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Capítulo 42

No solo la despojaron de su título de duquesa de Basteban, sino también todas las propiedades y títulos de su padre, el gran héroe Siorn Arcaitz Basteban, lo que provocó la ruina de la propia familia Basteban.

Mariette, junto con su padre, fue desterrada de la capital y confinada en el pueblo más humilde de una finca apartada.

—¡¿Por qué, por qué demonios fue exiliada, en primer lugar?!   

Era una noticia tan impactante que era difícil de creer.

Liat no podía aceptar en absoluto todo lo que le estaban contando.

—¡Su, Su Alteza!

Liat agarró a su subordinada por el cuello con fuerza y le exigió una explicación.

La respuesta que recibió fue sorprendente.

El prometido de Mariette, Robertick Arne Haylian, la había traicionado a ella y a su familia, enamorándose de una viuda plebeya.

Mariette, furiosa por la deshonrosa traición, llevó a cabo una venganza “atroz” contra Haylian y la viuda… y como resultado, lo perdió todo y fue exiliada a las provincias.

—…¡Maldito bastardo, peor que un perro!

BUM

Con los ojos inyectados en sangre, Liat escupió su odio mientras miraba fijamente la imagen de Robertick Arne Haylian, que flotaba en el aire como una visión.

«¿Por qué la abandoné?»

«Solo porque te amaba de verdad, Robertick Arne Haylian, porque te amaba solo a ti…»

—…Iré al Imperio Roshan.

—¡Majestad!

Ya nada podía detenerlo.

Liat se apresuró hacia la tierra donde Mariette había sido desterrada.

***

CHIRRIDO.

La puerta de la pequeña casa de ladrillo se abrió con un chirrido desgastado.

—…

Sostenía su vientre hinchado con una mano mientras su cabello seco, de un lila pálido, se mecía con el viento. 

Con el rostro aún más indiferente que años atrás, la mujer se protegió del sol con la otra mano y alzó la mirada hacia el cielo.

Entonces, en un instante…

—…Tú.

Sus penetrantes ojos dorados por fin divisaron al hombre que estaba de pie en el camino desolado.

Un gesto de vergüenza cruzó el rostro de la mujer.

—Mariette.

Liat miró el rostro de la mujer, un rostro que no podría olvidar ni en sueños, y rió casi entre lágrimas.

Los ojos grises, incapaces de ocultar su sorpresa, se clavaron primero en su temblorosa mirada dorada y luego se posaron lentamente sobre el vientre abultado.

«¿Cuántos meses faltarían para el parto?»

Lo que llevaba dentro era, sin duda, la sangre de aquel que la había traicionado tan atrozmente y la había dejado sumida en aquella miseria.

Liat apretó los puños con fuerza, ajeno a la sangre que le corría por las palmas, abrumado por una indescriptible oleada de emoción.

—Me he enterado de cómo te trataron.

Él sonrió dulcemente, ocultando su desesperación.

—Por eso he venido a buscarte.

Mariette, que dejaba ver toda la conmoción que no podía ocultar, habló en voz baja: —Liat. No deberías estar aquí.

—¿Por qué? —Liat preguntó con expresión serena.

—¿Sabes cuántos años han pasado desde la última vez que nos vimos? Sigues siendo tan frío. Ni siquiera me has saludado.

Mariette evitó su mirada y respondió:

—…No puedo pedirte que entres. Liat, el Imperio Roshan y Nisha son enemigos desde hace mucho tiempo. Si tan solo corriera el rumor de que tú, siendo quien eres, te relacionas con una noble exiliada, no sería bueno para ambos…

—Basta, Mariette. —Liat interrumpió a Mariette.

Mariette volvió a dirigir su mirada hacia él, una mirada que había intentado evitar.

—El Imperio Roshan, una noble exiliada… ¿Qué importa todo eso? —Liat, reprimiendo sus emociones burbujeantes que parecían a punto de estallar, murmuró en voz baja.

Pronto se acercó a ella con paso despreocupado y le tendió la mano.

Hacía mucho tiempo que aquella mujer había hecho lo mismo por él; una muchacha que no le temía al mundo.

—Ven conmigo, Mariette.

—¡!

Mariette miró a Liat con ojos temblorosos.

—Ya lo sabes. Mariette, te amo… Este maldito sentimiento aún no se ha ido y continúa atormentándome.

Liat miró a Mariette con ojos temblorosos y llenos de anhelo.

