Capítulo 48
—Parece que tienes una expresión de decepción.
—En absoluto.
—¿Es una ilusión mía?
—Es una ilusión.
—Ya veo.
Los niños, tras mucho deliberar, llamaron al camarero y realizaron el pedido. Calliope se recostó contra el respaldo de la silla. Los niños y Riona mantenían una conversación constante, mientras Otis permanecía en silencio, sentado correctamente. Fue entonces cuando Riona, en medio de la conversación, llamó a Calliope con cautela.
—Disculpe, señorita del marquesado Anastas.
—Puedes llamarme solo señorita
—Ah, sí, señorita Anastas. Bueno, quería pedirle un favor, aunque tal vez sea atrevido de mi parte.
—Está bien, dime con confianza.
—¿Qué es?
Karolie también abrió los ojos con curiosidad. Riona dudó un poco, moviendo los labios, antes de hablar cuidadosamente.
—Me preguntaba si, tal vez, necesitaría un retrato. Si es así, ¿podría dejarme encargarme de ello?
—¿Un retrato?
—Sí. No es que sepa mucho, pero sé que las damas nobles suelen mandar hacer uno después de su debut.
Era cierto. Sin embargo, Karolie, con curiosidad, preguntó: —Pero Riona, tú eres una pintora de paisajes, ¿no?
—Sí, pero me gusta pintar personas. Nunca he tenido clientes para eso y los paisajes se venden mejor, así que no he tenido oportunidad de practicar.
—Si tienes alguno hecho, muéstramelo.
Karolie parecía segura de que su pintora también podría destacar en retratos; su rostro reflejaba entusiasmo. Sin embargo, Riona negó con tristeza.
—Mis padres siempre me dijeron que no pintara nada, que no generara dinero, así que no tengo nada hecho.
El rostro de Karolie se llenó de desconcierto.
—¿Por qué? Yo te mando suficiente dinero.
—Bueno, mis padres no tienen trabajo, y mi hermano tampoco. Les mando dinero para sus gastos, solo guardando lo mínimo para mis materiales, pero parece que aún les falta.
Karolie parpadeó varias veces sin saber qué decir. ¿Así que toda la familia dependía económicamente de una joven de diecisiete años? Para ella, era difícil de entender. Calliope, quien había estado escuchando en silencio, comentó con una expresión algo indiferente: —¿Están tus padres y tu hermano enfermos?
—Ah, bueno, mis padres tienen problemas de salud por los años que trabajaron, y mi hermano… le cuesta relacionarse con la gente.
—¿Qué edad tiene?
—Veintidós. —Calliope soltó una leve risa. Ahora entendía por qué esta pintora y su benefactora se habían distanciado en el pasado. Todo apuntaba a que el problema era el dinero. Era obvio: si la familia de Riona dependía de ella para todo, la situación podría tornarse insostenible.
Riona miró intensamente a Calliope, quien se reía.
—Bueno, encargar el retrato no será un problema.
Entonces, Otis, quien había estado en silencio todo este tiempo, intervino inesperadamente.
—Podría buscarle un trabajo.
—¿Un trabajo? —Riona dirigió su mirada hacia Otis.
—Si le cuesta relacionarse, puede hacer algo que no requiera interacción con la gente.
Una respuesta sensata. Calliope miró a Riona, quien, al escuchar esto, asintió con una sonrisa.
—Ah, eso estaría bien. Se lo preguntaré.
—Sí. Si tu hermano encuentra un trabajo, tendrás más libertad. Yo también veré si puedo aumentar tu apoyo económico, ahora que tu primera exposición ha sido un éxito.
—Oh, no es necesario, ya es suficiente.
—A mí me gusta que te concentres en pintar en tu taller, pero también quiero que explores y vivas experiencias; es bueno para los artistas.
Riona parecía no saber qué decir, con una expresión como si estuviera recibiendo bondad por primera vez.
—… Gracias.
Pronto llegó la comida y comenzaron a comer en un ambiente algo más calmado. Sin embargo, Karolie rompió el silencio con otro comentario, y poco a poco el ambiente se volvió más alegre. La espontánea joven tenía buena habilidad para manejar la situación en este tipo de momentos. Calliope, en silencio, se concentró en su comida mientras escuchaba las charlas animadas a su alrededor.
Calliope había decidido disuadir a Otis de intervenir con Riona, principalmente porque Karolie parecía tener un afecto especial hacia ella; incluso después de alcanzar la mayoría de edad, Karolie había intentado durante mucho tiempo recuperarla.
El segundo motivo era el futuro de esa mujer. La razón por la que Karolie no había podido recuperar a Riona al final no fue realmente el dinero. Fue más bien que esa joven se había retirado del mundo artístico demasiado pronto.
Sin saber por qué, Riona, quien había empezado a pintar bajo el patrocinio de la familia Gladiert, había alcanzado cierta fama, su estilo evolucionaba. Aunque siempre había sido buena, con colores oscuros y ásperos, estos se fueron volviendo más oscuros y deformes. Calliope pensaba que la razón de este cambio era el entorno hostil hacia las mujeres artistas.
«¿Habrá alguna otra razón detrás de eso?»
Era una historia que Calliope no podía comprender del todo en ese momento. Mientras recordaba el pasado, Otis observaba a Calliope en silencio, con una expresión pensativa. La duda que una vez había tenido volvía a surgir.
