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Capítulo 159

—Está bien. Dejaré de llorar.   

Aunque él acababa de regresar de entre los muertos y aún estaba más preocupado por mis lágrimas, estas brotaron otra vez. Sin embargo, me esforcé por sonreír y me sequé las mejillas con la manga.

—Cielos… ¿De verdad alguien muerto puede volver a la vida?

La voz de Euphemia llegó a mis oídos. Al voltear la cabeza, vi que Euphemia aún tenía una expresión ausente, incapaz de creer que el hombre frente a ella había resucitado.

—Esa persona es…

Mainhardt murmuró en voz baja.

Ah, claro, hoy es la primera vez que Mainhardt y Euphemia se encuentran. Aunque es lo mismo para mí.

—Ella es la señorita Euphemia, la nieta del abuelo Ezequiel.

—Ah… Encantada de conocerlo. He oído mucho sobre usted de mis abuelos, señor Mainhardt.

Sin darnos cuenta, se había formado una escena de encuentro. Mainhardt rápidamente recuperó su rostro inexpresivo y respondió con serenidad.

—Así que es la nieta del señor Ezequiel y la señora Sisiphea. No es necesario que me trate con formalidad, siéntase libre de hablar con confianza.

—¿Eh? Eso no puede ser. Usted es el único familiar consanguíneo de la señora Judith.

Euphemia respondió, sorprendida. Mainhardt la miró fijamente por un momento y luego apartó la mirada.

—Entonces, llámeme como prefiera. Edith, ¿has encontrado a Mekaila?

—Todavía no he encontrado a la señorita Mekaila porque estaba ocupada reviviéndolo a usted.

Él fue directo al grano sin rodeos. Al recordar a Mekaila, quien probablemente murió aplastada bajo los escombros al igual que Mainhardt, mi ánimo decayó y respondí con voz apagada.

—Debemos ir a buscarla pronto.

Aunque revivir a Mainhardt era urgente, había tomado demasiado tiempo. Intenté levantarme de rodillas, pero un mareo aturdidor hizo que el mundo girara ante mis ojos y caí de inmediato.

—¡Edith!

—¡Duquesa!

Euphemia me levantó mientras me derrumbaba sobre el cuerpo de Mainhardt.

—¿Se encuentra bien? ¡Cielos, sangre!

Sentí que algo caliente estaba goteando debajo de mi nariz, y no me equivoqué. El rostro de Euphemia se tiñó de horror, y por su reacción pude darme cuenta de la situación.

—Sangre de la nariz…

Con un esfuerzo, levanté mi mano sin fuerzas y me toqué el labio superior; salió un líquido rojo oscuro.

Aunque Ilipa me había advertido, y sabía que habría algún tipo de efecto secundario…

—Es por usar demasiado el poder. No es gran cosa.

—¿Cómo que no es gran cosa? ¿Se lastimó por revivirme?

La voz cortante de Mainhardt llegó a mis oídos. Me detuve y lo miré. Él se había sentado y me observaba con una mirada donde ondulaba una leve ira.

—Cuando usó el poder de la vida en exceso en su infancia, no hubo hemorragias…Si los síntomas externos son tan evidentes, debemos considerar la posibilidad de que haya lesiones internas.

Extendió la mano, tocó varios puntos de mi rostro y luego frunció el ceño.

—Entonces, ¿quizás la Reliquia de la Luz tiene poder curativo? Podríamos usarla para…

—No, mi estado físico no es lo importante en este momento.

En el instante en que Euphemia miró hacia la Reliquia de la Luz que había dejado en el suelo, me pellizqué la nariz, incliné la cabeza hacia atrás y dije:

—¿Qué importancia tiene un simple sangrado nasal? De todos modos, tendré que usar el poder de la vida nuevamente para sanar a la presidenta Mekaila… o para revivirla. Así que, Euphemia, Mainhardt, por favor, busquen a la presidenta Mekaila en mi lugar.

—Lady Edith.

Mainhardt habló con el ceño fruncido. Pero mi determinación no cambió.

—Por favor, Mainhardt. Piensa primero en lo que realmente es importante.

—…Entendido.

Su mirada tembló dolorosamente, pero fingí no notarlo.

Por fin, todos los obstáculos habían desaparecido, y el camino que debía seguir se extendía con claridad ante mí. Aunque alguien hubiera sido arrebatado por la muerte… yo podía traerlo de vuelta.

Eso creía… pero cuando me encontré frente a la figura sin vida de Mekaila, una profunda conmoción me invadió. A mi lado, Mainhardt me observaba con ojos llenos de preocupación.

Sin dudarlo, activé el poder de la resurrección.

—¡Lady Mekaila!

—Presidenta.

Entonces, un enorme suspiro escapó de los labios de Mekaila, y sus ojos azules, tan brillantes como una hoja recién afilada, se abrieron con intensidad. Sus pupilas quedaron expuestas y, por un instante, Mekaila miró fijamente el vacío.

—Esto es…

—¡Presidenta Mekaila! ¿Está consciente? ¡Soy yo, Edith!

Quizás por el uso excesivo del poder, sentí un punzante dolor en el pecho, pero lo ignoré y le grité a Mekaila.

—¿Edith? Cielo santo, lo lograste ¡Has cumplido mi plan!

