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Capítulo 191

5  

—Ven aquí, Dane.  

Obedeciendo la voz cálida, Dane corrió hacia ella. La mujer, agachada a su altura, esperó con los brazos abiertos hasta que el niño se lanzó en su abrazo. Inmediatamente, lo estrechó con fuerza.  

[—Mi niño.] 

La voz tierna resonó sobre su cabeza. Al alzar la mirada, vio el rostro de la mujer iluminado por una sonrisa radiante. Era la primera vez que la veía sonreír así. Dane parpadeó, confundido, y ella, alisando su cabello hacia atrás, preguntó:  

[—¿Qué pasa, Dane?]  

La suavidad de su tono lo hizo titubear.  

—Mmm… es que… estás sonriendo, mamá.  

[—¿Ah, sí?]  

Ella inclinó la cabeza, ruborizándose levemente.  

[—¿Es raro?]  

Dane negó rápidamente.  

—¡No! Me gusta. ¡Me gusta mucho!  

Dicho esto, la abrazó con fuerza. Ella lo sostuvo con cariño, inclinándose para dejar suaves besos en su oreja, su cabeza y su mejilla.  

[—Mi niño.]  

Susurró de nuevo. Acariciando su espalda con ternura, murmuró como si fuera un suspiro:  

[—Te quiero, Dane.]  

Él se detuvo un instante antes de alzar la mirada lentamente. Su madre, sonriendo tan brillante como antes, le dijo:  

[—Lo siento.]  

Por alguna razón, parecía triste. Dane parpadeó y acarició su mejilla. Entonces notó que su mano ya era lo bastante grande para cubrir su rostro. De algún modo, había crecido, y ahora era él quien la miraba desde arriba, mientras ella, más pequeña que en sus recuerdos, lloraba con el rostro entre las manos.  

[—Lo siento, Dane.]  

Su cuerpo se encogió de repente. Ahora sus posiciones se habían invertido. Ella, mucho más joven de lo que recordaba, sollozaba sin consuelo, sus gemidos ahogados convirtiéndose en un llanto desgarrador.  

«Esto es un sueño»  

De pronto, Dane lo entendió. Esto no era real. No volvería a verla, ni a esta versión infantil de ella, y sobre todo…  

«Mamá nunca me habría pedido perdón así.» Ephyra: 

Aun sabiéndolo, en su pecho no hubo vacío, sino una profunda pena. Observó fijamente a la mujer que lloraba en voz alta.  

—Está bien.  

Susurró, alzando la mano. Al posarla suavemente en su hombro, ella lo miró con el rostro empapado en lágrimas. Dane le sonrió. No era una sonrisa forzada, sino una que nacía de su corazón.  

—Ahora todo está bien, mamá. Así que no llores.  

Sus ojos brillaron intensamente antes de que gruesas lágrimas rodaran por sus mejillas. Cuando Dane la abrazó, ella volvió a sollozar.  

[—Lo siento, Dane. Perdóname por hacerte daño.]  

—Está bien.  

Repitió él. Había algo que nunca le había dicho, pero ahora sentía que podía hacerlo. Abrió la boca, moviendo los labios con lentitud.  

—Gracias por darme la vida, mamá.

La madre se separó de él. Con el rostro marcado por las lágrimas, lo miró. Dane fue el primero en sonreír. Poco después, ella también esbozó una sonrisa radiante. Igual que antes, quizás incluso más brillante.  

Y entonces, Dane vio cómo su cuerpo se desvanecía en fragmentos de luz cegadora. Las partículas, dispersándose como arena, pronto desaparecieron en el aire vacío. Y frente a él, no quedó nada.  

Nada.  

***    

—Ugh…  

Un dolor punzante lo devolvió a la conciencia. Quería abrir los ojos, pero no era fácil. Forcejeando, logró levantar los párpados con esfuerzo.  

El mundo, borroso y difuso, le provocó un breve mareo. Tuvo que parpadear varias veces antes de que las cosas se volvieran claras. El techo y las paredes que veía le resultaban extrañamente familiares. Había pasado meses antes en un lugar con paredes similares. Un hospital, comprendió al instante.  

«…Qué silencio.»  

Ese fue su primer pensamiento. Tendido en la cama, abrió y cerró los ojos lentamente. De pronto, sintió un ardor en los lagrimales. Solo entonces se dio cuenta de que había estado llorando.  

Era una experiencia profundamente ajena. Hacía tanto tiempo que no lloraba que ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez. ¿Y ahora, llorar por un sueño?  

«No fue más que un deseo mío».  

Dane esbozó una sonrisa amarga mientras revivía los vívidos vestigios del sueño.  

