Capítulo 194
—Jaj… Por fin se durmió.
Shastia depositó con cuidado a Alea en la cunita y murmuró como susurrando.
—Ese hombre…
Mientras salía silenciosamente de la habitación donde dormía Alea, pensó en el hombre que no había despertado en los últimos tres días.
Por suerte, la fiebre de Alea había empezado a bajar naturalmente. Pero ahora, el nuevo infortunio de Shastia era que el hombre que había traído a casa tenía una fiebre alta.
No mostraba señales de recuperar el conocimiento, y lo único que ella podía hacer por él, que gemía sufriendo, era hacerle beber agua con hierbas medicinales de poco efecto, limpiarle el sudor frío y cambiarle los vendajes de la herida.
—Si hoy tampoco despierta, habrá problemas graves.
Ahora no le quedaba más opción que llevarlo a la herbolaria, incluso a costa de las críticas de los aldeanos.
Shastia caminó con pasos pesados y abrió la puerta de la habitación donde dormía el hombre.
Y.
—…Ah.
—¡…!
Inesperadamente, sus ojos se encontraron con los del hombre que estaba sentado en la cama y la miraba.
¡Claro que hasta hace una hora seguía inconsciente!
En el instante en que sus miradas se cruzaron, Shastia tembló de golpe y dio un paso atrás por instinto. Parecía más un gesto de miedo que de sorpresa.
—…¿Usted es la persona que me trajo aquí?
Robertick frunció ligeramente las cejas, observó cómo se comportaba Shastia y fue el primero en hablar.
—Ah… sí, sí.
Ante la pregunta formulada con un tono cortés, Shastia reprimió el miedo y respondió con voz baja.
—E-encontré que estaba desplomado en el bosque… así que lo llevé a mi casa de inmediato.
Shastia tartamudeó con una voz débil y temblorosa.
—…Entiendo. Sé que debe haber sido una decisión difícil traer a un desconocido a su casa. Aun así, le estoy profundamente agradecido por haberme cuidado hasta que recuperé el conocimiento. No sé cómo poder retribuir esta bondad.
Robertick bajó la mirada y le expresó su gratitud. Sus ojos brillantes, cubiertos por pestañas finas y plateadas que brillaban como estrellas bajo el sol. Una belleza tan pura y sagrada que evocaba la imagen de un dios inexistente.
Shastia, que lo miraba absorta, se sorprendió y bajó la cabeza para evitar su mirada cuando ésta volvió a dirirse hacia ella.
«¡Dios mío, ¿cómo puede existir un hombre tan guapo…!»
Shastia se colocó la mano sobre el pecho palpitante y pensó con un sentimiento desesperado.
—Soy Robertick Arne, caballero de la escolta real.
—Ah… ¡usted es un caballero!
Shastia murmuró aturdida, levantó lentamente la cabeza y miró a Robertick. No parecía un ciudadano humilde como ella; parecía que desde su nacimiento llevaba consigo una noble distinción diferente.
Si era un caballero de la escolta real, debía vivir cerca de personas ilustres como Su Majestad el Emperador. Como ella pensaba, era un ser de un ámbito completamente diferente al suyo desde el nacimiento.
—¿U…no tiene sed? No ha despertado en tres días…
«¿Será apropiado que alguien tan humilde como yo se atreva a hablar con una persona tan distinguida?»
Shastia preguntó con cautela, mostrando indecisión.
—…Aunque sea descarado, se lo ruego.
Robertick levantó la mano como si le molestara y se tocó la garganta mientras respondía suavemente.
—Ah, sí. ¡Se lo traigo enseguida!
Incluso su leve fruncido de ceño era increíblemente hermoso. Shastia se dio la vuelta con el corazón latiendo fuerte y salió de la habitación.
Después de saciar su hambre con el agua y unos sencillos alimentos que Shastia le trajo, Robertick le preguntó su nombre y estado.
—…Como puede ver, soy una plebeya.
—¿En verdad? ¿Cuál es su nombre?
—Shastia…
Shastia.
Probablemente el único nombre que le quedaba en el día en que perdió a todos sus parientes en el mundo.
—Prium, Shastia Prium.
Y para decir su apellido, tuvo que soportar un dolor agudo como si le clavaran una navaja en la garganta.
Su apellido.
La familia a la que pertenecía.
{¿Quieres vivir? Entonces sígueme.}
El nombre que el hombre que había arrojado una sombra enorme sobre todo su ser le había otorgado con una actitud condescendiente…
—¿Shastia?
—Ah, sí.
Parecía haberse quedado absorta un momento por los recuerdos que la invadían irremediablemente.
Shastia volvió en sí de golpe, miró a Robertick que la observaba con sorpresa y se sonrojó ligeramente.
—Lo siento. Me perdí en mis pensamientos por un momento…
—No importa. Pero parece que tiene hijos… ¿Su esposo está de viaje?
Robertick miró con calma la pequeña sala donde estaban sentados y preguntó.
Pero no hubo respuesta.
Robertick se giró sorprendido y miró a Shastia.
Ella temblaba de pies a cabeza con el rostro pálido como la cera.
