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Capítulo 150

Dane de pronto sintió ganas de fumar. Cada vez que recordaba aquel día, un sabor amargo inundaba su boca.

«Puede que tengas razón» pensó. «Pero ¿era necesario herirme tanto?»

En lugar de encender un cigarrillo, se llevó una mano a la boca y la barbilla, frotándolas lentamente. De repente, sintió como si las comisuras de sus ojos ardieran.

En todo momento, se dio cuenta de que ella no lo amaba.

Durante los años que vivió con su madre, cada instante fue una agonía. Para un niño, los padres son su mundo entero. ¿Quién podría entender lo que se siente al ser rechazado por tu propio mundo?

Pero incluso él había terminado olvidando a su madre. Después de que ella despertaba de sus borracheras, siempre lo besaba y le decía que lo amaba, y Dane la observaba, confundido. La misma mujer que el día anterior lo había herido con sus palabras ahora lo abrazaba con más ternura que nadie en el mundo, susurrándole “eres mi único tesoro”. ¿Cuál de las dos versiones era la verdadera?

«Probablemente la borracha», pensó.

Aunque en el fondo deseaba creer que no era así. Por eso, en lugar de buscar la verdad, optaba por corresponder sus abrazos y decirle que también la amaba. Mientras su interior se enredaba en la desconfianza y el miedo.

—Era un niño, no tenía opción —dijo con indiferencia, añorando el cigarrillo—. Si me hubiera ido de casa, habría terminado en una banda o como un vagabundo. Así que me quedé, preguntándome todo el tiempo cuál sería el verdadero sentir de mi madre.

Grayson no dijo nada, solo esperó a que continuara. Apenas lograba contener las ganas de abrazarlo y gritarle “¡yo estoy aquí, y te amo más que nadie en el mundo!”.

***

Cerca de su decimotercer cumpleaños, Dane Striker ya tenía un plan bastante maduro: casarse con su novia apenas terminaran el bachillerato e independizarse. Ella era su primera pareja, con quien había compartido su primer beso años atrás.

Durante las vacaciones, trabajaba en pequeños empleos para ahorrar algo de dinero. Era una suma insignificante para independizarse, pero calculaba que, al graduarse, tendría lo suficiente.

«El ejército tampoco sería mala opción…»

Era el lugar perfecto para alguien como él. Buen sueldo, alojamiento… Podría instalarse con su novia en una base militar. Claro, todo dependía de lo que ella quisiera. Tendrían que hablarlo.

«Pero primero, el dinero»

Con eso en mente, apenas salía de clase y se dirigía a un local de comida rápida en las afueras del vecindario. Conseguir trabajo a su edad era casi imposible, pero como había abandonado los estudios, tenía tiempo de sobra. El gerente, impresionado por su eficiencia, incluso le prometió un puesto fijo al graduarse. Dane solo sonrió y dio las gracias.

—Hola, Dane. Pasa rápido —lo recibió el gerente, y en cuanto se puso el uniforme, empezó a asignarle tareas—: Mueve esos panes, organiza las hamburguesas… Ah, y la basura de atrás está llena. Vacíala.

Dane cumplió todo con rapidez. El gerente observaba satisfecho, hasta que una empleada frunció el ceño y lo reprendió:

—Deje de darle tanto trabajo al chico, se le ve mal.

—¿Mal? ¿Dane? —preguntó el gerente, alarmado.

—Mírelo, tiene la cara roja. Parece que tiene fiebre.

—¿En serio? ¡Entonces no puede trabajar! ¡Podría contagiar a alguien!

Mientras el gerente corría hacia Dane, la empleada solo suspiró:

—¿En serio le preocupa ahora que está enfermo?

Una cliente entró, y ella forzó una sonrisa profesional:

—Bienvenida, ¿qué desea ordenar?

Mientras, el gerente encontró a Dane afuera, vaciando la basura.

—¡Dane! ¡Dane!

Al oír su nombre, el chico se volvió, confundido. El gerente se acercó con prisas, examinó su rostro enrojecido y murmuró:

—Es cierto… Está ardiendo…

—¿Eh?  

