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Capítulo 182. Parte 8: Pero, aun así, la noche se desvanece

1  

El sol abrasador había perdido fuerza, y llegó la época en que los rayos del sol caían con una luz más suave. Faltaba poco para el Indian summer, y en ese breve período, disfrutando de una estación inmejorablemente fresca, DeAndre se estiró con fuerza.  

—¡Ah, qué bien!  

Gritó en voz alta y alzó la vista al cielo. Justo cuando, con expresión satisfecha, se disponía a girarse, se detuvo de golpe, sorprendido. En marcado contraste con el espléndido clima, descubrió a un hombre completamente desmadejado.  

—¿Qué… qué pasa?  

Sin querer, alzó la voz, pero el otro no reaccionó en absoluto. Avergonzado, DeAndre se acercó sigilosamente y preguntó con cuidado:  

—Dane, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?  

Ante la voz preocupada, Dane, que estaba sentado en una silla mirando al techo con cara de cansancio, respondió distraído:  

—Sí. Vete.  

La pronunciación arrastrada solo aumentó la preocupación, pero DeAndre sabía muy bien que molestarlo en un momento así no serviría de nada.  

«¿Qué le pasa a ese tipo?»  

Aunque estaba pendiente de su reacción, DeAndre no insistió y se marchó. Dane seguía sentado en el garaje, junto al camión de bomberos aparcado, mirando al techo sin expresión. Otro día aburrido y vacío pasaba lentamente.  

***  

—¡Brindis!  

—¡A beber!  

Los hombres, chocando sus botellas de cerveza, las llevaron rápidamente a sus bocas. Tragaron el alcohol de un sorbo y, uno tras otro, dejaron las botellas mientras empezaban a hablar cada uno por su lado.  

—Así que ayer tuve una discusión con mi mujer. Bueno, claro, fue mi culpa. Pero aún así, una vez no es nada…  

—¿Cuándo crees que debería proponerle matrimonio a Charlotte? Últimamente parece que el ambiente no está muy bien…  

—¿Viste el partido de ayer? Ese tipo, ¿cómo puede ganar tanto dinero jugando así? Yo lo haría mejor. Debería haber golpeado el bate así…  

Dejando que las conversaciones inconexas le entraran por un oído y le salieran por el otro, Dane siguió bebiendo cerveza. Después del trabajo, alguien había sugerido ir a tomar algo y, como siempre, terminaron en el mismo bar de siempre.  

—Aquí también hicimos la fiesta de recaudación para Ezra…  

Las palabras de alguien hicieron que el ambiente bullicioso se tornara repentinamente sombrío. Nadie dijo nada, solo se miraron entre sí con cautela, hasta que Wilkins rompió el silencio.  

—Parece que Sandra ha mejorado mucho. Dicen que la nueva medicina le ha hecho efecto.  

Sus palabras fueron recibidas con alivio por los presentes.  

—¿Ah, sí? Qué bien…  

—Menos mal. Ezra se equivocó, pero Sandra y los niños no tienen culpa de nada.  

—Exacto. ¿Verdad, Dane…?  

Todos observaron la reacción de Dane. Después de todo, él había sido prácticamente la víctima directa de lo que Ezra había hecho, así que era natural que estuvieran pendientes de él.  

Mientras todos estaban tensos, la reacción de Dane fue indiferente. Siguió bebiendo cerveza en silencio, mirando a lo lejos como si ni siquiera estuviera escuchando sus conversaciones. Su actitud desconcertó a todos, que se quedaron mirándolo con la cabeza ladeada.  

—Vamos, basta. Bebamos hasta aquí —dijo Wilkins.  

Ellos desviaron su atención y retomaron las charlas triviales de antes. Cuando ya estaban lo suficientemente ebrios y el ambiente se había animado, la camarera que les había servido le hizo un gesto discreto a Dane. Él bajó la botella y la miró, y ella, como si lo hubiera estado esperando, le sonrió.  

DeAndre lo vio y, con el codo, le dio un codazo al de al lado para avisarle. Después de que el mensaje se transmitiera de uno a otro varias veces, todos lo supieron. Intercambiaron miradas cómplices y sonrisas significativas mientras la camarera, como si nada, se daba la vuelta y se alejaba. Dane, que la había seguido con la mirada, terminó su cerveza y se levantó.  

—Eh, Dane. ¿Te vas?  

Cuando DeAndre le preguntó, Dane asintió, sacó su parte del dinero de la bebida y lo dejó en la mesa antes de levantar una mano en señal de despedida. Todos lo miraron, pensando lo mismo. Como era de esperar, en la dirección hacia la que se dirigía Dane, la camarera lo estaba esperando. Lo que pasaría después era obvio. Dane saldría del local con esa chica…  

—Eh…  

Uno de los hombres que lo observaban emitió un sonido de confusión. Poco después, otro que también estaba mirando a Dane abrió la boca.  

—Ese tipo se está yendo solo, ¿no?

Todos miraron hacia la entrada, desconcertados. Dane salía solo, dejando atrás a la camarera, cuya expresión de desconcierto era evidente.  