Su mano se cernía en el aire, rozando apenas su mejilla, incapaz de acercarse más.

—Así que, úsame.

Sus ojos grises, que contenían todas sus emociones de forma precaria, bajaron la mirada para posarse en la vida que Mariette llevaba en su vientre.

—No importa quién sea el padre. En el momento en que me elijas, seré el padre de tu hijo.

Era sincero. Liat estaba sinceramente convencido de que, si era el hijo de Mariette, no importaba quién fuese el padre…

«…Incluso si fuera de Robertick Arne Haylian, él sería capaz de amarlo.»

—No querrás perderlo todo y vivir una vida miserable, ¿verdad? Así que, Mariette…

Liat intentó persuadirla con sinceridad.

—…Basta.

Pero la mano que se posó con cautela sobre el pecho de Liat, empujándolo suavemente, transmitía un mensaje de rechazo.

Liat miró fijamente a Mariette, quien retrocedió un paso, y preguntó. —¿Por qué?

Su rostro no mostraba agitación, pero la profunda y retorcida emoción en su voz era evidente.

—¿Por qué? ¿Tanto me detestas? ¿Acaso, a pesar de la lástima que sientes, al final también aborreces a la especie que parasita a Arcane?

—Liat. —Mariette pronunció su nombre en voz baja.

Los ojos grises de Liat, hundidos en la apatía, la reflejaron.

—En aquel entonces, había cosas que no me atrevía a contarte.

La dulce voz que tanto había anhelado llegó a sus oídos.

—No odio a los elementalistas de los espíritus oscuros. Pero, por otro lado, ustedes, la familia real de Nisha, sin importar las circunstancias, han venerado al Rey de la oscuridad para sobrevivir.

Mariette acarició suavemente el vientre abultado y murmuró. —Entiendo tus acciones… pero por eso mismo, tú y yo no podemos estar juntos.

Liat entrecerró los ojos con ferocidad y gritó. —¿Por qué? ¿Qué tiene de malo usar el poder de Arcane para sobrevivir? ¡¿Por qué…?!

—Porque sería negar mi propia vida.

Liat contuvo la respiración consternado.

Mariette miró a Liat con una leve sonrisa.

—Sería negar la vida misma en la que he creído, vivido y luchado hasta ahora. Por eso no puedo estar contigo. …No lo haré.

La compasión era sincera, pero el pecado evidente no podía ocultarse.

—Lo siento, Liat. Quizás… Esta sea la última vez que nos veamos con vida.

Mariette, de rostro pálido y belleza agreste, rechazó la propuesta de Liat.

Ante esa respuesta tan clara, Liat se quedó sin palabras.

***

Incluso el mar tiene sus propias sombras.

Incluso iluminado por la luz, permanece de un azul profundo y hermoso, sin una sola mancha. Pero el mar oculta su propia sombra en sus recovecos más profundos, bajo el velo de un abismo que nadie suele ver.

Así nadie lo ve.

Fuiste la primera persona en mirar mis heridas ocultas en las sombras.

Por eso, quise convertirme en tu sombra.

Si pudiera abrazar todas tus heridas y tu soledad, y ser la sombra donde siempre puedas recostarte y respirar.

Si pudiera ser el santuario donde puedas detenerte y descansar…

{No odio a los elementalistas de los espíritus oscuros. Pero, por otro lado, ustedes, la familia real de Nisha, sin importar las circunstancias, han venerado al Rey de la oscuridad para sobrevivir.}

{Entiendo tus acciones… pero por eso mismo, tú y yo no podemos estar juntos. Porque sería negar mi propia vida.}

{Sería negar la vida misma en la que he creído, vivido y luchado hasta ahora. Por eso no puedo estar contigo. … No lo haré.}

Pero el mar, en definitiva, se negó a sucumbir a su sombra, optando en cambio por conservar su azul profundo.

Sin ningún lugar adonde ir, la sombra vagó eternamente.

***

Mariette murió.

Liat ascendió al trono como rey de Nisha.

Pasaron los años.

Liat jamás olvidó a Mariette ni por un instante.

No podía olvidarla.

A pesar de la locura que aún se aferraba a su corazón y proyectaba una sombra, ya no le quedaba nada; ella lo había rechazado.

Solo le había sido otorgada una vida fría, dedicada a su país y su gente, y ajena a cualquier otro propósito.

