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Extra 4

No tenía más remedio que hacerse cargo de la situación.

Dane observó fijamente a Grayson, quien se masajeaba apresuradamente la cabeza adolorida. No le entusiasmaba la idea, pero no había alternativa. Decidió cambiar de planes y esperar hasta el día del alta. Tras tomar esa decisión, suspiró profundamente y relajó su cuerpo. La fatiga lo invadió rápidamente, y antes de darse cuenta, Dane ya había caído en un sueño profundo.  

Con el paso de los días, logró levantarse de la cama y caminar, mientras el dolor disminuía gradualmente. Mientras tanto, los objetos que Grayson empapaba con las feromonas de Dane aumentaban en variedad y cantidad.  

A pesar de todo, las heridas cicatrizaron como debían, y finalmente llegó el día programado para el alta.  

* * *  

—Ha sido un duro camino para usted —dijo el médico con una sonrisa brillante.  

Dane le devolvió el gesto y respondió:  

—Gracias a su atención y cuidado.  

Por costumbre, se incorporó con cuidado, y el médico continuó hablando animadamente:  

—Me preocupaba que pudiera haber complicaciones, pero afortunadamente todo ha sanado bien. Su recuperación ha sido rápida, excelente, de hecho.  

—Ja, ja… —Dane soltó una risa incómoda.  

Claro que había sido así. Después de aquel día, no había hecho más que quedarse en cama sin moverse.  

—¿Hay algo en particular que deba evitar? ¿Alguna precaución? —preguntó Dane.  

El médico le dio las advertencias habituales: no esforzarse demasiado, evitar ejercicios bruscos hasta estar completamente estable, etcétera.  

—Por lo demás, puede retomar su vida normal. Solo tenga cuidado y no se exceda.  

—¿El sexo también está bien? —preguntó Dane sin rodeos, interrumpiendo las educadas recomendaciones del doctor.  

El médico pareció desconcertarse por un momento antes de torcer incómodamente la comisura de los labios.  

—Bueno, sí. Siempre que no se exceda.  

«¿Qué significará “excederse”?», reflexionó Dane por un instante. «¿Estará bien si solo lo ato y no hago nada más?».  

Estuvo a punto de preguntárselo al médico, pero desistió. «¿Realmente necesito confirmar hasta esto? Con parar si duele será suficiente», pensó.  

—Entendido. Gracias.  

El médico, que había estado algo tenso esperando la siguiente pregunta de Dane, se relajó visiblemente al ver que este se despedía sin más. Le estrechó la mano con alivio. Al notar que el médico apenas le llegaba al hombro, Dane sintió una extraña curiosidad. 

«En el pasado, me lo habría llevado a la cama del hospital antes de irme». 

La verdad era que llevaba tanto tiempo sin sexo que le picaba todo el cuerpo.

«¿Cuándo fue la última vez que estuve tanto tiempo sin? No puedo creer que hayan pasado meses». La energía acumulada le recorría todo el cuerpo, y las ganas de hacer algo al respecto también.  

Pero, para su sorpresa, solo una persona venía a su mente. 

«Qué ridículo». No pudo evitar soltar una risa amarga. «¿Cómo he terminado así?».  

—Gracias por todo. Cuídese —se despidió Dane del personal médico antes de llamar un taxi.  

Sabía exactamente lo que haría después. Por fin había llegado el momento de comprobar lo que tanto le intrigaba.  

«Ese bastardo… ¿qué habrá hecho con todas mis feromonas?».  

Sentado en el asiento trasero del taxi, Dane frunció el ceño. En realidad, ya lo imaginaba. Aunque Grayson decía que era por Darling, era obvio que solo buscaba satisfacer sus propios deseos. Hasta el día anterior, había estado llevándose objetos empapados en las feromonas de Dane, cada vez más entusiasmado.  

De hecho, Grayson no sabía que Dane recibiría el alta hoy. Había pedido expresamente al personal médico que lo mantuviera en secreto, y Dane tampoco se lo había mencionado. En ese momento, Grayson probablemente ya habría salido hacia el hospital. O quizás aún estaba en casa. No importaba. De cualquier manera, no tendría tiempo de esconder nada.  

