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Capítulo 23

—Con sus palabras es más que suficiente. Recientemente he comenzado a estudiar medicina, y como mi padre ha prometido encontrarme un buen maestro, no creo que tenga que salir de la mansión en un tiempo. Lamento no poder acompañarle.    

«Llegados a este punto, cualquiera podría confundirse y pensar que los rumores sobre el conflicto entre mi padre y yo son falsos. Como no he mentido, si investigan, solo oirán que el Duque ha estado en contacto con el Conde de Rodiahim».

—Qué lástima. Por cierto, creo que el próximo Duque debería ser el hijo heredero. Sería bueno que entendieras mis intenciones.

El Primer Príncipe desapareció después de arrojarme esas palabras, sabiendo que me incomodarían.

«Justo como esperaba».

Verificó si los rumores sobre mi personalidad eran ciertos y luego me eligió como pieza de ajedrez para sacudir a la casa ducal de Verten. En otras palabras, él es el cerebro detrás de la manipulación que, en la historia original, llevó a la muerte de Irene. La razón es simple: evitar que nuestra familia apoye al Segundo Príncipe.

Si no hubiera recordado mi vida pasada, sus palabras me habrían sacudido, me habría visto envuelto en sus planes y, finalmente, me habría convertido en su marioneta. Así habría seguido el guión original.

«Quizás incluso el Quinto Príncipe fue arrastrado por sus maquinaciones…».

Y tal vez la causa fui yo.

—Su Alteza.

—¿Hmm?

—¿Por qué el primer Príncipe dijo que podía visitarlo a cualquier hora, sin importar el momento? Sería impropio presentarse de noche.

El Quinto Príncipe es inocente, pero no tonto. Si le señalo una vez más lo que pasó por alto, lo entenderá.

Como era de esperar, antes de que terminara de hablar, su rostro se tensó y respondió con voz seria:

—Faye, sería mejor que mantuvieras cierta distancia con nuestro hermano mayor. Si te llama en privado, avísame de inmediato.

Asentí con inocencia, como si no entendiera nada, añadiendo una expresión de “lo haré porque tú lo dices, aunque no sepa por qué”.

Gracias a esto, el Quinto Príncipe desconfiará del Primero. Y cuando se anuncie el compromiso entre el Segundo Príncipe e Irene, es más probable que se alinee con ellos. Preferiría que la hermana de la persona que ama se convierta en emperatriz antes que el hermano que lo persigue.

«Así que el Quinto Príncipe no morirá a manos del protagonista. Perfecto».

Satisfecho, tomé un sorbo de té que ya se había enfriado.

—Faye… No lo tomes a la ligera. Debes recordar mis palabras, ¿entendido?

«Ah, demonios. ¿Parecía demasiado indiferente?».

—Por supuesto. Ah, mira, Ruwen está de vuelta.

Justo en ese momento, Ruwen regresó con un gran canasto lleno de peonías, las flores favoritas de Irene.

«Las peonías…».

Antes, el jardín de nuestra mansión estaba lleno de rosas, pero al año siguiente de su llegada, las peonías lo cubrieron por completo. Su aroma, similar al de las rosas, a veces me confundía.

«Bueno, da igual. Son cosas del pasado. Ya no me confundo».

Aun así, al recordarlo, me entraron ganas de té de rosas. Mi madre solía preparármelo cuando era pequeño, pero desde su muerte, no lo he probado.

—¡Joven Maestro!

Ruwen se acercó con una sonrisa más radiante que las propias peonías, balanceando el canasto lleno de flores.

—Cuántas peonías. A mi hermana le encantarán.

«Esa expresión de orgullo… Parece que ya se imagina recibiendo elogios de Irene por el regalo».

¿No cortó ninguna para mí?

Miré el canasto, pero no había otras flores. Aunque podía tomar las que quisiera del invernadero, me sentí un poco decepcionado.

—Su Alteza, ¿podría darme algunas rosas?

—Claro. Ven, toma las que quieras.

El Quinto Príncipe, animado, se levantó para guiarme.

«Le pediré a Merin que seque los pétalos para hacer té».

Mientras regresábamos a la mansión, Ruwen abrazaba las peonías como si fueran joyas preciosas. Yo, sentado frente a él, observé cómo se preocupaba de que los pétalos no cayeran por el movimiento del carruaje.

«No sé por qué, pero verlo tan emocionado por Irene me pone de mal humor».

Incluso me empezó a doler la cabeza. Ruwen, absorto en sus pensamientos, ni siquiera notó mi cambio de humor.

«¿Qué esperaba de un niño?».

Una sonrisa autocrítica apareció en mis labios.

✧—————-➣

Al llegar a la mansión, Ruwen preguntó ansioso:

—¡Joven maestro! ¿Cómo hago para que las flores no se marchiten antes de que la señorita regrese?

—¿Qué tal si las pones en un jarrón y las decoras en su habitación?

«Infantil, mezquino y egoísta… Si hubiera cortado aunque fuera una flor para mí, no estaría así».

Normalmente, no me comportaría de manera tan caprichosa, pero hoy no estaba de humor.

—¿Así no se marchitarán?

Ruwen, inocente, no sospechaba nada.

«Que se pudra la culpa. Nunca he sido una buena persona».

—Las flores necesitan agua para mantenerse frescas.

—¡Entonces haré eso!

Su alegría era contagiosa, pero mi humor seguía decayendo.

«El Primer Príncipe, el Quinto Príncipe, mi padre, mis madres de esta vida y la pasada… Todo me molesta».

Al llegar a mi habitación, le di las rosas a Merin, dejé a Ruwen con ella y me acosté. El dolor de cabeza empeoró.

«Podría preparar una infusión de hierbas, pero me da pereza».

De pronto, escuché que la puerta se abría. Un aroma a peonías inundó la habitación.

«¿Ruwen?».

El niño entró con un ramo de peonías atado con una cinta morada, torpemente dispuesto pero lleno de cariño.

—¿Ya se va a dormir, Joven Maestro?

—Solo estaba descansando. ¿Es un regalo para mi hermana? Es hermoso.

La cara de Ruwen asomó entre las flores.

—A la señorita le puse las flores en un jarrón en su habitación. ¡Estas son para usted!

Extendió sus brazos, y el aroma de las peonías me envolvió.

—¿Para mí?

—¡Sí! Si no le gustan…

—¡No, me encantan!

Tomé el ramo con ambas manos.

«¿Las peonías siempre fueron tan bonitas?».

Al enterrar mi rostro en ellas, vi a Ruwen mirándome con orgullo.

«También había una parte para mí… No todo era para Irene».

—Son las flores favoritas de la señorita, pero su aroma me recordó a usted. Por eso corté muchas.

—¿En serio?

Ruwen jugueteó con sus manos.

—¡Sí! Aunque luego supe que hay otras flores con un aroma más parecido, pero ya no fui a buscarlas.

No podía evitar sonreír. Con cuidado, dejé el ramo en la mesita y levanté a Ruwen en el aire.

—¡Gracias, Ruwen! Estoy muy feliz, de verdad.

Lo abracé con fuerza.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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