Extra 4
[—Tiene conciencia para hacer una pausa, menos mal.]
[—Si tuviera conciencia, elegiría 5 o menos.]
[—Solo responde 9 o 10 e incluso si me congelo, lo refutaré.]
Había unos cuantos magos que habían intercambiado mensajes telepáticos con muchos, y unos cuantos que habían caído al suelo con dolor de cabeza. Jaeha se inclinó ligeramente hacia Yeonhwa y susurró.
—¿Cuántos crees que sea Yeonhwa?
—Hmm, bueno, eso es… cualquiera lo haría, pero varía bastante dependiendo de lo que estés midiendo…. Aún así, se ha esforzado mucho delante de mí, como hace un rato.
Parecía que Jaeha podía resumir ese comentario tan largo en uno corto.
«Así que estás diciendo que es un 1 frente a todos los demás y un 10 frente a ti.»
Pero a diferencia del descarado Theodore, Yeonhwa era tímida y vulnerable, así que Jaeha asintió en señal de comprensión. Como si estuviera reuniendo sus pensamientos, Theodore escribió su respuesta en letras mágicas.
[3 o 9]
—Ese hombre no tiene conciencia. El 9 es algo que sólo ocurre de vez en cuando.—Hisran sacudió la cabeza y murmuró.
Yeonhwa parecía perdida en sus pensamientos, apretando sus pequeñas manos. Varios magos que estaban a punto de enojarse ante la respuesta de 9 miraron a Yeonhwa y asintieron de mala gana. Ahora sólo hay una barrera entre Theodore y Yeonhwa.
—Ahora, sólo hay un problema más que resolver. De todas las cosas, ¿cuál es la cosa favorita de Yeonhwa? Estoy segura que ella misma te dirá la respuesta a esta.
A primera vista, sonaba similar a la primera, tercera y cuarta pregunta, pero el nivel de dificultad era bastante diferente: tenías que elegir sólo una respuesta, incluyendo las respuestas de las preguntas anteriores.
Theodore miró a Yeonhwa y escribió su respuesta sin vacilar.
[Theodore]
Su propio nombre. Era una respuesta segura, si segura, y descarada. Suficiente para hacer saltar a Jaeha de su silla, y suficiente para que los magos de la Torre Roja abuchearan al unísono, olvidando lo que había pasado hacía un momento.
—Aquí hay desvergonzados, ¿eh?
—¡Vaya, de verdad! Pensé que el dueño de nuestra torre era la persona más descarada del mundo, pero había una persona más.
—No, piénsalo detenidamente. El dueño de nuestra torre nunca diría algo así, ¿verdad? Porque, entonces, Jaeha, incluso si esa fuera la respuesta correcta, la cambiaría.
—Así es, así es. Ah, ¿por qué siento pena por el dueño de nuestra torre?
—No, la persona más lamentable es Yeonhwa, que fue engañada. ¡Entra en razón y huye!
—Cállense, bastardos, ¿acaban de decir eso en voz alta?
Gritó Hisran, y ahora el escenario se había convertido en medio de un mercado.
En medio de la conmoción, Yeonhwa se levantó en silencio y caminó hacia adelante. La única pared que quedaba desapareció tan pronto como la tocó. Significaba que la respuesta que Theodore había presentado era correcta. Por un momento, unos ojos oscuros y compasivos se posaron en ella.
[«¿Es la debilidad de Yeonhwa su cara? Es importante tener buena apariencia, pero ¿no debería fijarse también en la personalidad?»]
*Arietty: Eso mismo digo pero asi ta la cosa XD
[«Si es tan bonita y gentil, ¿comió algo malo cuando vino a este mundo, y su carácter es el más débil? Ah, qué lamentable. Nuestro Maestro también tiene un carácter bastante sucio, así que ¿por qué tomaría como marido a alguien con un carácter sucio y de corazón frío?»]
[«Es como la unión de una santa y un demonio.»]
De hecho, la gente en Oriente llamaba a Yeonhwa la Santa de la Torre Azul. Porque es la única que puede hacer que Theodore, el Maestro de la Torre Azul, que tiene una tremenda influencia en Oriente, se vuelva dócil.
Yeonhwa se detuvo a unos tres pasos de Theodore. No sabía cómo explicarle lo que sentía ahora, en este ridículo escenario.
Tres pasos cortos. Pero la distancia se acortó rápidamente. Fue gracias a que Theodore se acercó a ella y la abrazó ligeramente.
—Yeonhwa, espero que hayas disfrutado.