«¿En qué estará pensando tanto esta mujer?»
Los cinco terminaron de comer y salieron del restaurante. Karolie expresó su deseo de acompañar a Riona a su taller, y Otis sugirió que él, Kafir y Calliope volvieran en el carruaje de la familia Gladiert. Calliope, que estaba sentada en el carruaje junto a Otis, hizo una pregunta inesperada justo cuando el vehículo se sacudió por tercera vez al pasar sobre una piedra.
—¿Tienes tiempo la próxima semana?
—¿Perdón?
—¿Qué?
La pregunta iba dirigida a Otis, pero incluso Kafir, sentado al lado, reaccionó. Calliope levantó una ceja y los miró a ambos.
—Bueno, tengo tiempo, sí.
Aunque tendría que revisar su agenda al volver a casa, Otis respondió instintivamente y desvió la mirada.
—Quisiera pedirte un favor.
—¿Qué clase de favor?
—Ven conmigo a un lugar.
—¿A dónde?
—Lo sabrás al llegar. No será algo malo para ti.
Sentada en el asiento del carruaje, Calliope sonrió suavemente. Otis, tras un momento de duda, asintió, mientras Kafir, a su lado, los observaba alternativamente, con una expresión de haber presenciado algo sospechoso.
***
Calliope, tras terminar la clase con Bellona, se secó el sudor de la frente y trató de recuperar el aliento. Bellona, que estaba a su lado, dijo mientras le pasaba al sirviente la espada de madera que habían usado.
—Tienes más talento de lo que pensaba.
—Suenas como Dora —respondió Calliope, que al fin había recuperado el aliento y sonreía mientras se volvía a recoger el cabello despeinado. Bellona, al oír la mención de su vieja amiga, sonrió de igual modo y se acercó a su lado.
—¿Ella te dijo eso?
—Sí, también dijo que no soy una genio.
—Bueno, no eres una genio, eso es cierto.
—¡Vaya! Se nota que son amigas, dicen lo mismo —contestó Calliope con una sonrisa. Bellona solo respondió con una risa. Calliope le preguntó la hora a Susan y se dio cuenta de que también ella debía irse preparando para salir.
Después de despedir a Bellona, Calliope regresó a su habitación. Tras darse un baño, se puso un vestido sencillo y le preguntó a Susan.
—¿Dónde está Jack?
—Andará haciendo lo que usted le pidió, señorita. Lleva varios días en eso.
—Perfecto.
Calliope tomó el cepillo de las manos de Susan y empezó a peinarse mientras tarareaba alegremente. Susan, que sabía de antemano lo que Calliope planeaba hacer con el joven de la casa Gladiert, sintió incluso un leve terror al ver lo divertida que estaba su señorita. Si hacer trizas a alguien podía considerarse un talento, Calliope ciertamente lo poseía.
«Bueno, si no es algo malo, supongo que estará bien, ¿no?»
La joven doncella suspiró mientras tomaba el abrigo de Calliope para alistarlo.
***
Jack, con un bigote falso y el sombrero calado hasta el fondo, suspiraba en un casino ilegal escondido en algún rincón de la capital. Aunque estaba allí por órdenes de su señorita, sabía que no tenía talento para este tipo de cosas. Sin embargo, no podía dejar que ella misma se sentara entre esos tipos que solo tenían como mérito su linaje noble. No había más opción que ocuparse él mismo.
—¡Veinte de oro al tres!
—Eh, ¿no estás arriesgando mucho, amigo?
Al ver a Jack, que se comportaba como un noble que no sabía nada de apuestas, los hombres curtidos a su alrededor se rieron y lo animaron. Jack se limitó a sonreír de lado y enrolló dos pedazos de papel que servían de fichas, colocándolos en sus orejas y golpeando la mesa.
—¡Un hombre de verdad, no duda!
Hombres sin dudas se habían arruinado en estos lugares, perdiendo desde sus casas hasta los tesoros familiares, y desapareciendo del mundo. Jack, aunque carecía de talento para estas cosas, sabía cómo esforzarse: se dejó caer en la silla, cruzó una pierna y sacó un cigarrillo de su bolsillo.
En realidad, era una hierba que había preparado para que pareciera un cigarrillo. Aunque él no sabía fumar, pensaba que cualquier jugador debía tener cigarrillos, alcohol o drogas, así que llevaba el accesorio para lograr la actuación perfecta.
—¡A girar!
El tablero giró y la bolita de metal empezó a rebotar haciendo pequeños ruidos mientras rodaba por la superficie. Todos los hombres reunidos estiraron el cuello, observando con ansiedad dónde se detendría. Jack también tenía los ojos fijos, inyectados en sangre. Aunque el dinero no era suyo, sino de su señorita, mejor ganar que perder.
—¿Eh?
—¡El tres, es el tres!
El empleado del casino gritó, y Jack, sin darse cuenta, se levantó de un salto y alzó los brazos en alto.
—¿Cuánto es la ganancia?
—Es el triple.
Los que habían perdido fruncieron el ceño y chasquearon la lengua, pero a Jack le daba igual. Se subió a la mesa y empezó a bailar, pensando. ¿Acaso tenía más talento para el juego del que pensaba? Resultaba cómico verlo así, recordando cómo insistía en que no servía para estas cosas.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY