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Capítulo 184

Ah, mi mente se quedó en blanco y las yemas de mis dedos se enfriaron como el hielo. 

El aliento se quedó atrapado dentro de mi cuerpo, incapaz de salir al exterior.

—Date la vuelta y mírame. No hay necesidad de tener miedo.   

A diferencia de mí, que estaba entrando en un estado de pánico, él me instó con una voz serena.

—…

Apreté mis manos en puños y giré mi cuerpo lentamente. 

Idris estaba de pie en medio de la habitación, observándome fijamente, pero…

—… ¿Es usted, Laer?

Quien estaba revestido con ese cuerpo físico era…

—Así es. Parece que te has llevado una gran sorpresa.

Era él.

Laer.

Miré aturdida a Laer, quien había tomado posesión del cuerpo de Idris. 

La persona que entró conmigo en esta habitación era claramente Idris, pero su rostro gélido era exactamente igual al de Laer, a quien me había enfrentado hace mucho tiempo sobre la fortaleza de Nisha.

Laer, que me miraba mientras yo lo observaba sin cesar, de repente dirigió su vista al vacío y, dejando escapar un pequeño suspiro, habló.

—Ha pasado bastante tiempo, según el tiempo de los humanos.

—… ¿Qué ha pasado con Idris?

Al recuperar el sentido ante su voz, pregunté reprimiendo mi ansiedad. 

Los apáticos ojos gris plateado que miraban al vacío bajaron la vista para encontrarse con los míos.

—Idris es el Gran Maestro Espiritual de la Sabiduría que comparte mi origen. No es una tarea difícil tomar el control de su cuerpo físico por un momento.

—Entonces…

—No hay necesidad de preocuparse por él.

Laer me cortó la palabra, como si no fuera a aceptar más preguntas al respecto. 

Me mordí ligeramente el labio y bajé la cabeza, evitando su mirada.

Las palabras que acababa de pronunciar me hicieron sentir que… 

La realidad de un Gran Maestro Espiritual, adorado como un héroe que salvó al mundo, era simplemente la de un ser cuyo cuerpo, alma e incluso destino estaban completamente dominados por el Rey Espíritu que le otorgó una parte de su origen.

«… Es un pensamiento inútil.»

Intenté sacudirme esa idea con esfuerzo.

—No perdamos más tiempo con charlas triviales e innecesarias —dijo Laer con un tono sereno.

La sombra proyectada por la vacilante luz de la vela caía sobre su rostro, tan afilado como el filo de una espada.

—En el pasado, me hiciste muchas preguntas.

Sus pestañas, como hilos de plata, descendieron cubriendo sus ojos de una claridad gélida.

—Ha llegado el momento de darte las respuestas a todas tus dudas.

«¿Que me daría las respuestas?»

Ante lo inesperado, miré aturdida a Laer, que hablaba con la voz de Idris como si estuviera recitando algo.

—Así que dime, ¿estás preparada para aceptar mi confesión?

Su mirada brillante, que parecía atravesar todas las verdades del universo acumuladas durante una eternidad, cayó por completo sobre mí.

—… ¿Por qué? —pregunté con el rostro contraído, jadeando levemente ante la sensación de asfixia que me invadía—. ¿Por qué decide responderme todo ahora, precisamente en este momento? 

Tras soltar un suspiro tembloroso para calmar la conmoción, pregunté con una voz mucho más apagada.

—¿Por qué no me lo dijo cuando yo tanto deseaba saberlo?

Después de expulsar a Arcane y regresar al Imperio Roshan, no había ocurrido ningún incidente que provocara tal mal augurio, hasta ahora.

Precisamente hoy, el día en que se celebraba el banquete para conmemorar mi mayoría de edad y la de otros jóvenes nobles, había estallado este incidente donde la gente perdía el conocimiento de forma repentina. 

Incluso cuando salía del salón siguiendo a Idris, se escuchó el grito de alguien; tal vez, incluso en este momento, las personas sigan desplomándose una tras otra.

Mientras permanezca aquí con Laer, no puedo intervenir en lo que sucede afuera. 

¿Estarán a salvo mi abuelo y los demás? 

