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Capítulo 156

[—No podemos seguir perdiendo tiempo. Edith, Euphemia, espero que vosotras dos os encarguéis de convencer a Astrape.]   

Tras un largo silencio, Dríade habló con un tono más animado, como si quisiera disipar la tensión.

—Entendido. —Con el corazón cansado, respondí—. Haré todo lo posible por convencerlo.

En cambio, Euphemia contestó con firme determinación: 

—Yo también lo lograré.

[—Entonces debemos entrar en Literra… Ezequiel, es hora de restaurar el relicario de la luz.] 

Niad, vacilante, se dirigió al abuelo Ezequiel.

—De acuerdo. Pero, ¿cómo se transfiere exactamente una parte del origen? —El abuelo preguntó con calma, abriendo un poco sus ojos bondadosos.

[—No importa el atributo. Mientras haya Reyes Espíritu de igual rango, no será difícil. Y con Ignis aquí, será aún más sencillo.] 

Oried respondió, mirando de reojo a Ignis.

[—Ha llegado el momento.]

Ignis avanzó con una sonrisa serena, mirando al gran sacerdote que él mismo había bendecido. 

[—Ven aquí, Ezequiel, mi Gran Sacerdote.] 

Extendió la mano con afecto.

Ezequiel miró a Sisiphea y a Euphemia, les sonrió, y luego caminó con calma hacia Ignis. Ignis colocó suavemente su mano sobre la frente del anciano y murmuró:

[—Parte de mí que se separó para la salvación, regresa ahora a tu verdadero dueño.]

Un gemido de dolor escapó de los labios de Ezequiel. Una luz radiante, impregnada de santidad, brotó entre los dedos de Ignis.

AH…

Cuando retiró la mano, una pequeña esfera luminosa flotaba sobre ella.

—¡Ezequiel! —De pronto, el cuerpo del abuelo se desplomó sin fuerzas.

—¡Abuelo! —Sisiphea y Euphemia corrieron, pálidas, para sostenerlo.

[—El dolor será intenso. Debe descansar.] 

Ignis lo miró con compasión, viendo cómo apretaba la mandíbula para contener el sufrimiento.

Oried se acercó a Ignis, llevando en sus manos los restos fragmentados del relicario de la luz.

Ignis contempló los restos, luego acercó la esfera de origen que había recuperado del alma de Ezequiel. Dríade, Niad, Oried e Ignis observaron mientras el fragmento se unía a los restos del relicario.

¡UGH!

En ese instante, una luz blanca cegadora estalló como una explosión. Ondas de maná se propagaron violentamente, desgarrando el espacio.

Gemí y cerré los ojos con fuerza, deseando que aquel instante abrumador pasara pronto.

[—Lo logramos.] 

Aunque apenas había pasado un minuto, se sintió como una eternidad.

AH…

Al abrir los ojos, escuchando la voz tranquila de Ignis, vi un espejo suspendido en el aire, envuelto en un resplandor suave.

[—Es la primera vez que lo ves, ¿verdad? Este es el verdadero rostro de la Radiancia que ilumina el abismo.]

Era un espejo circular adornado con filigranas doradas, del tamaño justo para caber en las manos. Ignis lo acarició con cuidado y luego miró a Euphemia.

[—Te lo entrego.]

—Ah… sí. —Con el rostro tenso, Euphemia recibió el relicario con suma cautela.

—Por fuera parece un espejo de una dama noble… —el abuelo David murmuró—. No parece nada especial…

Pero en ese momento, la superficie del espejo vibró con olas doradas resplandecientes.

—¡El relicario…! ¡Está reaccionando! —Euphemia lo miró aterrada, pensando que había cometido un error.

[—No te preocupes. Es un fenómeno natural.]

Ignis sonrió suavemente para tranquilizarla.

Sus ojos rojos brillaron con un matiz especial, reflejando la luz del relicario.

[—Para un sacerdote bendecido por mí, la Radiancia es como una fuente inagotable. Ahora que te reconoce como su dueña, iluminará el futuro según tu voluntad.]

Ignis posó la mano en su hombro y la giró hacia la oscura barrera de Arcane.

[—Ve ahora hacia la barrera. Esta vez será distinto: el relicario de la luz está contigo.]

Euphemia apretó sus labios temblorosos.

Con el fulgor verde brillando en sus ojos, Euphemia avanzó hacia la barrera de Arcane.