Fue una sorpresa que, en medio de esa existencia tan vacía, irrumpiera una niña: la hija de Mariette.

—…¿La hija oculta de Mariette puso de cabeza a Roshan junto con un príncipe desterrado?

«¿No es eso de lo más descarado?»

Al recibir la noticia que había puesto patas arriba a todo el continente, Liat no pudo ocultar su sonrisa y susurró.

—El único linaje que Mariette había dejado en este mundo.

Y al mismo tiempo, la hija de Roberik Arne Hailian, a quien deseaba desgarrar en pedazos.

«¿Sería una niña fuerte y extraordinaria, parecida a ella?»

«¿O quizás será una niña tan estúpida como su padre?»

Sintió curiosidad.

—El Emperador del Imperio Roshan ha solicitado contactar con el gremio.

—¿Roshan? ¿Para qué?»

—…Pide que asesinemos al segundo príncipe, Esimed Has Ruairi.

«¡Qué ridículo!»

Liat no pudo evitar reírse de la serie de acontecimientos que siguieron.

«Mariette, el Emperador de Roshan, símbolo de la noble justicia que tanto venerabas, es tan despreciable.»

El hecho de que le ruegue al rey de una nación enemiga que mate a su propio hijo es un espectáculo vergonzoso.

«¿Podría ser cosa del destino? que le pida a Liat que lo haga justo cuando el Segundo Príncipe y tu hija se dirigen a Literra, y no a cualquier otro lugar?»

—Aceptaré. Prepárese.

Liat sonrió ampliamente y tomó la carta del Emperador.

—¡Pero Majestad! Matar al segundo príncipe de Roshan tendría consecuencias…

—No importa. A cambio me permitiré una pequeña travesura. 

Anhelaba ver a la hija de Mariette.

«¿Acaso podría contemplar de nuevo en estos ojos una imagen parecida a la suya?»

La incontenible curiosidad y la esperanza que aún no había podido desechar guiaron sus pasos.

—¡Esimed!

Y así, sosteniendo en brazos al aparentemente inerte segundo príncipe de Roshan, Liat finalmente se encontró con ella.

Su pequeño rostro estaba pálido.

Aun sin saber su nombre, su belleza delataba a simple vista su noble cuna.

Aunque el brillo de sus ojos, aunque radiante, estaba teñido de un color diferente al de Mariette.

Y, al mismo tiempo, su cabello ondeando al viento, con el sonido de las olas resonando tras el bosque silencioso, evocaba como una visión a la mujer grabada indeleblemente en sus recuerdos.

—¿Quién eres? ¿Un asesino? ¿Por orden de quién hiciste esto?

La niña mostraba claramente rasgos de su padre.

Sin embargo, el acto de recuperar la calma de inmediato y formular preguntas con tanta frialdad era, sin duda, un rasgo heredado de Mariette.

—Bueno. Es muy conmovedor oírte preguntar quién soy con esa cara.

Liat no pudo contener la alegría que lo embargaba y sonrió.

«Aunque tu padre sea otro, sin duda eres hija de Mariette.»

—…Conocí a Mariette en Literra. Fue allí donde me enamoré.

Y así, Liat, libre de todo recuerdo, concluyó su discurso con ligereza.

Miró con ternura a la niña, que mostraba una clara expresión de shock ante una historia totalmente inesperada, y sonrió.

—Me preguntaste por qué te traje aquí, ¿verdad? Solo hay una razón.

Y lentamente, se levantó, revelando por fin sus verdaderos sentimientos sin reservas.

—No iba a permitir que el Imperio me arrebatara también a ti, la hija de Mariette.

Ella le había dado la espalda a la muerte tras parir a la hija del hombre que la había traicionado y que, al final, la había rechazado.

Después de su partida, solo el vacío lo devoró. Nadie pudo salvarlo.

Ese era su destino vano: seguir viviendo sin poder morir, sumergido en la sombra de la soledad hasta su último aliento.

Pero en el instante en que encontró el único rastro que Mariette había dejado en este mundo, una chispa se encendió en su corazón, reducido a cenizas.

Deseaba poseer ese último rastro que Mariette había dejado en este mundo.

Solo ese fuerte deseo podía devolverle la vida.

—Entonces debes estar conmigo.

Liat, mirando los ojos rojos y temblorosos, sonrió feliz.



TRADUCCIÓN: VALK
CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: VALK
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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