Como la presidenta del Santuario de la Sabiduría, Literra, Mekaila pareció comprender toda la situación en un instante. Se incorporó, me abrazó y murmuró:

—Bien hecho, realmente… Gracias a ti, la destrucción ha sido retrasada una vez más.

Después de aceptar la misión que ella me encomendó y dejar Literra, innumerables eventos que tuve que enfrentar pasaron fugazmente por mi mente. Pero al final, superé todas las adversidades y ahora solo quedaba un último capítulo.

—Hay algo que debo decirles. A ambos, Mainhardt, tú también.

Alcé la cabeza y miré a Mainhardt mientras hablaba. Necesitaba contarles también el plan establecido por los Reyes de los Espíritus.

* * *

—En resumen, primero debemos invocar a la Reina de espíritus de la Electricidad, Astrape. Solo con su ayuda podremos transferir parte del Origen que reside en el alma de Lady Mekaila al artefacto del viento y, lo más importante, otorgar temporalmente un fragmento del Origen a Mainhardt para restaurar la Reliquia de la Electricidad.

—Convencerla no será nada fácil.

Mekaila suspiró en voz baja. Miré a Mainhardt. Él también parecía reacio a hablar.

¿Tal vez porque Astrape lo había herido varias veces?

—Coincido. Pero sin la ayuda de la Reina Astrape, no podremos lograr absolutamente nada.

Dijo Mainhardt, devolviéndome la mirada con sus ojos que brillaban en silencio.

—Invocaré a la Reina Astrape. Aunque… No estoy seguro de si será posible dentro del dominio de Arcane.

—Ah, eso no será un problema. Mientras exista el resplandor que ilumina el abismo…

Euphemia habló con entusiasmo. Ante sus palabras, Mainhardt recitó inmediatamente el conjuro de invocación.

—Tú, descendiente de la vida imperecedera. Responde al llamado de aquel a quien bendijiste con un corazón inmortal. “Astrape”

En el momento en que ese nombre salió de los labios de Mainhardt, un destello repentino estalló frente a nosotros y una violenta ráfaga de viento se abalanzó.

—¡…!

Ante lo inesperado, reprimí un grito y cubrí mi rostro con las manos. Mainhardt me abrazó como para protegerme, resguardándome de los pequeños chispazos eléctricos que saltaban alrededor.

[—Mainhardt, eres tú.]

En ese instante, se escuchó una voz tierna, delicada y juvenil.

—Hacía mucho que no nos veíamos, Reina Astrape.

Bajé los brazos que cubrían mi rostro y miré fijamente hacia adelante.

Allí estaba parada una niña pequeña. Bajo la delgada túnica blanca que se agitaba con una suave brisa, sus delgados brazos y manos estaban marcados con innumerables cicatrices que se asemejaban a la forma de un rayo. Su cabello rubio, idéntico al de Mainhardt, estaba trenzado cuidadosamente y sujetado por hermosas joyas de ámbar que brillaban intensamente. Aunque su apariencia era claramente adorable, su palidez parecía atenuar esa impresión. Su aspecto era el de una niña de mi edad, sin lugar a dudas.

«¿Esta niña es la Reina de los Espíritus de la Electricidad?»

[—Este es… el dominio de Arcane, ¿verdad?]

Astrape, que había estado mirando fijamente a Mainhardt con ojos negros y serenos, en ese momento comprendió la naturaleza del espacio al que había sido convocada y gritó con una mirada llena de pánico.

[—¿Por qué me has traído aquí? ¿Y por qué estás tú aquí!]

Era la primera vez que veía a una Reina de los Espíritus tan alterada.

—Cálmese, Reina Astrape. Con la Reliquia de la Luz presente, la oscuridad ni siquiera puede tocarla.

Mainhardt calmó a Astrape con un tono sereno, como si estuviera acostumbrado a esta situación.

Mientras miraba aturdida a la Reina Astrape, pensé:

«¿Era esto normal? Un humano, que apenas había vivido un instante en comparación con una Reina de los Espíritus, consolándola a ella.»

El impacto en mí crecía cada vez más.

Bajé la mirada, sumida en la angustia, mientras Mekaila, como si esto le fuera familiar, cerró los ojos y dejó escapar un pequeño suspiro.

[—¿Qué? ¿La Reliquia de la Luz?]

Astrape preguntó, sorprendida.

—Aquí está, Reina Astrape.

Euphemia dijo mientras levantaba la reliquia envuelta en un resplandor sagrado. Astrape examinó minuciosamente la luz que iluminaba el abismo y luego murmuró sin fuerzas:

[—No puede ser, la Reliquia de la Luz… se suponía que fue destruida por Arcane, hace mucho tiempo.]

—Encontramos una manera de restaurarla. Reina Astrape, probablemente no esté al tanto de la situación actual. Permítame explicar.

En el momento en que Mainhardt abrió la boca para explicar…

[—¡Ya lo sé!]

—¿Perdón?

Astrape gritó de repente, con un tono de ira. Mainhardt cerró la boca, aparentemente desconcertado.

[—La noticia de que Arcane, incluso asumiendo el crimen de romper la restricción, se tragó a Literra, esta ya se ha extendido ampliamente por el reino de los espíritus.]

Astrape levantó su mano cubierta de cicatrices afiladas, cubrió su rostro y murmuró con una voz que se volvía cada vez más baja.



TRADUCCIÓN: KASU
CORRECCIÓN: KASU
REVISIÓN: MIRCEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


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