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Capítulo 183

—¿Qué es exactamente lo que ha sucedido?

El alboroto captó la atención del Emperador.    

Él descendió del trono y se acercó hacia Alea y la multitud que se había reunido a su alrededor mientras preguntaba. 

Acompañando al Emperador estaba el Príncipe Heredero, Valerian.

En cuanto a Esimed…

Moví mi mirada buscando al Segundo Príncipe, pero al descubrirlo de pie a cierta distancia del Emperador, giré la cabeza rápidamente. 

Lo hice por temor a que, por casualidad, nuestras miradas se cruzaran.

—Su Majestad, salí del salón para retocar mi maquillaje y entré en la sala de los espejos junto con las jóvenes damas… pero de repente, ellas perdieron el conocimiento y se desplomaron. Yo tampoco sé cómo ha podido ocurrir esto… —dijo Alea mientras sollozaba sin cesar.

El Emperador Oswald, observando con lástima aquel rostro pálido y empapado en lágrimas, habló como si intentara consolar a Alea.

—Basta, la Lady debe de estar muy asustada. ¿Dónde están el Gran Duque Haylian y la Duquesa? Ve con tus padres para tranquilizarte un poco.

El Emperador miró a su alrededor buscando a Robertick y a Shastia.

—¡Ah, Alea!

No pasó mucho tiempo hasta que aparecieron; tal vez se habían ausentado un momento.

Shastia, cuyo rostro estaba tan pálido que daba lástima verla, corrió apresuradamente y estrechó a Alea entre sus brazos, sin siquiera tener tiempo de pensar en mostrar sus respetos al Emperador.

—¿Qué ocurre? ¿Qué te ha pasado?

—Madre… 

Alea se abrazó a Shastia mientras sollozaba débilmente.

—… Qué clase de incidente es este, por Dios.

Robertick, quien se acercó al lado de madre e hija un poco tarde, observó fijamente a Alea y a Shastia mientras fruncía el ceño y murmuraba en voz baja.

—¡Majestad, debo examinar a mi hija! ¡Si realmente ha perdido el conocimiento, cada segundo cuenta!

Del mismo modo, los nobles que estaban sumidos en la conmoción por la desgracia ocurrida a sus hijos, se apresuraron a lanzar súplicas hacia el Emperador.

—Naturalmente, serán examinadas. Vayan y traigan a las jóvenes damas.

—Sí, Majestad.

El Emperador, que miraba a los nobles con el ceño fruncido, chasqueó la lengua y dio la orden a los sirvientes. 

Estos se dirigieron a la sala de los espejos en perfecta formación.

—Edith, no sé qué ha podido pasar de forma tan repentina.

Giré la cabeza ante la voz de mi abuelo que venía desde atrás.

—Que ocurra un incidente tan siniestro en un día como hoy… 

Murmuró el Conde Yufs, mirando con preocupación a Alea, quien lloraba en brazos de Shastia.

—… Si lo que dice Alea es cierto, solo queda esperar que las jóvenes damas despierten a salvo —dije, frunciendo ligeramente el ceño.

—¡Ah, Ariadne!

—¡Cielo santo, Catherine!

Desafortunadamente, las palabras de Alea sobre el desmayo de las damas eran ciertas.

—¡Pessy, abre los ojos!

Los cuerpos de las jóvenes damas, cargados a la espalda por los sirvientes, colgaban inertes. 

Sus padres corrieron hacia ellas en un instante, gritando los nombres de sus hijas como si soltaran un alarido.

—… No podemos examinarlas tendidas en el suelo, llévenlas a las habitaciones interiores del Palacio Nigella —ordenó el Emperador con expresión grave mientras observaba la escena.

Los sirvientes abandonaron el salón con las damas a cuestas, y sus padres los siguieron apresuradamente. 

El ambiente del banquete que celebraba la mayoría de edad se desplomó sin remedio.

La gente murmuraba, llena de preocupación y ansiedad.

—… Un desmayo.

Alea dijo que, tras entrar en la sala de los espejos, perdieron el conocimiento de repente.

Pero, ¿qué razón habría para que cuatro damas, a excepción de Alea, perdieran el conocimiento al mismo tiempo?

«… Los espíritus de la oscuridad manipulan la mente humana y la sumergen en un dolor extremo.»

El hecho de que esto me viniera a la mente en este preciso instante no era solo por ser aprensiva. 

Yo también había probado el amargo sabor de un dolor terrible al ser víctima del poder de manipulación mental.

—¡Kyaaaaaak!

Desafortunadamente, los incidentes inexplicables no cesaban. 

Un nuevo grito resonó en todo el salón.

—¡Halo, Halo! ¿Qué te pasa de repente? ¡Reacciona!

Al girar la cabeza hacia donde se escuchó el grito, vi a una joven dama, con el rostro lívido, sacudiendo el cuerpo de un joven que yacía inconsciente en el suelo.

—¿Qué? ¿Otra persona se ha desmayado?

—¡Ese es el hijo del Conde Eltisia! ¡El sobrino de Su Majestad la Emperatriz!

Las voces de numerosas personas cruzaron mis oídos de forma caótica.

—¡¿Qué está pasando?! ¡Halo, intenta reaccionar!

Al enterarse de que su propio sobrino se había desplomado, la Emperatriz corrió apresuradamente para examinar al joven tendido en el suelo, pero su rostro pálido no mostraba ningún cambio.

