Capítulo 172
Astrape se dio la vuelta, sin decir nada.
[—Edith…]
Ignis me miró con ojos tristes y habló.
[—Se ha impuesto una prohibición que nos impide responder a las invocaciones del mundo humano durante las próximas décadas.]
—¿Qué?…
¿Décadas?
Atónita, murmuré sin entender nada.
— Si hablamos de décadas… exactamente, ¿cuántos años?
Sabía que se impondría una prohibición, pero nunca imaginé un castigo tan severo…
[—El tiempo de los espíritus es distinto del de los humanos, así que, para decirlo de forma aproximada… no serán menos de sesenta años.]
Ignis suspiró suavemente y me lo explicó.
—¿Sesenta… sesenta años?
Y grité horrorizada ante la cruda realidad de ese número que me dejó sin aliento.
Después de haber soportado innumerables pruebas a lo largo de los años, me había acostumbrado en cierta medida a pensar en términos de siglos. Sin embargo, sesenta años me provocaban un temor a la vez desconocido y extrañamente familiar.
Después de sesenta años, ¿qué edad tendría yo?
—Setenta y dos… Sería una anciana de verdad…
Murmuré sin entender nada, apretando mis dedos fríos y entumecidos.
Si no puedo convocar a Oried y Niad durante sesenta años, ¿eso significa que solo podré volver a verlos cuando ya sea una anciana de cabello blanco?
¡Tonterías!
Con esfuerzo giré el cuerpo y alcé la vista hacia Oried.
Él también me miraba con el rostro desencajado.
La vida humana es demasiado corta; cada año se acumula con un peso enorme.
—Entonces, hasta que me convierta en una anciana… ¿no podré volver a ver a Niad y Oried?
[—Edith…]
Ignis me llamó con voz llena de tristeza.
[—¿Qué pecado hemos cometido para estar sujetos a esta maldita prohibición?]
En ese momento, Oried, que apretaba los dientes conteniendo la rabia, terminó por no poder soportarlo más y gritó como escupiendo las palabras:
[—Esa maldita neutralidad, ¿acaso tiene cordura? Justo cuando pensábamos que Arcane se había calmado, ¡nos está dando una paliza aún peor!]
Como reflejo de su furia, la tierra bajo sus pies comenzó a estremecerse de forma amenazante, acompañada de un retumbar que evocaba un terror primigenio.
[—¡Basta, Oried! ¿Has perdido la cabeza? ¿Pretendes matar a todos los humanos que hay aquí?]
Gritó Dríade, afilando peligrosamente la mirada.
Oried pareció recobrar el sentido, cubriéndose los ojos con la mano y cerrando la boca con fuerza.
Poco después, la tierra, que había estado temblando tan violentamente que era difícil mantenerse en pie, se calmó lentamente.
[—… Me siento tan miserable como tú. ¿Crees que eres el único que no puede ver a tu invocador espiritual?]
Un ambiente sombrío se extendió por el lugar.
Dríade cruzó los brazos, con el rostro manchado de ira y desesperación, contemplando las nubes que flotaban tranquilamente por el cielo, ahora envuelto en una quietud silenciosa.
[—Aun así… está claro que Arcane ha perdido un poder considerable con este incidente, así que no es una situación que deba considerarse totalmente desoladora.]
Ignis tomó la palabra.
Forzando una sonrisa, continuó.
[—Por lo tanto, no habrá más catástrofes que caigan sobre el mundo… Eso es lo que creemos, y pensar así también será lo mejor para todos.]
Cuando finalmente volvió la mirada hacia mí, no fue difícil percibir la profunda añoranza que se reflejaba en sus ojos.
[—Lo único que me pesa… es que, por fin, habíamos conseguido encontrarnos de pie en el mismo tiempo, mirándonos frente a frente, y que tengamos que separarnos de nuevo tan pronto resulta doloroso.]
—Ignis…
Con el corazón encogido, lo llamé, pero me di cuenta de que no podía cambiar nada y cerré la boca.
[—Aun así, ¿crees que lo tuyo se compara con cómo se sienten Niad y Oried? Ah, mira la cara de ese tipo. Da miedo pensar que, si pierde el control, pueda aparecer incluso Yuhirian.]
Dijo Dríade con expresión de disgusto.
No era para menos: incluso después de que su furia pareciera haberse calmado un poco, el semblante de Oried estaba tan feroz que la palabra “amenazante” se quedaba corta.
[—A estas alturas, Niad también debía de haberse dado cuenta de ello.]
Dríade contempló el borde del acantilado mientras hablaba.
[—Edith. Aunque esta despedida debe de ser difícil para ti, que aún eres tan joven… lo mejor sería despedirse como es debido. Por el bien de todos.]
Una despedida inesperada, que vagamente había supuesto que solo llegaría en un futuro lejano, se había convertido de repente en mi realidad inmediata.
La mente se me quedó en blanco, incapaz de pensar en nada, y el corazón se me llenó de emociones indefinibles, hasta el punto de que bastaría con que alguien me tocara levemente para que rompiera a llorar como una tonta.
—Sí, lo entiendo…
Sin embargo, no había nada que pudiera cambiar.
Reprimiendo mis emociones, me preparé para esta despedida que había llegado antes de lo esperado.
Y entonces, en ese momento.
Niad, tras confirmar el destierro, parecía incapaz de soportar la conmoción. Sin pronunciar una sola palabra, se sentó de espaldas, en silencio.
Oried, que me había traído aquí, también permanecía de pie con expresión sombría, con los labios fuertemente cerrados.
Me desplomé en el suelo, abrazándome las rodillas, y pensé en silencio.
En mi primer encuentro con Niad y mi primer encuentro con Oried.
El primer espíritu que invoqué, en aquella mansión envuelta en las llamas demoníacas provocadas por la intención asesina de alguien:
Niad.
Y Oread, que apareció por voluntad propia frente a mí cuando me habían cargado con acusaciones absurdas y todos me señalaban, y que resolvió la situación de un solo golpe.
Entre los tres atributos innatos de un Maestro Elementista, ellos eran los Reyes Espirituales que ocupaban cada una de mis subatributos.
Pero el vínculo que habíamos forjado nunca fue inferior al que tenía con Ilipa; para mí, eran tan valiosos como mi abuelo y pase lo que pase, incluso si cometiera un error eran quienes que me apoyarían incondicionalmente, ofreciéndome su amor inquebrantable sin dudarlo.
—…
Recordar el pasado solo profundizó mi melancolía.
Enterré mi rostro entre las rodillas, recuperando el aliento.
Niad y Oried se habían convertido en parte de mi ser, entretejidas en mi vida.
Entonces, ¿por qué debo enfrentar una despedida tan repentina?
Tanto yo como ellos.
¿Qué habíamos hecho mal, exactamente?
[—…Edith.]
Las lágrimas brotaron, empapando el dobladillo de mi falda que presionaba contra mi rostro.
[—Tú…]
No quería llorar, pero al final lo hice… y no debía dejar que lo notaran.
Si rompía a llorar, ¿cuánto no les dolería a Niad y a Oried…?
[—Levanta la cabeza.]
Sin embargo, Oried fue cruelmente sensible a mi cambio.
[—¿Por qué ocultas tus lágrimas?]
—HIC…
Sus grandes manos me acariciaron suavemente las mejillas, levantándome el rostro.
Mi rostro manchado de lágrimas quedó expuesto, indefenso.
Mi rostro, llorando amargamente, se reflejaba en sus brillantes ojos dorados.
[—¿Qué? ¿Llorando?]
Sorprendida por las palabras murmuradas por Oried, Niad se acercó apresuradamente a mí de rodillas, mirándome con expresión angustiada.
[—Edith…]
Y con una voz que resultaba dolorosamente triste solo con escucharla, susurró mi nombre.
Ah, no pude soportarlo más.
— ¡HIC… HUUUAAAAH!
Rompí a llorar en voz alta.
—Ustedes, están siendo demasiado, HIC, es triste, HIC, yo siento lo mismo, pero ni siquiera me responden…
Y con una voz completamente destrozada, dejé escapar mis reproches.
Las manos de Oread, que seguían sosteniendo mi rostro, comenzaron a temblar ligeramente.
Una aspereza suave, un calor reconfortante.
Esto tampoco lo volvería a sentir en mucho tiempo.
No, ni siquiera podía estar segura de que algún día volvería a reunirme con ellos…
Tal vez este sería el último momento en mi vida en el que pudiera dejarlos ir.
—… Por favor, prométanmelo.
Pero, aun sumida en la desesperación, no quería rendirme.
Con la vista nublada por las lágrimas acumuladas, miré a Niad y a Oried, cuyos rostros se reflejaban borrosos ante mí…
Y mirándolos fijamente, les dije:
— Viviré sana y salva durante mucho, mucho tiempo, y esperaré sin falta hasta que podamos volver a encontrarnos.
Dicen que las palabras tienen poder.
Entonces, no me quedaba más que desear con todas mis fuerzas que estas palabras mías, cargadas de un anhelo tan profundo, se hicieran realidad.
— Prometan que jamás olvidarán la promesa que hicieron conmigo…
Aunque con el paso de los largos años mi apariencia cambiara hasta volverse irreconocible.
Que pudiera volver a encontrarme con quienes, en mi infancia, me amaron más que nadie y a quienes yo amé, y romper a llorar como una niña.
Que pudiéramos compartir las historias de todos esos años en los que no pudimos vernos, y simplemente reír, sin desear nada más.
Eso fue lo que pedí con todo mi corazón.
[—Sí…]
Como si finalmente respondiera a mi deseo, Oried habló en voz baja y me estrechó entre sus brazos.
[—Te lo prometo. Jamás te olvidaré. Aunque el tiempo eterno transcurra y nunca volvamos a encontrarno…]
No sé si mi sensación de que Oread parecía estar llorando mientras hacía esa promesa era correcta o no.
[—Ni el tiempo ni el destino lograrán que te olvide.]
Sin embargo, la promesa que me entregó quedó grabada con firmeza y, aun en este futuro lejano, continúa siendo parte de mí, tan valiosa que jamás podría olvidarla.

TRADUCCIÓN: DULCINEA
CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: DULCINEA
RAW HUNTER: ACOSB