Si Theodore le hubiera dicho esto a alguien más, habría sido natural que lo tomara como sarcasmo, pero su mirada era dulce mientras miraba a Yeonhwa, una leve sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios, y su mano acariciando su oscuro cabello, estaba llena de afecto. Fue suficiente para que Jaeha, que la observaba desde atrás, sacudiera la cabeza, insegura de por qué Yeonhwa estaba tan triste.
—Pido disculpas por preparar un evento tan problemático y ruidoso. Yo, yo…
Los labios de Yeonhwa temblaban mientras intentaba sonar calmada.
—Ya te he dicho que puedes hacer lo que quieras, siempre que no salgas lastimada o mueras.
«Uh, hay algo más que esas dos cosas. Theodore no quería que mirase a otro hombre aparte de él por mucho tiempo, o tener una larga conversación, o pasar un buen rato.»
Pero Yeonhwa no se molestó en decir esas palabras en voz alta. Los brazos de Jaeha eran cálidos mientras calmaba sus sollozos, pero el calor del cuerpo de Theodore contra el suyo era reconfortante, y ella sólo quería disfrutar de este momento un poco más.
Theodore era el hombre que la había salvado de la muerte, el Maestro que le había enseñado placeres estimulantes, el hombre que una vez le había causado la más terrible desesperación y tristeza, y el primer y último hombre al que había amado. Él era su mundo, su todo.
Por eso no podía evitar prestar atención a cada una de sus expresiones y palabras. Aunque todo el mundo dijera que ella era la única que podía manejar la Torre Azul, él la había cambiado más que ella a él.
Tranquilizándose un poco en los brazos de Theodore, ella habló.
—Jaeha y los magos de la Torre Roja sólo me estaban ayudando en mi momento de necesidad, así que por favor perdóneme si le molesto u ofendo.
—Sólo si quieres que lo haga.
Theodore contestó con un pesado suspiro, recordando exactamente quién había comparado la Torre Azul con la Torre Fría y quién le había dicho a Yeonhwa que huyera.
—En lugar de eso, dime qué es lo que te tiene tan alterada. Tengo alguna idea, pero podría estar equivocado.
Yeonhwa inclinó ligeramente la cabeza, con los dedos crispados. Por alguna razón, su boca no parecía abrirse.
Pero Theodore no la presionó más; simplemente tomó su mano izquierda entre las suyas, encontrándola adorable, y besó ligeramente el dorso y los dedos.
—Oh Dios mío.
—Sus ojos gotean miel.
La charla de las magas de la Torre Roja hizo enrrojecer la cara de Yeonhwa. Theodore era alguien a quien no le importaba lo que pensaran los demás, pero no pudo evitarlo. Finalmente, con las orejas y la nuca teñidas de rojo, Yeonhwa habló en voz baja.
—… Creo que voy a tener un hijo.
«No le gustan los niños y, por su procedencia, el niño sufrirá chismes y críticas que no necesita escuchar. ¿Qué debo hacer?»
No soltó ese comentario. Pero su respuesta fue:
—Lo sé.
—¿Qué?
Los ojos marrón oscuro de Yeonhwa se agitaron como las olas en un día lluvioso y ventoso. Parecía una flor delicada que podría estallar al menor roce. Theodore eligió sus palabras cuidadosamente.
—Ya te lo he dicho antes. Soy sensible al aura.
Era sensible a casi todas las auras, no sólo a la magia. Así que cuando el feto estuvo más o menos asentado en el vientre de Yeonhwa, percibí una fuerza vital distintiva y la reconocí.
Theodore siempre había odiado a los niños. Salvo en circunstancias excepcionales, eran demasiado pequeños, frágiles y ruidosos. Pero cuando se dio cuenta de que llevaba a su hijo en el vientre, sintió una repentina curiosidad. {“«¿Cómo sería ese niño cuando viniera al mundo? ¿Sería de ojos plateados y pelo azul como él, o de pelo negro y ojos marrones como Yeonhwa, o tal vez una mezcla de los dos?»”}
Aunque no tenía ningún sentimiento paternalista, sí sentía curiosidad. Tenía una sensación de expectación. Tal vez por eso había comprado el móvil esa tarde, junto con una horquilla para Yeonhwa.
Theodore extrajo sus compras de la tarde del subespacio. Eran cosas que le habría entregado o mostrado si no hubiera visitado la Torre Roja.
—Compré esto cuando estaba fuera hoy.
—Oh, gracias. Pero esto…
Yeonhwa no entendía por qué de repente le daba cosas, pero las aceptó. Sin embargo, como era la primera vez que veía un móvil, ladeo la cabeza.
