Capítulo 15
«Uf… En ese entonces, odiaba mostrar debilidad ante los demás. Temía que llegara a oídos de mi padre, así que tenía ataques de ira…».
—Merin.
—Sí, señorito.
—Sobre la cicatriz… conozco unas hierbas medicinales buenas. Prepararlas no es tan difícil. Sabes que he estado estudiando últimamente, ¿verdad? Quiero probar a hacerlas, para ver si son efectivas.
—¿Quiere usarme como conejillo de Indias?
—…Merin. Pensé que eras más astuta.
Ante mi reproche, Merin sonrió con elegancia y se tocó la frente. «Ya lo había deducido. Esta zorra de Merin…».
—En aquel entonces… lo siento.
Merin me miró fijamente un momento y luego preguntó de repente:
—¿Puedo ser completamente sincera?
—Eh… me da un poco de miedo, pero adelante.
Cuando nuestros ojos se encontraron, sentí el impulso de apartar la mirada. Había algo raro en su expresión. Me miraba de una manera que… me hacía cosquillas en el alma.
—Hay una razón por la que le he servido durante cinco años, señorito.
—¿Cuál?
—Porque es hermoso. Veo mucho su rostro, y ver a alguien hermoso siempre alegra el ánimo, ¿no?
«Qué gusto más peculiar. En el pasado, siempre estaba furioso, así que no podía parecer “hermoso”». Ahora solo sonrío para causar buena impresión en Ruwen, pero bueno, al menos así soy más tolerable.
Merin continuó, manteniendo un tono sereno:
—Cuanto más tiempo pasé a su lado, más noté que odiaba mostrar debilidad. Aun así, quería ganarme su reconocimiento, así que insistí sin importar nada. Todo fue mi elección.
«Como siempre, Merin es perspicaz». Había notado la soledad que yo intentaba ocultar desesperadamente en el pasado. Me quedé escuchando su voz suave.
—Por eso, siempre pensé que las heridas eran culpa mía. La verdad, ya las había olvidado, pero… la vida da muchas vueltas. Ahora no solo recibo una disculpa, sino también un regalo medicinal. Al escuchar su disculpa, me di cuenta de algo: en el fondo, me dolió mucho. Porque ahora me siento tan feliz.
—Hace mucho que pienso que eres increíblemente competente, Merin. Llevas años teniendo mi reconocimiento.
—Lo sé.
Su respuesta segura me dejó sin palabras. Había querido alegrarla un poco, pero solo conseguí avergonzarme. «Maldita sea».
—…Pues, si lo sabes, cuídame bien en el futuro también.
—Por supuesto. Puede contar conmigo. Por cierto, ¿qué hacemos con Ruwen? ¿Lo llevo a su habitación?
—No. A partir de hoy, dormirá en mi cuarto. No quiero mandarlo de vuelta al sótano.
Además, le pedí que preparara ropa limpia para Ruwen, perfumada con mi misma esencia de rosas.
—Entendido.
Merin asintió y recuperó su expresión habitual, aunque con una leve sonrisa que no solía tener.
—Entonces asumiré que Ruwen se quedará en su habitación de ahora en adelante y actuaré en consecuencia.
—Sí.
«Merin es confiable». Aunque yo no estuviera, Ruwen podría descansar en mi habitación. Ella entendería mis intenciones y lo permitiría.
Poco después de que Merin se retirara, Ruwen murmuró entre sueños:
—Mmm…
Se frotó los ojos con el dorso de la mano y frunció el ceño. Luego, giró la cabeza de un lado a otro y, al darse cuenta de que no estaba en su habitación, abrió los ojos con fuerza. Claro que pronto volvieron a cerrarse, somnolientos.
«Ruwen, adormilado, es el doble de adorable que de costumbre». Sus mejillas parecían tan suaves como un pastel de arroz, tentadoras de pellizcar.
Conteniendo el impulso, lo llamé:
—Ruwen.
—Sííí…
«¡Hasta el arrastre de su voz es tierno!». Me moría de ganas de morderlo.
—¿Recuerdas que dije que tenía algo que pedirte después de cenar?
—Sííí… Pero, ¿podría ser mañana? ¡Bostezoo!… Estoy tan dormido que no podría… hacerlo… bien…
—Tiene que ser ahora.
Como no le dije de qué se trataba, sus mejillas se hincharon como panecillos y su labio inferior sobresalió. «¡Qué berrinche!».
—No es nada difícil. Solo quiero que calientes mi cama. Como es invierno, hace frío al meterse bajo las sábanas.
En realidad, Merin solía hacerlo con herramientas, pero Ruwen, al no saberlo, caería en mi trampa.
—…¿Cómo se hace?