Pero, aun sabiéndolo, se sentía reconfortado. Aunque seguía sin poder creer que hubiera llorado, su corazón estaba extrañamente ligero. Era como si algo que lo oprimía hubiera desaparecido, dejando una sensación refrescante. Esta paz indescriptible… Era la primera vez en su vida que la sentía. La cara de su madre, al desvanecerse, parecía sonreír. Ya no volveré a verla, ni siquiera en sueños.  

—Hah… —dejó escapar una risa floja y, sin pensar, intentó levantar el brazo.  

CLANK.  

Su muñeca chocó contra algo. O, más exactamente, algo pesado y sólido lo sujetaba en su lugar.  

«¿Qué…?»   

Intentó incorporarse sin pensar, pero un gemido escapó de sus labios. Un dolor insoportable le atravesó el costado. 

—Ugh… —apretó los dientes, conteniendo un quejido, antes de exhalar con dificultad. Recuerdos fragmentarios volvieron a él: un edificio derrumbándose, humo elevándose por todas partes, y la última persona que vio antes de perder el conocimiento…  

Al evocar el rostro de ese hombre, manchado de hollín y suciedad, giró la cabeza instintivamente. O, más bien, dirigió la mirada hacia donde estaba su muñeca atada. Y entonces, se quedó helado.  

Claro que no podía levantar la mano.  

Estaba esposado.  

Y en el otro extremo de la esposa…  

Desvió la mirada lentamente y dejó escapar un suspiro exasperado.  

Grayson.  

Dormía profundamente, desplomado al borde de la cama, con su muñeca esposada a la de Dane.  

Por un instante, Dane se preguntó si estaba en medio de un juego. 

«¿Habrá sido todo un sueño? ¿En realidad me desmayé mientras tenía sexo intenso con este idiota?»  

«…Qué estupidez».  

—Este maldito perro… —masculló en voz baja, indignado.  

Pero Grayson seguía dormido, respirando profundamente. Dane frunció el ceño y tiró del brazo. Le costó el triple de esfuerzo que de costumbre, pero no era imposible. 

«¿Qué diablos haces?» Estuvo a punto de gritar, listo para golpear esa cabeza bonita. 

«¿Ahora es momento de dormir?»  

Pero…

Con el rostro contraído de rabia, apretó el puño… pero al final no lo lanzó. Se quedó mirando ese hermoso rostro dormido, con el puño suspendido en el aire.  

Durante un rato, Dane permaneció inmóvil, hasta que poco a poco su expresión se suavizó. Abrió el puño y bajó la mano, dejando los dedos extendidos. Luego alzó la mano nuevamente y la posó sobre esa abundante melena rubia, deslizándola suavemente hacia adelante y hacia atrás. Los gruesos cabellos se enredaron entre sus dedos.  

De pronto, Grayson frunció el ceño. Dane detuvo su mano y esperó. Con un pequeño gemido, Grayson abrió los ojos lentamente. Dane permaneció quieto, esperando a que sus miradas se encontraran, como un príncipe de cuento aguardando a que su princesa despertara de un largo sueño.  

—Mmm… —murmuró Grayson, despertando poco a poco. Una expresión de desconcierto cruzó su rostro, sus ojos moviéndose inquietos como si no supiera qué cara poner ante la situación.  

Dane fue el primero en hablar:  

—Idiota, ¿qué es esto? ¿En serio?  

Alzó su otra mano y señaló las esposas en su muñeca. Grayson parpadeó, sorprendido, y de repente se incorporó de un salto. Tras confirmar que las esposas seguían allí, esbozó una sonrisa descarada y respondió:  

—Porque ahora este cuerpo es mío.  

Con esa declaración audaz, Grayson tomó la mano de Dane sin permiso y la volvió a colocar sobre su propia cabeza, obligándolo a acariciarle el cabello, independientemente de la voluntad de Dane. Este solo pudo soltar una risa incrédula.  

—¿Qué pasó? ¿Llegó el equipo de rescate?  

Esta vez pensé que moriría de verdad. Como si hubiera leído sus pensamientos, Grayson respondió con alegría:  

—No, simplemente te cargué y te saqué de ahí.  

Dane se quedó boquiabierto, mirándolo sin palabras. Grayson le lanzó una sonrisa provocativa.  

—Como eres mío, yo te salvé.  

Luego tomó la mano de Dane, que aún estaba sobre su cabeza, y la bajó para apoyarla en su mejilla, frotándola contra ella.  

—Me diste todo tu cuerpo, ¿no es así?  

Sus ojos brillaban más que nunca, y el leve rubor en sus mejillas parecía delatar lo rápido que latía su corazón en ese momento. Dane lo miró en silencio, observando su expresión expectante, antes de finalmente hablar:  

—¿Ah, sí?  

La sonrisa radiante de Grayson se congeló en el acto. En algún lugar, pareció sonar un ding siniestro.  

Robin: que bonito es El amor



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: KLYNN


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