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Capítulo 142

—¿Lirio de los valles…?  

Con curiosidad, Grayson miró dentro de la caja y encontró una tarjeta. La sacó y la desplegó. 

[A mi querido hijo, Grayson.] 

Las palabras escritas por Koi entraron en su campo visual. Grayson siguió lentamente cada letra con la mirada.  

[¿El aroma es realmente bueno, verdad?  

Los perfumistas intentan imitarlo con tanto esfuerzo, pero al final parece que no pueden capturar la esencia natural.  

Me recomendaron algunas fragancias similares, pero para mí no se parecen en nada.  

Así que, en cambio, pedí que enviaran flores frescas. 

Dicen que el lirio de los valles es tóxico.  

Es fascinante que algo tan fragante contenga veneno.

Simboliza la felicidad que llegará algún día… ¿Será que para ser feliz también se necesita sufrimiento?  

Aquí, en Francia, dicen que el lirio de los valles representa el amor y la buena suerte.  

Cuando escuché eso, pensé en ti.  

Como el significado de esta flor, la felicidad también vendrá a ti.  

PD: Aunque el lirio de los valles es tóxico y hay que tener cuidado, me dijeron que es seguro para alguien con tu constitución, así que disfruta de su aroma todo lo que quieras.]  

El mensaje terminaba ahí. Grayson dejó la tarjeta sobre la mesa y acercó la caja a su nariz. 

HUUUH…. 

Al inhalar profundamente, un aroma indescriptiblemente delicado llenó sus pulmones. Fresco y vigorizante, como el olor de las feromonas de Dane, pero con un dulzor sutil escondido. Grayson, de buen humor, enterró la nariz en las flores y respiró hondo varias veces.  

«Qué tierno.» 

De pronto, recordó las palabras de Dane. Inmediatamente, su buen humor se tornó incómodo. Había insinuado algo con intención, pero la reacción de Dane no fue ni una cosa ni la otra. No se enfadó, no pareció encontrarlo absurdo, ni tampoco lo aceptó como algo razonable. Claro, Grayson sabía que lo último era imposible, pero, en cualquier caso, la reacción de Dane lo había desconcertado.  

¿Qué había querido decir con eso?  

Grayson miró fijamente las flores. Una flor tan pura, pero envenenada. Un aroma tan profundo, pero ocultando toxicidad. Y su significado: “la felicidad que llegará algún día”.  

{—Ahora no entenderías mis palabras.}  

El rostro de Ashley, mirándolo fijamente, resurgió en su mente.  

{—Querrás negarlo, decir que eso nunca pasará.}  

Había hablado con su firmeza habitual, segura, sin vacilar, mirando directamente a su hijo.  

{—Pero si realmente amas a Dane, más aún, inevitablemente sucederá. Cuando llegue el momento, recuerda mis palabras.}  

Y Ashley añadió una última cosa:  

{—Es mucho mejor verlo vivo que matarlo y seguirlo en la muerte.}  

¿Por qué había dicho eso?  

Grayson se sumió en sus pensamientos. Además, para su sorpresa, Ashley le había dado un par de palmadas en el hombro. Como animándolo.  

¿Qué demonios…?  

No lograba entenderlo. Normalmente, Grayson aceptaba las palabras de su padre sin dudar, pero esta vez era diferente.  

—¿Qué estás diciendo? ¿Estás loco o qué?  

Grayson estaba convencido de que Ashley Miller estaba intoxicado por las feromonas. Todos en la familia sabían que parte de su cerebro estaba dañado. Así que no era una posibilidad descabellada.  

—¿Por qué iba a matar a Dane? Qué tontería es esta.  

Grayson refunfuñó, molesto, y volvió a inhalar el aroma de las flores. La fragancia intensa pronto calmó su ánimo. 

—Debería decírselo a papá… Que se haga un escáner cerebral porque está actuando raro.  

{—Si crees que podrías lastimarlo, es mejor dejarlo ir.}  

—Tch.  

Grayson chasqueó la lengua y desechó el pensamiento. Eran tonterías, ni siquiera valía la pena considerarlas. Llevó la caja a la cama y esparció las flores sobre el colchón. Luego, envuelto en el aroma del lirio de los valles, cayó en un sueño plácido.  

21  

—¡La manguera! ¡La manguera es demasiado corta! ¡Extiéndela más!  

Ante los gritos de Dane, DeAndre corrió rápidamente hacia el coche y desenrolló la manguera enrollada al lado. Al ver a Dane levantándola con fuerza para dirigir el chorro de agua, Grayson se acercó corriendo.  

—¿Quieres que lo haga yo?  

—Apártate, yo me encargo. Tú ve a preguntarle a Wilkins si tiene algo para hacer.  

Sin apartar los ojos del incendio, Grayson no tuvo más remedio que girarse. Al preguntarle a Wilkins, este miró alrededor y señaló hacia un lado.

—Por allá podría quedar algún rescoldo, ve a revisar. Y no olvides el extinguidor.  

