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Capítulo 64

Cassian miró a Penelope con una expresión de estupefacción. Su amo, con el rostro que claramente decía “¿Qué diablos estás diciendo?”, fue calmado por Penelope con un “Vamos, vamos” mientras ella comenzaba a hablar.

—Piénselo racionalmente, Conde. Es cierto que durmió bien anoche, ¿no? Se siente renovado ahora, ¿verdad? Tiene muy buen semblante. Se sorprendería si se viera al espejo. ¡Hasta esas ojeras que siempre tenía han desaparecido! Si con solo dormir unas horas se siente tan bien, imagínese si durmiera las ocho horas completas, como los demás. ¿Qué tan bien se sentiría? ¿No cree?      

Ocho horas. Al oír esas palabras, Cassian se sintió momentáneamente embelesado. ¿Dormir ocho horas? ¿Era eso posible? Si ni siquiera podía dormir ocho minutos seguidos, ¿ocho horas? Era un absurdo…

Entonces, Penelope susurró con una dulzura diabólica:

—Y también se le quitarían los dolores de cabeza.

Las pupilas de Cassian se agitaron violentamente. Lo que Penelope acababa de decir no era para nada incorrecto. Una mañana sin esa maldita jaqueca… Qué maravilla. Ese tipo de vida era más que bienvenido. Finalmente, parecía que los dos problemas que habían convertido su vida perfecta en un infierno podrían resolverse, pero…

—Fue solo una coincidencia —gruñó Cassian obstinadamente. Ni hablar. ¿A cambio de esa migaja de maní? Ni pensarlo. Cuando volvió a negar con la cabeza, Penelope se puso las manos en las caderas y dijo:

—Mejor aún. Si fue solo una coincidencia, puede echarlo y listo. Si realmente funcionó, puede tenerlo a su lado. Creo que de cualquier manera no pierde nada.

No, estaba equivocada. No debía tener a ese chico cerca. Arruinaría su vida otra vez.

Era un juicio demasiado realista. La razón le gritaba que de ninguna manera. Y Cassian estaba 99% seguro de que eso era correcto. …Pero, a pesar de todo.

Ocho horas.

Y además, ¿que desaparecieran las jaquecas? Que se resolvieran esos dos problemas que lo atormentaban sin piedad.

—Conde, es solo una prueba.

Penelope, que había percibido el conflicto de Cassian, lo tentó con una voz amable.

—Puede echarlo cuando quiera. Solo pruébe una noche más.

Ante esas palabras, Cassian la miró con desconfianza. Penelope asintió y continuó.

—Sí, solo una noche. Es solo un día en el resto de su vida, Conde. No pierde nada con probar usando un solo día de todo el tiempo que le queda, ¿verdad? ¿No cree?

Cassian, mientras la miraba sonreír, se dio cuenta de algo nuevo. No sabía que Penelope fuera una maestra de la persuasión tan increíble. Cualquiera que la escuchara terminaría cediendo. Y ahora, él mismo estaba en esa situación.

—…Has dicho una noche.

—Sí, solo una noche.

Ante el murmullo de Cassian, que sonaba como si se hubiera rendido, Penelope asintió inmediatamente. En lugar de insistir más a su amo, calló y esperó. Ya casi lo tenía. En momentos así, era mejor esperar en silencio. Presionar demasiado podía generar resistencia.

—…Está bien.

—¡Lo sabía!

Penelope, que había dejado escapar sus pensamientos internos, rápidamente fingió indiferencia ante la mirada ceñuda que se le vino encima y se disculpó sonriendo.

—Como era de esperar del Conde, una elección sabia. Pensó bien. Solo observaremos por una noche.

—…Ah.

Fue cuando soltó un profundo suspiro de resignación. Bli—, BLAIR salió bostezando. Rascándose su despeinado cabello mientras salía del baño, sus ojos aún somnolientos miraron la cama como si dudara entre volver a dormir o no, y entonces se detuvo en seco.

Qué raro, ¿por qué hay otras personas en mi habitación?

Frunciendo el ceño, Blair miró alternativamente a Cassian sentado en la cama y a Penelope detrás de él, y luego se frotó los ojos. Al abrirlos de nuevo, era lo mismo. Al contrario, al ver los rostros de los dos con mayor claridad, se quedó atontado por un momento.

—…Ah.

De repente, los ojos de Blair se abrieron como platos. Acto seguido, comprendió la situación como si un rayo le hubiera caído encima.

—Por fin te diste cuenta.

