Capítulo 159
—¡Ezra…!
Una voz frágil rompió el silencio. Cuando Dane y Joshua volvieron la cabeza, vieron a una mujer demacrada, agotada por su batalla contra la enfermedad, apoyada en la puerta abierta de la entrada, mirándolos fijamente.
—¡Sandra! ¿Qué haces aquí? Te dije que volvieras a la habitación… —gritó Ezra, alarmado, mientras se apresuraba hacia ella.
Pero Sandra no estaba sola. Una niña con expresión asustada, abrazando un oso de peluche casi tan grande como ella, se escondía tras sus piernas. Ezra, mirando alternativamente a ambas, parecía no saber qué hacer antes de continuar hablando.
—No pasa nada, entra ahora. Tienes que dormir, rápido…
—Ezra.
Intentó llevarla de vuelta a la habitación, pero Sandra no le hizo caso.
—¿Por qué está Dane aquí a esta hora? ¿Y por qué estás llorando?
—N-no, no he llorado. Dane solo… pasaba por aquí. ¿Verdad, Dane?
Su voz sonaba desesperada, buscando aprobación, pero Dane no respondió. Solo lo observaba con una mirada fría, y ante la reacción de su compañero, el rostro de Ezra se distorsionó.
—Ezra.
Sandra lo llamó de nuevo.
—Dime la verdad. ¿Has hecho algo que no deberías? ¿Es por mis gastos médicos?
—¡No! No, no… —negó con fuerza, pero su voz pronto se desvaneció, débil.
Cubriéndose el rostro con una mano, un pesado silencio cayó sobre ellos. En ese vacío, donde ni siquiera se escuchaba la respiración, permanecieron inmóviles, perdidos.
—Cariño… —susurró Sandra, con voz suave, mientras Ezra comenzaba a temblar y sollozar.
Acariciando el brazo de su esposo con ternura, añadió:
—Está bien. No llores, todo irá bien.
Al abrazarlo suavemente, Ezra finalmente rompió a llorar. Sandra le acarició la espalda, consolándolo, y luego, con expresión dolorida, besó su mejilla y su cabeza. Conteniendo algo que la embargaba, tragó saliva y habló:
—Hagamos lo que Dane quiere.
Ezra no se movió de inmediato. Tras unos segundos de silencio, se separó lentamente.
—Esos tipos podrían matarte… a ti y a nuestras hijas —murmuró con voz temblorosa.
—Por eso mismo necesitamos protección policial —respondió Sandra—. Y… —hizo una pausa— si esto pasó por mi culpa, también es mi responsabilidad. Debo afrontar las consecuencias.
El rostro de Ezra palideció al instante, pero Sandra, decidida, ya parecía haberlo aceptado. Miró a Dane y dijo:
—Protege a las niñas, Dane. Ellas no tienen culpa de nada.
Ante la súplica de Sandra, Joshua, que había permanecido en silencio hasta entonces, habló:
—La familia Miller las protegerá, no se preocupe.
Incluso sonrió a la niña, como para tranquilizarla. A pesar de ser un extraño, la pequeña pronto relajó su desconfianza y le devolvió la sonrisa. Joshua, manteniendo su expresión serena, desvió la mirada hacia el oso de peluche que la niña abrazaba. Entrecerró los ojos y lo observó un momento.
—No tenemos la menor intención de hacer daño a tu familia —dijo Dane por fin.
—Ezra tendrá que pagar por lo que hizo, pero será mejor que hable pronto. Cuanto más tarde, mayores serán las consecuencias —advirtió Dane con firmeza.
—Ezra…
Al escuchar las palabras de Dane, Sandra llamó nuevamente a su esposo. Su rostro, aunque sonriente, estaba lleno de preocupación y amargura.
—Haz lo correcto, cariño.
Finalmente, Ezra no tuvo más remedio que asentir con la cabeza.
***
Mientras Ezra llevaba a su hija y a su esposa de vuelta a la habitación, Dane y Joshua esperaron afuera. Dane sacó un cigarrillo y se lo llevó a los labios, ofreciéndole uno a Joshua, quien lo rechazó con un gesto.
—Dijiste que necesitaba dinero… ¿Entonces por qué no vendió ese collar? ¿Es algún recuerdo valioso o algo así? —preguntó Joshua, frunciendo el ceño.
Dane encendió el cigarrillo, exhaló una bocanada de humo y luego preguntó:
—¿Qué collar?
—El que llevaba el oso de peluche —aclaró Joshua, señalando hacia la casa con un dedo—. Conozco un poco esa marca. He visto ese modelo antes… debe valer unos 400 mil dólares.
Ephyra: como cres!!!
