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Capítulo 162

—¡Edith, Mekaila, Mainhardt! ¡Todos han regresado a salvo!

Mi abuelo gritó, pareciendo ahogarse en la oleada de alivio que lo invadió mientras nos observaba detenidamente a cada uno.

[—Edith, ¿qué hay de Astrape…?]

Ignis, que no podía apartar la mirada de mí, preguntó vacilante.

—Cambió de parecer. Dijo que se enfrentará a Arcane junto a nosotros.

[—…¿Es así?]

Mekaila corrió de inmediato hacia mi abuelo y comenzó a soltar palabras en un tono urgente, mientras Mainhardt y Euphemia se preguntaban mutuamente por su bienestar. 

En medio de ese entorno ruidoso, solo el silencio se asentó entre Ignis y yo.

Pasó un instante que se sintió como una eternidad.

[—Es un alivio. En verdad.]

Ignis esbozó una sonrisa con un rostro que parecía a punto de estallar en lágrimas en cualquier momento.

[—No tengo más que gratitud hacia usted, Edith.]

Y me expresó su sincero agradecimiento. 

Parecía profundamente conmovido por el hecho de que el joven Rey Espíritu, que se originó de él mismo, hubiera decidido enfrentar el miedo.

—…No, yo no hice gran cosa.

Al final, la elección fue de Astrape. 

Yo no merecía recibir un agradecimiento tan profundo.

—Edith, Lord Ignis.

Mientras nos mirábamos por un momento, Mekaila nos llamó.

—Ahora que todas las reliquias han sido revividas, ha llegado el momento de realizar el ritual.

[—Realmente tomó mucho tiempo.]

Oried dijo esto mientras miraba fijamente a Literra con una mirada afilada.

—Buscaré a Ezequiel para explicarle la situación, así que Euphemia, Edith. Ustedes deben ocupar el lugar de las reliquias con los fragmentos de origen que poseen cada una. Ustedes deben ocupar el lugar de las reliquias con los fragmentos de origen que poseen cada una.

Finalmente, era el inicio del ritual. 

Tragué saliva, sumida en el nerviosismo.

[—Te guiaré hasta el lugar donde debes estar, Edith.]

Niad se acercó con una sonrisa, como intentando tranquilizarme.

—Edith… ¿podrás hacerlo bien?

El ritual para expulsar a Arcane, una situación en la que yo debía desempeñar el papel que originalmente correspondía a la reliquia.

Mi abuelo me preguntó, luciendo preocupado.

—Por supuesto, abuelo.

Pero era algo que ciertamente debía hacer. Sonreí para tranquilizar a mi abuelo y tomé la mano de Niad.

—He superado innumerables dificultades durante todo este tiempo solo por este momento.

 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

 

[—Es aquí, Edith.]

Habíamos llegado al lugar donde debía situarme en lugar de la Reliquia del Agua, la Corona del Rey Espiritual. 

Niad se volvió hacia mí y habló con voz suave.

Caminé a su lado y contemplé el paisaje desde una altura que resultaba vertiginosa solo con mirarla. 

El lugar donde me encontraba era el borde de un acantilado desde el cual se podía ver de un vistazo toda Literra, rodeada por el cañón.

«¿Acaso el cielo podía sentirse así de cerca?»

Era un acantilado tan alto que ese pensamiento surgió por sí solo.

[—…Como los Reyes Espíritu no deben interferir en el ritual, no puedo quedarme a tu lado.]

Tenía que permanecer allí sola.

—Está bien, Niad.

[—Pero…]

Niad me habló vacilante. 

Con un semblante que parecía a punto de romper en llanto, dudó, incapaz de marcharse.

—He superado situaciones mucho más peligrosas y difíciles que esta innumerables veces.

[—… Sí, debo confiar en ti. Pero Edith, por favor, recuerda solo esto.]

Mientras intentaba tranquilizarlo, Niad extendió ambas manos, rodeó mis mejillas y me dijo en un susurro:

[—Que te amo con todo mi corazón, hasta este punto…]

¿Cómo podría no conocer sus sentimientos? 

Observé a Niad, quien finalmente derramó lágrimas, y cerré los ojos. 

Permanecimos en silencio durante un largo rato.

—…

Tras la partida de Niad, me quedé sola y levanté la vista para contemplar el cielo. 

Parecía que ya era hora de que amaneciera, pues una luz tenue comenzaba a teñir el cielo que antes estaba sumergido en la oscuridad de la noche.

Ya era hora de que Literra recuperara su propio amanecer.

 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

 

Ezequiel observaba el interior de Literra, donde las paredes exteriores y el techo habían sido destruidos brutalmente, y los objetos esparcidos creaban un caos absoluto. 

Caminó en silencio y se detuvo frente a la Reliquia de la Luz.

Ignis, el Rey Espíritu de la Luz que había guiado a Ezequiel hasta allí, observó a su Gran Elementalista con una mirada profunda. 

Las otras reliquias ya habían sido trasladadas a sus respectivos lugares, y tanto Euphemia como Edith habían partido hacia sus posiciones para reemplazar el papel de las reliquias restantes.

—Parece que ha llegado el momento de cumplir con la última misión que se me ha encomendado 

Ezequiel contempló la Reliquia de la Luz con una expresión inescrutable y luego sonrió levemente.

[—…]

Ignis movió los labios ligeramente y, finalmente, respondió con una sonrisa triste.

[—Ezequiel, el único e inigualable Gran Elementalista de la Luz… Has sido mi mayor orgullo.]

