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Capítulo 110

[El mundo entero parece ser mío.  

Las nubes en el cielo, los pájaros cantando en los árboles,  

y a mi lado, tú, tan adorable…]  

La canción de amor de un cantante popular sonaba en el coche donde viajaban dos hombres, creando una sensación de desconexión. Si Dane hubiera estado solo, nunca habría escuchado esa canción. La única razón por la que no la apagó era porque, si la rechazaba, temía que volviera la maldita música de “Boobs, Boobs”, lo cual sería aún peor. Al menos la voz del cantante era tolerable.  

Grayson, sentado en el asiento del conductor, silbaba y golpeaba el volante de vez en cuando, mostrando que estaba de muy buen humor. Dane, sentado en el asiento del acompañante, lo miró de reojo y pensó: «Bueno, no importa.» Luego reclinó el respaldo del asiento, estiró su cuerpo y cerró los ojos para descansar. Todavía faltaba mucho para llegar a su destino.  

Hace dos días, Dane se enteró de que el transportín de Darling estaba roto. Aunque no lo necesitaría por un tiempo, decidió que era mejor estar preparado por si acaso, así que planeó ir de compras en su día libre. Cuando salió de la mansión esa mañana, encontró a Grayson esperándolo en la entrada.  

—¿Cómo sabías que tenía el día libre?  

En la estación de bomberos, los turnos rotativos hacían que rara vez coincidieran los días libres de los empleados. Pero pronto Dane lo recordó.  

«Habrá robado mi horario.» 

Ya no le sorprendían este tipo de cosas, así que intentó ignorar a Grayson y subir al coche solo. Sin embargo, Grayson se interpuso frente a él justo cuando iba a entrar al asiento del conductor y declaró:  

—Si me dejas ir contigo, te compraré lo que sea.  

Si Grayson no le hubiera confesado su amor, Dane no habría dudado en aprovechar la oportunidad para sacarle hasta la médula. Pero tenía una regla inquebrantable: no aceptar ni un centavo de alguien a quien le gustara. Si lo hacía, podría terminar enredado en algo peor.  

Aunque normalmente habría reaccionado con asco y maldiciones, esta vez Dane solo frunció el ceño, agarró la nariz de Grayson y la sacudió suavemente.  

—Te dije que no gastes dinero de esa manera, ¿no? —dijo, empujándolo a un lado para sentarse en el asiento del conductor.  

Pero Grayson lo detuvo de nuevo.  

—¡Yo también tengo derechos!  

—¿Qué clase de tontería es esta? —preguntó Dane, frunciendo el ceño.  

Grayson soltó una retahíla de argumentos absurdos:  

—Darling es tu gato, y tú eres mío, así que, por supuesto, los asuntos de Darling también son míos. En resumen, no estoy gastando dinero en ti, sino en Darling.  

Dane lo miró con ojos cansados. Parecía que Grayson también sabía que estaba diciendo una tontería, porque su expresión se volvió incómoda. Sin decir nada, Dane intentó subir al coche, pero Grayson lo detuvo de nuevo.  

—Tres horas —dijo Grayson, y cuando Dane se detuvo, añadió—: Dijiste que pasarías tres horas al día conmigo. Entonces, ¿no puedo ir contigo ahora? También aplica en los días libres.  

Había una chispa de confianza en el rostro de Grayson, como si estuviera seguro de que esta vez Dane no podría rechazarlo.  

Dane lo miró fijamente por un momento, luego cerró la puerta del coche sin decir nada. Grayson, como si hubiera estado esperando eso, corrió hacia su propio coche y abrió la puerta del acompañante. Dane se subió en silencio, y Grayson rápidamente se dirigió al asiento del conductor. Así comenzó su viaje al centro comercial.  

… O eso pensó Dane.  

Después de dormir un rato, abrió los ojos y se dio cuenta de que estaban en un lugar completamente inesperado. No era el centro comercial, sino una calle de lujo llena de tiendas que vendían artículos exorbitantemente caros, sin precios a la vista.  

—¿Qué…? ¿Por qué estamos aquí? —balbuceó Dane, confundido.  

