Capítulo 125
—¿Eh?
Vagamente, percibió un olor acre. No fue hasta después cuando se dio cuenta de que ese aroma familiar era el del tabaco que solía fumar. En su conciencia brumosa, alzó lentamente los párpados y vio a un hombre sentado justo a su lado.
—¿Dane…?
Grayson parpadeó un par de veces con los ojos entrecerrados. ¿Era un sueño? ¿O… la realidad?
Debía reaccionar y comprobarlo, pero no lograba despertar del todo. Atrapado entre el sueño y la vigilia, solo movía los ojos sin rumbo, hasta que Dane, al notar su presencia, giró la cabeza. Sus miradas se encontraron, y al ver la expresión adormilada y confusa de Grayson, él esbozó una sonrisa tenue.
—¿Dormiste bien, cariño?
«Es un sueño.»
En el instante en que escuchó su voz, Grayson lo supo. Era imposible que Dane le sonriera y le hablara con ese tono cariñoso.
«Es un sueño feliz…»
Grayson cerró los ojos de nuevo. No quería despertar. Su conciencia se desvanecía, pero su mano, como si tuviera voluntad propia, se arrastró por el colchón hasta trepar por el cuerpo de Dane. Su objetivo era obvio. Al agarrar con fuerza ese pecho que no soltaba durante el rut, sonrió satisfecho.
Incluso mientras se sumía en el sueño, Dane suspiró exasperado al sentir esa mano que no dejaba de toquetearle el pecho. Iba a golpearle la cabeza con los nudillos, como si llamara a una puerta, pero detuvo su mano en el aire y lo miró fijamente. Justo entonces, las orejas de Grayson se movieron brevemente. Dane se quedó quieto un momento, pero al final bajó la mano. Y Grayson volvió a caer en un sueño profundo, como si se hubiera desmayado.
***
—¿Qué? ¿En serio?
Koi, sorprendido por el inesperado informe, alzó la voz, consternado. Al otro lado del teléfono, una voz familiar seguía hablando. Conteniendo la respiración, Koi escuchó atentamente, intercalando respuestas como “Ajá” o “Ya veo…”. Cuando la conversación terminó, soltó un suspiro breve y asintió.
—Sí, entiendo. Gracias por avisarme, vale…
Tras un intercambio de cortesías protocolarias, colgó. Un silencio repentino llenó la habitación. Con expresión grave, Koi comenzó a pasearse por la sala. Por la ventana se veía la Torre Eiffel. Había llegado hasta allí siguiendo a Ahsley, quien estaba en Francia por trabajo. Ahora, enterado de lo ocurrido en su ausencia, su mente era un torbellino.
Mientras caminaba lentamente de un extremo a otro con el rostro lleno de preocupación, de pronto escuchó el sonido de la cerradura al abrirse. Se detuvo y giró la cabeza justo cuando Ashley entraba por la puerta.
—Ash.
Koi se acercó a él con una sonrisa brillante, como si lo hubiera estado esperando. Naturalmente, se abrazaron y compartieron un beso, tras lo cual Ashley inhaló profundamente, oliendo el aroma de las feromonas de Koi. Permanecieron así un momento, dejando pasar el tiempo, hasta que Koi rompió el silencio.
—¿Terminaste bien con el trabajo?
—Más o menos.
Ashley respondió con indiferencia, enterrando la nariz en el cuello de Koi. Este sonrió con ironía y lo reprendió suavemente.
—No está bien conformarse con “más o menos”.
—Da igual, solo eran tonterías sin importancia.
Ashley seguía hablando con desinterés. Al final, Koi no pudo evitar reírse y negar con la cabeza. Pero cuando Ashley frotó su nariz contra su cuello, Koi se encogió de hombros y soltó una carcajada.
—¡Qué cosquillas! Para ya.
Con una sonrisa aún en los labios, Koi tomó el rostro de Ashley y lo besó. Ashley también rió y le mordisqueó suavemente la nariz. Como no parecía dispuesto a soltarlo, Koi aprovechó para sacar el tema con cuidado.
—Oye, tengo algo que decirte.
—Dime.
Normalmente, en estos casos, las noticias no eran buenas. Ashley esperó sin mostrar emoción mientras Koi vacilaba un momento antes de decidirse a hablar.
—Bernice se puso en contacto conmigo.
—Bernice.
—Sí.
Ashley repitió el nombre, y Koi asintió, como confirmándolo.
