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Capítulo 11

Parece que antes tenías algo que decir, ¿y era esto? Dedrick es quien mejor sabe lo mucho que odio a Irene.

—Sí, bueno. Ya me reconcilié con ella, y para mí, Ruwen es un niño especial.   

—Eso se notaba, pero…

—Enséñale bien. Que no adquiera malos hábitos. No quiero que Ruwen salga lastimado.

—¿Y qué harás si ese pequeño decide ir con la Duquesa? Si la relación entre la Duquesa y el joven maestro se rompe de nuevo… La espada del niño podría apuntarte algún día.

«Menudas preocupaciones… Aunque es comprensible, dado que no conoce toda la situación».

Explicarlo todo me daba pereza, así que murmuré en un tono ligero, como para que cualquiera supiera que era una broma:

—No es para tanto. Si pasa, me limitaré a morir.

—¡Faye!

Al alzar la voz Dedrick, la postura de Ruwen se desequilibró. Por poco el niño cae al suelo, así que le di una patada en la espinilla.

—Cállate y préstale atención a Ruwen. Casi se cae.

—¿Está bien tu pie, joven maestro? Debe dolerle bastante.

«Irónico que quien recibe el golpe se preocupe por mí».

Además, aunque no lo demostré, sí que me dolía…

«¿Por qué demonios llevaba una protección de cuero perfectamente ajustada al venir a la mansión ducal?».

—Si te preocupa mi pie, la próxima vez no traigas protección.

—Qué tontería… No, espera. ¿Qué clase de comentario es ese? ¿Cómo puedes hablar de morir con tanta facilidad?

—Era una broma, no exageres. ¿Por qué iba a morir?

«Pase lo que pase, me aferraré a la vida. Aunque tenga que arrastrarme por el suelo o hundirme en el fango, sobreviviré». Siempre he sido alguien obsesionado con vivir.

Aun así, Dedrick me miró fijamente con ojos llenos de sospecha.

«Este tipo… ¿No debería estar mirando a Ruwen? Si se lastima por su culpa, ¿asumirá la responsabilidad?».

Le agarré la barbilla y le giré la cabeza a la fuerza. Sus ojos marrones, que parecían clavados en mí, se dirigieron hacia Ruwen, y entonces solté mi mano.

—Aféitate mejor. Pica.

—Joven maestro.

—¿Por qué me miras otra vez?

—Me das pena.

—¿Crees que no me doy cuenta de tu lástima?

Respondí irritado, y Dedrick, como si algo le resultara gracioso, soltó una carcajada y me despeinó sin piedad, igual que había hecho con Ruwen.

—Ya van siete años desde que nos conocimos, ¿no? Desde el principio, no parecías un niño. Tu expresión, tu mirada, tu forma de pensar… A tan temprana edad, ya estabas lleno de cicatrices, a la defensiva, insultando y gritando. A mí me sonaba como si estuvieras llorando para que alguien te prestara atención.

—Nunca lloré.

«Al menos no frente a nadie».

Era alguien que, si le quitabas el orgullo, no le quedaba nada.

—Cierto. Solo era mi impresión. ¿Te he contado que tengo un sobrino de tu edad?

—Muchas veces. Incluso dijiste que me lo presentarías. Ya te dije que no me interesa, ¿no vas a insistir de nuevo, verdad?

—Ahora ya no creo que sea necesario.

Dedrick caminó lentamente hacia el arsenal, sacó una espada de madera y me la lanzó.

¡Clack!

La espada se clavó cerca de mi pie, vibrando un momento antes de quedarse quieta.

«¿Y qué se supone que haga con esto?».

—Joven maestro, ¿qué tal si calentamos un poco?

Estaba a punto de rechazarlo tajantemente, pero al final tomé la espada. Recordar mi vida pasada hacía que el tiempo desde la última vez que sostuve una espada pareciera una eternidad. Aunque no tengo talento ni interés por la espada, al menos podría ser un escudo temporal para protegerme.

Además, hacía frío. Estar quieto solo moviendo los labios era incómodo, y quería moverme un poco.

—¿En serio?

«¿Acaba de lanzarla sin pensar?».

Su cara de sorpresa me resultó absurdamente satisfactoria.

—No podré durar mucho.

—Eso lo sé mejor que tú.

Dedrick sacó otra espada de madera y, con una sonrisa, movió los dedos.

«Vaya, ese gesto no ha cambiado».

Los recuerdos de cuando era un niño arrogante me invadieron. Pero ahora soy un adulto, no un crío que se lanza impulsivamente. Aunque tampoco es que vea una apertura clara… Bueno, no es que no haya ninguna. Dedrick dejó su hombro izquierdo expuesto, invitándome a atacar.

