Capítulo 179
—¡Bienvenido, Dane! ¡Cuánto te hemos echado de menos!
—Este tipo es realmente inmortal. ¡Hasta una explosión no pudo acabar con él!
—¡Dane Striker! ¡Héroe! ¡Héroe! ¡Dane Striker!
Al ver sus rostros, rodeado por sus compañeros que vitoreaban y soltaban comentarios sin parar, Dane no pudo evitar fruncir el ceño.
—Dejen lo de “héroe” antes de que les dé una paliza.
Al apretar los puños y gruñir esas palabras, los demás se sobresaltaron por un instante, pero enseguida estallaron en carcajadas.
—¿Te da vergüenza, eh?
—Pero es la verdad, ¿qué pasa? Gracias a ti, mucha gente salvó su vida.
—Exacto, te lo mereces. ¿Acaso es algo normal lo que hiciste?
—Sí, yo no podría. La verdad, nadie más se habría lanzado ahí excepto tú.
Al ver a uno de ellos negar con la cabeza, otro intervino:
—Deberías pensártelo dos veces antes de actuar. También tienes que proteger tu vida.
Mientras un compañero le daba un golpecito en el pecho con el dorso de la mano, otro hombre asentía detrás de él. Aunque estaban siendo ruidosos, Dane sabía que su preocupación era genuina. Se sintió incómodo y se rascó la nuca, hasta que de pronto cayó en algo.
—¿Qué pasó con Ezra?
Era obvio, pero entre todos los compañeros que lo recibían, el rostro de Ezra no estaba. Al mencionar su nombre, vacilaron y se miraron entre sí, sin que nadie se atreviera a hablar. Tarde, Wilkins apareció.
—¡Dane! ¡Has vuelto, muchacho!
Wilkins lo abrazó y le dio unas palmadas en la espalda antes de separarse, sujetándole los brazos y examinándolo de arriba abajo.
—Ya estoy bien, no hay problema.
Dane respondió antes de que Wilkins pudiera preguntar.
—Si me quedaba descansando más tiempo, me iba a salir moho.
Aunque lo dijo en serio, todos se rieron a carcajadas. Wilkins sonrió con aprobación, le apretó el hombro con fuerza y luego lo soltó. Al ver que se dirigía al vestuario, Dane lo siguió sin dudar.
—Wilkins, espere un momento.
Al oír su voz, Wilkins se detuvo y lo esperó. Bajo su mirada inquisitiva, Dane habló:
—¿Qué pasó con Ezra? Nadie quiere decírmelo.
—Ah…
Wilkins también parecía incómodo. Se pasó una mano por la barbilla, evitando su mirada, pero al final fue sincero.
—Está en prisión, como era de esperar.
Luego, con un suspiro profundo, se llevó una mano a la frente.
—Nunca pensé que ese tipo haría algo así…
Todos debieron pensar lo mismo. Si Ezra no hubiera cometido ese error, incluso Dane no lo habría imaginado. Ante el murmullo frustrado de Wilkins, Dane preguntó:
—¿No notó nada raro antes? ¿Algo que le llamara la atención?
Wilkins negó con la cabeza.
—Nada en absoluto. Cuando salió en las noticias, casi nos caemos de espaldas del shock.
Dane abrió la boca de nuevo.
—¿Lo vieron después de eso?
—No. Intentamos visitarlo, pero no quiso recibirnos.
Esta vez también negó con la cabeza.
—Entonces no pudieron saber los detalles —murmuró Dane.
—Ya veo. Entonces no supieron más.
—Así es. Todos teníamos muchas preguntas.
Wilkins, como si también quisiera saber, añadió:
—No sabía que ustedes dos se habían hecho tan cercanos. Que te siguiera en medio de la noche… eso sí que nos sorprendió a todos.
En el trabajo, Ezra era el único que hablaba amablemente con Grayson. Aun así, que hubiera accedido a salir con un compañero así no cuadraba con su personalidad.
«Bueno, supongamos que sí». Pero la pregunta crucial seguía ahí:
«¿Por qué Grayson lo siguió sin resistencia?»
Wilkins solo se encogió de hombros, incómodo. El único que podía responder era Ezra.