Cassian observó a Blair con ojos entrecerrados. Leer la mente de Blair era más fácil que simplemente estar sentado respirando. Con la boca abierta tan grande como sus ojos desorbitados, y la vista yendo y viniendo nerviosamente entre Penelope y Cassian, cualquiera podría saber lo que pasaba por su cabeza. Lo siguiente que le interesaba a Cassian era…

…cómo diablos manejaría esa migaja de maní la situación.

Mientras Cassian y Penelope observaban en silencio, Blair, que se había quedado paralizado y solo movía los ojos con nerviosismo, pronto fijó la mirada hacia un lado. Echó un vistazo a la puerta y luego, sin decir palabra, comenzó a girar lentamente el cuerpo y dio un paso sigiloso. Y justo en el momento en que su pie tocaba el suelo…

—Quieto.

Dijo Cassian con una voz gélida, e hizo que Blair se detuviera de nuevo con un grito ahogado. Se podía ver a simple vista cómo el sudor frío le corría por la espalda. Blair se volvió con movimientos tan entrecortados que parecía que fueran a hacer clic, clic. Su rostro, vuelto hacia Cassian, tenía un tic nervioso debido a la sonrisa forzada.

—¿S-Sí?

Ante la voz temblorosa, Penelope sintió internamente lástima por él, pensando “qué pena”. Ignorándola, Cassian lo miró con expresión seria. Por más patético que fuera, ya había tomado una decisión. Tras soltar un suspiro, Cassian se pasó la mano por el cabello bruscamente y habló.

—Penelope.

—Sí, Conde.

En cuanto el mayordomo respondió rápidamente, él, sin apartar la mirada de Blair, dijo:

—Trae el desayuno. Y tú.

—S-Sí.

Sobresaltado por la flecha que volvía a apuntarle, Blair respondió. Cassian señaló su cama y ordenó:

—Arregla esto, mientras me baño.

Acto seguido, Cassian salió de la cama y se dirigió directamente al baño. Blair, que hasta entonces estaba torpemente parado frente al baño, levantó la vista hacia el hombre de gran estatura que se detuvo frente a él en solo unos pasos y tragó saliva. Con el corazón latiéndole con nerviosismo, preguntándose “¿qué más querrá?”, Cassian le habló.

—Espérame hasta que salga. Si huyes, no te quedará un hueso sano.

¡Ahg! Dejando atrás a Blair, que se encogió tragándose un grito silencioso, entró directamente al baño. Tan pronto como la puerta se cerró de golpe y se oyó el sonido del agua, Penelope, que había estado observando en silencio hasta entonces, corrió como una flecha y agarró ambas manos de Blair.

—¡Dios mío, Blair! ¡Dios mío! ¡Bien hecho, muy bien hecho!

—Gr-gracias. …Pero, ¿qué fue lo que hice?

Preguntó, aún sin comprender la situación y confundido, pero Penelope solo se rió con una sonrisa.

—Sabía que esto pasaría. El plan “Conde y Sirviente” va viento en popa. ¡Déjamelo a mí de ahora en adelante! Vamos, ahora hagamos lo que el Conde ordenó. Blair, arregla la habitación. ¡Prepararé el desayuno en un momento, así que no te preocupes!

—¡Pe-Penelope!

Sin darle tiempo a Blair para hablar, Penelope salió disparada. Blair, quedándose solo, parpadeó atontado un momento y luego se apresuró a hacer lo que le habían ordenado. Mientras recogía las botellas de vino y las copas esparcidas y ordenaba el alrededor, el sonido del agua no cesaba.

* * *

—….

Cuando terminó de bañarse, se cambió de ropa y regresó a la habitación, el Conde, se quedó sin palabras y se detuvo en seco.

Sobre un carrito con un mantel blanco, había un florero con rosas y el desayuno preparado. Hasta ahí no había nada extraño. El problema era que el desayuno sobre la mesa era para dos personas. El problema mayor era que en una de las dos sillas estaba sentada esa migaja de maní.

—…¿Qué es esto, Penelope?

A su amo, que preguntó sin moverse del lugar, Penelope le respondió mientras servía café con aire de suficiencia.

—El desayuno, Conde.

Iba a estallar diciendo que no preguntaba porque no lo supiera, pero nuevamente Penelope no le dio oportunidad. Con rostro compungido, añadió rápidamente:

—Los demás sirvientes, incluyéndome a mí, ya hemos desayunado. No podía dejar que Bli—, Blair, que perdió la hora de desayunar por esforzarse para que el Conde durmiera bien, se quedara con hambre, ¿verdad?



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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