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Capítulo 133

—¿Lo entiendes?

Preguntó Dane de nuevo, como si buscara una confirmación. Grayson no respondió de inmediato; se cubrió la boca con una mano, parpadeó y, tras un momento, asintió con la cabeza. Una vez que Dane verificó su respuesta, retomó el tema anterior.

—Entonces, ¿qué palabra de seguridad quieres usar?

Al repetir la pregunta, Grayson se llevó la mano a la barbilla, sumido en sus pensamientos. 

«¿Estará pensando en la palabra de seguridad?», pero al cabo de un rato, su pregunta fue completamente distinta.

—¿Qué palabra usaste con otras personas?

Dane no respondió de inmediato. Cuando se demoraba así, era porque no quería hablar o estaba reflexionando. Y, la mayoría de las veces, era lo primero. Grayson esperó en silencio hasta que Dane, tras un momento de pausa, esbozó una sonrisa y de pronto devolvió la pregunta.

—¿Tú qué quieres usar?

«Ahí está», pensó Grayson. Se dio cuenta de que había hecho una pregunta que no debía, pero, por otro lado, sintió curiosidad. 

«¿Qué palabra de seguridad habrá usado con otros para que no quiera decírmela?»

Le intrigaba, pero no podía preguntar. Ya había cruzado la línea una vez y había recibido una dura reprimenda. Cometer el mismo error de nuevo sería propio de un idiota incorregible, y Grayson no era tan estúpido.

—Bueno, no sé qué sería bueno. Tendré que pensarlo.

Retrocedió con habilidad. Afortunadamente, Dane asintió sin presionar.

—No hace falta pensarlo tanto, elige lo que prefieras. ¿O prefieres no usar palabra de seguridad hoy?

Era una respuesta opuesta a lo que había dicho antes, cuando insistió en que era necesaria. Como si respondiera a la duda de Grayson, Dane añadió:

—Hoy será algo ligero. Me ajustaré a tu nivel.

—Ja.

Grayson frunció el ceño y dejó escapar un suspiro corto. La sonrisa burlona de Dane era, sin duda, una provocación. Cruzó los brazos y lo miró desde arriba, preguntando con tono sarcástico:

—Entonces, ¿qué me vas a enseñar, novato que soy?

—Primero, ve a ducharte.

Y entonces, Dane añadió con una sonrisa misteriosa:

—Aunque pronto estarás sucio de nuevo.

Grayson no podía prever lo que sucedería, pero hizo lo que le pidió. Al salir de la ducha, Dane estaba sentado al borde de la cama con unas esposas en una mano.

—Vamos, acuéstate.

Golpeó el colchón con la palma mientras hablaba.

—Y desnúdate por completo.

Al escuchar lo último, Grayson sintió cómo la saliva se le secaba en la garganta. Cuando dejó caer la bata al suelo, Dane clavó la mirada entre sus piernas. Virginia ya estaba erguida, excitada y a medio camino de la euforia.

—Eres un pervertido sin remedio.

Dane frunció el ceño y reprochó a Virginia, pero esta no se calmó. Al contrario, tembló y movió la cabeza con entusiasmo, haciendo que Dane soltara una risa torcida. Grayson notó que había usado esas palabras insultantes a propósito.

—Tú también lo estás esperando, ¿no?

Esta vez, fue Grayson quien lo provocó. Entrecerrando los ojos y mirándolo desde arriba, susurró:

—Hueles a feromonas.

Era cierto. Dane sabía que, instintivamente, también las estaba liberando. Estaba tan excitado como él por lo que vendría. Tras una risa burlona, murmuró en voz baja:

—Malcriado de mierda…

—¡Guau!

Grayson respondió al instante, ladrando como un perro. Dane se quedó quieto por un segundo, pero luego relajó la boca y sonrió.

—Vamos, acuéstate, perrito.

Al golpear el colchón de nuevo, Grayson se tumbó rápidamente. Entonces, Dane tomó sus muñecas con habilidad, le colocó una esposa en una y pasó la otra a través de los barrotes de madera de la cabecera de la cama antes de cerrarla en su otra muñeca. Era un marco perfecto, como si hubiera sido diseñado para esto, y Dane sintió satisfacción. Aunque, si Grayson usara toda su fuerza, no solo la madera, sino incluso las esposas de juguete, serían inútiles.

Al observar los músculos tensos de su cuerpo, Dane no pudo evitar reír al ver a Virginia, erguida entre sus piernas.

—Tu Virginia es demasiado evidente.

—Tiene el encanto de la sorpresa.

Grayson respondió entre jadeos.

—Virginia suele ser tímida, pero cuando llega el momento, no se retira. Ni te lo imaginas.

—¿En serio?

—En serio.

Grayson añadió con arrogancia, mientras Dane fingía una expresión de sorpresa.

—Te frotaré hasta que tu Venus quede hecha un desastre.

Por supuesto, no era una bravuconada. Al recordar el moretón que aún tenía en el pecho, Dane no pudo evitar sentir el desafío.

—Qué ambicioso eres, perrito.

Dane sacó un cigarrillo de su bolsillo. 

CLICK. 

Encendió el mechero, inhaló profundamente y continuó hablando entre el humo:

—Veamos cuánto aguanta tu Virginia.

—Claro, todo lo que quieras.

Grayson respondió de inmediato, lleno de expectación. 

«¿Qué pasará ahora? Si pienso en lo que he visto en fiestas, no es tan difícil adivinarlo. Y no solo eso, con las cosas que compró…».

Solo imaginarlo hizo que Virginia se calentara. Sintió el rubor subirle a las mejillas y se mordió el labio. 

—Huff, huff… —-Su respiración agitada escapaba entre sus dientes apretados.

«Estas esposas de juguete las rompería con un poco de fuerza». Pero, en vez de eso, solo abría y cerraba los puños, resistiendo.

«¿Qué hará después? ¿Se subirá encima de mí? ¿Me pondrá una mordaza? ¿Me cubrirá los ojos? Ah, el látigo… No hay látigo. ¿Eso será después? Dijo que hoy sería algo ligero. Entonces, ¿cuándo me golpeará la…?».

Justo cuando llegó a ese pensamiento, un intenso aroma a feromonas lo sacó de su ensoñación. Volteó bruscamente y vio a Dane, todavía con el cigarrillo en la boca, mirándolo desde arriba mientras liberaba feromonas.

—Ah… Haah…

Su visión se nubló y la tensión en sus labios se relajó. Su boca entreabierta dejaba escapar respiraciones entrecortadas. Un hormigueo recorrió su cintura, haciéndola arquearse involuntariamente. Mientras observaba su erección moviéndose en el aire, Dane apartó el cigarrillo de sus labios y, entre el humo, ordenó:

—Aguanta.

—…Ngh.

Grayson torció el rostro y detuvo sus movimientos. Deseaba agarrar a Dane por la cintura y empujarlo dentro de sí, pero no podía. Apretó y soltó los puños repetidamente, resistiendo, hasta que Dane soltó una risa breve. Al menor movimiento, la orden fue inmediata:

—No. Aguanta.

A pesar de la sonrisa amable, su tono era implacable. Grayson no tuvo más remedio que apretar los dientes y soportarlo.

Mientras tanto, las feromonas seguían impregnando su cuerpo. Cada inhalación llenaba sus pulmones, se deslizaban sobre su piel tensa y envolvían a Virginia, que temblaba de agonía.

—Ugh… Khh…

Gemidos angustiados escaparon de sus labios. Todo su cuerpo estaba tenso, los músculos al borde del estallido. Virginia, hinchada y palpitante, llegaba hasta su ombligo, empapada en líquido preseminal. Un poco más y rompería tanto las esposas como la cama. 

«No, resiste… Debo aguantar… No puedo…»

Justo cuando estaba al límite, a punto de perder la cordura, Dane ordenó:

—Correte.

—Nngh…!

Con un gemido profundo, Grayson eyaculó. El líquido que había estado conteniendo brotó en largos chorros, salpicando por todas partes. Arqueándose violentamente, siguió derramando semen una y otra vez. Dane lo observó, impresionado.

«Vaya, es una cantidad increíble…».

—Haah… Haah…

Mientras Grayson jadeaba, con el rostro enrojecido, Dane sonrió y asintió.

—Bien hecho.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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