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Capítulo 132

Una muerte de tono azul oscuro apareció de repente en el Palacio Real de Gracia. Las miradas de aquellos atrapados entre el miedo y la reverencia hacia aquella existencia desconocida se dirigieron pronto hacia la persona que yacía dormida en sus brazos, con el rostro pálido…  

[—La primera princesa de Hakadella ha aceptado la muerte según el orden natural. Entreguen su cuerpo a sus familiares.]

 

Ante su orden, serena y silenciosa pero llena de autoridad, la gente, como hechizada, hizo acudir a la princesa de Hakadella y al príncipe Rezek de la realeza de Drayers.

—Hermana… ¿Por qué? ¿Por qué no abres los ojos? Soy yo, Marie. Tu única hermana. Por favor, ábrelos… Esto es mentira, ¡tiene que ser mentira!

Marie Hakadella, que había salido corriendo con el rostro lívido como si fuera a desmayarse en cualquier momento, acarició el cuerpo sin vida de su hermana, negando la realidad hasta que finalmente rompió en un llanto desgarrador.

—¿Quién es usted? ¿Cómo es que la princesa Rose Hakadella ha regresado como un cadáver frío y sin vida?

Rezek Dyiad, que había estado observando la trágica escena con los ojos enrojecidos, gritó a la Muerte, envuelto en un odio ardiente.

[—Siguiendo el curso natural, cerró los ojos conforme al destino que le fue asignado desde el principio.]

—¡Eso no puede ser! ¡Seguro que en Nisha…!

[—No me hagas repetirlo.]

Cortando la voz de Rezek, que gritaba fuera de sí, la Muerte recitó con un tono severo.

[—¿Cuántas veces tengo que repetir que murió después de vivir la vida que le fue otorgada? Cerró los ojos sin dolor alguno, así que nadie debería guardar resentimiento.]

En el instante en que sus palabras lo dejaron sin habla y él la miró fijamente con sus ojos plateados, el rostro de la mujer, que ya había cerrado los ojos, mostró una vez más una sonrisa serena.

[—…]

Esimed, conteniendo a duras penas su conmoción, se transformó en una niebla negra y abandonó el Palacio Real de Gracia.

—Hermana… No, por favor, no me dejes. Si tú también desapareces, ¿qué será de mí?

 

Los que se quedaron se sumieron en un dolor ineludible, desesperándose sin fin.

* * *

El lugar al que llegó inconscientemente después de dejar el Palacio de Gracia resultó ser, precisamente, aquella playa.

[—Parece un mar que contiene el cielo… y las estrellas.]

La imagen de la mujer, con su cabello azul ondeando al viento, sonriéndole levemente, surgió incontrolablemente en su mente, tiñendo sus pensamientos.

Esimed miró el mar blanco y embravecido, y el cielo que ya se teñía de rojo con el crepúsculo. Su mirada reflejaba emociones indescriptibles.

Miró al cielo. ¿Por qué sería? ¿Qué era lo que lo hacía sentir tan angustiado, sumido en una frustración insondable?

Kasu: Insondable Significa que es tan profunda que no puede comprenderse ni medirse del todo.     (つ▀¯▀ )つ

¿Será porque finalmente se enfrentó a la crueldad de su hermano, a quien había confiado y seguido más que a nadie?

Pero en el pasado, incluso si hubiera conocido las debilidades de su hermano, no habría estado tan confuso. Sí, todo comenzó con ese humano.

Esimed frunció el ceño ante el dolor punzante que surgía desde lo más profundo de su ser, y recordó la imagen de la mujer que había respondido a su confesión con una voz suave, pero de una determinación más fuerte que la de nadie.

{—Es una pregunta que no puedo responder por ti. Pero hay una cosa que sí puedo decirle. Más allá de lo mortal y lo inmortal, cualquier vida… no puede evitar los vientos de cambio que soplan en la existencia.

—Pero no tenga demasiado miedo. Si lo acepta como su destino y se entrega por completo… estoy segura de que al final podrá enfrentar un paisaje nuevo, uno que nunca habría visto en su vida anterior.

Extendió su delicada mano y, como si le ofreciera consuelo, sostuvo con cuidado el borde de su ropa.

—Como alguien que ya ha pasado por eso, le doy mi testimonio seguro, así que puede confiar en mí. Estoy segura de que todo saldrá bien.}

La mujer que le había brindado alivio había sido como la única luz en un camino peligroso y oscuro, una guía en la que podía confiar.

[—Ahora que ya no estás, ¿qué debo hacer?]

No se le ocurría ninguna manera de superar la abrumadora angustia que lo consumía. Una vez que había cruzado el umbral del conocimiento, ya no podía volver atrás. Y ahora que había perdido a quien había desencadenado todo esto, esto era solo el comienzo de algo inconcluso.

Al darse cuenta de que este sentimiento, que no podía erradicar ni abrazar por completo, se había arraigado profundamente en su alma, Esimed se sintió más desesperado que nunca.

{—Es algo que realmente no logro entender. Ese joven nacerá en el futuro sin tener ninguna relación contigo, entonces, ¿por qué tú y ese joven se parecen tanto?}

Y entonces, Esimed recordó vagamente.

{—Puede que sea una tontería, pero tal vez… ¿Naciste como humano y viniste a buscarme? Esa es la idea que se me ocurre.}

[—¿Renacer… como humano?]

