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Capítulo 122

BOOM  

Otra explosión de truenos retumbó en la habitación. Grayson abrió los ojos como platos, mirando fijamente a Dane. Ni siquiera parpadeaba.  

Sus pupilas temblorosas saltaban del rostro de Dane a su pecho, y luego a su propia mano, que aún estaba pegada contra aquel torso. De repente, se estremeció y, con un movimiento tardío, intentó retirar el brazo. Pero Dane apretó su muñeca con más fuerza, frustrando su intento.  

—¿Qué diablos? —gruñó Dane, mirando a Grayson, que estaba paralizado—. ¿Primero me cantas lo mucho que te gusta mi pecho y ahora cambias de opinión?  

Grayson negó la cabeza con violencia.  

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Para nada! ¡Jamás!  

—Entonces, ¿qué? —Dane apretó los dientes—. ¿Qué pretendes, maldito idiota? ¿Después de que me rebajo a esto?  

Su expresión era tan amenazante que Grayson tragó saliva. Bajo el sonido de la lluvia, sus labios se movieron en un murmullo apenas audible:  

«Esto es un sueño, esto es un sueño, esto es un sueño…»  

Dane lo observó en silencio. Podía sentir el temblor de Grayson a través de su agarre. Todo su cuerpo vibraba como las pequeñas olas de un lago.  

—… Uf.  

Dane soltó un suspiro exasperado. Apartó la mirada por un momento, pasándose una mano por el rostro. Después de un breve instante de deliberación, en lugar de soltarlo y marcharse, tomó otra decisión.  

¡PAF!  

El sonido de la bofetada resonó en la habitación. Grayson se sobresaltó, aturdido por el dolor punzante en su mejilla.  

—¿Qué tal? —preguntó Dane, mirándolo desde arriba.  

Grayson parpadeó un par de veces antes de murmurar:  

—… Duele.  

Luego, frunció el ceño y maldijo entre dientes:  

—Mierda, duele como el demonio…  

Una marca roja en forma de mano apareció en su pálida mejilla. Aunque Dane había usado la palma, el golpe había sido lo suficientemente fuerte como para dejar un moretón al día siguiente. Pero eso era problema del futuro.  

—Bien. ¿Ahora entiendes que esto es real?  

Si Grayson volvía a decir tonterías, no dudaría en abofetearlo del otro lado. Pero, ya fuera por el puño que Dane ahora cerraba o por el ardor insoportable en su mejilla, Grayson asintió lentamente. Aun así, seguía murmurando incrédulo:  

—¿Por… por qué accediste a acostarte conmigo…?  

—¿No dijiste que no podrías hacerlo con nadie más?  

La respuesta de Dane fue inmediata. El aroma de las feromonas de Grayson, cada vez más denso, le dificultaba mantener la cordura. Estar aquí, en la cama, hablando como si nada, no era su estilo.

«Maldita sea, en circunstancias normales ya lo habría hecho tres veces.»  

—Ahora hazlo bien —gruñó Dane, liberando sus propias feromonas.  

El aroma de Grayson, ya de por sí dulce hasta la náusea, se mezcló con el de Dane. Grayson inhaló bruscamente, sorprendido. El olor de Dane inundó sus pulmones, y su mente se apagó como si alguien hubiera accionado un interruptor. Todas sus dudas y negaciones desaparecieron, reemplazadas solo por anhelo, afecto y emoción.  

Sin vacilar, Grayson rodeó el cuello de Dane con los brazos y lo empujó contra la cama.  

—Dane, Dane, Dane…  

Entre besos urgentes y desesperados, Grayson repetía su nombre una y otra vez. Mordía sus labios, chupaba su lengua, pero nunca dejaba de decir su nombre, como si necesitara confirmar que la persona en sus brazos era realmente él. Y Dane lo sabía.  

—Sí, sí… —respondió Dane entre jadeos, acariciando la espalda de Grayson como si calmara a un cachorro mimado.  

