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Capítulo 173

Ese día, los Reyes Espirituales se despidieron de nosotros.

Sisiphea, Ezequiel y los demás los despidieron con la mirada, llorando con sinceridad.

—Quizás sea la última vez que los veamos en nuestra vida…   

Al ver a Sisiphea murmurar esas palabras con los ojos enrojecidos, bajé la cabeza.

Ellos, en verdad, no podían prometer un reencuentro.

{— Edith, he entendido lo que dijiste. Para ser sincero, creo que ha sido una buena decisión. A este abuelo tuyo nunca le gustó demasiado tu prometido. Ya que estamos, rompe el compromiso.} 

Y un día antes de partir de Literra, mientras paseábamos de noche, mi abuelo me dijo eso.

Sin saber nada de mis sentimientos tan enredados, el abuelo hablaba con una sonrisa satisfecha, y por un instante me resultó incluso injusto.

{—El camino que tienes por delante no será tan fácil. Después de exigir mi reincorporación como precio por exiliar a Arcane, y romper tu compromiso con Su Alteza el Segundo Príncipe.} 

Ahora habrá que continuar la confrontación por el título por el Gran Ducado de Haylian. 

Me preocupa Esimed, que se quedará solo tras la anulación…

{—No te preocupes, Edith. No tienes por qué arriesgar tu vida por el Gran Ducado de Haylian. Detrás de ti, la Casa del Duque Basteban siempre se mantendrá firme.

La cálida mano de mi abuelo me acarició suavemente la cabeza.

Levanté la vista hacia él.

—Parece que ahora todo está encajando poco a poco. … Así que no te preocupes, simplemente debemos vivir cada día al máximo. 

Bajo el cielo nocturno, donde comenzaban a aparecer estrellas blancas y brillantes, mi abuelo habló con una voz imbuida de firme determinación.

—Sí, abuelo…} 

Y yo, grabando en lo más profundo de mi corazón los innumerables acontecimientos que habían tenido lugar en el Santuario de la Sabiduría, respondí en voz baja, pero con determinación.

* * *

—Alteza… ¿De verdad se marchará así, sin más?

Cada rincón del palacio del Segundo Príncipe guardaba intactos los recuerdos de los últimos años.

Aunque me había preparado para ello, sentía que el dique que contenía mis emociones podía romperse en cualquier momento.

Mientras miraba lentamente a mi alrededor el palacio en el que había vivido, Melissa finalmente rompió a llorar y me preguntó.

—Melissa.

Murmuré suavemente, sintiendo lástima por ella.

—Sé que, incluso si me encarcelaran de inmediato, no tendría excusa para un comportamiento tan descortés. Pero… hasta justo antes de partir hacia Literra, usted se llevaba tan bien con Su Alteza el Segundo Príncipe…

Aunque se esforzaban por contenerse, el semblante de las demás doncellas no difería del de Melissa.

Todas me miraban con una mezcla de profunda duda y tristeza en los ojos.

—¿Podría al menos decirnos la razón…?

Con el corazón encogido, miré lentamente a mi alrededor a los rostros familiares a los que me había encariñado durante los últimos años.

—Sé que lo han dado todo por mí durante todo este tiempo. Aunque tenga que abandonar el palacio, nunca las olvidaré…

Pero no pude confiarles ninguna verdad.

Simplemente les ofrecí una débil sonrisa y me despedí de ellas.

Melissa comenzó a llorar abiertamente.

Las otras sirvientas también se dieron la vuelta y se secaron los ojos.

—No puedo decir que sea mejor que el Palacio Imperial… pero si alguna vez deseas cambiar de lugar de trabajo, ven a la residencia del Duque de Basteban cuando quieras.

—Alteza…

Melissa, que había estado sollozando, se arrodilló y se aferró a mí.

Las otras sirvientas, horrorizadas por este acto totalmente irrespetuoso hacia su señora, intentaron contener a Melissa, pero levanté la mano para detenerlas.

—Cuídense todas.

Y con una última despedida, le di una suave palmada en la espalda a Melissa.

* * *

Esimed ni siquiera salió a despedirme.

—Lady Edith.

Mientras contemplaba el palacio del Segundo Príncipe, envuelta en una melancolía inexplicable, Mainhardt se acercó a mí.

—¿Te cuesta marcharte? — me preguntó, estudiando mi expresión con atención.

—No, Mainhardt…

Negué con la cabeza y esbocé una sonrisa forzada.

Luego, tomando la mano de Mainhardt, me di la vuelta.

—Vamos ya, porque el abuelo nos estará esperando.

Sin duda, la vida en el Palacio Imperial de Roshan había llegado a su fin.

Me esforcé por no mirar atrás, hacia el lugar donde mi vida pasada se había desvanecido, y seguí caminando en silencio.

* * *

Aunque era mediodía, la luz del sol no llegaba al fresco y sombrío estudio. Esimed estaba sentado junto a la ventana, con el rostro oscurecido y apagado.

Sus ojos, de un azul tan intenso que resultaba casi doloroso, estaban clavados en la pequeña figura de la muchacha que acababa de abandonar el palacio del Segundo Príncipe.

Observaba sin parpadear el cabello lila pálido que ondeaba al viento.

—…

Su hermoso rostro se estremeció de dolor, pero Esimed apretó el puño hasta hacerse sangrar, tragándose todas sus emociones.

—Desde el principio, así es como tenía que ser.

Al fin y al cabo, era una esperanza que nunca debí tener, ni estaba permitido que tuviera.

Así, en pleno corazón de la primavera, el muchacho y la muchacha se despidieron.

  1. Ceremonia de mayoría de edad

«¿Será esto un sueño?»

Contemplé las llamas, que ardían con tanta intensidad que parecían dispuestas a derretir mi piel en cualquier momento, y pensé.

Me parecía extrañamente irreal.

Incluso mientras las voraces llamas agitaban sus lenguas, devorando y derrumbando cada rincón de la casa en la que me encontraba.

Extendí la mano, aturdida, hacia el fuego.

La mano blanca atravesó las llamas como si fuera una ilusión sin forma.

Y entonces lo comprendí por completo.

Esto era un sueño.

¿Un recuerdo antiguo manifestándose como sueño?

Miré a mi alrededor con la mirada perdida, recordando el ataque del Ifrit que me había llevado a invocar a Niad por primera vez.

Pero este lugar no era el anexo de la ciudad de Terma…

Sumida en confusión, reflexioné.

Era mucho más pequeño y, aunque no podía verlo con claridad porque estaba siendo devorado por el fuego… parecía simplemente una casa común.

— JAH… JAH…

En ese momento, alguien irrumpió en la casa —donde hasta entonces solo estaba yo— respirando con dificultad.

Giré la cabeza por reflejo y me quedé paralizada por el horror.

Porque esa persona, que avanzaba tambaleándose sin prestar atención a las llamas abrasadoras, mirando constantemente a su alrededor como si buscara algo, no era otra que Shastia.

La conmoción fue fugaz. Al descubrir el miedo y la desesperación que llenaban su pálido rostro, empapado en sudor frío, me encontré incapaz de pensar en nada más.

Shastia, escudriñando frenéticamente sus alrededores, se volvió para mirar el rellano de la escalera, ahora rodeado de llamas, lo que hacía imposible acercarse.

Yo también giré la cabeza, siguiendo su mirada.

Allí, erguido con firmeza, se encontraba un hombre cuyo rostro quedaba oculto por la sombra proyectada por el incendio.

¿Desde cuándo estaba allí?…

Sorprendida, respiré hondo y examiné al hombre desconocido.

Tenía el cabello negro que le caía por debajo de los hombros y una complexión delgada.

Al bajar la mirada, me di cuenta de que le goteaba sangre de una de las muñecas, como si se hubiera cortado con algo afilado, y sentí un escalofrío.

—…

Apretando mis manos temblorosas, me quedé mirando al hombre, que permanecía completamente inmóvil, con la mirada fija en Shastia.

