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Capítulo 165

—…

Ignorando por completo el alboroto que se había desatado en el lugar tras el estallido de sorpresa, el niño y la niña permanecieron en silencio, mirándose fijamente.  

Unos ojos de un azul tan gélido como el mar congelado se encontraron con otros de un rojo brillante, similares al primer resplandor del amanecer, reflejándose mutuamente en una mirada profunda.

«¿Acaso no había más remedio que terminar así?»

«Desde el principio, ¿estábamos destinados a este final?»

Recordé una vez más el momento en que me reencontré con Esimed.

Fue justo cuando el amanecer volvía a asomarse en el cielo, tras haber expulsado la oscuridad que devoró a Literra. Nos encontramos frente a frente, en la cima de un acantilado que se alzaba peligrosamente.

—…Tú… todo este tiempo… ¿Dónde diablos estuviste?

Durante un largo rato, no pudimos decir ni una sola palabra; solo nos quedamos ahí, mirándonos fijamente el uno al otro.

Los recuerdos del pasado se agolpaban en mi mente de forma caótica y un sinfín de preguntas me subían por la garganta, quemándome.

Sin embargo, logré reprimir todo aquello y, con mucho esfuerzo, apenas pude preguntar: —¿Por qué… estás aquí y no en Literra?

Ante mi pregunta, formulada con una voz que temblaba levemente, Esimed me miró con una expresión cargada de angustia y respondió.

—…Me llevó Arcane.

—¡¿Qué?! —exclamé, sobresaltada.

¿Qué Arcane se lo había llevado? Pero entonces, ¿cómo es que estaba ahora de pie frente a mí? No, eso no importaba ahora, primero tenía que preguntarle si estaba bien, si no estaba herido…

—No tengo ninguna herida. Arcane… jamás me haría daño.

—…Esimed.

Justo en el momento en que di un paso hacia adelante para revisar cómo estaba, Esimed cerró los ojos con fuerza y soltó las palabras como si las estuviera vomitando.

Fue entonces cuando lo comprendí todo.

La verdad sobre quién era realmente Esimed me golpeó de lleno.

—Tú… ¿Tú eras el Rey Espíritu de la Muerte?

Aquel Rey Espíritu que se ocultaba tras el cuerpo de Rose Hakadella. Recordé su rostro en aquel último instante: me miraba con la expresión de un niño pequeño que se había perdido por completo.

—Así es. Y tú… eres el alma humana que entró en el cuerpo de Rose Hakadella.

Esimed abrió los ojos lentamente mientras lo admitía.

Al descubrir la certeza que cargaba su voz cansada, me quedé sin palabras. Fue el momento en que una duda que me había perseguido por años finalmente llegó a su conclusión.

—…Frost vino a salvarme. Él me contó todo lo que sucedió en el pasado. No sé si es una secuela de haber visto los ojos de Arcane, pero incluso ahora, los recuerdos de esa época siguen brotando en mi mente sin parar.

Esimed acarició con los dedos el contorno de sus ojos, sombreados por el cansancio, y susurró como quien hace una confesión ante un altar.

—Ahora conozco toda la verdad. …Incluso las partes que tú misma ignoras, todo…

—… Esimed.

—Después de dejarte ir, sufrí demasiado.

—¡!

Cuando finalmente logré abrir la boca para hablar, sus ojos, de un azul tan gélido como si hubieran sido arrancados de un fragmento del pasado, se clavaron en mí, asfixiando mis palabras.

—Ya no podía confiar en Arcane, en quien creía ciegamente bajo el nombre de “hermano”… y tú, la única persona que me hizo cambiar, te habías marchado. En medio de mi extravío, Laer se me acercó.

—¿Qué…?

Un escalofrío me recorrió la espalda al escuchar ese nombre inesperado salir de los labios de Esimed.

—Laer me dijo que, si renunciaba a todo mi poder y a mi estatus como Rey Espíritu, podría nacer como un humano; me aseguró que él me ayudaría. Yo no quería regresar al lado de Arcane y pensé que… tal vez, como dijiste una vez… podría convertirme en ese chico que estuvo a tu lado. Por eso, acepté la propuesta de Laer.

Mientras la voz de Esimed continuaba, un terror que nunca antes había experimentado comenzó a devorar mi mente.

La idea de que cada instante, pasado, presente y futuro, podría estar siendo controlado por un solo ser dejó de ser una vaga sospecha para convertirse en una realidad absoluta y sofocante.

¿Acaso tenía sentido intentar distinguir en qué eventos había intervenido Laer y en cuáles no? ¿Valía la pena siquiera hacerse esa pregunta?

Cada momento que conforma mi vida… quizá todos y cada uno de ellos nacieron de su mano.

En ese instante, sentí más miedo de Laer, quien claramente intenta proteger al mundo, que del propio Arcane y su malicia incalculable.

—Y así fue como el Rey Espíritu de la Muerte desapareció del mundo… Arcane simplemente no pudo soportar esa realidad.

Esimed habló con el rostro desencajado, manchado por el miedo.

—Yo fui la causa… el origen de este desastre. Todo ocurrió por la obsesión de Arcane de encontrarme, sin importarle extinguir cada vida existente en este mundo. Tantas tragedias y tantas muertes sucedieron… solo por mi culpa.

—…Esimed.

Una profunda desesperación se asomó en sus ojos azules.

—Tal vez mi padre tenía razón. Quizás soy un ser de mal agüero, y sus palabras de que solo traería desgracias… eran ciertas.

Miré a Esimed con una tristeza profunda.

¿Qué tan devastador debió ser para él descubrir que el desastre que sacudió al mundo fue provocado por su sola existencia, y no por alguien más? A pesar de que todos esos pecados fueron cometidos por Arcane y nadie más…

—Arcane te ha estado amenazando incesantemente todo este tiempo. Al final, este ataque a Literra fue solo otra de sus estratagemas para llevarme con él. Es aterrador… Si me quedo a tu lado, te verás envuelta en algo así una y otra vez.

Esimed no sería capaz de escapar de esa culpa.

—…No, Esimed.

Me apresuré a hablar ante sus palabras, que habían sido pronunciadas con un tono gélido y sombrío.

—La razón por la que viajé al pasado fue para buscar la reliquia del Rey Espíritu. Al final, logramos restaurarla y sellar a Arcane con éxito, así que por los próximos cientos de años él no podrá…

—No existe nadie en este mundo que conozca a Arcane mejor que yo.

Justo cuando intentaba calmarlo con mis palabras, Esimed me interrumpió con una voz gélida. Me quedé mirándolo, completamente atónita.

—Él jamás se rendirá conmigo. Hará lo que sea necesario, encontrará cualquier medio para volver a este mundo y arrastrarme con él. Y después de lo que pasó, ahora te guarda un rencor profundo, Edith; por eso intentará destruirte con una crueldad mucho mayor que antes.

—Esimed…

Mientras hablaba con las manos fuertemente entrelazadas, el rostro de Esimed mantenía una calma gélida, pero sus ojos estaban empañados por el terror y la culpa.

Quería decirle que no era así, que todo eran preocupaciones infundadas. Quería asegurarle que Arcane ya no podría amenazarnos nunca más, pero…

—Después de haber provocado todas estas desgracias, no tengo el descaro de seguir soñando con una vida a tu lado.

Sus palabras, pronunciadas con una mirada y una voz implacables para romper nuestro vínculo, me dejaron paralizada, incapaz de intentar cualquier protesta.

Arcane es un espíritu de la era primigenia.

Me esforcé por creer que ya no podría escapar de su sello, pero… lo cierto es que no tenía ninguna prueba que me asegurara que una entidad tan inmensa pudiera ser contenida por completo.

—Por eso, Edith… rompamos nuestro compromiso.

—…

En medio de un silencio hiriente, Esimed finalmente lo dijo.

—Tengo que cortar todo vínculo contigo para que puedas estar a salvo, aunque sea un poco. Después de todo… fue un compromiso pactado solo por el beneficio mutuo.

A pesar de la frialdad en su voz, una lágrima cristalina comenzó a resbalar por la mejilla de Esimed, traicionando sus palabras.

—Rompamos nuestro compromiso… de una vez.

Lo decía él, quien renunció a su estatus como Rey Espíritu y a todo lo que poseía, naciendo como humano solo para volver a encontrarme.

Podía ver claramente en sus ojos lo desesperado y agónico que era para él pedirme esto; lo hacía consumido por la culpa de un desastre que nació de su elección y por el deseo de protegerme de la amenaza de Arcane.

—Si rompes el compromiso conmigo, tu posición quedará en la cuerda floja, estoy segura de eso. Así que… ¿cómo esperas que acepte algo así?

Dije con la voz quebrada, haciendo una mueca de dolor en un intento desesperado por contener el llanto.

Incluso si no fueras humano… incluso si fueras el mismísimo Rey Espíritu de la Muerte.

—Aun si tu verdadera identidad es la del Rey Espíritu, yo… a ti te…

—No tomes una decisión estúpida, Edith. Desde la raíz, soy de una raza completamente distinta a la tuya.

Justo en el momento en que vacilé, a punto de confesarle lo que sentía desde el fondo de mi corazón, Esimed me fulminó con una mirada cargada de lágrimas y habló con una severidad cortante.

—No bastó con que mi deseo de volver a verte trajera la muerte a una familia que, de no ser por mí, habría vivido en paz… sino que ahora es un hecho que esa entidad tan espantosa está obsesionada conmigo y jamás me dejará libre.

Él sentenció el asunto con un tono tajante, poniendo fin a cualquier discusión.

—En estas condiciones, no puedo permitirme estar cerca de ti. Así que rompamos nuestro compromiso. Hazlo por nada más… que por ti misma.

Era una determinación que yo jamás podría quebrantar.

***

[—…¿Edith?]

Niad, que había venido a buscarme con el rostro iluminado de alegría, nos miró con una expresión de total asombro.

[—Tú eres el segundo príncipe de Roshan, ¿no es así? ¿Cómo es que estás aquí…?]

—…Puedo bajar yo solo, así que no se preocupe por mí.

Sin embargo, Esimed respondió con una actitud gélida y se adentró en la espesura del bosque hasta desaparecer de la vista.

[—Qué extraño… Ese muchacho debería estar atrapado dentro de Literra… ¿Edith?]

Al contemplar aquella figura suya, tan fría y solitaria, las lágrimas finalmente brotaron de mis ojos y comenzaron a caer.

«…¿Por qué? ¿Por qué tiene que creer que la despedida es la única solución?»

[—Edith, ¿qué te pasa? ¿Por qué de repente…?]

A ti, que sufres bajo el peso de una culpa abrumadora… A ti, que me rechazas con esa frialdad fingida solo por ese dolor.

«¿Cómo podría dejarte solo…?»

[—Edith.]

Mientras yo miraba en la dirección por la que Esimed se había marchado, llorando en absoluto silencio, las manos de Niad envolvieron mis mejillas con suavidad.

Fue entonces cuando volví a la realidad y la miré. Ella me observaba con una mirada cargada de un amor infinito y una profunda preocupación.

[—Dime… ¿Qué es aquello que te ha hecho llorar con tanta tristeza?]



TRADUCCIÓN: VALK
CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: VALK
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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