—Tú eres cálido, ¿no? Métete y quédate un rato bajo las cobijas.
—Creo que me quedaré dormido…
—No importa. Te despertaré cuando tenga sueño. Entonces podrás irte.
«Por supuesto, no pienso despertarlo». Solo era una excusa para que no se negara.
Ruwen miró mi cama dubitativo y, finalmente, bajó tambaleándose de la silla. Me preocupé y lo seguí disimuladamente.
El niño se subió a la cama y abrió los ojos como platos. «¿Le gusta?». Bueno, no es como si la cama de su cuarto en el sótano fuera cómoda. Seguro era dura, de madera.
—Si te metes bajo las cobijas, entrarás en calor.
Levanté la manta blanca y lo coloqué dentro, arropándolo hasta el cuello. Ruwen la agarró con sus manitas y hundió la nariz en ella.
—Huele a usted, señorito. Es un olor agradable, me hace sentir bieeen…
«¡Vaya, es la primera vez que veo a alguien quedarse dormido a mitad de frase!». El entrenamiento de esgrima de hoy debió agotarlo. A esta hora, normalmente estaría lleno de energía.
Acaricié su cabeza con cuidado mientras respiraba profundamente.
—Duerme bien. Que tengas dulces sueños.
Por si acaso se despertaba, bajé la luz y me senté sigilosamente en el escritorio a leer.
El tiempo pasó en calma. Hacia las dos de la madrugada, un sirviente repuso leña en la chimenea, pero no ocurrió nada más. Lo único complicado era mi mente.
La verdadera razón por la que estudié medicina fue por la guerra. Si no podía evitarla, Ruwen, con su habilidad con la espada, sería reclutado sin duda. Eso significaría que terminaría en el campo de batalla.
Por eso, estudié medicina para enlistarme como médico militar. Los puestos médicos se ubican en la retaguardia, lo más seguro, y además podría monitorear el estado de Ruwen.
«Y también sería más fácil escabullirme».
Me toqué el pelo plateado y corto. «Deberé dejármelo crecer. Así será más fácil disfrazarme». Lo ideal sería no tener que actuar, pero si es necesario, lo haré.
Mientras organizaba, ajustaba y reflexionaba sobre mis planes, la noche se hizo más profunda. Mi insomnio crónico hacía que mis noches fueran más largas que las de los demás. Odio quedarme acostado sin dormir, así que cuando mis ojos empezaron a arder y mi mente a entumecerse, me levanté de la silla.
Contemplé una vez más a Ruwen durmiendo profundamente y rodeé la cama para acostarme en el otro lado. Era lo suficientemente amplia como para que hubiera espacio para dos personas más entre nosotros.
«Bajo las sábanas hacía un frío que erizaba la piel». Me hizo añorar las mantas eléctricas.
«Quizá debería construir una casa de invierno con sistema de calefacción. Así no pasaríamos frío…».
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—¡¡Aaah!!
Un grito repentino me hizo abrir los ojos de golpe. Seguido de un ruido estruendoso, la manta que me cubría se deslizó hacia abajo.
—Ay, ay, ay…
Me incorporé sobresaltado y vi a Ruwen en el suelo. La manta, enredada en sus pies, terminó cubriendo su pequeño cuerpo por completo.
—Pfft.
La imagen de la manta retorciéndose, con quejidos intermitentes saliendo de dentro, me arrancó una risa involuntaria. Finalmente, un cachorrito asomó la cabeza.
—No se ría… tsss.
Con el rostro enrojecido y el labio inferior protuberante, Ruwen golpeó la manta… o más bien intentó ordenarla. Como no podía levantarla toda, forcejeó para arrastrarla de vuelta a la cama.
—No sabía que eras tan torpe. Hasta te caes de la cama.
«El Ruwen adulto es serio y precavido. ¡Qué curioso y adorable que de pequeño se cayera así!».
—¡Por culpa suya!
—¿Mía?
—¡Me desperté y estaba acostado a su lado…!
—Es mi cama, es obvio que estaría aquí.
—Grr… Pero, pero… ¡Dijo que me despertaría! Mentiroso. ¿No lo hizo a propósito para burlarse?
«¿Se pone más rebelde por la vergüenza?». El hoyuelo en su barbilla era tan lindo que quise frotarlo con el pulgar. Aunque a él no le gustaría.
—Es cierto que no te desperté a propósito.
Mientras lo ayudaba con la manta, lo miré de reojo y, al ver que se preparaba para protestar, me apresuré a añadir:
—Resulta que estar con alguien es más agradable de lo que pensaba. Por eso no te desperté.
Ruwen tembló de los labios y luego los apretó con fuerza.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
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