La idea de que un espíritu, un ser inmortal, pudiera renacer como un humano mortal era algo que él, a pesar de su larga existencia, nunca había visto ni oído. Incluso si fuera posible, sería una aberración tan impactante que la descartaría de inmediato por considerarla absurda.

Pero, ¿por qué sería? Esa idea se grabó tan profundamente en su mente que despertó en él un anhelo desconocido.

Si abandonara esta pesada existencia y las responsabilidades que había cargado desde su nacimiento, si me quedara únicamente conmigo mismo… ¿podría llegar a comprender lo desconocido que hasta ahora ignoraba? El significado de la reencarnación, y la mortalidad…

[—Esa humana…]

Quería saber más. Y así, finalmente, quería entenderla por completo. Ya no deseaba dejar pasar sin sentido el tiempo, frío y eterno como si estuviera congelado.

[—Su semblante luce… bastante turbado.]

[—Tu eres…]

El anhelo, una vez despertado, creció incontrolablemente. Y en el momento en que se sintió abrumado por la angustia…

[—Quizás yo pueda ayudarte.]

Como un rayo de luz que irrumpe entre las oscuras nubes que nublan la mente, la Sabiduría blanca apareció y miró a Esimed con serenidad.

[—¿A qué te refieres con ayudar?]

Esimed frunció el rostro con ferocidad y preguntó.

[—¿No está cansado? Vivir atado por la oscuridad que lo aprisiona, incapaz de traicionar la gracia ancestral.]

El Rey de los Espíritus de la Sabiduría, Laer, con un tono extremadamente tranquilo, devolvió la pregunta al Rey de los Espíritus de la Muerte, y su mirada serena se posó únicamente en él. Sobre el lago plateado, el rostro de la Muerte azul oscuro, distorsionado por la ira, se desvaneció lentamente.

[—Si es la primera vez que alberga un anhelo por el conocimiento, no lo rechace. Ya ha desperdiciado demasiado tiempo, demasiados años, atado por seres necios.]

En el pasado, sin duda, habría sentido hostilidad hacia esas palabras. Las habría considerado una astuta artimaña para difamar la oscuridad de este universo, para difamar a aquel hermano que era su absoluta y única figura de confianza.

[—Primero dime, ¿cómo piensas ayudarme?]

Pero esa confianza se había roto. Ya no deseaba cerrar los ojos a la realidad que se apoyaba en la falsa tranquilidad que la oscuridad le ofrecía. Quería volver a encontrarse con ese ser humano que se había acercado a él como la primera anomalía.

[—Puedo ayudarle a renacer como un ser humano.]

Y entonces, como si hubiera leído el anhelo de Esimed, el Rey de los Espíritus de la Sabiduría hizo una propuesta que parecía una mentira.

[—Sin embargo… donde hay ganancia, también hay pérdida. Si desea nacer como humano, debe renunciar a todo lo que posee.]

Aun así…

[—¿Tomaría mi mano?]

El Rey de los Espíritus de la Sabiduría extendió su mano, ofreciéndole una elección que determinaría su destino.

[—No me importa.]

Porque ya no quería seguir perdiendo el tiempo en la ignorancia, atrapado en las sombras.

Así, la ancestral Muerte se liberó de la oscuridad y, para reencontrarse con el humano que le había dejado sentimientos inconclusos, emprendió un largo viaje por su propia y única decisión.

 

Epílogo: Los que se quedaron

La presencia de Esimed había desaparecido.

[—Es imposible.]

En el instante en que se dio cuenta de que su único y tan preciado hermano menor había desaparecido, dejando atrás solo su autoridad, Arcane destrozó furiosamente a la gran serpiente que envolvía el mundo, casi como una extensión de sí mismo.

[—¡Laer, sin duda fuiste tú quien hizo esto!]

[—¡Solo el Rey de los Espíritus de la Sabiduría sería capaz de una artimaña tan vil!]

La Oscuridad, convencida de ello, no pudo contener su odio y dejó escapar un veneno.

[—¿El Rey de los Espíritus de la Muerte ha desaparecido?]

Él no era el único que se había percatado de la anomalía. Habiendo recibido la extraña noticia, los Reyes de los Espíritus, excluyendo a la Oscuridad, se reunieron. Fue allí donde el Rey de los Espíritus de la Tierra, Oried, habló con expresión grave.

[—Él es un Espíritu Primordial. Que un ser así desaparezca de la noche a la mañana, dejando solo su autoridad… No puede ser.]

Sus ojos dorados y radiantes mostraban un destello de conmoción.

[—Laer…  ¿Acaso sabes algo sobre esta anomalía?]

Desviando su mirada de los otros Reyes de los Espíritus naturales, Oried fijó su vista en Laer, quien había guardado silencio, y preguntó lentamente.

Entonces, en el rostro juvenil de Laer apareció un rastro de cansancio.

[—¿Acaso dudas de mí? ¿Crees que un simple Rey de los Espíritus de la Sabiduría se habría atrevido a borrar de este mundo a la Muerte Primordial?]

Kasu: Omg en este capítulo revelaron tantas cosas.. Ahora ya sabemos xq se parecían tanto y también que Laer es un loquillo (づ。◕‿‿◕。)づ



TRADUCCIÓN: KASU
CORRECCIÓN: KASU
REVISIÓN: MIRCEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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