Dane frunció el ceño, sin entender, cuando de repente el gerente extendió la mano hacia él. Sobresaltado, encogió los hombros mientras el hombre le apoyaba los nudillos en la frente, abriendo los ojos como platos antes de apartar la mano bruscamente.  

—¡¿Qué… qué demonios?! ¡Tienes fiebre! ¡Ardiendo! ¿Estás bien?  

—¿Fiebre?  

Dane parpadeó y llevó su propia mano a la frente, pero se detuvo al recordar que acababa de manipular basura. El gerente agitó una mano con gesto exasperado.  

—Basta, vete a casa. No vuelvas hasta que la fiebre baje, ¿entendido?  

—¿Eh? Pero…  

Iba a decir no estoy enfermo, pero el gerente lo interrumpió.  

—¡¿Y si contagias a alguien?! ¡Podrían demandarnos! ¡Lárgate ahora, date prisa!  

Ante la insistencia, Dane no tuvo más remedio que salir del local, casi como si lo hubieran expulsado. Confundido, miró hacia atrás, pero el gerente cerró la puerta frente a sus ojos, dejándole sin opciones.  

—¿En serio…?  

Molesto, se tocó la frente. Solo notaba un ligero calor, nada alarmante. Refunfuñando, montó en su bicicleta y se dirigió a casa. El viento fresco le rozó las mejillas mientras pedaleaba, pero poco a poco sintió cómo su cuerpo se volvía más pesado.  

«¿Me estaré resfriando…?»  

La idea flotó en su mente. Sus extremidades parecían cargadas de plomo. Solo quería llegar y descansar.  

Cuando por fin avistó su apartamento, escapó de sus labios un suspiro de alivio involuntario.  

FUUH…  

A diferencia de otros días, ni siquiera se duchó. Se dejó caer en el sofá con la misma ropa puesta. No tenía ganas de mover un solo dedo. 

«Un breve descanso y luego hago lo pendiente. Solo un rato…»  

Sus pensamientos se cortaron ahí. Sin darse cuenta, se hundió en un sueño profundo.  

***  

Despertó horas después, ahogado por una sensación de asfixia.  

KH… KGH…  

Tosió con dificultad y abrió los ojos. En la oscuridad, distinguió una figura encima de él. Parpadeó con desesperación, pero era imposible reconocer a quien fuera. Solo veía una silueta tenue.  

Aunque, en realidad, no necesitaba ver para saberlo. Solo una persona en el mundo entraría en ese apartamento cutre para estrangularlo mientras dormía.  

«…No puede ser» 

Se negó a aceptarlo.  

«No puede ser ella»  

Las lágrimas brotaron reflejas. Quería apartar las manos de su cuello, pero su cuerpo no respondía. Intentó agarrar los brazos de su madre, pero sus dedos resbalaron una y otra vez.  

La presión en su garganta era brutal. Como si ella hubiera volcado toda su fuerza en apretar, dejándolo sin escapatoria.  

—¿Cómo… cómo te atreves a hacerme esto…? —La voz de su madre temblaba entre sollozos. Una lágrima fría cayó sobre el rostro de Dane—. ¿Cómo pudiste manifetarte como Omega? ¿Cómo “tú” también?  

HIK, HIIIK… 

Sus gemidos eran más ásperos que la respiración entrecortada de Dane.  

—Dane, mi niño… Sería mejor que murieras.  

Un silbido agudo escapó de su garganta. Su madre se inclinó, acercando los labios al oído de su hijo, que ya estaba al borde de la inconsciencia.  

—Muramos juntos.  

Fueron sus últimas palabras.  

Cuando Dane recuperó el conocimiento, todo había terminado. Y la vida de su madre también.  

Sentado en el mismo sofá donde había dormido, donde ella lo había estrangulado, solo pudo mirar.  

El cadáver de su madre colgaba de la ventana, una soga alrededor del cuello.  

Robin: Si llore nesesito un descanso de este capitulo, tengo dos bebes y me mato el capitulo



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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