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Capítulo 149

—Dane.

Ella abrazó con fuerza a su hijo, que corrió hacia ella radiante de alegría. La madre frunció levemente el ceño al ver el rostro sucio del niño, cubierto de tierra, pero acto seguido habló como si nada.

—¿Te divertiste? ¿Tienes hambre? Vamos, entra a comer.

Sostenía en una mano una bolsa de papel con unas pocas verduras y, con la otra, la mano de su hijo mientras subían las escaleras. Dane saludó con la mano a su amigo, que se quedó atrás, y entró al apartamento.

Una sopa aguada con trozos de verduras y pan era su comida habitual. La madre de Dane no tenía un trabajo estable, por lo que los ingresos eran escasos, y ella apenas lograba sobrevivir a duras penas con lo poco que ganaba. Afortunadamente, su hijo no era de carácter exigente.

—Vamos, come.

La madre, después de servir la sopa y el pan, se sentó frente a él en la mesa. Dane partió el pan, lo mojó en la sopa y se lo llevó a la boca, esbozando una sonrisa. Conmovida por su gesto, la madre sonrió cariñosamente y le acarició la cabeza.

—Te quiero, Dane.

—Yo también. Te quiero, mamá.

Sonrieron el uno al otro a través de la pequeña y vieja mesa llena de cicatrices.

* * *

—Era una buena persona, mi madre.

Dane continuó hablando con un tono casi carente de emoción.

—Aunque las cosas eran difíciles, hizo todo lo posible por criarme. Me decía que me quería constantemente, me llenaba de besos. Cuando salía a trabajar, me abrazaba tan fuerte que parecía que me rompería. Pasaba el día entero esperándola, pero no me importaba. Cuando volvía, era aún más feliz por haberla esperado. Todavía pienso que quizá no fue una madre perfecta, pero sí una buena madre.

Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Dane.

—Si no hubiera bebido.

* * *

—¡Aaaahhh!

La madre gritó y comenzó a lanzar objetos sobre la mesa. Dane, acurrucado en un rincón, rompió a llorar al verla golpearse la cabeza contra la pared y gritar desesperada.

—Mamá, mamá… 

Por más que la llamaba, ella no volvía a ser la madre cariñosa de siempre. En cambio, lo miró con los ojos inyectados en sangre y comenzó a golpearlo sin control.

—¡Tú, es por tu culpa! ¡Por tu culpa!

—Mamá, mamá… 

—¡Si no hubieras nacido, si solo no hubieras existido…!

¡Pum, pum! Los golpes resonaron por toda la habitación. Dane se cubrió la cabeza e intentó encogerse para protegerse, pero era inútil. La paliza continuó hasta que el amanecer asomó y ella, borracha, cayó rendida al suelo. Para entonces, Dane ya había perdido el conocimiento, agotado por el dolor.

Al despuntar el alba, Dane se despertó primero y, con el cuerpo hinchado y lleno de moretones, arrastró su pesado cuerpo hacia la cama, parpadeando con dificultad. Tomó una sábana vieja y la colocó sobre su madre antes de acurrucarse sigilosamente a su lado. El dolor lo invadió tarde, pero cerró los ojos y se aferró a ella con desesperación. Se obligó a dormir, esperando que, al despertar, su madre volvería a ser la mujer que lo amaba.

—¡Dane!

Como siempre, al abrir los ojos, lo primero que hizo fue buscar a su hijo entre sus brazos y romper a llorar.

—Perdóname, perdóname, Dane… Lo siento mucho.

Entre lágrimas, lo cubrió de besos y luego lo miró fijamente.

—Sabes cuánto te amo, ¿verdad?

Dane asintió. Aunque le dolía tanto que quería llorar, se contuvo. Estos momentos en los que su madre lo abrazaba y le decía que lo amaba eran demasiado preciosos. Mientras sostenía su costado adolorido, la despidió mientras ella salía a trabajar. Él no podría salir por un tiempo. Era algo habitual, así que no le dio mayor importancia. Solo tomó la medicina que ella le dejó y se durmió. Así, una y otra vez, el ciclo se repetía.

* * *

Grayson lo miró pálido, incapaz de creer lo que escuchaba. El rostro impasible de Dane no mostraba rastro de mentira o broma.

—…¿Te golpeó?

Fue lo único que atinó a decir. Se llevó una mano a la frente, sin poder continuar, hasta que finalmente logró articular palabras.