* * *
Unos días después, en una soleada mañana como las de ayer, anteayer y seguramente todos los días de un pasado lejano que ya no recordaba, Dane condujo un largo trayecto. Sus heridas ya estaban completamente curadas y la rehabilitación había sido un éxito. Se había reintegrado al cuerpo de bomberos sin problemas y, a simple vista, parecía haber recuperado su vida normal.
Pero la vida de Dane Striker había cambiado para siempre. Ya tenía un contrato para aparecer en la portada del calendario de bomberos durante los próximos tres años, e incluso le habían ofrecido hacer un libro de fotografías. Hasta le llegó una oferta de un millón de dólares por posar desnudo. Y eso no era todo. Varias personas, presentándose como editores de prestigiosas editoriales, aparecieron para convencerlo de escribir un libro.
—Rechazó todas esas ofertas estridentes y tentadoras. No quería más alboroto en su vida.
«Estúpidos ruidosos.»
Dane maldijo mentalmente. Cada día era agotador hasta el punto de volverlo loco, no por el trabajo, sino por el escándalo que esos charlatanes armaban a su alrededor.
Incluso descubrieron su casa, y en algún momento, un reportero llamó a su puerta. Era una corresponsal bastante hermosa, y el Dane de antes habría aceptado encantado la entrevista, quizás hasta logrando algo más. Pero esta vez no. La rechazó con cortesía y pasó el día entero en la cama, durmiendo, bajando solo de vez en cuando para darle de comer o beber a Darling antes de volver a refugiarse en el colchón.
Tras varios días así, apático, Dane aprovechó un raro día libre para salir temprano de casa y buscar al hombre que había desaparecido de la vista de todos: Ezra.
El juicio de los dos sobrevivientes aún estaba en curso, pero Ezra, habiendo admitido su culpa y cooperado activamente sumado a que la víctima, Grayson Miller, abogó por clemencia, recibió una sentencia mucho más leve. Ahora cumplía su condena en una prisión estatal.
Ni Wilkins ni su propia familia, a la que tanto quería, habían logrado verlo. Por eso, Dane asumió que las posibilidades de que aceptara su solicitud de visita eran mínimas. Se sorprendió bastante cuando lo hizo. Y ahora, por fin, iba a verlo.
Tras un largo viaje hasta la prisión, pasó por un riguroso registro asegurándose de cumplir con el código de vestimenta (nada que pudiera confundirse con el uniforme naranja de los reclusos) y sin objetos prohibidos antes de que lo dejaran entrar.
Nervioso, se frotó las palmas en la sala de visitas y dejó escapar un suspiro. Entonces se abrió la puerta interior, y un hombre vestido de naranja apareció junto al guardia. Al reconocerlo, Dane se levantó torpemente. Ezra también lo identificó y por un instante, su rostro mostró alegría.
—Dane…
—Ezra.
La mirada de Dane descendió instintivamente a las muñecas de Ezra. Al notar las esposas, este esbozó una sonrisa amarga, como si entendiera. Se sentaron frente a frente, separados por el cristal.
Ezra tomó el teléfono primero, y Dane llevó el suyo al oído. Un silencio incómodo se extendió. Había mucho que decir, pero las palabras no fluían. Fue Ezra quien habló primero:
—Te ves bien. Me alivia. Escuché que estabas muy herido.
—Sí, tuve suerte. Tú… también te ves bien.
La frase añadida para romper la tensión hizo que Ezra asintiera con naturalidad.
—Más o menos. Es irónico… casi mato a tanta gente, y aquí estoy, viviendo decentemente. Me siento culpable.
—Ya veo…
Tras la breve respuesta, el silencio incómodo regresó.
«¿Siempre fue tan difícil hablar con Ezra?», pensó Dane, desconcertado. Habían sido compañeros que reían y charlaban sin esfuerzo. Ezra, el mediador amable que nunca se enfadaba. ¿Quién hubiera imaginado que terminarían así?
—¿Por qué no ves a Sandra?
Ezra bajó la mirada y murmuró:
—¿Cómo me atrevería?
No ver a sus seres queridos era otro castigo autoimpuesto. «¿En qué habrá pensado?». Dane observó su sonrisa desvalida antes de hablar:
—Vine porque tengo una pregunta.
—Dime. Lo que sea.
Ezra respondió de inmediato.
«Seguro lo esperaba y por eso aceptó esta visita», pensó Dane antes de continuar:
—¿Por qué ese cabrón los siguió tan fácilmente?

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: KARA