Capítulo 50
Otis se dio cuenta rápidamente que era un hombre de Calliope, e hizo un gesto para que los guardias se retiraran. Luego, miró a Calliope con una expresión aún más extraña, mientras ella se encogía de hombros con calma.
—Es un sirviente obediente. Entonces, ahora sí que me voy —Calliope subió tranquilamente al carruaje de la familia con Jack. La suerte de Erben quedaba en manos de Otis, y ella tenía otros asuntos pendientes—. Jack, saca lo que te pedí.
—Ah, aquí está —Jack sacó una pila de papeles que había tomado disimuladamente del bolsillo de Erben hacía un momento. Era el mismo montón de papeles que había usado para apostar. Calliope dejó caer al suelo del carruaje los papeles que él había canjeado por dinero en efectivo.
—Vaya, pero sí que pidió bastante prestado.
La cantidad escrita en tinta negra indicaba el dinero que había canjeado con efectivo, mientras que la tinta roja representaba el monto que había tomado prestado en la sala de apuestas. Había muchos más papeles en rojo que en negro. Calliope chasqueó la lengua con desdén y, después de seleccionar algunos papeles, se los devolvió a Jack.
—¿Para qué los va a usar?
—Pueden servir para divertirse un poco.
—¿Y cómo se va a divertir con eso?
Desde dentro del carruaje tambaleante, Calliope sonrió como un ángel mientras sus palabras eran propias de un demonio.
—¿No crees que también debería saber cómo se sintió Isaac al tener que vivir sin nada?
* * *
En lugar de regresar a su casa, Calliope se dirigió directamente a la prisión de la guardia. Aunque la celda donde estaban los delincuentes comunes no era insegura, sí estaba sucia. Siguiendo al guardia, Calliope y Jack entraron por la entrada de la prisión, donde el musgo cubría las paredes, el piso estaba resbaladizo y había un olor fétido.
—No entiendo por qué una joven noble querría ver al dueño de una sala de apuestas ilegal.
—Es solo una afición ligera.
Aunque el guardia no hizo una mueca evidente, apartó la mirada y frunció levemente el ceño. Calliope no tenía del todo claro el malentendido del guardia, pero podía intuirlo. Después de todo, nada más conveniente para los nobles con gustos desagradables que los delincuentes comunes.
«No tengo un mal gusto tan extremo».
Pensó.
Avanzó por el lúgubre pasillo hasta la octava celda y se detuvo. El guardia golpeó las rejas con un bastón y señaló a una mujer de mediana edad que acababa de ser llevada.
—Tú, ven aquí.
—¿Yo, yo?
—¿Quieres hablar un momento?
Aunque no había cometido ningún delito que la llevara a la horca, la dueña de la sala de apuestas ilegales se encogió, temblorosa, al ver a la joven noble que desentonaba en ese lugar.
—¿Por qué…? ¿Por qué yo?
—No será nada malo para ti —Calliope sonrió de la forma más amable posible, lo cual pareció preocupar aún más a Matilda, la dueña de la sala de apuestas.
Bajo la vigilancia del guardia, ambas fueron llevadas a la sala de visitas. Naturalmente, las manos de Matilda estaban bien atadas. Tras recibir una moneda de oro de Calliope, el guardia se retiró.
—Tienen solo 15 minutos.
—Terminaré antes, no te preocupes.
La sala estaba tan mal iluminada como la prisión. Calliope y Matilda se sentaron frente a frente, en completo silencio. Calliope esperó a que Matilda se sintiera lo suficientemente incómoda antes de hablar.
—Te sacaré de esta prisión.
—¿Qué?
—Pero no será gratis —Calliope sacó la pila de papeles que había recibido de Jack en el carruaje. Matilda los reconoció de inmediato; eran los papeles que había emitido en su sala de apuestas—. Apuestas ilegales, préstamos clandestinos y hasta venta no autorizada de tabaco narcótico. Has ganado bastante, ¿no? Pero sigues aquí, lo que significa que no tienes a alguien de confianza para que te saque.
Salir de esta prisión no era tan difícil. Mientras no fuera un caso de asesinato, bastaba con pagar la fianza. Pero el problema era que, estando encerrado, el preso no podía ir a buscar el dinero por sí mismo.
—Probablemente los que no fueron capturados se habrán llevado lo que quedaba mientras tú estás aquí, ¿verdad?
La sala de apuestas de Matilda no era muy grande; con suerte, podía considerarse de tamaño medio. Seguramente Erben había pensado que, siendo pequeña, había menos riesgo de ser descubierto.
