Capítulo 5
Detrás de las grandes ventanas que ocupaban toda la pared, se veían nubes oscuras. De vez en cuando, un relámpago iluminaba el cielo, revelando la amenaza de una tormenta que rugía con un sonido ominoso.
Tres días después, Ashley Juliet Dawson llegó al penthouse de Dominic. A diferencia de la última vez, no hubo necesidad de verificar su identidad. El guardia de seguridad lo recibió con una sonrisa amistosa, y el personal del lobby lo guió naturalmente hacia el ascensor sin hacer preguntas. Ahora, estaba sentado en el sofá de la sala de estar, jugando al ajedrez con Dominic, quien estaba frente a él.
—¿Siempre te quedas en casa durante las vacaciones? Es inesperado.
Con un tono suave, Ashley inició la conversación.
—Pensé que tal vez irías a tu casa de campo en el extranjero.
Dominic observó la pieza que Ashley había movido y respondió:
—Esta vez decidí no ir.
Ashley, con una sonrisa astuta, preguntó:
—¿Por mí?
Dominic lo miró fijamente, con los ojos entrecerrados, y susurró:
—Jaque.
—¡Ah!
Ashley bajó rápidamente la mirada, buscando su próximo movimiento. Dominic le advirtió:
—Si pierdes, la oferta de reclutamiento desaparece.
Ashley lo miró de reojo y movió otra pieza.
—El juego no termina hasta que termina.
Con facilidad, liberó a su rey y sonrió. Había superado la crisis momentánea. Dominic, como si lo hubiera anticipado, movió otra pieza. Mientras Ashley buscaba seriamente su próximo movimiento, Dominic tomó un peón. Justo cuando Ashley estaba a punto de bloquear la torre, Dominic habló de repente:
—¿Por qué Juliet?
—Ah.
La mano de Ashley resbaló, colocando la pieza en el lugar equivocado. Con un suspiro profundo, Ashley miró el tablero mientras Dominic, con una sonrisa triunfal, capturó su caballo.
—¿Cómo supiste mi segundo nombre?
Ashley preguntó con una voz que no revelaba si era irritación o frustración. Había estado esperando para hacer esa pregunta desde la última vez, pero Dominic respondió con calma mientras colocaba el caballo capturado en otra posición.
—Mi secretaria es muy competente.
—Claro, investigar es su especialidad.
El tono de Ashley sonaba más resignado que sarcástico. Después de todo, los abogados se dedican a explotar los secretos de los demás, y es trabajo de la secretaria desenterrarlos. Dominic sonrió levemente y preguntó:
—¿Cómo terminaste con ese nombre?
Ashley respondió con indiferencia:
—No fue mi elección. Mis padres querían una hija y tenían el nombre listo. Como yo era un niño, terminé con ese nombre. Mi madre no quería tener más hijos.
Ashley movió su torre mientras reflexionaba.
—¿Nunca pensaste en cambiarlo?
Dominic observó el tablero, aunque ya tenía su estrategia decidida. No tenía prisa. Ashley suspiró, exasperado.
—¿Mi segundo nombre? ¿Para qué?
Después de todo, ¿a quién le importa un segundo nombre? Muchos lo omiten o simplemente usan la inicial. Ashley había evitado fácilmente el problema usando solo la inicial. Probablemente, Dominic era la primera persona en llamarlo por su segundo nombre.
—Nombrar a un hijo como el protagonista de una tragedia… qué mal gusto.
Dominic movió su reina en la dirección opuesta, y Ashley volvió a fruncir el ceño, sumido en sus pensamientos. Dominic podía ver que había bloqueado su estrategia. Ahora, Ashley tendría que pensar en otro movimiento.
—Las tragedias conmueven a todos.
Ashley respondió distraídamente mientras calculaba su próximo movimiento. Dominic, reclinado en su silla, habló con calma:
—Llamas tragedia a la estupidez que lleva a la autodestrucción. —Ashley levantó la mirada y lo miró fijamente. Dominic sonrió—. Observas a esos seres humanos autodestructivos y te sientes aliviado de no ser como ellos. A eso le llamas conmoción.
Ashley lo miró, incrédulo, y respondió con un tono ligero:
—Ellos no lo veían como autodestrucción. Muchos no podían soportar la desesperación de perder a su ser amado y lo seguían en la muerte.
Dominic estuvo a punto de reír. Afortunadamente, nunca se había reído así antes, así que solo torció la comisura de sus labios.
—¿Y por eso murieron? ¿Una niña de menos de 14 años?
—Sí. Tal vez, siendo tan joven, su amor era más puro y apasionado.
Ashley respondió sin dudar, pero Dominic solo frunció el ceño, incómodo. No entendía la emoción de la desesperación. ¿Desesperación tan profunda como para quitarse la vida? Eso era una tontería. Los humanos no podían sentir algo así. Era solo una excusa para huir de una situación insoportable.
—Parece que no puedes empatizar.
Ashley sonrió, tratando de aliviar la tensión. Pero fue un error. En un momento de distracción, Dominic movió su reina y dijo:
—Jaque mate.
—¡Ah!
Esta vez, el gemido de Ashley salió de lo más profundo. Revisó rápidamente el tablero, pero no había escapatoria. Estaba completamente bloqueado. Un solo error lo había llevado a una derrota aplastante.
Dominic observó, curioso por su reacción. Había distraído a Ashley intencionalmente, y este lo sabía. ¿Se resignaría a la derrota o acusaría a Dominic de jugar sucio?
Claro, lo segundo no era una opción. Si hubiera querido protestar, lo habría hecho antes. Así que solo quedaba…
—Vaya, he perdido.
Ashley admitió la derrota con una sonrisa brillante. Levantó las manos en señal de rendición y continuó con una expresión fresca:
—Eres increíble, Miller. En la corte nunca dejas pasar una debilidad del oponente, y en el ajedrez es lo mismo. Es la primera vez que veo un juego tan agresivo. Eres impresionante, alguien como yo no podría ganarte.
Dominic entornó los ojos y sonrió mientras Ashley seguía elogiándolo sin parar.
—Eres bueno diciendo cosas que no sientes.
Con una voz relajada, Dominic respondió. Ashley, con una sonrisa astuta, replicó:
—Estoy haciendo todo lo posible por complacerte. ¿He mejorado?
A pesar de su apariencia delicada, Ashley tenía un lado astuto. Sus ojos brillaban con picardía, lo que no encajaba con la imagen de Juliet, la trágica protagonista.
«Si esa niña tonta hubiera sabido que moriría así, tal vez habría pensado diferente.»
—¿Qué tal si jugamos la siguiente partida?
La voz de Ashley interrumpió los pensamientos de Dominic. Este lo miró, notando su evidente deseo de continuar de inmediato. Por supuesto, Dominic tenía otros planes.
—En una semana.
Con una voz suave, casi como un susurro de amor, Dominic murmuró:
—La próxima partida será en una semana, Juliet. Espero que no llegues tarde.
—Mmm, sí.
Ashley asintió, aunque con un poco de vacilación.
—Entonces, nos vemos en una semana a la misma hora. Gracias por el juego de hoy.
Hasta el final, Ashley mantuvo su compostura y se despidió con educación.

TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: M.R