Siguiendo las instrucciones, Grayson cargó el extinguidor a su espalda y corrió hacia la dirección que Wilkins le indicó. Las llamas, que habían comenzado desde la mañana, no mostraban señales de apagarse incluso entrada la tarde. En una zona remota, sin caminos definidos, una casa solitaria albergaba a un anciano que vivía solo. Quemar basura era algo que había hecho incontables veces, pero hoy la suerte no estuvo de su lado. Una chispa saltó hacia la madera seca y, en un instante, se convirtió en un infierno.  

Para cuando llegaron los bomberos, el área ya era un mar de fuego. Estaban ocupados rociando agua por todos lados para evitar que el incendio se convirtiera en un desastre forestal. Afortunadamente, con esfuerzo y algo de suerte, aunque les tomó tiempo, las llamas finalmente comenzaron a ceder.  

—Uf.  

Grayson exhaló y se limpió la frente con el brazo, pero se detuvo al notar lo sucio que estaba su manga, cubierta de hollín y ceniza. No hacía falta mirarse para saber en qué estado debía estar su rostro.  

—Ah, maldición.  

Resopló entre dientes mientras echaba un vistazo alrededor. No encontró brasas, pero, siguiendo las instrucciones de Dane, roció agua del extinguidor por precaución.  

—¿Esto debería bastar?  

Tras confirmar que el suelo estaba húmedo y los árboles completamente carbonizados, retrocedió para regresar. Mientras lo hacía, no dejó de revisar el área con la mirada.  

—No está mal, eh.  

Una oleada de orgullo lo invadió. “Nada difícil. Hasta de bombero sirvo.”  

Tarareando, dio un par de pasos ligeros hacia donde estaba Dane cuando, de pronto, su mirada se cruzó con la de un anciano sentado en el suelo. Sus ojos vacíos, sin enfoque, lo desconcertaron. En medio de ese caos, solo una persona tenía el “privilegio” de quedarse sentado sin hacer nada:  

El dueño de la casa. O, más bien, el que solía ser el dueño.  

Ahora su hogar ya no existía. Solo quedaban los negros esqueletos de madera, ardiendo. Grayson ya había estado en varias escenas de incendios, así que esa expresión le resultaba familiar. Iba a girarse sin pensarlo cuando, por el rabillo del ojo, vio al hombre tambalearse y levantarse. Grayson estuvo a punto de ignorarlo y correr hacia Dane. Habría sido lo más lógico. Al menos, para el Grayson de antes.  

—… Ah.  

Se detuvo y lo miró de nuevo. El hombre caminaba hacia las llamas que aún no se extinguían. Los demás estaban demasiado ocupados apagando el fuego como para notarlo. Solo Grayson lo había visto.  

—… Ah.  

Volteó hacia donde estaba Dane. No había razón para dudar. Lo que ese hombre quería era obvio, y no había por qué detenerlo.  

Pero…  

Contra todo pronóstico, vaciló.  

«¿Qué haría Dane en esta situación?»  

Sorprendentemente, Grayson pensó en algo que nunca antes se había planteado. Y, una vez que lo hizo, la siguiente acción estaba clara.  

—¡No, detente!  

Gritó mientras agarraba al hombre del hombro, haciéndolo tambalearse. El anciano, al recuperar el equilibrio, lo miró con furia.  

—¡Este maldito…!  

Esquivó el puñetazo que le lanzó, desconcertado. ¿En serio? Lo había salvado de suicidarse, y ahora lo atacaba.  

Pero no terminó ahí. El hombre, con los ojos inyectados en sangre, siguió gritando y golpeando al aire.  

—¡Te reíste, ¿verdad?! ¿Te parece gracioso? ¡Eh? ¿Mi vida entera ardiendo y a ti te causa gracia? ¡Hijo de puta, muérete, maldito seas…!  

Grayson se arrepintió, pero era tarde. Los demás, ocupados, no se daban cuenta.  

Entonces, el hombre vio un hacha abandonada junto al camión de bomberos. Cuando extendió la mano hacia ella, Grayson, por reflejo, le dio una patada en el estómago.  

—¡Uagh!  

El anciano cayó al suelo, y Grayson, para asegurarse, le dio otra patada en la cabeza. Justo cuando lo agarró del cuello para arrastrarlo lejos…  

—¡Miller!  

DeAndre gritó, pálido. Rápidamente, le arrebató al hombre a Grayson y lo tumbó en el suelo.  

—¡Recupera la cordura, viejo! ¡Oigan, necesito ayuda aquí!  

Los demás, al notar la conmoción, corrieron hacia ellos.  

—¿Qué pasa? ¿Qué ocurrió?  

—¡Hay un herido! ¡Rápido!  

—¡Necesitamos algo para el sangrado!  

—¡Traigan una camilla! ¡Por aquí!  

Entre el caos de los paramédicos, Grayson solo podía quedarse parado, completamente atónito.  



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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