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Capítulo 148

26  

Grayson se quedó mirando a Dane con una sonrisa congelada en el rostro. Alrededor, el silencio era absoluto, como si la muerte hubiera hecho su visita. 

—… ¿Qué?  

La mente de Grayson estaba en blanco. Era como si alguien le hubiera golpeado la cabeza con un objeto contundente. No había otra explicación para ese aturdimiento.  

Sí, eso era. Con dificultad, lo recordó. Alguien le había golpeado la cabeza. Por eso estaba escuchando esas palabras absurdas. Tenía que ser una alucinación. Dane no diría algo así. Todavía quedaban cinco días, y él le había dicho que lo amaba. Dane también lo…  

… quería, ¿no?  

De pronto, un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, como si lo hubieran empapado con agua helada. Los dedos le hormigueaban, así que abrió y cerró los puños repetidamente.  

—Ah, lo siento.  

Grayson forcejeó una sonrisa y habló con premura.  

—Debe ser mi cabeza. ¿Tal vez se me acumularon las feromonas? Tengo niveles más altos que el promedio, así que necesito purgarme seguido. Ah, ¿te mencioné que mi papá tiene problemas mentales? Es confidencial, pero como eres mi pareja, está bien. Si dejas que las feromonas se acumulen, terminarás como él…  

—Grayson.  

La voz afilada de Dane lo interrumpió. Frente a Grayson, ahora paralizado, Dane bajó lentamente la mano que cubría su rostro y alzó la cabeza. Su expresión era de una desolación absoluta.  

—No oíste mal. Lo escuchaste bien. —Dane tragó saliva—. Terminemos.  

Era como si su corazón hubiera dejado de latir. Grayson ni siquiera respiraba mientras lo miraba fijamente. ¿Por qué? ¿Por qué decía eso?  

¿En qué había fallado?  

—Yo te amo.  

—Lo sé.  

Aunque Grayson repitió su confesión con voz temblorosa, la respuesta de Dane fluyó con facilidad. Sus labios dibujaban una sonrisa, pero sus cejas estaban fruncidas. Con una risa amarga, como si sufriera, murmuró:  

—Probablemente tengas razón. El equivocado soy yo.  

Grayson aún no lo entendía. Solo podía mirarlo, perdido, hasta que, tardíamente, algo clickeó en su mente.  

—Ah, ya veo.  

Parpadeó y se apresuró a continuar.  

—Es… ¿que no soy tu tipo, verdad? ¿Sí? ¿Es porque soy demasiado grande? Un gigante estúpido. Entonces, ¿qué tal si…? ¿Si me corto las piernas? Si las acorto así, podría ser más pequeño. ¿Te parece? ¿Funcionaría? ¿Eh?  

*Robin: no puedo aaaa

—Grayson.  

—¿O es el torso? ¿Mis brazos son muy largos? ¿Y si los corto así? Si acorto piernas y brazos, podría ser la mitad de tu tamaño. ¿Eso estaría bien? Si soy más pequeño que tú, si yo…  

Cada palabra lo hundía más en la desesperación. Nada cambiaría, sin importar lo que hiciera. Aunque suplicara, aunque llorara, no podría retener a Dane.  

Porque este hombre no lo amaba.  

—¿Y si yo…?  

Frente al rostro vacío de Dane, que solo lo observaba, Grayson abrió la boca.  

—¿Y si hubiera sido pequeño y adorable como Yeonwoo? Si así fuera…  

—No, Grayson. No es tu culpa.  

Dane negó con fuerza. Aunque veía la confusión en Grayson, no encontraba las palabras para explicarse. Nunca antes había dado explicaciones. Un simple “sí” o “no”, y luego se marchaba. Así terminaban sus relaciones, todas baratas y desechables.  

Nunca había enfrentado un corazón sincero como este.  

Pero ya era tarde. Grayson Miller, un hombre que lo tenía todo, guardaba como tesoro hasta la más insignificante golosina para perros. Ojalá nunca lo hubiera sabido, pero, por desgracia, Dane lo descubrió.  

Y ahora no tenía más remedio que terminar esto. Esta relación sin futuro.  

—Estoy jodido. Desde el principio.  

Susurró con autodesprecio.  

—Tú y yo somos diferentes. Yo no puedo.  

Repitió las mismas palabras una y otra vez. Ante el Grayson aún incapaz de comprender, soltó un suspiro y confesó:  

—Soy alguien incapaz de amar a otra persona.  

Finalmente, Dane alzó la mirada, que hasta entonces había vagado por el suelo, y lo enfrentó. Seguía sonriendo, pero algo en su expresión se veía torcido, quizás por sus cejas y ojos desencajados. Grayson contuvo su impaciencia y esperó sus siguientes palabras. Dane se masajeó la mandíbula y exhaló.  

—No lo sé. No sé qué es el amor, ni siquiera si existe dentro de mí.  

Bajó la vista de nuevo, la mano aún en su mentón.  

—Lo que siento por ti no es amor. Es más cercano a la lástima.  

No importaba. A Grayson no le interesaba lo que Dane sintiera por él. Solo quería que se quedara a su lado, eso era todo. Pero se mordió la lengua. Dane ya lo sabía. Y eso no era todo lo que quería decir.  

¿Qué más había?  

Justo cuando pensó que no había nada que lo convenciera, Dane finalmente habló. Con dificultad, como si arrancara algo enterrado en lo más profundo de su ser, murmuró con voz baja:  

—Mi madre era Omega.  

La confesión inesperada dejó a Grayson atónito. El silencio cayó entre ellos. Y en los ojos vacíos de Dane, volvió al pasado.  

27  

—Dane, ¿por qué no tienes papá?  

Se dio cuenta alrededor de los tres años. El apartamento donde vivía solo con su madre estaba en un barrio pobre, con ventanas rotas y disparos a toda hora.  

No recordaba el nombre del niño con el que jugaba, pero sí que lo acompañaba cuando su madre salía a trabajar.  

Ese niño, dos años mayor, también vivía solo con su madre. Aunque su padre existía: estaba en prisión por vender drogas. Incluso lo había visitado una vez, según presumía.  

Ante la pregunta inocente, Dane se cuestionó por primera vez: ¿Por qué yo no tengo papá?  

—El tuyo también debe estar en la cárcel —dijo el amigo, ojos brillantes—. ¿En la misma que el mío?  

Dane asintió. El niño señaló una casa.  

—El hermano de ahí vende armas. Cuando crezca, compraré una.  

—¿Un arma? ¿Para qué?  

—¡Para sacar a mi papá de prisión! ¡Hagámoslo juntos!  

—¡Sí! ¿Y sacamos al mío también?  

—¡Claro! ¡Vamos!  

El niño extendió su mano sucia de tierra y saliva. Dane la tomó sin dudar; la suya no estaba mejor.  

—Pero… ¿sabes disparar?  

El niño parpadeó.  

—Tiene un agujero para el dedo. Metes el dedo y así, así…  

Hizo el gesto de apretar el gatillo. Dane lo miró asombrado.  

—¡Genial! ¡Yo también quiero una!  

—Tonto, primero hay que ahorrar.  

Dane chupó su dedo, frustrado.  

—¿Tú tienes dinero?  

—Sí.  

—¿Dónde?  

—Lo tendré después.  

El niño levantó la cabeza con arrogancia.  

—Los adultos siempre tienen dinero. Mira, el señor Bill siempre tiene monedas así de grandes…  

—¡Guauuuu!  

Para Dane, el número más grande que conocía era el diez. Con eso, podría comprar diez dulces.  

—¿Entonces cuando sea adulto podré comprar un arma?  

El niño asintió con seguridad.  

—¡Sí! ¡Y juntos asaltamos la prisión!  

—¡Sí, me encanta!  

Emocionados, hicieron pistolas con sus dedos y empezaron a dispararse.  

—¡Pum, pum!  

—¡Paaam, pum!  

De pronto, el niño bajó la mano. Dane giró y, al ver a su madre, gritó feliz:  

—¡Mamá!  



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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