Aunque “cachorro” no era la palabra adecuada para alguien tan grande.  

Jadeando, Grayson bajó la cabeza y abrió la boca. Con un movimiento voraz, envolvió el pecho de Dane con sus labios, hundiendo los dientes en la piel.  

Dane lo dejó hacer.  

Podía sentir la erección de Grayson, pesada y ardiente, entre sus piernas. Estaba al borde del orgasmo, pero no intentaba penetrarlo. En cambio, seguía lamiendo, mordiendo y chupando sus pezones como si fuera lo único que importaba.  

Mientras destrozaba un pecho con los dientes, la otra mano no dejaba de apretar y retorcer el otro. Pellizcaba, amasaba, giraba los pezones y los presionaba con los dedos sin descanso.  

—Ah, Venus, mi Venus…  

«¿Desde cuándo es tuya?»  

Dane frunció el ceño, pero pronto lo dejó pasar. No tenía sentido discutir con alguien que había perdido la cabeza. Tenía un problema más urgente.  

—… Ngh.  

Un gemido escapó de sus labios. Ya fuera por el Rut o por pura lujuria, Grayson trataba su pecho con una brutalidad inusitada. Lo apretaba con fuerza, lo mordía sin piedad, dejando marcas de dientes y moretones por todas partes.  

La paciencia de Dane se agotó.  

Él le había dado permiso, pero eso no significaba que pudiera destrozar su cuerpo.  

—Ya basta…  —intentó decir Dane en el momento en que Grayson separó sus labios como un poseso. 

«¿Habrá terminado?» pensó, pero obviamente era una ilusión. Grayson simplemente cambió de estrategia: ahora sus manos y boca se alternaban en torturar cada pezón con igual ferocidad.

—Hhhaap—. Con un gemido húmedo, hundió los dientes en la carne mientras sus dedos exploraban el otro pecho, estrujando y retorciendo sin piedad. Si sigue así, no quedará nada intacto.

Además, para purgar las feromonas, Grayson necesitaba eyacular. 

«¿Hasta cuándo piensa seguir obsesionado con mis pechos, este idiota?»

—Grayson—, gruñó Dane, incapaz de aguantar más.

—Para eliminar las feromonas te tienes que venir. ¿Cuánto tiempo más vas a dedicarle solo a esto?

—¿Mmmh?—. Grayson alzó la vista, sin soltar el pezón entre los labios. Sus ojos vidriosos se encontraron con los de Dane, quien contuvo una mueca de exasperación. Al parecer, la indirecta no funcionó, porque Grayson sonrió beatíficamente… mientras seguía mamando y manoseando como si fuera su último día en la tierra.

Dane soltó un suspiro ahogado. 

«¿Tan fascinante le resulta mi pecho? Prefiere esto antes que aliviar su propia erección….»

—Oye—, llamó de nuevo, aprovechando un raro segundo de distracción. Grayson solo movió los ojos, ocupadas sus manos en amasar la carne como masa de pan.

—Sube— ordenó Dane, y ante el parpadeo confundido de Grayson, añadió con voz ronca—. Ven aquí. Deja que Venus… acaricie a tu virginia.

El efecto fue instantáneo: Grayson se quedó boquiabierto, literalmente. El pezón que tenía en la boca cayó sobre el abdomen de Dane con un plop húmedo. Sin perder tiempo, Dane juntó ambos pechos con las manos, creando un valle de carne firme.

—¿No quieres hundirte aquí?— susurró.

Grayson no respondió. No hacía falta. Su virginia, palpitante y tan erecta que casi rozaba su ombligo, era respuesta suficiente. El pulso en las venas era visible, un ritmo animal que golpeaba el aire.

La respiración de Dane también se aceleró. Separó ligeramente los pechos, dejando un espacio tentador.

—Adelante… entra, virginia.

Y Grayson, como un toro embistiendo, se lanzó entre ellos.

Robin: Kyaaaaaa



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


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