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Capítulo 34

{ Él se quedó en silencio por un momento, con una expresión indescifrable en su rostro. Finalmente, abrió la boca.

—Al principio, sí.

Su respuesta fue como una ola que se levanta en un lago tranquilo. Calliope, que conocía bien cómo era su personalidad, esperó pacientemente sus siguientes palabras.

—Ahora… Simplemente quiero tenerte a ti, como persona, quiero hacerme responsable de ti.

Calliope observó con atención cómo se movían sus labios.

—Aunque sea egoísta, quiero pensar que solo yo puedo ser responsable de ti.

Los ojos de ella brillaban como luces. Sus palabras la hicieron sonreír como si fuera la persona más feliz del mundo. Pensó que él lo entendería sin necesidad de que ella respondiera. Pero ahora, pensándolo bien, se arrepentía de no haber hablado en ese momento. }

—Yo también quería hacerlo… —en ese momento, ella deseaba que su propia voz sonara tan similar a la de él.— Yo también deseaba ser la única persona que pudiera ser responsable de ti.

En esta vida, quería recuperar todo lo que no pudo lograr en la anterior, quería hacer realidad todo lo que le había faltado. Quería crear un lugar para ella, salir de ese pozo llamado familia y cambiar el destino que finalmente le quitaría la vida.

—Dar lo mejor de mí hasta el día de mi muerte, eso es lo que yo llamo responsabilidad.

« El significado de “responsabilidad”que conozco me lo enseñaste tú. »

Calliope miró la sábana blanca y susurró en voz baja para sí misma. 

« Aunque al final no pudiste hacerte responsable de mí, yo todavía quiero hacerlo de ti. Así que solo tienes que seguir el camino que he trazado por nosotros. »

Él le había hecho daño. Un daño terrible. Por eso, pensó que estaba bien jugar con él de esta manera y se volvió a tapar con las sábanas. Incluso con los ojos cerrados, podía verlo. Porque tenía grabada en su mente la imagen de sus ojos.

* * *

Abrió los ojos. Sintió la luz. Un brillo cálido como el sol del mediodía, pero con un tinte azul como el amanecer. Frente a la ventana de cristal por la que se filtraba la luz, las blancas cortinas ondeaban y la sábana blanca envolvía su cuerpo. Calliope, tumbada en la cama, frotó su cuerpo contra la tela suave y levantó la vista hacia el brazo que la envolvía. Los ojos con los que se encuentró de inmediato eran de un color blanco.

—Isaac. —Calliope lo llamó con una sonrisa. La mirada de él, sin rastro alguno de alegría, no se había apartado de ella desde el momento en que abrió los ojos. Y en el momento en que sus miradas se encontraron, ella supo que esto era un sueño. Que él había dejado su lado hace mucho tiempo y que ella estaba luchando por recuperarlo.

En el pasado, él era su realidad simplemente por existir, pero ahora que se había ido, se había convertido en algo tan etéreo como un sueño. Calliope apoyó su cabeza en el brazo de él sin intentar despertar del sueño, frotando su frente contra él.

—He tenido un sueño.

—¿Qué tipo de sueño?

—Fue una pesadilla.

—¿No quieres contármelo con detalle?

—Por favor.

Al escuchar la respuesta de Calliope, Isaac la apretó más contra él con sus brazos. A pesar de ser un sueño, cuando sus cuerpos se juntaban sin espacio entre ellos, el sonido de sus corazones palpitantes podía escucharse. Calliope, sintiendo su pelo blanco enredarse en el pecho de él, dijo: —Sucedió algo que no pude superar. Tenía miedo y me hundí en lo más profundo de un hueco.

Calliope, la ingenua que no pudo superar su muerte y se paró en la cima del campanario. Se recriminó a sí misma. Recuerda cómo se derrumbó por completo ante el hecho de que él había desaparecido de este mundo, más que por el hecho de que él la había traicionado. Si la hubiera traicionado pero hubiera seguido respirando y viviendo en este mundo, no habría elegido esto.

Sus ojos, su voz, su vida, su todo. Él, que era su todo, ha desaparecido de este mundo, así que para ella lo correcto era también desaparecer con él.

Él guardó silencio como si leyera las emociones que se arremolinan en sus ojos, y luego abrió lentamente los labios.

—No tengas miedo, estés donde estés, ni siquiera en tus sueños.

—¿Por qué?

Isaac entrecerró los ojos mientras la miraba. Sus miradas se encontraron. Calliope sabía lo que iba a decir a continuación. Con una voz susurrante como una telaraña tejida al amanecer, él dijo: —Porque yo estaré contigo donde quiera que vayas.

Calliope sonrió involuntariamente ante su respuesta. Sí, habías dicho eso anteriormente. ¿Cómo había respondido ella en ese momento? Calliope sintió una gota tibia correr sus ojos.

—Mentira. —su vista se nubló con las lágrimas y no pudo ver su expresión.— Eso es mentira.

Y en ese momento, su vista cambió. Calliope parpadeó lentamente. Las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos se derramaron y, ante ella, en lugar de ver su piel pálida, se extendía una sala dorada que deslumbraba su vista.

Calliope giró la cabeza hacia la izquierda y luego hacia la derecha antes de darse cuenta de dónde estaba. La sala del castillo real, la lujosa sala que se abre solo para las fiestas más grandiosas. Los nobles que la rodeaban la miraban y se reían, cubriéndose la boca con sus abanicos. Algunos le lanzaban miradas de lástima, llenos de pena.

Ella miró al frente. Lo vió de espaldas. Era la espalda de él, apoyado sobre una rodilla ante la hermosa sacerdotisa de cabello rojo.

—Yo, Isaac Esteban.