—Es un tipo de juguete que los bebés disfrutan mirando. Lo cuelgas del techo o de un soporte y, cuando sopla el viento, se balancea así.
—¡…!
Después de enterarse de que su esposa estaba embarazada, compró juguetes para el niño. El significado de esta acción era simple. Theodore esperaba sinceramente el nacimiento de un niño.
Theodore movió el móvil con un dedo blanco y los peluches empezaron a girar. Las caras de un conejo con pajarita azul y de un conejito con un lazo rojo atado a las orejas se tocaron como si se besaran y luego se separaron.
—No puedo decir que quiera al niño en este momento, pero creo que probablemente lo haré pronto. Porque es tu hijo, no el de nadie más.
Las palabras de Theodore fueron suaves y dulces, suficientes para acallar la preocupación y el hervor dentro de Yeonhwa. Su corazón latió un poco más rápido, un poco más fuerte. Mordiendo su labio ligeramente en respuesta a la oleada de emoción, Yeonhwa habló.
—Entonces, ¿protegerás al niño aunque la gente intente intimidarlo o criticarlo por mi origen?
Esta fue la razón por la que Yeonhwa se había ido a la Torre Roja presa del pánico cuando se dio cuenta de que estaba embarazada.
En realidad, su ansiedad estaba causada en más de la mitad por Theodore, quien no parecía gustarle los niños, pero él no lo sabía y un escalofrío recorrió sus ojos plateados.
«¿Quién de la Torre Azul o de los nobles orientales estuvo hablando de más?»
Deben haber perdido su miedo colectivo cuando la dejó ir, queriendo parecer más suave ante Yeonhwa. Una comisura de la boca de Theodore se levantó ligeramente al pensar en las personas que hablaban descuidadamente. Se podía escuchar a varios magos de la Torre Roja horrorizados al verlo exudar intenciones asesinas.
Después de darse cuenta de que Yeonhwa estaba justo frente a él, calmó su expresión y respondió.
—Yeonhwa, de ninguna manera voy a dejar que esos idiotas se salgan con la suya. Te prometo que no podrán volver a abrir la boca.
—¡Vaya, que cruel!
Murmuraron para sí mismos los magos de la Torre Roja, excepto las vocecillas de aquellos cuyos hígados seguían fuera de la nave.
*N/T: Supongo que se refiere a que lo que dicen está fuera de lugar.
[«¿Quieres decir adiós a este mundo? »]
[«Debo informar a Michelle en la Torre Azul. Será mejor que cuiden su boca o serán condenados.»]
[«Habrá muchos títulos nobiliarios orientales que habrán perdido a sus dueños. »]
Yeonhwa, con una expresión severa, parpadeó rápidamente. Sus pensamientos no eran muy diferentes a los de los magos de la Torre Roja. Como extranjera, todavía había mucho que desconocía de este mundo, pero sabía hasta dónde llegaba la influencia de Theodore sobre la Torre Azul y el Oriente. Sus emociones abrumadoras disminuyeron gradualmente.
«¿Cuándo fue? Me parece recordar haber oído algo así antes. »
{—¡Bueno, ja, debe haber una o dos personas!}
{—Está bien, te dejaré verlo si quieres. Convirtiéndolos en esculturas de hielo.}
«Ah, ahí es cuando me pidieron matrimonio.»
Theodore solía ser tan amable con ella que se olvidaba de ello, pero en momentos como éste, se daba cuenta del hecho de que su temperamento era inherentemente despiadado. Yeonhwa miró a Theodore con cara llorosa.
—Otra vez has dicho una barbaridad. Jaeha ha dicho que todo padre que tenga un hijo debe esforzarse en la educación prenatal.
La mirada de Theodore se desvió hacia Jaeha, quien, como mera maga novata, debería ser capaz de sentir algo de la poderosa magia de Theodore, pero su actitud hacia él seguía siendo la misma. Lo trataba como si fuera un villano que atrajo a su inocente noona al matrimonio mediante engaños.
—Si supieras que estaba embarazada, deberías decir enseguida que la quieres, pero en su lugar, pones nerviosa a la gente callándolos con hielo. No sabes cuándo ser pesado y cuándo estar calmado.
Jaeha murmuró para sí misma, pero Theodore no pudo evitar escucharlo.
[«Dios mío, ¿quién más además de los maestros de igual posición podría decirle algo así al Maestro de la Torre Azul?»]