Ezequiel abrió mucho los ojos y se volvió hacia Ignis. 

Parecía un niño sorprendido por haber recibido un cumplido inesperado…

Era la misma expresión que aquel niño mostró el día en que, siendo muy joven, se encontró por primera vez con el Rey Espíritu de la Luz.

Ignis contempló por un largo rato el rostro del anciano, quien aún conservaba su pureza, como si quisiera grabar esa imagen en su mente para siempre.

[—Astrape.]

Entonces, tomó la mano de Astrape, quien lo estaba esperando, y habló.

[—Confío en que lo harán bien. Todo mejorará y las sombras ya no acecharán más…]

Ignis le dedicó una última sonrisa a Ezequiel antes de desvanecerse junto a Astrape en un estallido de luz radiante.

Al quedarse solo, Ezequiel levantó la vista hacia el manto de la noche que oscilaba y emitía sonidos siniestros a través de sus grietas. 

Tras respirar profundamente, elevó la Reliquia de la Luz.

—Madre que conformas el universo, Creadora que diste existencia a toda vida, Neutralidad que divides el destino.

Ezequiel recitó el conjuro que Ignis le había enseñado, extendiendo ambos brazos hacia lo alto.

—Denuncio detalladamente los pecados de la Sombra que amenaza a vuestros hijos pequeños y los conduce hacia la muerte.

Un brillo cegador comenzó a emanar del espejo.

—Que la Sombra sea pisoteada por la lanza del resplandor más puro. Que sea aniquilada hasta que no quede ni el más mínimo rastro. Que, por fin, se ejecute la condena.

Ezequiel dio fuerza a sus manos temblorosas y gritó con un anhelo desesperado.

—¡Este es su juicio!

Un sonido estruendoso, como si algo explotara y se hiciera añicos, resonó por doquier. 

Una inundación de luz que impedía distinguir entre aliados y enemigos consumió por completo su visión.

Y así, el resplandor que ilumina el abismo finalmente despertó de su largo letargo.

 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

—¡…!

Aunque todavía no se manifestaba ningún cambio visible, pude sentir instintivamente que el ritual había comenzado.

Fue porque el fragmento del Origen del Agua, que hasta entonces no había siquiera notado, reaccionó al llamado que se le hacía y comenzó a resonar.

En ese preciso instante, desde el interior de la barrera de Arcane que rodeaba Literra, una luz de oro blanco estalló como una explosión.

—¡Ah…!

Era un vendaval tan violento que incluso Edith, parada en el borde del alto acantilado, no podía abrir los ojos, y una vibración sacudía los cielos y la tierra. 

Era, literalmente, una inundación de luz.

Bajo los pies del juicio más sagrado, la oscuridad que se había arrastrado hacia el mundo y se aferraba de forma repugnante fue desgarrada sin piedad, desapareciendo con un estruendo que casi parecía un grito.

La autoridad del juicio y el fragmento del Origen del Agua resonaron aún más profundamente el uno con el otro. 

Ante la poderosa fuerza de atracción que tiraba despiadadamente del origen del agua alojado en su cuerpo, Edith se sumergió en un terror remoto, sintiendo que en cualquier momento le arrebatarían todo.

Sin embargo, Edith apretó los dientes y dio todo de sí para no ser arrastrada por ese poder descomunal. 

No existía forma alguna de rechazar una autoridad antigua que escapaba a la comprensión humana, un poder tan puro como cruel. 

No le quedaba más remedio que resistir con todas sus fuerzas.

Trueno de la Raíz. 

Lanza de la Explosión. 

Látigo del Cielo. 

Linaje de Sangre. 

Fuente de Vida. 

Corona del Rey Espiritual.

Las reliquias que se habían dispersado y perdido a lo largo de la historia se reunieron para abrir el camino hacia el juicio. 

Así, en el centro de la estrella de seis puntas que se formó, el resplandor que ilumina el abismo despertó de su largo letargo y clavó la lanza de la condena contra la sombra compuesta por innumerables pecados.

[—¡Aaaaaaaah!]

Un grito desgarrador, que parecía ser exhalado por Arcane, resonó como un eco en los oídos de Edith.

KIIIIING.

Observando la tormenta de luz que arremetía con una magnitud casi inalcanzable, Edith cerró los ojos.

Sintió la misma sensación que cuando tuvo contacto por primera vez con la autoridad de Ignis en su infancia. 

Una mano afectuosa que la conducía hacia la nada, un vacío donde solo reinaba la quietud primordial. 

Un resplandor puro y sagrado se extendía plenamente ante su futuro.

Y así, finalmente bajó el telón de la tragedia: aquella que se había enredado y originado por un pasado irreversible, milagros logrados a base de dolor y la obsesión por seres que no se pueden poseer.

 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

 

La inmensa autoridad que se agitaba con la fuerza suficiente para hacerle perder el conocimiento fue menguando gradualmente. Edith abrió los ojos lentamente.

El manto de la noche que había devorado a Literra desapareció sin dejar rastro alguno. 

Y, al levantar la vista hacia el cielo, un amanecer rojizo comenzaba a despuntar.

Una alegría desbordante se mezclaba con la sensación de vacío que la invadía tras haber agotado todas las fuerzas de su cuerpo. 

En ese momento, sin saber qué hacer ante esas dos emociones contradictorias, simplemente contempló el alba con ojos empañados.

SAPAK.

—¡…!

Desde atrás, a una corta distancia, se escuchó una pequeña presencia.



TRADUCCIÓN: LAI
CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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