Matilda observó a Calliope, nerviosa, y finalmente habló.
—¿Qué quiere usted de mí?
Calliope dio un golpecito a la pila de papeles con su dedo índice.
—Es simple. Aunque hayas prestado dinero de forma ilegal, aquí están las pruebas de esos préstamos. Tú saldrás de aquí y te dedicarás a cobrar a los que pidieron préstamos y huyeron, ¿verdad?
—S-Sí.
—Solo tienes que entregarme la deuda de Erben Esteban.
—¿Qué?
—Si me das eso, te sacaré de aquí.
—Tendría que pensarlo…
Matilda no parecía ser alguien impulsiva ni desesperada. Seguía alerta, aunque Calliope sonrió, entrelazando las manos sobre la mesa.
—Mi único objetivo es ese. Cuanto más tiempo tardes en decidir, más perderás.
Calliope inclinó su cabeza hacia la mesa, ejerciendo presión. Después de unos segundos, Matilda cedió.
—¿Solo con eso es suficiente?
—Claro.
El acuerdo se cerró rápidamente. Calliope se aseguró de que firmara el contrato que había preparado Jack y salió de esa prisión maloliente. Cuando subió al carruaje, Jack, con una expresión inquieta, le habló.
—Me alegra que haya conseguido lo que quería, pero me siento algo incómodo. Esa mujer volverá a abrir su sala de apuestas ilegal.
—¿Por qué fue arrestada esta vez?
Jack respondió con un tono que indicaba que no entendía la pregunta.
—Por operar una sala de apuestas ilegal.
—Entonces, cuando sea el momento, la arrestaré nuevamente por usura ilegal.
—Ah.
* * *
Tres días después, el ambiente en el despacho de Erben era tan tenso que apenas se podía respirar. Esta presión emanaba de su padre, Belta Esteban, quien se encontraba al otro lado del escritorio.
La noticia de que Erben había sido sacado de la sala de apuestas ilegal había llegado, como era de esperar, a los oídos de su padre. Sabía que recibiría una reprimenda, pero no esperaba que Isaac estuviera a su lado sin entender la situación.
—¿Estás en tus cabales?
—Lo siento. Ya he tomado medidas para que no se filtre…
—¿Crees que con un “lo siento” es suficiente?
Aunque no prestaba demasiada atención a la familia, Belta seguía siendo el cabeza de familia.
—¿Y robas del presupuesto de la familia para frecuentar una sala de apuestas?
—… Lo siento.
—¿Y encima usas los fondos de la familia?
Erben apretó los dientes y bajó la cabeza. Sabía que merecía la reprimenda de su padre, pero que su despreciado hermano estuviera allí era un golpe para su orgullo.
Belta miró a sus dos hijos con expresión dura, y luego se dirigió a Isaac con tono firme.
—Este mes, en la ceremonia de selección de la guardia real, iré acompañado de Isaac.
Erben levantó la cabeza de golpe.
—Padre, ¡pero…!
—¡Cierra la boca!
En los eventos oficiales, generalmente acompañaba al líder de la familia el heredero, a menos que una situación especial impidiera su participación.
Si se veía a Isaac en el lugar del heredero mientras Erben estaba castigado en casa, podrían surgir rumores de cambios en el linaje de la familia. Su padre debía saber esto.
—Isaac no está preparado para eventos oficiales.
—No veo razón por la que no pueda simplemente acompañarme.
Erben contuvo una sonrisa irónica. Su padre no conocía ni a sus propios hijos. Fue él quien primero marginó a Isaac. No había puesto un buen maestro para su hermano desde que tenía quince años. O quizá lo sabía, pero le daba igual.
—Estás equivocado.
La tensión entre Belta y Erben era tan palpable que nadie se atrevía a intervenir. Isaac y los sirvientes contenían el aliento, incapaces de tomar partido entre Belta, el mejor caballero del reino, y Erben, quien había sostenido la familia desde joven.
Un golpe en la puerta rompió el silencio.
—Disculpe… —una joven criada que estaba barriendo el patio abrió la puerta con cautela—. La señorita Anastas ha llegado.
Esa noticia logró distender el ambiente por un momento. Isaac mostró una expresión de alivio al escuchar el nombre de Calliope.
Ni Erben ni los sirvientes esperaban su visita, y Belta miró a Isaac, quien dudó un instante antes de asentir. No había recibido una carta que anunciara la visita de su prometida.
—Bien, permítele pasar.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY