Capítulo 189
—¿Dónde? ¿Dónde está? —Dane miró alrededor con desesperación mientras corría. El edificio en ruinas era enorme y siniestro. Se escuchaban grietas abriéndose por todas partes, y de vez en cuando, algo parecía explotar.
«¿Me habré equivocado?», pensó en medio del caos. «¿Habré tomado la decisión incorrecta…?»
—¡Oye! ¿Dónde estás? ¡Contesta! —gritó Dane a todo pulmón. Pero ya no se escuchaba ninguna voz humana.
«¿Por qué estoy corriendo?»
Le vino un pensamiento que nunca antes había tenido. Había estado en situaciones similares muchas veces, pero nunca había sentido esta mezcla de dudas. Siempre, sin cuestionarlo, se había lanzado a la acción.
«¿Por qué ahora me asaltan estos pensamientos?»
—¿Dónde estás, maldita sea? ¡Contesta! —soltó un improperio, y en ese momento, como por milagro, la encontró. Una mujer, sangrando por la frente y gimiendo de dolor.
—¡Oye, despierta! ¡Oye! —repitió Dane, llamándola. Casi la pasa por alto. Las paredes derrumbadas a ambos lados formaban un pequeño triángulo que, milagrosamente, había creado un espacio donde ella seguía con vida.
Admirándose por haberla visto en ese hueco, Dane se apresuró a acercarse. La sacó de allí y, tras gritarle varias veces, la mujer entreabrió los ojos, emitiendo un quejido débil.
—¿Estás consciente? Levántate, tenemos que salir de aquí ahora mismo.
La ayudó a ponerse de pie rápidamente. La mujer gimió de dolor, probablemente por la herida en la cabeza. Por suerte, no parecía tener otras lesiones graves, así que Dane se concentró en escapar.
—Vamos, hay que salir ya. Si no nos damos prisa, moriremos los dos. ¿Entiendes?
«Morir».
De pronto, esa palabra le resultó ominosa. Había enfrentado la muerte incontables veces, pero nunca antes se había sentido así.
«Dejá de pensar estupideces».
Reprendiéndose a sí mismo, Dane volvió a concentrarse en la realidad. Solo tenía que retroceder por donde había venido. No podría haber una misión más fácil. Pronto, empezó a correr cargando a la mujer.
«Tranquilo, podemos salir».
Mientras corría, calculó mentalmente la distancia que los separaba de la salida. Ya estaban cerca del lugar donde se había separado de sus compañeros.
«¡Bien, a este ritmo llegaremos…!»
Habría sido un cálculo acertado. Su predicción podría haberse cumplido.
Si no hubiera sido por otra explosión.
Con un estruendo ensordecedor, el edificio en ruinas se sacudió violentamente.
—¡Aaaah! —la mujer gritó, aterrorizada.
En ese instante, el suelo bajo los pies de Dane cedió, y sin tiempo para pensar, él la lanzó hacia el pasillo opuesto. Lo último que vio fue el rostro pálido de la mujer, que cayó de rodillas mientras lo miraba a él desplomarse.
—¡No…! —el grito de la mujer fue seguido por un estruendo, y Dane perdió el conocimiento.
***
—¡Ahí viene la mujer! —la voz de alguien atrajo la atención de todos. La mujer, tambaleándose, tenía sangre corriendo por su frente. Los paramédicos corrieron hacia ella, y Wilkins se abrió paso entre ellos.
—Oiga, ¿vio a un bombero? ¿Un bombero alto, así? —preguntó urgentemente.
—Su voz sonaba desgarrada. La mujer, agitada y con dificultad para respirar, respondió entre jadeos al ver su expresión desesperada.
—¡Lo… lo vi! ¡Él me salvó…!
—¿Qué pasó? ¿Por qué está usted sola?
—¿Dónde está? ¿Qué ocurrió?
Las preguntas de los periodistas se mezclaron con el sonido de los obturadores de las cámaras. Entre el bullicio, la mujer logró continuar:
—Estaba sacándome del edificio cuando el piso se derrumbó… Me lanzó hacia el pasillo opuesto y desapareció. Yo solo pude verlo caer…
Entonces, como si el shock la alcanzara tarde, rompió en llanto. Los gritos de los reporteros continuaban, y Wilkins retrocedió, tambaleándose, bajo el implacable destello de las cámaras. Los compañeros que esperaban atrás se agolparon alrededor de él de inmediato.
—¿Qué pasó? ¿Dijeron que lo vieron?
—¿Qué fue lo que escucharon?
—¿Entramos otra vez? ¡Tenemos que hacerlo!
Las preguntas ansiosas brotaban sin cesar. Wilkins, con el rostro contraído, rugió como un trueno:
—¡Idiotas! Debimos detenerlo antes, ¿por qué lo dejamos ir?
El estallido los dejó paralizados por un instante, intercambiando miradas incómodas. Pronto, comenzaron a defenderse, hablando al mismo tiempo:
—Intentamos seguirlo, pero desapareció demasiado rápido.