Y pensar que, cuando yo tanto deseaba una respuesta, él se mantuvo en un silencio absoluto…

Me mordí el labio y miré a Laer con resentimiento. 

Que viniera a decirme la verdad justo ahora, en una situación tan urgente.

—… Porque tenía que esperar hasta que pudieras aceptar toda esta verdad —dijo Laer, mirándome con una voz calmada y profunda.

—Aunque tu alma sea distinta, ¿habrías podido tú, siendo tan pequeña, aceptar este hecho?

… ¿Qué quiere decir con que mi alma es distinta?

—¿Qué… qué hecho? —pregunté aturdida, sintiendo como si mi corazón se hundiera de golpe.

¿Acaso Laer ya sabía que yo soy una reencarnada?

—El Rey Espíritu que te otorgó la mayor de las bendiciones, Ilipa, el Espíritu de la Vida.

Mientras lo miraba con desolación ante el torbellino de conmoción y dudas, Laer continuó:

—¿Y si te dijera que es él, la “Neutralidad“, quien amó a la oscuridad y permitió que se originara toda esta tragedia?

Con un rostro donde solo habitaba la razón, soltó la terrible verdad que atravesó mis entrañas.

—…

Retrocedí tambaleándome, sumida en un impacto abrumador. 

Aquella “Neutralidad” que amó a Arcane, que ignoró cualquier maldad que él cometiera y que lo protegió…

¿Ese era, nada más y nada menos, que Ilipa?

—¿Cómo… cómo es posible algo así…? —murmuré con desolación y finalmente me desplomé, quedando sentada en el suelo.

Una mezcla caótica de traición, impacto, duda y tristeza me impedía rescatar cualquier emoción con claridad.

—No puede ser…

«No mientas. En el fondo, ya lo sospechabas.»

Jadeé mientras rascaba la alfombra con mis manos temblorosas, perdida en mis pensamientos. 

Había sentido que Ilipa era, de alguna manera, una existencia diferente a los otros Reyes Espíritu. 

Desde que era niña lo pensé, e incluso con el paso del tiempo llegué a albergar dudas.

Por esa misma razón incluso llegué a evitar encontrarme con él…

—…

Sin embargo, no quería recibir la confirmación de que mis sospechas eran ciertas de labios de Laer. 

Que el Rey Espíritu que me otorgó la mayor bendición fuera la “Neutralidad” que amó a Arcane, el mismo que sumergió en la tragedia a mi madre y a innumerables personas.

«Ahora yo… ¿qué se supone que debo hacer?»

—Parece que tienes muchos pensamientos —dijo Laer con calma, observándome con atención.

Era como si intentara apaciguar y consolar mi confusión.

—Te contaré una historia. El inicio de esta ardua disputa que se ha prolongado por tanto tiempo.

Su voz se volvió sutilmente más suave. 

Levanté la cabeza lentamente para mirarlo. 

Así, el secreto que había permanecido enterrado bajo los tiempos ancestrales comenzó a fluir hacia el mundo a través de su voz.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

No puedo estar segura de qué habrá al final de este destino ni qué clase de conclusión me espera. 

Simplemente lucho con todas mis fuerzas para completar el futuro que deseo.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Al observar aturdida la escena del universo lleno de luz dispersa, lo primero que sentí fue asombro; lo segundo, éxtasis.

Al final, todo termina con un miedo hacia lo desconocido que supera con creces la propia existencia, lo que me obliga a desviar la mirada y darle la espalda.

Uno intenta esforzarse por olvidar ese misterio trascendental e inalcanzable, sumergiéndose en una vida que, comparada con la vastedad de aquel espacio, parece no solo insignificante sino tan trivial como el polvo. 

Sin embargo, los necios, incapaces de olvidar ese instante de misterio y anhelo, vuelven a levantar la cabeza para contemplar con veneración la fugacidad del mundo que los cobija.

[—…]

Laer pensó:

«El universo mismo. La voluntad absoluta que sacude el destino.»

El creador de toda vida. Si la palabra “benevolencia” pudiera tomar una forma física, ¿no sería exactamente como él?

[—Oh, Creador.]