Su tono era calmado, pero Dane casi se atraganta con el humo. Tosiendo violentamente, se volvió hacia Joshua con los ojos abiertos de incredulidad.
—¿Cuánto dijiste?
—400 mil —repitió Joshua, como si no fuera gran cosa, como si ese tipo de cifras fueran parte de su vida cotidiana.
Dane lo miró, atónito.
—Vaya… realmente te ha ido bien. Felicidades. Nunca lo hubiera imaginado… —musitó, impresionado.
Joshua esbozó una sonrisa.
—Gracias, pero fue solo suerte. La persona de la que me enamoré resultó ser adinerada. No es que haya cazado a un ingenuo.
Aunque su tono era sereno, Dane notó una vena palpitando levemente en su sien. Con una sonrisa burlona, añadió:
—Y qué mejor que enamorarse de alguien adinerado. Qué envidia, la verdad.
Le dio unas palmadas en la espalda, como si lo dijera en serio. Joshua frunció el ceño, pero no era de los que se quedaban callados.
—He oído que Grayson también es generoso con sus… “favores”. ¿Por qué no te arrimaste a él? —preguntó con sarcasmo.
Dane lo miró de reojo y soltó una risa seca. Un silencio incómodo se instaló entre ellos. Fue Joshua quien rompió el hielo.
—¿Cómo planeamos atraer a esos tipos?
Dane exhaló otro suspiro de humo antes de responder.
—Ezra se encargará de eso.
—Sí, supongo —asintió Joshua sin problemas—. Ya logró traer a Grayson, así que algo se le ocurrirá.
Calló por un momento, pero luego frunció el ceño de nuevo. Dane lo miró de reojo.
—¿Qué pasa?
Joshua esperó unos segundos antes de hablar.
—Esa cosa que dijo el tipo antes…
Dane guardó silencio, esperando que continuara.
—Cuando mencionó que alguien más estaba detrás de todo esto… —Joshua hizo una pausa—. No me gusta cómo suena.
Dane apretó los labios, pensativo. El humo del cigarrillo se elevaba entre ellos, mezclándose con la tensión del momento.
—Ya entiendo más o menos todo lo demás. Al fin y al cabo, es una historia común… incluso cómo logró traer a Grayson… bah, eso no fue difícil. Trabajaban juntos, así que lo conocía bien. Todo tiene sentido, pero…
—¿Pero qué? Habla claro —lo apremió Dane, impaciente.
Joshua, con el ceño fruncido, lo miró y dijo:
—Hay una cosa que no entiendo… ¿Por qué Grayson les obedeció tan sumisamente?
Dane se quedó quieto, mirándolo fijamente. Joshua continuó:
—¿Por qué? ¿Por qué los siguió sin oponer resistencia? ¿Con qué lo amenazaron?
El Grayson Miller que Joshua conocía jamás habría sido ese tipo de hombre. Y Dane lo sabía también. Si lo atacaron, Grayson los habría dejado medio muertos antes de rendirse. Entonces… ¿por qué? ¿Qué pasó realmente?
En ese momento, Ezra salió de la casa, cerrando la puerta tras de sí. Dane exhaló una larga bocanada de humo y lo observó.
—Tendremos que preguntarle directamente.
Joshua asintió.
—Sí, no hay otra opción.
***
Ezra caminaba inquieto alrededor del coche, mirando a su alrededor con nerviosismo. Dane y Joshua, escondidos entre la maleza al borde de la carretera, lo vigilaban en silencio.
—¿Crees que realmente vendrán? —preguntó Joshua en voz baja.
—Si no aparecen, tendremos que pensar en otro plan —respondió Dane.
Por ahora, no tenían más opción. La noticia de la desaparición de Grayson ya había llegado a Ashley Miller, y sus hombres estaban rastreando cada rincón de California. La única razón por la que aún no habían aparecido frente a Ezra era una: Joshua había insistido en que era más eficaz moverse solo con Dane.
Y, en cierto modo, tenía razón. Ambos eran soldados altamente entrenados, y una operación como esta, contra civiles, era casi trivial en comparación. Por más habilidosos que fueran los secuestradores, no se comparaban a quienes habían visto combate real.
Pero eso solo aplicaba hasta encontrar su guarida. Una vez identificada, Joshua enviaría la información al “equipo”. Después de eso, solo tendrían que ganar tiempo hasta que llegaran los refuerzos.
—…Ahí vienen —susurró Dane.
Y, efectivamente, en la distancia, los faros de un coche se acercaban. Al confirmar que coincidía con el modelo que Ezra había descrito, intercambiaron una mirada.

TRADUCCION: EPHYRA
CORRECCIÓN: EPHYRA
REVISIÓN: KARA