Miró frenéticamente por la ventana, luego se volvió hacia Grayson, pero este solo siguió silbando, ignorándolo por completo.  

—Oye, ¿qué demonios…?  

—Ya llegamos —dijo Grayson, reduciendo la velocidad del coche.  

En cuanto el coche se detuvo por completo, varios hombres vestidos con trajes se acercaron rápidamente y abrieron las puertas del acompañante y del conductor.  

—Bienvenido, Señor Miller.  

—Hola.  

—Hoy se ve muy elegante.  

Saludos y halagos llovían por todas partes. Para Dane, acostumbrado a intercambiar saludos casuales con empleados de supermercados, la escena era incómoda y desconcertante. Pero Grayson, que parecía estar muy familiarizado con este tipo de situaciones, ni siquiera les devolvió los saludos. En su lugar, caminó directamente hacia la tienda.  

Un empleado abrió la puerta y se hizo a un lado, y Dane entró en la lujosa tienda que solo había visto desde afuera.  

—Hola, Señor Miller. Bienvenido.  

El gerente, sonriendo ampliamente, se acercó y lanzó una mirada rápida a Dane. Este notó cómo el gerente escaneó su apariencia de arriba abajo: el cabello rojo despeinado, la chaqueta de cuero barata, la camiseta desgastada, los jeans rotos y las zapatillas polvorientas. Después de evaluarlo en un instante, el gerente volvió su atención a Grayson.  

—Hace mucho que no viene. Tenemos listo lo que pidió. ¿Por qué no pasan adentro? ¿Qué les gustaría beber?  

Grayson, inesperadamente, pidió una bebida de frutas extremadamente dulce y luego le preguntó a Dane:  

—¿Y tú?  

La respuesta de Dane estaba clara.  

—Café.  

El gerente, con una sonrisa, preguntó:  

—¿Qué tipo de café le gustaría? ¿Espresso, latte, capuchino…?  

—Americano. En una taza grande, llena.  

—Ah… entiendo —dijo el gerente, momentáneamente desconcertado, pero rápidamente recuperó su sonrisa.  

Los llevaron a una sala de recepción en el interior. Dane se sentó en un sofá amplio y cómodo, cruzó una pierna sobre la otra y se recostó.  

El techo, cubierto de espejos, tenía una lujosa lámpara de araña que reflejaba la luz de manera deslumbrante. Al bajar la mirada, Dane vio una serie de artículos dispuestos en una pared, claramente preparados para ellos.  

—Gracias por esperar —dijo un empleado, colocando las bebidas y unos postres que obviamente costaban una fortuna frente a Grayson y Dane.  

Dane tomó uno de los pasteles y lo mordió, preguntándose cuánto costaría ese pequeño bocado. 

«Con esto podría comprar comida para Darling por un mes.» Pensó.  

Pero en el momento en que el dulce sabor a fruta llenó su boca, cambió de opinión.  

—Total, no es mi dinero.  

Mientras tomaba sorbos de café y comía los postres, el gerente regresó y se paró frente a ellos.  

—Señor Miller, ¿está criando un gato ahora? ¿Cómo está Alex?  

La conversación casual y amistosa del gerente mostraba que este tipo de interacción era algo habitual para él. Para ellos, mencionar detalles personales de los clientes sin invadir su privacidad era algo natural.  

Grayson respondió:  

—Alex está bien. El que tiene un gato es él. Yo solo vine a acompañarlo.  

—¿Ah? Ya veo —dijo el gerente, volviéndose hacia Dane con una expresión completamente diferente—. Entonces, ¿es usted quien viene a comprar hoy?  

—Así es —respondió Grayson sin dudar.  

En ese momento, Dane, que estaba llevando la taza de café a su boca, se detuvo. Primero movió los ojos, luego giró la cabeza lentamente. Ignorando la mirada de Dane, Grayson le dijo descaradamente al gerente:  

—Muéstrale todo. Él lo comprará todo.  

«¿Este maldito loco?» pensó Dane, mientras el rostro del gerente se iluminaba y él palidecía, mirando fijamente a Grayson.  

*Robin: la neta que chinguen a su madre los que hacen pdfs!!



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN 
REVISIÓN: M.R


¿TE HAS CANSADO?

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