Hice como él esperaba: fingí apuntar a su hombro izquierdo, pero luego cambié la dirección de la espada. Sentí la resistencia del aire y mis músculos ardieron.

«Qué cuerpo más inútil». Aun así, me satisfizo poder apuntar con precisión.

¡Whoosh!

La espada de Dedrick cayó sobre la mía desde arriba.

Justo antes del impacto, incliné la hoja para desviar el golpe y avancé. La fricción entre las espadas resonó en mi muñeca. Aunque había desviado la mayor parte de la fuerza, tuve que apretar los dientes por la intensidad. Y eso que él se estaba conteniendo.

Dedrick me había enseñado a fluir con la espada: cómo desviar fuerzas que no podía bloquear y contraatacar. Era un estilo que permitía lograr mucho con poco esfuerzo.

Lo odiaba porque se alejaba mil pasos de la ortodoxia que mi padre perseguía. Y también odiaba admitir que, si aprendía espada, este era el único camino. Peor aún, saber que mi falta de resistencia me impedía mantenerlo, por mucho tiempo me sumió en la desesperación.

«Sí, la espada era la prueba de que mi vida era un fracaso».

¡Crack!  

Con un sonido sordo, mi espada de madera salió volando hacia el cielo. En apenas unos intercambios, ya estaba sin aliento. Mi brazo temblaba por el impacto, y la muñeca me hormigueaba.

En cambio, Dedrick ni siquiera jadeaba. Aplaudió con una sonrisa, sin una gota de sudor.

«¿En serio me está tomando el pelo?».

—Como siempre, eres ágil y elegante. Es arte puro.

—…De verdad que dan ganas de golpearte.

—En serio. El pequeño no podía apartar los ojos de ti.

Dedrick, descarado, apoyó el brazo en mi hombro y señaló a Ruwen con la barbilla.

«¿Ruwen mirándome a mí?». Curioso, miré rápidamente, pero Dedrick era un mentiroso. ¡El niño estaba concentrado en su entrenamiento!

—Dedrick, ¿divertirse a mi costa te gusta tanto?

—¡No! ¡Hace un momento el pequeño te estaba mirando fijamente!

Su expresión de injusticia me hizo dudar un instante, pero negué con la cabeza.

«No hay razón para que se quede mirando mi torpe manejo de la espada». Si alguien merecía ser observado, era Dedrick. Hasta yo lo haría en su lugar.

«Solo me está provocando decepción». Quise patearle otra vez la espinilla, pero sabía que solo me dolería a mí, así que me contuve.

Como si leyera mi frustración, Dedrick soltó de pronto un comentario inesperado:

—Deberías pensar más en cómo te ven los demás. Antes tenías las garras afueras, pero…

Vi que se convertía en un sermón, así que lo interrumpí.

—Lo sé. Por eso estoy intentando cambiar.

—No me refiero a eso. Hablo de lo externo.

—Ah, eso. También lo sé.

«Con esta cara de pocos amigos, he tenido que esforzarme por sonreír frente a Ruwen». Hacer muecas requiere bastante energía física y mental. Mis músculos faciales necesitan práctica.

—¿De verdad lo sabes?

Lo miré con desdén y respondí con indiferencia:

—Por supuesto.

«Le pedí que enseñara a Ruwen, ¿por qué insiste en enseñarme a mí?».

—Entonces bien. Pronto cumplirás la mayoría de edad. Ten cuidado.

—Mejor ocúpate de Ruwen. ¿Qué pasa si lo dejas solo? Casi se lastima antes por tu culpa.

Ruwen tambaleaba, agotado. Dedrick, al fin, lo observó detenidamente y asintió.

—Mmm. Pensé que aguantaría más, pero hoy lo dejamos aquí. Toma esto.

El papel que me entregó contenía un plan de entrenamiento para Ruwen.

«Ah, por eso se fue un momento». La parte de atrás estaba llena de borrones.

—Es la rutina diaria que debe seguir cuando no esté. Entrenamiento físico y de fuerza, pero lo más importante es la postura. Vigílalo bien.

—Entendido.

—Aguanta un poco. En cuanto encuentre a alguien que pueda encargarse de las misiones en la frontera, me quedaré en la mansión para supervisarlo.

«Esto… no me gusta».

Dedrick es una variable que no existía en la historia original. Si Ruwen se apega demasiado a él, el futuro podría cambiar. Vive en la primera línea, llena de monstruos. Si luego Ruwen decide seguir sus pasos, sería un problema.

Claro, empecé a estudiar medicina por si acaso… pero es mejor evitar riesgos innecesarios.

—No hace falta. No quiero llamar la atención del Duque. Con que vengas una vez por semana, como siempre, es suficiente.

—No quiero descuidar a mi alumno.

Su tono era firme. Necesitaría una medida drástica para hacerle cambiar de idea.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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