Sin embargo, debido a que Laer es aquel que, aun sin desearlo, ha sido dotado con la visión para atravesar y observar la lógica de todas las cosas, tras leer la verdad de esa gigantesca voluntad que preferiría no comprender, lo único que le quedaba era una amarga sensación de impotencia y un leve rastro de náuseas.

[—Laer, has venido después de mucho tiempo.]

Ilipa, el Espíritu de la Vida. 

Su verdadero nombre es Vanus.

Este ser, envuelto en la radiante luz de la vida, era originalmente el vacío que merodeaba en la oscuridad. 

A excepción de los espíritus primordiales, los únicos que conocían esa verdad eran la Reina Espíritu de la Luz, Ignis, y el Rey Espíritu de la Sabiduría, Laer. 

Solo ellos dos.

[—Dime, ¿qué sucede?]

En la mirada con la que observaba a su creación residía una benevolencia infinita. 

Laer, con el corazón destrozado, contempló a su Creador mientras pensaba:

«Ilipa, el vacío que abraza incluso a la oscuridad, el universo mismo, tiene el poder suficiente para detener a Arcane y evitar que siguiera perturbando el mundo.

Si se decidiera, podría detener las maldades de Arcane, que rozan la desesperación, y encarcelarlo eternamente en lo más profundo del universo.»

Sin embargo, el Creador, que ama profundamente a la primera vida y a las criaturas hechas a su imagen también amaba la oscuridad del universo que había existido dentro de sí mismo desde tiempos inmemoriales.

Por esa razón, mantuvo una neutralidad absoluta sin tomar partido por ninguno de los dos bandos.

[—… El libertinaje de Arcane aumenta día tras día.]

Ese amor, ese sentimiento onírico que no deja nada a su paso. 

Incluso ahora, mientras innumerables vidas sufren y mueren bajo la mano de Arcane.

[—¿Sigue sin haber cambios en su voluntad de abrazar la oscuridad?]

¿Acaso nuestro dolor le parece apenas una mota de polvo momentánea?

[—… Laer.]

Ahora, verdaderamente, estaba en su límite. 

Laer esperó la respuesta mientras miraba a Ilipa con ojos llenos de anhelo.

[—No eres tú quien conoce mi verdadera intención más profundamente.]

Ah, pero la pregunta lanzada mientras se aferraba al último fragmento de esperanza.

Su Creador la pisoteó cruelmente con un rostro que sonreía con calma.

[—… Qué demonios.]

Ya estaba harto de esa contradicción amable.

[—Soy un ser nacido de su sentimiento más fuerte: el de querer proteger el futuro de las criaturas que usted creó. Proteger este mundo, a sus criaturas y su destino por cualquier medio es el sentido de mi existencia y mi destino.]

Laer lanzó una dura recriminación hacia Ilipa con voz feroz.

[—Sin embargo, usted no toma ninguna medida y siempre mantiene la neutralidad.]

A pesar de decir que nos ama, a pesar de decir que ama profundamente a quienes nacimos bajo su voluntad. 

El resentimiento hacia el Creador crecía, pues se limitaba a observar las atrocidades de Arcane, quien jugueteaba con el mundo, el destino y la vida, destruyéndolos sin piedad, solo por la razón de que él también lo amaba.

Bajo esa contemplación que no era más que una indiferencia disfrazada, no importaba cuánto lucharan, nada servía. 

Incluso las reliquias de los Reyes Espíritus que lograron crear con esfuerzo fueron dañadas por Arcane, quedando incapaces de cumplir su función. 

Ante todos estos fracasos, Laer sintió una verdadera desilusión.

Mientras ese Creador mantuviera su posición como Rey de la Vida, sería imposible traer un cambio masivo al panorama actual. 

En ese instante, empujado hasta el límite de sus fuerzas, Laer de repente pensó en un método.

A diferencia de Ignis, quien se había rendido ante la desesperación, él se vio envuelto en una comprensión cercana a la locura.

[—Si hasta el final usted se niega a abandonar esa oscuridad atroz y mantiene su neutralidad, entonces sus criaturas ya no lo necesitan.]

Le exigió al Creador con un tono inquebrantable:

[—Por eso, me atrevo a pedírselo. Entregue su posición como “Rey Espíritu de la Vida”.]



TRADUCCIÓN: LAI
CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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