Capítulo 131
—¿Qué diablos estoy viendo?
Grayson parpadeó tardíamente, reenfocó la vista y volvió a leer las letras en la caja.
“Pinzas para pezones.”
Se quedó mirando fijamente por un momento, luego se frotó los ojos con los brazos esta vez. Después de parpadear varias veces, revisó la caja de nuevo.
“Pinzas para pezones.”
Grayson abrió la boca en silencio y miró a Dane con incredulidad, como diciendo: ¿Qué es esto? Dane echó un vistazo a la caja que Grayson señalaba y luego comentó con indiferencia:
—Es para sujetar pezones, ¿no lo sabías?
Acto seguido, Dane esbozó una sonrisa lasciva y lanzó una mirada a Grayson.
—Esa cosa que te gusta, la que está en las tetas. El pezón.
Cuando las palabras “teta” y “pezón” salieron de la boca de Dane, Grayson sintió que su visión se nublaba de blanco.
«¿Qué está pasando ahora? ¿Por qué me está provocando mientras intenta engañarme con alguien más?»
—¿Estás tratando de distraerme?
Grayson lo miró con ojos llenos de sospecha.
«Seguro que quiere ablandarme y luego escabullirse por la puerta trasera para ir al club. Ni en sueños, no caeré en un truco tan obvio»
Pero Dane lo conocía mejor de lo que él pensaba. Sin decir nada, tomó uno de las pinzas para pezones que había como muestra, sostuvo uno en cada mano y, mirando a Grayson, lo acercó lentamente hacia sus propios pezones. Separó las pinzas alrededor de uno y dijo:
—Así se usa. ¿Puedes imaginártelo?
La intención detrás de sus palabras era demasiado clara. Sin querer, Grayson imaginó las pinzas sujetando los pezones de Venus. Luego, Dane dejó la muestra y se dio la vuelta para seguir guardando cosas.
«¿Para qué necesita todo eso? ¿Con quién lo usará? ¿Dónde piensa usarlo?»
Las preguntas bullían en su mente, pero Grayson no pudo articular ninguna. Estaba demasiado ocupado imaginando cómo usarían esas pinzas para hacer… ciertas cosas con Venus.
Inconscientemente, su boca se relajó y adoptó una expresión ausente, hasta que de repente recobró el sentido. Sacudió la cabeza con urgencia y miró alrededor, pero Dane ya había desaparecido.
«¡Lo perdí…!»
—Oye.
En el instante en que se volvió desesperado, una voz familiar resonó en sus oídos. Al detenerse y seguir la dirección del sonido, vio a Dane parado frente a la caja registradora.
«¿No se había ido?»
Confundido pero decidido, caminó hacia él. Dane, que lo esperaba, hizo un gesto con la barbilla. Cuando Grayson desvió la mirada, vio la calculadora. Era una señal para que pagara.
El calor subió de nuevo a su cabeza.
«No pagaré. Ni en sueños voy a poner dinero para algo que Dane compró para divertirse con otra persona…»
—Si hay algo que quieras, llévalo.
De repente, Dane soltó el comentario.
«Ja, ¿crees que voy a caer? Seguro que su plan es hacerme pagar» Grayson torció la boca y respondió:
—No hay nada.
Ante su respuesta desafiante, Dane sonrió con complicidad.
—No te arrepientas después por no comprarlo ahora.
Grayson soltó un bufido burlón. Dane insistió:
—¿De verdad no quieres nada?
—Sí, nada.
Luego, con sarcasmo, Grayson añadió:
—No tengo hobbies tan vulgares.
Usó deliberadamente la palabra despectiva mientras miraba la canasta. Dane siguió su mirada.
—¿En serio?
Dane lo miró de reojo, moviendo solo los ojos, y encogió un hombro antes de hablar con un tono más lento de lo habitual:
—Entonces no puedo jugar contigo.
El murmuro, casi como un monólogo, hizo que Grayson, que hasta entonces había estado furioso, se detuviera en seco. Poco a poco, su boca se relajó y su expresión comenzó a cambiar. Las palabras salieron un instante después:
—…¿Qué dijiste?
Grayson lo miró con ojos desorbitados.
«¿Qué acabo de escuchar?»
Dane, que hasta entonces no había mostrado reacción alguna, al ver su cara de pasmo, repitió:
—Te lo dije. Que no puedo jugar contigo.
Hizo como que examinaba una de las cajas dentro de la canasta, dándole vueltas.
—Tú mismo dijiste que no te gustan estos juegos vulgares. Una pena, pero no hay remedio.
Al ver que Dane negaba con la cabeza y volvía a tirar la caja a la canasta con indiferencia, Grayson reaccionó tarde.
—Entonces… ¿es que planeabas usarlos conmigo…?
Su voz titubeó, como si no pudiera creerlo. Dane se rió entre dientes y repitió:
—¿Por qué no? ¿De verdad crees que te pediría que compraras estas cosas solo para irme a la cama con otro?
—Si eres tú, perfectamente podrías…
Grayson se mordió la lengua al ver la expresión de Dane. El dueño de la tienda, que había estado observando, intervino:
—La verdad, yo también pienso lo mismo, Dane.
Dane lo miró, desconcertado, y el dueño soltó una risita:
—Si eres tú, hasta podrías sacarle dinero a este para comprarle cosas a otro, y aún te sobraría.
Grayson clavó la mirada en la sonrisa del hombre.
«Este tipo, ese tipo… ¿qué diablos piensan de mí…?»
Aunque le parecía absurdo, tampoco tenía sentido preocuparse por su imagen ahora. Si así había vivido hasta hoy, era normal que lo vieran así. Dane Striker, como siempre, se rindió rápido y volvió su atención a Grayson.
—Entonces, ¿qué harás? ¿No quieres? Pues ni modo…
Antes de que terminara la frase, Grayson sacó su tarjeta y la dejó sobre el mostrador. El dueño se apresuró a cobrar, pero Dane lo detuvo:
—¿De verdad no hay nada que necesites? Mira otra vez.
Amablemente, le dio otra oportunidad. Grayson no lo dudó: se giró y escudriñó la tienda. La mayoría de las cosas ya estaban en la canasta. Su mirada, que recorría los estantes rápidamente, se detuvo en un punto. Un látigo de cuero para flogging. Dane comentó:
—El látigo de equitación es mejor que ese.
—Ah, ¿en serio?
Grayson perdió el interés al instante. En su época universitaria, había sido jugador de polo, y aún ocasionalmente competía. Por eso tenía varios caballos y, naturalmente, demasiados accesorios relacionados. Los látigos de equitación le sobraban.
Al seguir mirando con más calma, algo más llamó su atención. Caminó decidido hacia un estante alto y tomó un objeto sin dudar. Cuando regresó y se lo mostró a Dane, este miró la imagen de unas esposas en la caja y, sin decir nada, las devolvió a su lugar.
«¿No hay esposas dentro? Qué raro… ¿Significa que no vale?»
Inconscientemente, frunció el ceño. Ante sus ojos, Dane tomó un objeto del estante contiguo y, desafiante, le mostró la caja antes de volver al mostrador y tirarlo dentro de la canasta.
—Esas dejan marcas —explicó Dane.
Como siempre, no había nada que no supiera. Grayson sintió un calor extendiéndose en su pecho. A diferencia de las esposas comunes que había elegido, estas tenían un forro suave de piel en el interior.
—Dane escogió esto personalmente… porque le preocupa que me lastime.
Al pensarlo, su pecho se sintió extraño. Era una sensación fresca, como si algo se hubiera agitado dentro, pero no era frío. Más bien, era como si sus pies flotaran en el aire, una emoción indescriptiblemente peculiar.
—Firme aquí, por favor.
El dueño, animado, pasó el datáfono después de deslizar la tarjeta. Mientras Grayson escribía su nombre, Dane recibió una gran bolsa con los artículos y la sostuvo con firmeza en una mano.
—Que tengan un buen rato, Dane… y compañía.
El guiño cómplice del dueño dejaba claro lo que estaba imaginando, sin necesidad de preguntas.
«Bueno, si no lo capta, es un idiota», pensó Grayson, apresurándose a seguir a Dane hacia afuera. El sol seguía abrasador, pero su estado de ánimo ahora era completamente distinto al de cuando habían entrado.
El peor humor que lo había consumido antes ahora se elevaba hacia el cielo.
«¿Así se siente caminar sobre las nubes? ¿Es esto lo feliz que puede ser el amor? Nunca imaginé que podría sentir tanta dicha sin fin… Es exactamente como siempre soñé. ¡Lo sabía! ¡Sabía que el amor era algo tan maravilloso!»
Robin: Cuiden a mi bebe esta todo menso
Hasta ahora, había experimentado demasiados fracasos. Pero esta vez no se equivocaba: Dane era, sin duda, el amor de su vida. Había dado tantas vueltas, pasado por tantas decepciones, solo para encontrarlo.
Pero no importaba. Al final, lo había conseguido.
—Te amo, Dane.
Ante el apasionado confession de Grayson, Dane se rió entre dientes.
—Sí, lo sé.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R