Calíope susurró sin secarse las lágrimas.

—No lo hagas.

—Retiro el juramento de caballero que le hice a Calliope Anastas.

—No digas eso.

—Y solicitó ofrecerme como caballero a la sacerdotisa, Clementia.

No podía ver su rostro. Solo los ojos de la sacerdotisa, llenos de compasión y culpa, se dirigieron hacia ella. Calliope había huido de ese lugar. Incapaz de soportar las burlas de los demás y la voz de él negándola, salió de la sala, derrotada. Sin embargo, Calliope, que sabía que esto era un sueño, no pudo contener sus labios temblorosos y gritó en ese mismo lugar.

Su grito resonó en la sala, que no era más que una ilusión. Ella sollozó y lloró. Si se iba Isaac, morirá. Y ella también moriría. Él no lo sabía, pero ocurrirá de esa manera.

—Dime que es un sueño…. —suplicó con voz débil después de gritar— Dime que todo eso fue un sueño.

Ty:

Pero no hubo respuesta.

—Dime que es falso que me dejaste, que te perdí, que me perdí a mí misma.

Y así, ella abrió los ojos.

La cama estaba empapada de sudor frío. Sus ojos y mejillas estaban pegajosas por las lágrimas. Calliope respiró con dificultad, mirando el techo teñido de azul por el amanecer que aún no había llegado. Su cabeza palpitaba y un lado de su pecho le dolía tanto que no podía dejar de llorar. Calliope se giró hacia la izquierda y se arañó el pecho con las uñas. La piel se enrojeció y la sangre brotó como pequeñas manchas rojas.

Ella jadeó, hundiendo su rostro en las sábanas. El sueño no era un sueño, y este dolor era tan real. Se retorció en silencio, abrumada por la realidad de que su la ausencia de él era permanente.

Calliope pasó el amanecer entre el dolor y las lágrimas. Al ver el sol salir por la ventana, se levantó de la cama y caminó como tanteando por el suelo hasta llegar al espejo. Su rostro, lleno de tristeza, añoranza, resentimiento y dolor, estaba plagado de una profunda desesperación. Se paró frente al espejo y se obligó a levantar las comisuras de sus labios. La vista era horrible.

—Estoy bien.

Aunque su ser se desmoronaba cada día por su ausencia, también era consciente de que no podía permitirse derrumbarse. Ella era la mujer que había viajado en el tiempo para reclamarlo como suyo. Calliope se levantó la comisura de la boca deformada con sus dedo, formando una sonrisa y se dijo a sí misma: —Estoy bien.

Tenía que estar bien. Calliope giró la cabeza hacia la luz del sol que brillaba a sus espaldas. Recibiendo la luz blanca cegadora, Calliope sonrió una vez más. No había rastro de deformidad en su sonrisa, era completamente hermosa.

Calliope sonreía como si no tuviera ningún problema y vivía días tranquilos. No negaba el efecto que había tenido esa noche en ella, pero no tenía tiempo para hundirse en eso.

Tomó clases con sus maestros, aumentó su tiempo de entrenamiento de esgrima, pasó tiempo con los niños y ocasionalmente visitaba a Dieter Anastas. Su salud se deterioraba visiblemente, pero Dlorean, con malicia en sus ojos, interpretaba el papel de una criada fiel sin pestañear.

—El Marqués te llama. —a la voz del mayordomo, Calliope, que estaba sentada en su habitación, se levantó de su asiento con determinación. Para los demás, eran solo días de paz, pero en realidad, los nervios de Calliope estaban más presentes que nunca.

Pensó que se acercaba el momento de su compromiso, ya que se había adelantado el tiempo para que ella entablará amistad con otras jóvenes nobles. Incluso en el pasado, la propuesta de compromiso llegó poco después de su primer té.

Calliope siguió al mayordomo y llegó al estudio de Ilan. Al abrir la puerta del estudio, vio al hombre, como sacado de un cuadro, trabajando en la misma posición.

—La señorita Calliope ha llegado.

Respirando hondo, entró en el estudio. Solo había una razón por la que la llamarían tan repentinamente en ese momento.

—Te llamé porque tengo algo que decirte.

Calliope apretó con fuerza sus manos que había juntado frente a sus muslos.

—Puedes decirlo.

Ilan apartó la vista de los papeles y miró a su hija con rostro frío. Ella concentró toda su atención en las palabras que su padre estaba a punto de pronunciar. Sabía lo que iba a decir. Las palabras que había estado esperando durante tanto tiempo.

—Se trata de tu compromiso.

Finalmente, el anuncio de que podría volver a verlo.

Una llama ardió en el corazón de Calliope. Mordió ligeramente la carne dentro de su boca y endureció su expresión.

El hombre de Calliope. Su prometido, Isaac Esteban, era el segundo hijo del Conde Esteban, chambelán del Rey y jefe de la Orden de Caballeros Reales. La familia del Marqués Anastas había mantenido una postura neutral durante mucho tiempo, pero desde la muerte de la pareja anterior del Marqués y la toma del control de la familia por parte de Dieter Anastas, se habían acercado a la facción noble.

Desafortunadamente, la facción noble estaba ahora muy debilitada. Esto se debía a las políticas opresivas del rey actual, que exprimía a la gente hasta los huesos.

Al principio, la oposición fue feroz. Sin embargo, aunque no era la cabeza del dragón, sí era la cola, y comenzó a investigar en secreto la corrupción de los nobles que se rebelaban en contra de su reinado y castigarlos uno por uno, llegando a la situación actual. El problema era Dieter, que se había dejado arrastrar por lo que decía la facción noble en ese momento.


RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MAR
CORRECCIÓN: TY


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¿Te has cansado?


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