Los magos de la Torre Roja se maravillaron ante la osadía de la futura Maestra, e Hisran mostraba una expresión divertida en el rostro.
«Supongo que me hace sentir tranquilo pensar que esa mujer podría ser una especie de verdugo.»
Theodore miró el rostro de Yeonhwa mientras pensaba en algo inútil por un momento, luego modificó ligeramente su respuesta.
—¿No está bien congelarlos por un tiempo como hicimos antes con los magos de la Torre Roja?
—Ah…
Yeonhwa bajó la mirada ligeramente, como si se avergonzara de haber asumido demasiado. Pero Hisran, Jaeha y los otros magos de la Torre Roja no la creyeron en lo más mínimo.
[«Estás haciendo el ridículo.»]
[«¡Estás mintiendo!»)
[«Eh, si fuera un poco más fuerte, podría haber revelado la verdad.»]
Ignorando las temblorosas reacciones de los que le rodeaban, Theodore estrechó a Yeonhwa entre sus brazos y susurró.
—Volvamos. Seguro que Ceres y los demás lo celebrarán cuando se enteren.
«Un lugar al que volver. La Torre Azul se había convertido en su hogar.»
Al pensar en ello, una pequeña sonrisa se curvó en los labios de Yeonhwa.
—Sí, gracias por recogerme.
Dándose la vuelta, se despidió de Jaeha, Hisran, Diana y los demás.
—Jaeha, te estoy agradecida de muchas maneras. No sólo escuchaste todas mis divagaciones durante mi inesperada visita, sino que también me diste algunos consejos útiles y me ayudaste a mí, que no tenía valor… a escuchar sus verdaderos sentimientos.
—Es muy amable de tu parte pensar así, y esto es un secreto, pero estoy un poco más aliviada de que el Sr. Theodore parece estar cuidando de Yeonhwa mejor de lo que pensaba.
Mirando a Yeonhwa, que sonrió modestamente, Jaeha hizo un gesto a Diana. Diana trajo una caja grande y la puso delante de Yeonhwa y Theodore.
—Jaeha…
La caja contenía té para mujeres embarazadas, ropa de maternidad para el vientre de Yeonhwa, que pronto se expandirá, y juguetes para bebés. El escenario del concurso también se estaba preparado, pero el tiempo era escaso debido a los apresurados preparativos, así que Zephyros y los otros magos de la Torre Roja ataron los pies de Theodore por un momento.
—Felicidades de nuevo por tu embarazo, Yeonhwa. Este es un regalo de felicitación de los magos de la Torre Roja, y como teníamos prisa, no pudimos elegir cosas con las que estuviéramos contentos al 100%, pero por favor, que sepas que hay mucha gente que quiere felicitarte por tu embarazo.
Theodore, que vio que los ojos de Yeonhwa se ponían rojos, le dio unas suaves palmaditas en el hombro. Le agradeció a Jaeha con un guiño. Incluso si Jaeha fue muy duro con él, pudo ignorarlo porque era el tipo de persona que se preocupaba mucho por Yeonhwa.
Jaeha observó divertida como Yeonhwa y Theodore se preparaban para volver a la Torre Azul, habiendo aclarado su malentendido. Como Yeonhwa una vez sufrió mucho a causa de Theodore, esperaba que su futuro estuviera lleno sólo de cosas alegres y felices.
* * *
{—No puedo decir que quiera al niño en este momento, pero creo que probablemente lo haré pronto. Porque es tu hijo, no el de nadie más.}
Como Jaeha había adivinado, las palabras de Theodore aliviaron un poco sus temores, más que las cien palabras que había vertido, y habló con voz cuidadosa.
—¿Cómo será nuestro hijo?
—No lo sé. Espero que se parezca mucho a ti.
—Yo esperaba que se pareciera más a ti…
—Entonces podría tener mal carácter, y a ti y a mí nos costaría mucho criarlo.
Al ver la expresión seria de Theodore mientras respondía, Yeonhwa se rió entre dientes. Ella acarició su estómago y murmuró.
—He oído que cuando era un bebé que no podía hablar, lloraba mucho y hacía mucho ruido, lo que causaba muchos problemas a los que me rodeaban. No importa a quien te parezcas, estarás bien con nosotros.
Mientras hablaba, la mano de Theodore seguía apoyada en la suya. La luna llena iluminaba el cielo nocturno como si bendijera su futuro juntos como pareja, ahora de tres.
<Fin de la historia paralela sobre cómo tratar con un mago de corazón frío>

RAW HUNTER: DONACIÓN
TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: M.R.