Los demás se quedaron parpadeando, intercambiando miradas. Algunos se encogieron de hombros, otros negaron con la cabeza. Nadie entendía lo que pasaba. Entre miradas llenas de interrogantes, alguien rompió el silencio:  

—¿Qué diablos le pasa? ¿Dane yéndose solo a casa?  

DeAndre siguió el hilo:  

—Ahora que lo pienso, tampoco ha ido a los clubes últimamente.  

Pronto, murmullos comenzaron a esparcirse entre el grupo:  

—Es raro. Dane se ha vuelto demasiado tranquilo.  

—¿Qué está pasando? ¿Alguien sabe por qué actúa así?  

—Ese cabrón que solía ser un semental desenfrenado ahora se porta como un santo…  

—¿No estará…?  

La misma idea cruzó por la mente de todos. Se miraron entre sí con rostros sombríos.  

¡¿Habrá algún problema ahí abajo?!  

La terrible imaginación los dejó pálidos. Pero Dane, ajeno a su conmoción, salió del bar y esperó un taxi.  

En contraste con el bullicio del bar, afuera reinaba el silencio. Encendió un cigarrillo y exhaló una larga bocanada de humo, sumido en sus pensamientos.  

El interés de la gente era efímero. Tras un par de meses, las visitas de representantes de la industria disminuyeron y la gente dejó de buscarlo. Incluso los fans que solían correr hacia él con entusiasmo se habían reducido notablemente.  

Aun así, seguía siendo popular. Tomarse fotos y saludar a desconocidos cada pocos días se había convertido en parte de su rutina. Podía tolerar ese nivel de alboroto, pero por otro lado, sentía un vacío.  

«¿Es esta la vida que quería?»  

Mientras inhalaba profundamente, una duda lo asaltó.  

«¿Cómo estará ese tipo ahora?»  

***  

El bar del hotel Sky Lounge, como siempre, estaba impregnado del espeso humo de cigarrillo. Entre luces tenues, risas ebrias y conversaciones secretas, un hombre apareció y, al instante, atrajo todas las miradas.  

—Dios mío… —murmuró alguien, asombrado.  

Mientras algunos enrojecían y otros miraban con expresión impactada, el hombre, de estatura imponente, escaneó el lugar y, al encontrar a quien buscaba, avanzó sin dudar.  

Las miradas del bar lo siguieron. Aunque debió sentir el peso de tantos ojos, él no pareció importarle y se detuvo detrás de dos personas sentadas en la barra.  

—Hola, ¿cómo han estado?  

Los gemelos, que reían mientras bebían, giraron sus cabezas y se sobresaltaron. Uno de ellos casi se cae de la silla. El hombre lo sostuvo rápidamente y sonrió.  

—¿Estás bien?  

Los gemelos, aún más sorprendidos, quedaron mudos. Finalmente, el que había sido ayudado a sentarse de nuevo balbuceó:  

—¿Qu… quién eres?  

El hombre soltó una carcajada, como si hubiera escuchado un chiste.  

—Soy yo, Grayson. ¿Me olvidaron?  

Los gemelos gritaron al unísono. Ignorando su reacción, Grayson continuó:  

—Los estuve buscando. Aquí estaban.  

Intentó decir algo más, pero los gemelos lo interrumpieron, histéricos:  

—¡Mentira! ¡Es mentira!  

—¡Impostor! ¡Tú no eres Grayson Miller! ¡Mataste a Grayson y te pusiste su piel, ¿verdad?! ¡No caeremos!  

—¡Exacto! ¡O eres un alienígena que se transformó! ¡Eres un farsante!  

—¿O tal vez amnesia?  

—¿En serio? Como en ese drama que vimos ayer, cuando Marco…  

—Alguien te golpeó la cabeza después de andar provocando, maldito.  

—Karma. Sabía que este día llegaría.  

Grayson solo podía reírse ante sus disparates.  

—Entiendo todo, pero sí soy el Grayson Miller que conocen. No tengo amnesia.  

Había hablado con calma, pero los gemelos seguían escépticos.  

—No te creo.  

—Es mentira.  

—En serio soy yo.  

Al ver su persistente incredulidad, Grayson sonrió y decidió darles la prueba definitiva. Un aroma dulce, suave pero inconfundible, se esparció a su alrededor.  

Los gemelos se quedaron boquiabiertos. Grayson retiró su feromona y preguntó:  

—¿Ahora me creen?  

Era imposible negarlo, pero seguían confundidos. El Grayson que conocían nunca actuaría así. ¿Qué estaba pasando?  

Después de mirarse entre ellos, volvieron a observarlo con recelo, como gatos a la defensiva.  

—¿Qué quieres de nosotros? —preguntaron al unísono.  

Un tenue rastro de feromonas escapó de ellos, delatando su nerviosismo. Grayson suspiró brevemente antes de responder:  

—Vine a disculparme.  

Su voz serena dejó caer un silencio incómodo.  



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: KARA


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