—¡Majestad! Mi sobrino ha perdido el conocimiento. Primero fue la hija del Marqués Ilian y las otras damas, ¡y ahora mi sobrino…! —dijo la Emperatriz dirigiéndose al Emperador con el rostro desencajado por el miedo.

—… ¿No mostró ningún síntoma antes de desplomarse?

Dándose cuenta de que la situación se estaba tornando alarmante, el Emperador preguntó con voz firme a la dama que estaba junto al hijo del Conde Eltisia.

—No, no se quejó de ningún dolor. Estábamos conversando y riendo como siempre hasta hace un momento…  —respondió ella con voz temblorosa.

—Esto es algo incomprensible. ¡Lleven de inmediato al hijo del Conde Eltisia a las habitaciones interiores!

Nuevamente, los sirvientes corrieron para cargar y trasladar al joven que yacía desplomado sin fuerzas.

—… ¿Qué está pasando?

La ansiedad que aguijoneaba mi mente se volvió aún más intensa. 

Murmuré mientras observaba la espalda del hijo del Conde Eltisia alejarse.

Las damas que perdieron el conocimiento tras entrar en la sala de los espejos. 

El joven que se desplomó sin síntomas previos mientras conversaba en el salón. 

Aunque podrían ser accidentes sin relación, la sospecha de que existía una razón común entre ellos empezó a invadir mi mente.

—…

Entonces recordé que los accesorios que Ignis me regaló fueron tallados con piedras espirituales de luz. 

Bajo la suposición de que ellos habían perdido el sentido por un poder de oscuridad, tal vez las piedras espirituales de luz podrían ayudar.

Con ese pensamiento, abrí la boca. 

Iba a revelarle este hecho al Emperador y pedirle que me permitiera examinar a los que habían caído.

¡PUM!

—¡…!

En ese momento, alguien me agarró del brazo para detener mi acción. 

Me di la vuelta aturdida. 

Quien me sujetaba era Idris. 

Toda sonrisa había desaparecido de su rostro, y me miraba con una expresión fríamente gélida.

—¿Por qué tú…?

Justo cuando preguntaba desconcertada por lo inesperado de la situación, él se llevó un dedo a los labios y susurró.

—Hay algo que debo decirle sin falta. No pregunte nada y sígame, por favor.

Él comenzó a sacarme del salón mientras sostenía mi muñeca. 

Ante la situación repentina, miré hacia atrás buscando a mi abuelo, pero en ese mismo instante…

—¡Ah, padre!

Un grito estalló, como si otra persona hubiera perdido el conocimiento. 

El alboroto se intensificó, y mi abuelo parecía estar tan concentrado en ello que no notó que Idris y yo abandonábamos el salón.

Dudé por un momento si debía soltarme de su mano, pero fue solo un instante. 

Ante el nuevo incidente, tuve una corazonada instintiva: la razón por la que la gente se desplomaba en cadena estaba relacionada con los espíritus de la oscuridad. 

El motivo por el cual Idris me sacaba repentinamente del banquete también debía estar vinculado a esta desgracia.

Pensando así, seguí dócilmente a Idris. 

La gente, con la mirada fija en el incidente, no nos prestó ni la más mínima atención. 

Justo cuando salíamos del salón sin contratiempos…

Al girar la cabeza por descuido, mis ojos se encontraron con los de Esimed, quien me observaba desde quién sabe cuándo.

—¡…!

En sus ojos azules, que brillaban intensamente, se reflejaba una duda evidente. 

Sin embargo, en ese preciso momento, mi cuerpo salió por completo del salón y la figura de Esimed dejó de ser visible.

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Haciendo honor al nombre de Palacio Nigella, el edificio predominantemente azul y dorado se sentía tan heterogéneo que costaba creer que hubiera sido construido dentro del palacio imperial del Imperio Roshan, que adora el fuego. 

Bajo el resplandor de la luna plateada que flotaba en medio del cielo nocturno, los pasillos desiertos desprendían una atmósfera fría y onírica.

Idris y yo caminamos casi corriendo por el corredor hasta entrar en una habitación. 

Unas cortinas gruesas bloqueaban las ventanas por completo. 

Todos los muebles estaban cubiertos con telas blancas, y en un candelabro sobre un viejo tocador que debió pertenecer a alguien en el pasado oscilaban unas pequeñas llamas que iluminaban la oscura estancia. 

El olor a polvo frío, característico de una habitación sin usar por mucho tiempo, rozó la punta de mi nariz.

—… Ahora, por favor, dígame. ¿Cuál es la razón por la que me trajo aquí?  —pregunté lentamente mientras miraba las velas sobre el tocador.

—Porque finalmente puedo confesar la verdad.

La respuesta a mi pregunta llegó de inmediato. 

Sin embargo…

—¿Acaso tu corazón encontraría paz si respondo así?

Esa no era la respuesta de Idris.

—¡…!

Envuelta en una sensación como si mi corazón se encogiera, me di la vuelta lentamente.

Quien estaba allí de pie mirándome era claramente un humano, pero quien ocupaba ese cuerpo no era un simple ser mortal. 

Unos ojos de color gris plateado que destellaban con un frío en el que no se hallaba ni una pizca de calidez. 

Un rostro implacable que había borrado cualquier rastro de emoción.

—¿Me recuerdas? Edith Ronen Haylian.

Él, el Rey Espíritu de la Sabiduría, lanzó la pregunta con una voz serena.



TRADUCCIÓN: LAI
CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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