—¿Shastia? ¿Está bien?
Robertick la llamó preocupado, pero Shastia solo bajó la cabeza y se llevó la mano temblorosa a la boca sin decir nada.
Así transcurrió un silencio incómodo.
—¡Waaaaaah!
Lo que rompió el silencio fue el llanto de la niña que resonó desde la habitación.
—¡Alea! M-mi hija debe haber despertado. ¡Voy a calmarla y volveré enseguida!
Shastia habló rápidamente sin siquiera mirar a Robertick y corrió hacia la habitación de Alea.
—…
Había hecho una pregunta de rutina y recibió una respuesta inesperada. Robertick miró la espalda de Shastia con una mirada de duda.
***
—¿¿Robertick se ha extraviado??
[Sí, jijiji, ¿qué hacemos?]
La residencia de la princesa de Basteban, rodeada de un jardín de rosas azules que florecían en un frío silencio, estaba inusualmente revuelta por la llegada inesperada de unos invitados.
—¿…?
La doncella que había entrado en el jardín para atender a la princesa descubrió decenas de pequeños cúmulos de luz que brillaban agitadamente, se frotó los ojos sin creerlo y se quedó con la boca abierta.
Will, espíritu superior de la luz. Se habían congregado alrededor de Mariette para contarle la noticia impactante, y el semblante de Mariette, que siempre estaba serena, se fue endureciendo poco a poco.
—Ustedes pueden rastrear la ubicación de quien los invoca.
Dijo con un tono tranquilo.
[—Por eso intentamos buscarlo, pero algo está mal.]
[—¡Es como si algún poder desconocido hubiera cortado de un jalón el lazo que conecta a Robertick con nosotros!]
[—¡No podemos encontrar dónde está Robertick ahora… ¡jajaja!]
Entonces los Will empezaron a llorar, dejando caer lágrimas que brillaban como pequeños destellos, y gritaron al unísono.
Llantos tristes, gritos dispersos, palabras pronunciadas con emoción.
—Jaj…
En medio del alboroto, Mariette se pasó la mano por la frente que le dolía y suspiró.
Algo estaba yendo mal.
Un frío enojo creció en sus ojos dorados que brillaban con intensidad y lucidez.
Incluso los espíritus no podían rastrear la ubicación de Robertick.
¡En el futuro que él le había contado, esto definitivamente no debía suceder…!
—Ya lo entiendo, así que vuelvan al reino de los espíritus. Allí, pidan ayuda al señor Ignis para encontrar a Robertick.
Seguramente ni siquiera el rey de los espíritus de la luz podrá no encontrar a Robertick.
Los Will asintieron entre sollozos ante la orden de Mariette.
[—Ah, ¡se nos olvidó decir esto…]
Y cuando todos los demás se desvanecieron en una luz brillante para regresar al reino de los espíritus, el último Will que quedó se volvió hacia Mariette y dijo.
[—Los caballeros al servicio del Emperador de Roshan están gritando que deben encontrar a Robertick…y dicen ‘¡debemos matarlo sin falta!’.]
En el instante en que esa débil confesión llegó a los oídos de Mariette y dejó un significado claro antes de desaparecer.
—…¿Es así?
La princesa de Basteban, de la que se dice que vive rodeada de extrañas rosas azules y que tiene sangre azul tan fría como las rosas que ama, murmuró con voz helada.
—Sabía que volverían a intentar hacerle daño a Robertick.
«¿Acaso la encarnación de la sabiduría no puede detener ni siquiera unos propósitos tan bajos?»
—Pero saberlo no hace que mi enojo desaparezca.
Sin embargo, en ese momento Mariette Aydin Basteban no se daba cuenta de que la serpiente que se escondía en las profundidades de la oscuridad estaba lentamente devorando el destino en el que ella creía ciegamente, y se preparaba para vengarse de quienes se atrevían a amenazar a su prometido.
***
—¡Wuaa… ¡papá!
—Qué encantadora es la niña.
Robertick miró a la niña que, sostenida en los brazos de Shastia, movía sus pequeñas y regordetas manos hacia él balbuceando, y sonrió levemente.
—…Gracias. El nombre de mi hija es Alea.
—Alea. Es un nombre bonito.
Al mirar en silencio sus ojos de color rosa claro, rojizos y mansos como los de su madre, sintió una calma indescriptible.
Robertick olvidó por un instante todos sus sufrimientos y miró la imagen de la madre e hija sumidas en una atmósfera pacífica.
[—¡Robertick-!]
Lo que despertó la atención de Robertick fue una voz melodiosa que resonó en el aire.
—…¿Will?
Robertick volvió en sí de golpe, levantó la cabeza y miró al aire mientras murmuraba.
¡FLASH!
Como si una estrella explotara, un resplandor dorado produjo una pequeña explosión.
[—¡Waaaaah! ¡Por fin te encontramos!]
Desde allí apareció Will, el espíritu de la luz, que rompió a llorar y se lanzó volando rápidamente hacia Robertick.

TRADUCCIÓN: TSUBASA
CORRECCIÓN: TSUBASA
REVISIÓN: ALEN
RAW HUNTER: ACOSB