Capítulo 126
Ese incidente dejó una profunda herida en Ashley.
¿Cómo era posible que su propio hijo, a quien amaba más que a nadie, hubiera intentado matar a su único compañero? Para Ashley, eso era peor que caer en el infierno. Si perdía a Koi, ya no tendría razón para seguir en este mundo.
—Lo sé.
Koi lo abrazó con ternura, envolviendo entre sus brazos ese cuerpo tembloroso y murmuró con suavidad:
—Pero podemos encontrar otra manera.
Ashley alzó lentamente la mirada tras un largo silencio. Koi, mirándolo a los ojos, afirmó con convicción:
—Pensemos juntos, a partir de ahora.
Ashley seguía sin decir nada. ¿Que Grayson podía sentir emociones? ¿Que esos ojos fríos como cristal, que nunca habían mostrado nada, podían reflejar algo distinto?
No podía creerlo.
Admitir que estaba equivocado no era difícil. Incluso lo haría con alegría.
Pero albergar esperanzas solo para que se derrumbaran… eso era distinto.
Ya habían pasado por demasiadas expectativas y decepciones. Koi, como siempre, parecía aferrarse a un nuevo rayo de esperanza, pero Ashley era diferente. Pesimista por naturaleza, un contraste total con el optimismo de Koi. Aunque, irónicamente, esa era una de las razones por las que lo amaba…
—Haah…
Como siempre, llegó a una conclusión: el tiempo daría la respuesta. Sabría si Koi tenía razón o si solo era otro sueño vano.
Dane Striker.
El nombre del hombre que había visto aquella vez cruzó su mente. Si no había recibido informes de que Grayson hubiera encontrado un nuevo interés romántico, significaba que seguía con Dane.
¿Y si…?
Su cabeza se emborrachó de pensamientos. ¿Aquel hombre, a pesar de todas las advertencias, seguía ahí?
Era diferente.
Todos los anteriores habían huido. Pero este… ¿acaso creía que no moriría?
—Ash…? —Koi lo llamó, percibiendo su tensión.
Ashley forzó una sonrisa, pero su mente ya estaba en llamas.
No podía permitir que ocurriera lo peor.
Si Grayson lastimaba a Dane…
—Necesitamos guardaespaldas para Dane Striker —pensó en frío—. Ahora.
***
—Ugh…
Grayson se desperezó, estirando sus largas extremidades bajo la cálida luz del sol que se filtraba entre sus párpados. ¿Había tenido alguna vez una mañana tan plácida? Una sonrisa se dibujó en su rostro sin esfuerzo. Algo tan simple, y sin embargo, extraño.
Rodó hacia un lado, buscando inconscientemente un cuerpo cálido…
Pero no había nadie.
—¿Eh?
Tardó un segundo en procesarlo. Luego, se incorporó de golpe, escaneando la habitación. La cama, enorme, hecha a su medida… vacía.
—…Dane.
Su voz sonó frágil. Saltó de la cama y corrió.
—¡DANE!
Abrió la puerta contigua sin tocar, esperando verlo…
Nada.
Ni rastro de él. Ni siquiera Darling.
—¿Se fue?
El pánico lo invadió. ¿Lo había asustado? Durante el celo, había sido insoportable. Dane odiaba las molestias… ¿Se había hartado?
—¡DANE! ¡DANE!
Gritó su nombre como un loco, recorriendo la casa en frenesí. ¿En serio lo había perdido?
Las sábanas aún olían a él.
Sus manos recordaban el calor de su piel.
—No puede haber sido un sueño…
Pero si no era un sueño…
—¿Dónde estás?
La pregunta quedó flotando en el aire, sin respuesta.
Los recuerdos de su celo estaban fragmentados, desconectados. Pero una cosa era clara: había estado con Dane.
—¿Lo forcé?
Era la única explicación posible.
El pánico lo invadió. Corrió por el pasillo como un loco, con el nombre de Dane repitiéndose en su mente.
—¡Tengo que llamar al equipo de secretarios! ¡Encontrarlo! ¿O quizás fue a trabajar? Mierda, no sé cuántos días han pasado…
—¡DANE! —gritó, desesperado.
—¿Qué?
La voz llegó desde atrás. Grayson giró tan bruscamente que casi se cae.
Robin: estupido me asustasteee
Dane estaba allí, medio asomado desde la cocina, con Darling posado en su hombro.
—Eh… —fue todo lo que Grayson pudo articular.
Dane frunció el ceño, mirándolo de arriba abajo con disgusto… y luego se dio la vuelta sin decir nada.
—¿D-De…?
Grayson se detuvo.
Ah.
Acababa de darse cuenta: no llevaba nada puesto desde que salió de la cama.
—¿Eres exhibicionista o qué?
Dane volteó un huevo frito con irritación.
—¿Por qué mierda siempre andas desnudo?
Grayson, ahora envuelto en una bata, se encogió en la barra del desayuno.
—Pensé que te habías ido… —murmuró, pero no podía dejar de sonreír.
Dane ignoró su expresión idiota y siguió cocinando. Llevaba solo el pantalón del entrenamiento; su torso estaba marcado con moretones y arañazos, los pezones hinchados y en carne viva. Cada roce del aire le dolía.
—Come. Esto es tuyo —dijo, deslizando un plato frente a Grayson.
Grayson solo miraba, boquiabierto, alternando entre su plato y Dane.
Dane bebió jugo de tomate y cortó su huevo con un tenedor.
Entonces, Grayson habló:
—Oye, Dane… ¿Puedes abofetearme?
Dane se lo quedó mirando. Tragó el huevo.
¡PAF!
La bofetada fue tan fuerte que la cabeza de Grayson giró 90 grados.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R