Yufs también debía de estar buscando desesperadamente a su nieto.
[—De acuerdo.]
Laer respondió en voz baja, cerrando y abriendo los ojos lentamente.
***
—¡Edith!
—¡Abuelo!
Al salir al corredor siguiendo a Esimed, vimos a mi abuelo no muy lejos. Al descubrirnos, vino corriendo hacia nosotros, jadeante. Me refugié en su abrazo y solté un suspiro de alivio.
—¿Dónde te habías metido? ¿Sabes lo preocupado que estaba este viejo?
—Lo siento. Me acabo de enterar de que había estallado una rebelión.
—No entiendo nada de lo que está pasando. No solo el Emperador ha sido asesinado a manos del Príncipe Heredero, sino que además… al ver a Alea, a esa muchacha, despotricar de esa manera, no puedo sino quedarme horrorizado…
Por su parte, el conde Yufs acariciaba el rostro de Idris mientras le hacía preguntas con voz preocupada. Quizá Laer ya se había retirado, porque Idris había recuperado su expresión afable y respondía con naturalidad.
—Su Alteza el Segundo Príncipe. ¿Qué piensa hacer a partir de ahora?
Justo entonces, mi abuelo se dirigió a Esimed con esa pregunta. Esimed abrió los ojos con sorpresa y, tras dudar un instante, respondió:
—Por ahora, parece que debemos salir del palacio imperial.
—Venga con nosotros a la residencia del Duque Basteban. Será mejor discutir allí qué hacer en adelante.
Que mi abuelo, quien nunca había tenido en alta estima a Esimed, fuera el primero en tenderle la mano… no me lo esperaba en absoluto, así que lo miré con leve sorpresa.
—No puedo causarles semejante molestia… No es apropiado.
Esimed habló con evidente vacilación.
—Que el Príncipe Heredero, culpable del crimen capital de asesinar al Emperador, herede el trono es un peligro aún mayor. Por ello, desde este mismo instante, la casa Ducal de Basteban apostará todo lo que tiene por Su Alteza el Segundo Príncipe.
Parecía decidido a ayudar a Esimed para impedir que el Príncipe Heredero, culpable de una traición imperdonable, ascendiera al trono.
—…Muchas gracias.
Esimed respondió en voz baja, aún incapaz de ocultar su desconcertada vergüenza.
—La casa del Conde Yufs también apoyará al Segundo Príncipe Su Alteza. El Príncipe Heredero ha cometido un acto de impiedad tan atroz que nadie podría tolerarlo.
El Conde Yufs también se acercó y añadió:
—Sobre todo, el Segundo Príncipe posee excelentes cualidades para ser monarca.
—¡Edith!
Justo en ese momento, cuando mi abuelo y el Conde Yufs unían sus intenciones, una voz que nunca quise escuchar, pero con la que inevitablemente tenía que enfrentarme, la voz urgente de mi “padre”, llegó a mis oídos.
Apreté los puños y me di la vuelta.
—¡Edith, estás a salvo!
—…
Robertick, apoyado contra la pared jadeando, me miraba con ojos temblorosos.
—¿Por qué ha aparecido ese tipo otra vez?
Mi abuelo murmuró con una expresión visiblemente alterada. Robertick se acercó lentamente y dijo:
—Tenemos que salir del palacio imperial. Vayamos a la residencia Haylian.
Mi abuelo estalló en ira ante sus palabras y gritó.
—¡¿Qué tonterías estás diciendo?! ¿Por qué iría Edith contigo?
Robertick endureció su rostro y lo miró fijamente.
—¿Por qué se enfada si me llevo a mi propia hija? Será mejor que regrese a la residencia Basteban.
—¡Cállate! La casa del Gran Duque Haylian es a la que pertenece la Gran Duquesa Alea, quien ha cometido traición. ¡No quiero que mi nieta se involucre más con ustedes!
—¡Simplemente borramos el nombre de Alea Seraphina Haylian del registro familiar! ¡Ella ni siquiera tiene la sangre de Haylian para empezar!
Kasu: Auch, esas palabras de Robertick dolieron (。ŏ﹏ŏ) aunque ya sabemos cómo es ʕ⇀_⇀ʔ igual se sintió feo.
Robertick, a quien enfrentaba nuevamente, seguía siendo tan repulsivo como siempre.
«Abandonó a Mariette y eligió a Shastia. Y aun así, después de haber criado hasta ahora a Alea, la hija de ella, como si fuera su propia hija… aunque hubiera cometido traición, la desechó con una rapidez tan cruel.»
—¡Basta ya! Si las cosas han llegado a este punto, ¡nunca más enviaré a mi nieta contigo! ¡Todos, diríjanse a la residencia Basteban!
Mi abuelo cortó de raíz las palabras de Robertick y habló con visible indignación.
—¡Edith! Por favor, escucha a tu padre. Desde el principio, tú eras la única heredera destinada a recibir el título de Gran Duquesa de Haylian. Y ahora que Alea ha cometido semejante acto… ¡de verdad no me queda nadie más que tú!
Robertick gritó mientras me miraba con una expresión tan desesperada y casi patética.
—…
No respondí. En su lugar, fijé la mirada en Shastia, que había llegado siguiendo a Robertick y llevaba ya un rato allí de pie. Su rostro pálido, cargado de una desesperación y una miseria imposibles de describir, parecía simbolizar que por fin estaba recibiendo, íntegro, el infortunio que Mariette había tenido que soportar.
Kasu: solo puedo decir que al final el karma nos llega a todos a paso lento, pero de que llega llega y bien cabrón. (๑˃̵ᴗ˂̵)

TRADUCCIÓN: KAZU
CORRECCIÓN: KAZU
REVISIÓN: MIRCEA
RAW HUNTER: ACOSB