Capítulo 9
El tiempo se sentía como agua estancada en un charco, y parecía que no fluía a ninguna parte. Un año después, se habían producido muchos cambios en el orfanato donde vivía Freya. La corte imperial había ordenado que todo lo que ensuciara las calles fuera eliminado. Por lo tanto, un comerciante errante con un niño llorón fue un golpe directo a la orden real.
Sophia se puso frenética cuando escuchó la noticia.
—¿Qué diablos vamos a hacer? Apenas tenemos suficiente para comer.
El orfanato era una organización de socorro que cuidaba a los niños que habían perdido a sus padres, pero cuando investigaron, la corrupción prevalecía. Y solo una pequeña cantidad de los subsidios recibidos del imperio se destinó a comprar alimentos para los huérfanos. Y las únicas habitaciones con calefacción eran las que pertenecían a Sophia y al dueño. El resto de los subsidios fueron al bolsillo del dueño, y Shiloh robó todas las ganancias que había obtenido de los carteristas y la mendicidad que había obligado a los niños a hacer.
La orden de la corte imperial inquietó a los niños porque repentinamente habían dejado de salir a trabajar. Y Lotty, que no dejaba de caminar en círculos alrededor de Freya, preguntó. —Freya, se siente raro que no salgamos a mendigar.
—Bueno. —comenzó a responder Freya, pero decidió que no podía brindarle a Lotty el consuelo que quería ya que las dos no eran familia.
«Solo estoy esperando el día en que nos separemos.»
Sin embargo, a Freya le resultó difícil ignorarla por completo ya que la seguía a todas partes.
Accidentalmente, a Freya se le cayó un trozo de dona que había guardado en su bolsillo y Lotty preguntó emocionada.
—Oye. ¿Es eso para mí?
Sophia había dejado la dona en la cocina antes, y Freya había pensado en Lotty. Sabía que le encantaba la comida, pero aún no se la había dado. Cuando Lotty recogió la dona a medio comer con una mirada brillante en su rostro, Freya respondió sin rodeos.
—No lo sé. Supongo que ya estaba allí.
Más tarde ese día, Freya deambuló por el orfanato buscando un lugar para tejer en silencio. El pequeño edificio del orfanato estaba lleno de niños que ya no salían a trabajar, lo que la molestaba cada vez que caminaba. Debido a que había un rumor de que el ático del orfanato estaba embrujado, decidió ir allí.
—Nadie me encontrará allí.
Pasó la mano por la pared desportillada mientras subía las viejas y chirriantes escaleras.
—¡Mira todo el polvo!
El crujido sonaba como un presagio, pero no la disuadió de continuar hacia arriba.
Cuando llegó a la parte superior de la escalera, apenas logró pasar por la puerta de madera que conducía al ático. Cuando entró en la habitación, el interior estaba más oscuro de lo que había pensado, por lo que su visión se vio ligeramente afectada.
—¿Cómo se supone que debo tejer en la oscuridad?—
Como los niños no podían pedir dinero, Sophia les dio trabajos secundarios que podían hacer con sus manos, como tejer. Todos, excepto los jóvenes, tenían que cumplir con una cuota, y los que no podían cumplirla, no se les daba nada de comer.
Aunque había una pequeña ventana, no podía ver lo que estaba frente a ella porque había una gruesa capa de polvo cubriéndola y la luz del sol no podía llegar al interior. Freya buscó a tientas en el suelo, tratando de encontrar un lugar para sentarse, y mientras trataba de ajustar sus ojos a la oscuridad, una pequeña luz parpadeó desde el otro lado de la habitación.
—¿Un fantasma?
Pero a Freya no le importaba. Lo que temía eran las personas vivas, no las muertas.
Luego, una pequeña voz habló desde el mismo lado que la luz parpadeante.
—No soy un fantasma—.
Mirando de cerca, pudo vislumbrar un cabello del color de una flor amarilla de forsythia.
«Oh, supongo que es ese chico que salvé.»
Había estado tan ocupada en el orfanato que se había olvidado de él. Freya se arrepintió sin motivo aparente, así que dijo suavemente.
—Perdón por molestarte mientras estás solo. Solo haré esto, y luego me iré.
No sabía si el niño podía verla, pero levantó su ovillo para mostrárselo.
Robin: esta es la flor forsythia
—Puedes quedarte. —Su voz deprimente estaba llena de soledad, y estaba claro que se había adaptado completamente a su vida en el orfanato.
Ty: Me dieron ganas de llorar estos dos
Era difícil ver algo bueno en él si actuaba así, y Sophia odiaba a los niños que se comportaban de manera desagradable o eran demasiado amistosos. Freya no se sintió bien al pensar en las cicatrices en el hermoso rostro de la niña, pero no tenía nada que ver con ella. Freya tuvo que cuidarse primero y luego comenzó a tejer en la oscuridad. Si no hacía la cantidad requerida de prendas de punto, tendría que irse a la cama con hambre. Por lo tanto, esta era una tarea importante, pero tejer era muy aburrido y difícil de hacer, lo que la irritaba muchísimo.
Sophia había dicho que los artículos hechos en el orfanato eran populares entre las damas.
Un día, Freya escuchó a una mujer decir que el artículo fue hecho por un niño pobre. Esta mujer, que estaba dispuesta a pagar un alto precio por simpatizar con los huérfanos, fue elogiada por su generosidad. Freya se sintió extraña cuando pensó que se hablaba así del gorrito de lana que había hecho, y las palabras “pobre niña” se quedaron grabadas en su mente. La gente se sentía libre de decir que ella era miserable y pobre, ya Freya no le gustaba ese lado de ellos.
«¡Son tan molestos!»
Observando en silencio los movimientos de sus manos, el chico se quedó quieto y ella se preguntó por qué actuaba como si no existiera. A Freya no le gustaban las molestias, como Lotty, pero tampoco le gustaba alguien demasiado callado.
—¿Qué estás haciendo por allá? —Freya no soportó el silencio y fue la primera en hablar. Tenía curiosidad por él, y supuso que era solo la idea de no poder ver al chico que tenía una apariencia tan maravillosa. Hubo otro largo silencio entre la tos del chico y su respuesta, probablemente porque su cuerpo estaba débil.
—Estoy ayudando a madame Sophia con su trabajo. —respondió tímidamente.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: TY