Después de identificarse en la garita de seguridad, Dane se recostó en el asiento. A medida que se acercaban a la mansión, su corazón latía más rápido.  

«Uf…».  

En el suspiro que escapó de sus labios se mezclaba un calor sutil. Cruzó los brazos y movió los dedos inquieto. En su mente, ya visualizaba lo que haría después: encontrar pruebas de las travesuras de Grayson y confrontarlo.

«Seguro que soltará alguna excusa ridícula. Entonces lo callaré con un beso. Mientras se queda atontado, le pondré una mordaza y ataré sus manos a la espalda. Lo desnudaré y lo haré inclinarse sobre la mesa, con las piernas y brazos atados a las patas de la silla, las nalgas al aire…».  

«Mierda».  

La excitación le hizo liberar feromonas sin querer. Al percibir su propio aroma intenso, reaccionó y tosió, abriendo rápidamente la ventanilla. Por suerte, el conductor beta del taxi no pareció notarlo.  

Mantuvo la ventana abierta hasta que el coche llegó a la mansión en lo alto de la colina.  

—Gracias —dijo Dane al pagar y salir del vehículo.  

El taxi se marchó de inmediato, dejándolo frente a la imponente mansión que ya le resultaba familiar. La primera vez que la vio, le había parecido excesivamente grande, pero ahora, a pesar de su grandiosidad, le resultaba acogedora. Incluso sintió una nostalgia que lo avergonzó, como si estuviera volviendo a casa después de mucho tiempo.  

«Vaya, todo esto me resulta tan extraño…».  

Se rascó la nuca sin motivo y luego alzó la vista. 

«Bueno, primero veamos qué está haciendo este tipo».  

* * *  

—Pechos, pechos. Pechos, pechos —canturreaba Grayson mientras conducía alegremente.  

En el asiento del copiloto había una toalla grande, limpia y doblada con cuidado. Hoy también planeaba pedirle a Dane que la empapara en sus feromonas. Solo de pensarlo, no podía evitar sonreír. Además, últimamente Dane accedía a todo lo que le pedía. Aunque era triste pensar que solo lo hacía por estar enfermo, el hecho de que siempre lo esperara en el mismo lugar lo alegraba.  

—¡Peeeeeechos! —gritó Grayson, golpeando el volante con entusiasmo antes de reír a carcajadas.  

Pero esa risa desapareció por completo cuando, en el pasillo del hospital, se encontró con una enfermera conocida. Su rostro perdió todo el color. Dane había recibido el alta. Sin decirle ni una palabra.  

* * *  

La puerta principal estaba abierta. Dane frunció el ceño, pero pronto entendió: «Ah, claro». ¿Quién se atrevería a entrar sin permiso en una mansión tan vigilada?  

La última vez que había ido al este, la había cerrado con llave. Probablemente, Grayson solo había salido un momento y la había dejado abierta. 

«Para ahora ya sabrá que me dieron el alta». Dane miró su reloj y entró. Quería asegurar pruebas antes de que Grayson llegara para tener ventaja.  

Subió las escaleras de tres en tres y pronto llegó al piso de los dormitorios. No tardó en llegar al cuarto de Grayson, conectado al que él había usado antes. Un leve aroma a feromonas escapaba de dentro. Un olor dulzón y penetrante: el de Grayson. 

«Como es su habitación, debe sentirse libre de liberar sus feromonas».  

«Entonces, seguro que aquí guarda todas esas cosas».  

Convencido, Dane se ajustó los nudillos. Justo cuando iba a girar el pomo, su teléfono sonó. El número confirmó sus sospechas: era Grayson. Sonrió burlonamente y respondió.  

—¿Dónde estás? —gritó Grayson al otro lado de la línea, antes de que Dane pudiera hablar.  

En contraste con su desesperación, Dane respondió con calma:  

—¿Dónde crees?  



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: KLYNN


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