Bernice había sido la secretaria de Dominic Miller, el padre de Ashley. Seguía sus órdenes para informar sobre el estado de Ashley o manejar asuntos relacionados con él. Después de la muerte de Dominic, se quedó como secretaria personal de Ashley. Ahora estaba a cargo de supervisar a los niños, así que una llamada suya solo podía significar una cosa: algo había pasado con ellos.
Ante el silencio de Ashley, que esperaba su siguiente palabra, Koi continuó hablando:
—Era sobre Grayson…
Ashley no lo apuró, aunque en su mente ya bullían todo tipo de pensamientos siniestros. Esperó con paciencia hasta que, al fin, Koi pareció decidirse y soltó:
—Dicen que Grayson asistió a una fiesta.
Ashley frunció el ceño por primera vez. ¿Qué problema había en eso? Más bien, ¿no era algo tardío? Hacía ya tiempo que le habían ordenado eliminar sus feromonas. Como si advirtiera sus dudas, Koi añadió:
—Se las extrajo con una inyección.
Los brazos de Ashley, que aún lo sostenían, se tensaron levemente. Koi, con expresión preocupada, siguió explicando:
—Bernice dijo que, a pesar de ir a la fiesta, Grayson solo usó la inyección para eliminar sus feromonas y luego se marchó. Lo siguieron y confirmaron que llegó sano y salvo a casa, pero al parecer entró en celo. Después de eso, no salió de casa en tres días… Ah, y Bernice contactó a los bomberos. Les avisó que Grayson descansaría unos días por los efectos posteriores al celo.
Ashley permaneció inmóvil hasta que Koi terminó de hablar. Solo lo miraba fijamente, sin siquiera pestañear.
—…¿Por qué? —musitó al fin, después de un largo silencio. Luego, con gesto de total incomprensión, añadió—: ¿Por qué haría algo así?
Koi respiró hondo antes de responder. Sacó a relucir la conclusión a la que había llegado junto a Bernice:
—Porque encontró a alguien que le gusta de verdad.
Ashley no reaccionó de inmediato. Permaneció quieto, observándolo sin moverse, hasta que finalmente soltó un breve suspiro.
—¿El mismo que intentó cruzar a Chase con un perro cuando este lo rechazó ahora actúa así? —Su tono fue mordaz, sin dejar lugar a dudas.
Koi, apurado, intentó justificarse:
—Ahora Grayson lo entiende. Sabe lo que significa querer a alguien.
La incredulidad inundó el rostro de Ashley. Koi insistió, tratando de convencerlo con urgencia:
—Lo sabes, Ash. Grayson tiene dañada la parte que procesa las emociones. Pero no sabemos si es incapaz de sentirlas o si simplemente no las reconoce. Si es lo segundo… entonces esta vez realmente podría cambiar.
—No digas tonterías.
—Ash, por favor, escúchame —rogó Koi, aferrándose a sus brazos—. Está repitiendo exactamente lo que hiciste tú de pequeño. ¿No lo recuerdas? Después de que nos separamos, usaste inyecciones para eliminar tus feromonas.
Ashley cerró la boca. Animado por su silencio, Koi continuó con entusiasmo:
—Nunca le hablamos de eso, y aún así lo hizo por su cuenta. ¿No es asombroso? ¿Qué crees que significa eso?
No pudo contener su emoción y alzó la voz:
—¡Significa que Grayson está sintiendo algo por Dane!
—Koi, cálmate —lo reprendió Ashley con voz fría—. Yo conozco a Grayson mejor que nadie. No hay hospital que no hayamos visitado ni médico que no hayamos consultado. ¡Grayson no tiene emociones, directamente carece de ellas!
—¡Podríamos estar equivocados!
Ashley abrió los ojos, sorprendido por el grito de Koi. Que Koi lo contradijera era impactante. Al ver su expresión conmocionada, Koi insistió desesperado:
—Por favor, Ash. Piensa de nuevo. Sé que hiciste todo lo posible. Pero quizás nos equivocamos en el enfoque.
Sus ojos se humedecieron. Koi, con la voz quebrada por las lágrimas, preguntó:
—¿No es mejor admitir nuestro error que concluir que nuestro hijo está roto?
Ashley guardó silencio un largo rato. Solo observó el rostro de Koi, distorsionado por el esfuerzo de contener el llanto.
—…Ja.
Finalmente, dejó escapar un suspiro. De pronto, envolvió a Koi en un abrazo y susurró en voz baja:
—No puedo perderte.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R