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Capítulo 165.1

KUUNG. 

El suelo retumbó nuevamente. Esta vez, la vibración se sintió más cerca. Dane analizó con agudeza los puntos de explosión, que se movían con cada detonación. Entre dudas, esperó el siguiente estallido, rogando que su predicción estuviera equivocada. Pero entonces, las explosiones se sucedieron una tras otra.  

«¡Maldición!»  

Dane soltó un improperio entre dientes. 

«¿Estos malditos locos, que dicen creer en Dios, hacen esta mierda?»  

La rabia le hervía por dentro, pero su prioridad era sacar a esos tipos de ahí.  

—¡Joder!—, escupió Dane, disparando hacia un hombre que apareció a lo lejos. El tipo cayó al instante, y Grayson corrió hacia él sin vacilar, como un caballo de carreras que sigue su camino sin desviarse. 

«Bien», pensó Dane, observando la nuca del rubio que corría adelante.  

«¿Josh habrá notado lo que pasa?»  

Cuando ambos tuvieron la misma idea antes, quizá Joshua, como Dane, ya había anticipado todo esto. Tal vez no lo mencionó por considerarlo una preocupación exagerada. Al fin y al cabo, Dane había hecho lo mismo.  

«Maldita sea, no pensé que estos tipos estuvieran tan locos.»  

Si las explosiones continuaban, incluso la montaña más sólida se resquebrajaría. Quizá ya había empezado. Si ocurrían tres explosiones más, entonces…  

—¡Josh!  

Al llamarlo, el hombre que corría adelante lanzó una mirada fugaz hacia atrás. Apenas un movimiento de sus ojos, pero Dane no le dio importancia y siguió gritando.  

—¿Qué pasa? ¿Dónde están esos ex del DMV? ¿Dónde?  

Joshua intentó mirar su reloj mientras corría. En ese momento, el suelo tembló de nuevo, y Grayson, que iba al frente, tambaleó.  

—¡Grayson!  

Dane gritó desesperado al ver cómo el hombre desaparecía de su vista. Cuando él y Joshua llegaron, forcejeando por llegar primero, Grayson yacía en el suelo, jadeando.  

—La hemorragia es grave.  

—Tiene muchas heridas, por eso—, respondió Dane secamente. Mientras Joshua manipulaba su reloj para contactar al “equipo”, Dane se agachó y ayudó a Grayson a sentarse. Jadeando, con los hombros agitados, Grayson le sonrió débilmente.  

—Pisé mal.  

—Lo sé—, dijo Dane con indiferencia.  

—Descansa un poco. Los refuerzos de Ashley Miller llegarán pronto.  

Para su sorpresa, Grayson no soltó ninguna tontería, solo se rió sin fuerzas.

«Preferiría que dijera alguna estupidez», pensó Dane, sintiendo cómo la impaciencia lo invadía. Se levantó de un salto.  

—La cosa no pinta bien—, dijo Joshua en cuanto Dane se plantó frente a él.  

—¿Quieres las buenas noticias primero o las malas?  

—Da igual, dime ya—, apremió Dane.  

Joshua exhaló y habló casi tan rápido como él:  

—Primero, lo bueno: los que huían se toparon con nuestro equipo. Los liquidaron. La mayoría murió, pero dejaron vivos a dos.  

—¿Y lo malo?  

—Un derrumbe bloqueó el camino. El equipo no puede subir. Tenemos que bajar con él.  

—¡Mierda!—, maldijo Dane, pateando el suelo. Joshua lo observó en silencio mientras se pasaba una mano por el pelo enredado.  

—¿Y las bombas?—, preguntó Dane de pronto, llevándose una mano a la frente.  

—¿Qué pasa con ellas? ¿Ellos también lo sabían?  

—Sí.  

Como era habitual, Joshua no pareció sorprenderse.  

—Interrogaron a los capturados y lo descubrieron. Llamaron al equipo de desactivación y ya van hacia allá. Por eso nuestro equipo no puede venir: están abriendo camino para los expertos en bombas.  

Era una forma de decirles que bajaran a Grayson por su cuenta. 

«No hay opción. Aunque está herido, aguantará hasta llegar abajo.»  

—¿La ambulancia está esperando abajo?  

—Claro.  

Dane asintió y murmuró:  

—El equipo de bombas debería llegar a tiempo…  

Se detuvo. Algo no cuadraba.  

—¿Los prisioneros confesaron dónde está la última bomba? ¿Así nomás? 

—Es demasiado rápido—, pensó con nerviosismo. Le costaba creer que esos tipos, dispuestos a arriesgar sus vidas para detenerlos, se hubieran derrumbado y confesado tan fácilmente solo por haber sido capturados al huir.  

—¿Dónde está la bomba? ¡Pregunta, rápido!  

Ante el grito desesperado de Dane, Joshua, aturdido, se apresuró a contactar al equipo de nuevo. Cuando las coordenadas llegaron, Dane las visualizó mentalmente y al instante palideció.  

—…No—, rugió con voz áspera. —¡No es ahí, idiotas! ¡Es justo al revés!  

Gritó a todo pulmón, pero solo escuchó un chirrido. La comunicación se había cortado: o el reloj se había dañado o había interferencia. Al darse cuenta de que era imposible restablecerla, Joshua lo miró, igualmente pálido.  

—¿No? ¿Entonces esos cabrones nos engañaron a propósito?  

—Sí, están completamente equivocados. ¡Maldita sea, joder!  

Dane se agarró la cabeza, soltando una ráfaga de maldiciones. Estaban en problemas. 

«¿Qué hacemos? No queda mucho tiempo». Joshua, como en trance, murmuró vacío:  

—Habrá un derrumbe.  

—Lo sé, yo también—, masculló Dane.  

Joshua añadió, urgente:  

—El pueblo entero de ahí abajo quedará sepultado. Hay que evitarlo.  

—Ya sé, ¿vale?  

Dane tenía razón. Si esa bomba estallaba, el terreno no aguantaría más. Al imaginar el pueblo enterrado bajo rocas y lodo, no había espacio para dudas.  

—Tú baja con él.  

—¿Qué? ¿Y tú?—, preguntó Joshua, sobresaltado.  

Dane respondió sin vacilar:  

—Yo me quedo aquí.  

Joshua abrió la boca para protestar, pero Dane continuó primero:  

—Tengo que desactivar la bomba que queda. Tú encárgate de Grayson, yo me ocupo de la bomba.  

—No digas tonterías, ¿cómo vas a hacerlo solo?  

Joshua se opuso de inmediato, pero Dane no cedió.  

—Puedo hacerlo. Tú conoces mis habilidades.  

Era innegable. Joshua había visto lo que Dane era capaz de hacer durante su tiempo en el ejército. Aun así, dudaba. Dane lo cortó con frialdad:  

—Si esto fuera el ejército, piensa qué harías, Joshua Bailey.  

Joshua se quedó petrificado. La respuesta era obvia. Pero aún así…  

—¿No hay otra opción?  

Ante la pregunta casi estrangulada de Joshua, Dane replicó:  

—¿Prefieres dejarlos morir?  

Joshua se frotó los ojos, exasperado. Al verlo así, Dane suavizó el tono:  

—Podría estar equivocado. Quizá esos cabrones se volvieron buenos de repente y dijeron la verdad. Entonces el equipo desactivará la bomba y no habrá nada donde yo creo. Las probabilidades son 50-50.  

Dane le dio un golpecito en el brazo. Pero quedaba un problema.  

—¿Y él? No va a obedecer—, dijo Joshua, señalando hacia atrás con el pulgar.  

—Yo me encargo—, respondió Dane sin dudar.  

En ese momento, Grayson se acercó y se plantó frente a ellos.  

—¿Qué pasa? ¿De qué hablan?  

—Nada importante—, lo desestimó Dane, observándolo de arriba abajo. —Te ves bien.  

—Con un poco de descanso, estaré como nuevo.  

Grayson sonrió como si nada, a pesar de estar empapado en sangre. Dane refrenó un comentario y miró a Joshua.  

—Vamos.  

Al asentir con la barbilla, Grayson parpadeó, confundido.  

—Eh… ¿Qué? ¿Por qué?  

Cuando Grayson los miró alternadamente, Dane dijo:  

—Baja primero con Josh.  

—¿Y tú?  

Dane respondió con calma:  

—Los bomberos siempre van al final, ¿no? Obedece, date prisa.

 —¿En qué estás pensando?  

La voz de Grayson sonó afilada, cargada de sospecha. A pesar del agotamiento por la pérdida de sangre y las heridas, sus sentidos parecían más agudos que nunca.  

«Dane está ocultando algo.»  

Lo sabía instintivamente. No podía confiar en él ahora.  

—Tú ve primero, luego Josh, y yo último.  

Grayson lo decía en serio. Plantado como un muro, con esa terquedad que no cedía ni ante la muerte, Dane frunció el ceño y entrecerró los ojos. 

«Este maldito cachorro…»  

—Si no vas ahora…—, comenzó a decir con fastidio, pero Joshua lo interrumpió.  

—Te lo digo de una vez: aunque este idiota se muera, no voy a acostarme contigo. Jamás.  

«Este hijo de…»  

Dane le lanzó una mirada asesina, pero Joshua ni pestañeó. Con esos dos necios negándose a escuchar, sintió que le estallaba la cabeza. Fue entonces cuando Grayson habló de nuevo.  

—No sé qué tramas, pero no me iré solo. Jamás.  

Y luego, con firmeza brutal, añadió:  

—¿Te lo dije, verdad? Si tú mueres, yo también muero.  

Dane se quedó paralizado. Solo el sonido del viento nocturno cortó el silencio entre ellos.  

«No seas terco»  

Estuvo a punto de decirlo. 

«¿Sabes lo grave que es esto?», «¿Cuántas vidas se perderán por tu culpa?», «¿Qué diablos crees que estás haciendo?»  

Las palabras bulleron en su mente, pero ninguna salió. Solo movió los labios en silencio, mirando a Grayson. Por un instante brevísimo, un torrente de recuerdos pasó ante sus ojos.  

Demasiados recuerdos.  

—Ja….  

Dane soltó un suspiro corto y esbozó una sonrisa amarga.  

—Lo sé, idiota.  

Por un segundo, algo húmedo brilló en sus ojos. Grayson lo miró sorprendido. Dane alargó la mano, sujetó su nuca y lo atrajo hacia sí. Grayson, como hipnotizado, inclinó la cabeza sin resistencia. Cuando sus labios se encontraron, cerró los ojos sin pensar. El contacto, suave y fresco, le erizó la piel de placer.  

«Ah, este aroma…».  

Mientras su corazón ardía, lo recordó vagamente. 

«Las feromonas de Dane…».  

Y entonces, de pronto, su mente se volvió blanca. La visión se nubló, la conciencia se difuminó. Había vivido esto antes. Era la tercera vez. Dane había liberado una oleada de feromonas, dejándolo inconsciente al instante.  



TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA 
REVISIÓN: KARA


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