—Dijo que escuchó algo y salió corriendo… No hubo tiempo de detenerlo.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Podemos volver a entrar por Dane? ¿En qué estado está el edificio?
Wilkins solo podía fruncir el ceño ante sus caras llenas de preocupación y confusión. No podía culparlos por no haber arrastrado a Dane afuera. Si alguien tenía la culpa, era el propio Dane por actuar por su cuenta. ¡Le había dicho claramente que el edificio se estaba derrumbando!
—No podemos entrar ahora. No puedo arriesgarlos a ustedes también —murmuró con voz angustiada.
Al instante, las caras del equipo palidecieron. Wilkins continuó:
—Solo nos queda confiar en la suerte. Que ese maldito imprudente tenga la misma suerte que la última vez… Demonios, ojalá esto le enseñe a no actuar como un temerario.
Justo cuando terminó de hablar, alguien exclamó:
—¿Eh?
Era DeAndre. Todos, incluido Wilkins, que se pasaba una mano por el rostro, volvieron la mirada hacia él. Al notar la atención, DeAndre parpadeó, confundido, y se rascó la nuca.
—Ah, no… Perdón. Debo haber visto mal.
—¡Concéntrate, maldita sea!
—¡En una situación como esta…!
Las quejas llovieron desde todos lados. DeAndre solo pudo seguir disculpándose.
«Debo haber imaginado cosas», pensó, desviando la atención de nuevo hacia el grupo.
«No hay forma de que sea verdad», se repitió una y otra vez.
***
CRUJIDO, CRUJIDO.
El sonido de las grietas expandiéndose en el edificio resonaba. Dane, sentado contra la pared, parpadeaba sin comprender. Cada respiración le quemaba el costado. Seguramente tenía una costilla rota. Tal vez un pulmón perforado. Eso explicaría por qué escupía sangre…
COF, COF.
Otra vez la saliva teñida de sangre resbaló por su barbilla.
«Analizar mi estado en un momento como este… qué ridículo. Joder.»
Jadeando con dificultad, cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, su visión estaba borrosa. Intentó enfocar, pero todo se volvió a desdibujar poco a poco.
«¿Así que así es como muero?»
La idea lo dejó aturdido.
«Darling estará bien. Josh se encargará de ella si algo pasa… Aunque ese maldito actor, ¿no odiaba a los perros? ¿O eran los gatos? No lo recuerdo. Quizá debería dejarla con Yeonwoo…»
Nunca imaginó que el final llegaría de esta manera. Aunque se había lanzado incontables veces hacia la muerte, nunca había creído realmente que moriría.
«Por supuesto. ¿Quién diablos querría morir?»
Había estado satisfecho con su vida. No había razón para buscar la muerte.
«…Pero tampoco había una razón real para seguir viviendo, ¿no?»
Un suspiro entrecortado, casi una risa amarga, escapó de sus labios.
Entonces, como un fantasma, su rostro regresó.
Los ojos inyectados en sangre, clavados en él aquella última vez.
«¿En qué habrá pensado mamá en ese momento? ¿Se habrá arrepentido? ¿Me habrá maldecido?»
«Si solo hubiera…»
La imagen de su madre se desvaneció, reemplazada por otro rostro.
Aún recordaba esa mirada.
Dolorosa.
Tan dolorosa.
«Si solo me hubiera dado la vuelta entonces…»
El humo negro se mezcló con el blanco, llenando su campo visual. Tosiendo débilmente, miró hacia la nada.
—Dane.
Ya no sabía si su vista fallaba o si era solo el humo.
Observó, inexpresivo, cómo el aire parecía vibrar frente a él.
«Si lo hubiera hecho…»
Algo se movía entre las sombras.
«Si lo hubiera hecho, tú…»
La figura se acercaba.
«¿La muerte?», pensó Dane, vagamente.
Así era como llegaba, entonces.
Tan tranquila.
Tan dolorosa.
COF, COF.
Escupió más sangre.
Y entonces, lo entendió.
Eso no era una ilusión.
«Tú…»
Sus ojos se abrieron lentamente.
«No. No puede ser.»
Lo negó de inmediato.
Era imposible.
«¿Por qué? ¿Cómo?»
«¿Por qué estás»
La figura se detuvo a unos pasos de distancia.
Se inclinó.
Lentamente.
Hasta que sus ojos estuvieron al mismo nivel.
Y entonces, sonrió.
Como una flor que se abre después de años de estar cerrada.
—Te encontré, Dane.
«Grayson.»
Dane lo miró, paralizado.
En la distancia, un nuevo estruendo retumbó.
Robin: aprovecho para decir que chsm los que le estan tirando arena a Zig en x, si TU estas leyendo aqui y le vas a tirar kk a la Autora te doy tres y ya van dos para que te largues de aqui.
Pinche Gente pitera ridicula

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: KLYNN