Ese hombre… está demasiado tranquilo.

En una situación rodeada de llamas, con incluso la vía de escape bloqueada, ¿cómo podía mantener una calma tan absoluta?

—Vete.

En ese momento, el hombre habló.

La voz que brotó de él era terriblemente fría y serena. 

Me volví para mirar a Shastia.

Ella, con los labios temblorosos, conteniéndose, terminó hablando con un rostro lleno de súplica y desesperación.

— … Carlyle, sal de ahí, deprisa.

El nombre de ese hombre.

Ah, abrí lentamente la boca y miré a Shastia.

Carlyle, Carlyle es…

Se me cortó la respiración involuntariamente.

Miré atónita al hombre que estaba en el descansillo de la escalera.

El exmarido de Shastia, un hombre que llevaba muerto desde el principio de la historia original…

Carlyle Freium.

Ese era su nombre.

—Te dije que te fueras.

Carlyle me ordenó que me marchara con el mismo tono frío.

Aunque todavía estaba conmocionada por descubrir su verdadera identidad, su reacción me pareció incomprensible.

Observé su entorno mientras pensaba.

No parecía simplemente que, al estar atrapado entre las llamas, les dijera que lo abandonaran para salvarse…

Sino como si hubiera previsto todo desde el principio.

Sin miedo ni desesperación.

¿No era esa actitud demasiado fría e indiferente?

Era extraño.

Seguramente, en la historia original, el exmarido de Shastia… ¿no se suponía que había muerto en un accidente?

—… Pero, Carlyle.

Shastia habló, con el rostro como si fuera a llorar en cualquier momento, dando un paso hacia las llamas.

—¿No me oyes? Vete.

En ese instante, Carlyle ordenó con una voz tan aguda como el hielo, cuya severidad era casi palpable.

—¡Carlyle!

Sin embargo, Shastia, temblando violentamente, no huyó. En cambio, gritó su nombre desesperadamente.

—… De verdad, eres increíblemente terca y nunca escuchas lo que te digo.

El rostro de Carlyle Freium permaneció oculto en las sombras, por lo que era imposible saber qué expresión tenía en ese momento.

—¿Carlyle…?

—Ya estoy cansado. De asumir también la responsabilidad por ti.

Sin embargo, antes de pronunciar esas palabras, ¿no se percibió en él un leve titubeo…?
¿O acaso solo fue mi imaginación?

—Así que desaparece de mi vista. Incluso respirar el mismo aire que tú… se ha vuelto agotador.

En el momento en que pronunció esas crueles palabras.

¡KUUUAAAANG!

Con un estruendo semejante a un trueno, el techo que estaba siendo devorado por las llamas finalmente comenzó a derrumbarse.

—¡Carlyle…!

Pero Shastia, como si ni siquiera pudiera concebir la idea de marcharse, abrió enormemente sus hermosos ojos color rosa pálido y gritó con un alarido desgarrador.

Los escombros, una masa enmarañada de fuego, cenizas y pesados fragmentos, llovieron sobre Shastia y sobre mí.

En el instante en que observaba atónita aquella escena que se nos venía encima.

Como si solo yo hubiera quedado fuera de ese cuadro, la casa envuelta en el infierno de llamas, que se derrumbaba, se alejó de mí en un abrir y cerrar de ojos.

—… ¿Eh?

Antes de darme cuenta, solo una vasta extensión de oscuridad se extendía a mi alrededor.

¿Qué diablos es esto?

Miré con los ojos muy abiertos, escaneando frenéticamente mi entorno.

¿Qué acaba de pasar y dónde diablos estoy?

—¿Lo viste bien, ¿verdad?

En ese mismo instante, sentí que alguien se acercaba rápidamente por detrás.

—…

Justo cuando me invadió un escalofrío que me heló el corazón.

—Esta escena no aparece descrita en la obra original.

Alguien de identidad desconocida acercó los labios a mi oído y murmuró esas palabras en voz baja.



TRADUCCIÓN: DULCINEA
CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: DULCINEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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