—¿Tu madre te golpeaba? ¿A un niño de menos de diez años…?

—No es para tanto. Donde yo vivía, era algo común.

La respuesta indiferente de Dane contrastaba tanto con su propia reacción que Grayson quedó paralizado. Así que era por eso. Recordó de pronto las veces que Dane le había preguntado, con insistencia, si Ashley Miller lo había golpeado.

—¿Hasta… hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo?

Grayson tartamudeó, algo fuera de lo normal en él. Quiero matarla. Nunca había sentido un deseo tan intenso. Quería encontrar a esa mujer y estrangularla con sus propias manos por lastimar a Dane.

Su cuerpo emanaba feromonas cargadas de odio, pero era inútil. Dane hablaba en pasado. Eso solo podía significar una cosa: que ella ya…

Al darse cuenta, Grayson aflojó los puños que había apretado con rabia. El denso aroma a su alrededor también se disipó.

Dane lo miró con curiosidad antes de responder.

—Hasta cuarto grado, más o menos. Yo era más alto que los demás, crecí rápido.

Se rió brevemente, como si recordara algo.

—Llegó la etapa de rebelarse.

* * *

—¡Basta ya!

Dane gritó con la voz quebrada. Estaba harto. Su madre, otra vez borracha, arremetía contra todo. Aún no se le habían curado los moretones de la última vez cuando ella lo agarró del pelo y le abofeteó la cara.

—¡Maldito mocoso! ¡Si no hubieras nacido, si no existieras…!

—¡Dije que pares!

Dane la empujó con todas sus fuerzas. Tambaleándose por la borrachera, ella retrocedió. Su rostro, enrojecido por el alcohol, se congeló en shock. Aunque estaba ebria, no podía creer que su dócil hijo la hubiera empujado. Dane gritó de nuevo, mirando su expresión aturdida.

—¡Y mañana vas a despertar y decirme que me quieres! ¡Basta, ya no aguanto más!

Su voz se quebró.

—¿Por qué no podemos ser como las demás familias? ¿Por qué no puedes amarme como los demás padres? Yo también quiero ser normal, como los otros niños.

En la escuela, los demás no tenían marcas de golpes. Solo Dane amanecía cada día cubierto de moretones. Hasta el padre de su amigo, que había estado en prisión, no le pegaba a su hijo. ¿Por qué yo?

¿Por qué solo a mí?

—Mamá, por favor, ámame… 

Como a los demás.

Fue en ese momento, cuando suplicaba, que ella soltó una risa burlona.

—Je, jeje, jejejeje.

Se encogió de hombros, riendo. Dane parpadeó, confundido. Ella murmuró, entre risas:

—¿Amaarte? ¿Que te ame? ¿A ti?

Arrugó el ceño y preguntó, con voz torpe por el alcohol:

—¿Por qué tendría que hacerlo?

Dane abrió la boca, sin saber qué decir.

—Porque eres mi mamá…

—¿Qué?

Estalló en carcajadas. ¡Ja, jajaja, jajajaja! Su risa estridente lastimaba los oídos. Dane se tapó una oreja, haciendo una mueca. Cuando por fin dejó de reír, ella preguntó, seria:

—¿Por qué debería?

Por extraño que pareciera, en ese momento su mirada parecía más lúcida que nunca. Su voz era clara. Dane, desconcertado, parpadeó. Ella sonrió burlonamente.

—Qué ridículo. ¿Acaso no es solo un prejuicio eso de que los padres deben amar a sus hijos?

Je, jejeje. Volvió a reír, sacudiendo los hombros. Se burlaba de él. Dane apretó los puños, tembloroso, y preguntó entre jadeos:

—Entonces… ¿por qué me tuviste?

Su visión se nubló. Ella respondió:

—Porque naciste sin que yo lo quisiera.

Dane no pudo decir nada más. Su madre siguió bebiendo, gritando y rompiendo cosas hasta desplomarse en el suelo, dormida. Dane la miró en silencio. Esta vez, no le llevó una sábana. Tampoco se acurrucó a su lado.

Porque naciste sin que yo lo quisiera.

Sus palabras resonaban en su cabeza. De pronto, su vista se nubló, luego se aclaró, solo para volver a empañarse.

Plaf, plaf. Las lágrimas caían al suelo. Se frotó los ojos, pero no dejaban de fluir. Hic, hic. Los sollozos escapaban entre sus dientes apretados. Permaneció allí, de pie, llorando durante mucho tiempo.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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