Finalmente, frente a la cortina negra, la observó fijamente por un instante y dio un paso decidido.

 Entonces, sorprendentemente, antes de que su cuerpo siquiera la tocara, la barrera hecha de oscuridad comenzó a deshacerse, como si ardiera en llamas invisibles.

—Esto es… —Euphemia miraba atónita cómo la barrera, que no había cedido ni ante los ataques más poderosos, se consumía como si la evitara. Yo también contemplaba, absorta, cómo se abría paso.

[—Ha sido restaurado correctamente. ¡Edith! El relicario de la luz sólo podrá romper la barrera por un breve tiempo. Síguela de inmediato hacia Litera.] 

Oried me llamó en voz alta, entregándome los restos del viento y de la electricidad.

[—Confío en que lo lograrás.] 

—Sí, lo haré. —En sus ojos brillaba una confianza absoluta. Encendida por esa fe, respondí con firmeza.

Llevar los restos del viento y la electricidad era pesado, pero no había otra opción.

—Edith… regresa sana y salva. Eso es lo único que este abuelo te pide. 

—Dentro estarás prácticamente frente a Arcane. Incluso con el relicario de la luz, no debes confiarte. 

—Nosotros trazaremos el círculo del ritual desde fuera. —Respondí a las múltiples advertencias y preocupaciones que se dirigían hacia mí, y me acerqué a Euphemia.

—¿Partimos ya, Gran Dama Edith? —Euphemia giró el rostro y me habló.

—Ah… sí.

Era la primera vez que intercambiábamos palabras directamente. Sorprendida, respondí con cierta torpeza, y ella me sonrió suavemente.

En esa sonrisa sentí una extraña familiaridad, y pronto comprendí la razón: El abuelo Ezequiel pertenecía a la casa noble Haylian, así que Euphemia y yo compartíamos apellido. Quizá por eso, de manera instintiva, me invadió una sensación de alivio. Pero en ese momento no era lo importante.

Aparté mis pensamientos y me dispuse a seguirla.

[—Un momento, Edith.] 

De pronto, Ignis me llamó.

—¿Ignis…?

Me giré, sorprendida, y lo miré acercarse.

Con una mirada insondable, se inclinó hacia mí y susurró al oído: 

[—Antes de venir aquí, me encontré con Astrape en el Reino de los Espíritus.] 

Recordé que, en el camino hacia Litera tras recuperar el relicario del fuego, él había desaparecido un instante. Lo había considerado un detalle menor, pero ahora comprendía.

Contuve el temblor de mis labios, esperando sus palabras.

[—Le expliqué, aunque de manera general, la situación actual. No abandonó su actitud pesimista… pero espero que sirva de ayuda para persuadirlo.]

Ignis se enderezó y me dedicó una leve sonrisa. 

—Gracias, Ignis. —Le respondí en voz baja, mirándolo.

Y así, junto a Euphemia, crucé la frontera hacia Literra, ahora convertida en el dominio de Arcane.

* * *

En el cielo de la dimensión gobernada por el Rey de la Electricidad, Astrape, caían relámpagos sin fin. Los espíritus inferiores temblaban, abrazándose unos a otros para soportar el miedo. Los espíritus superiores, que conocían la verdad, se miraban entre sí y suspiraban.

Los rugidos del trueno que desgarraban el cielo del Reino de los Espíritus eran un fenómeno que ocurría siempre que su rey, Astrape, se veía dominado por un miedo extremo.

En una de las cámaras del vasto palacio donde moraba el Rey de la Electricidad, la oscuridad era absoluta. Sobre una silla junto a la ventana, una pequeña figura estaba encogida, temblando de manera lastimosa.

El velo blanco que apenas cubría su cuerpo cayó al suelo con un leve golpe. 

¡KWAGANG!

El cielo volvió a iluminarse, y el manto que cubría su delgada espalda brilló un instante, revelando su forma.

[—¿Por qué?]

Un susurro débil escapó de aquel ser.

[—¿También tú piensas lanzarte al peligro, Ignis…?]

Al levantar la cabeza, los ojos del soberano brillaron en la oscuridad como la única luz, deslumbrantes y sobrecogedores.



TRADUCCIÓN: MIKUMKZU
CORRECCIÓN: MIKUMKZU
REVISIÓN: MIKUMKZU
RAW HUNTER: ACOSB


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¿Te has cansado?


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