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Capítulo 7

—Dios mío, pobre niño. Debe estar muy angustiado.   

Ocultando su propia sorpresa, la Duquesa mostró una sincera compasión por el niño, a lo que Koi se apresuró a añadir:

—No, ahora ya está bien. Comió un montón de su helado favorito y se durmió feliz.

Aunque volvió a llorar por la mañana. Recordando lo sucedido, Koi añadió con cautela:

—Bliss es un niño muy bueno y tranquilo. Creo que si no se menciona el tema de su linaje, se comportará de manera educada…

Había oído que habían preparado a Bliss por si acaso, pero aun así, era difícil predecir las reacciones impulsivas de un niño. 

«Será mejor no estimularlo hoy», pensó, y mientras dejaba la frase sin terminar, la Duquesa asintió de inmediato.

—Entonces no hay más remedio. La estabilidad del niño es lo más importante. ¿No le parece, querido?

Ella preguntó a su esposo como buscando su aprobación. El Duque también asintió y añadió:

—Así es. No se preocupe, ya habrá otra oportunidad.

—Gracias por su comprensión.

Koi, aliviado, alternó sus reverencias hacia ellos. La atmósfera amigable parecía continuar, cuando alguien que hasta entonces había permanecido en silencio abrió la boca.

—Si no le importa, ¿podría echar un vistazo a la mansión?

Ante la repentina voz, Koi volvió la cabeza y se encontró con la mirada del hijo del Duque y la Duquesa. La conversación se cortó de golpe y el silencio reinó en el ambiente. Por un momento, Koi, sorprendido, dudó sin responder, así que Ashley tomó la palabra.

—Por supuesto. Si necesita algo, no dude en decirlo.

—Le agradezco su gentileza.

Haciendo una reverencia igualmente cortés, el joven salió de la sala de estar sin más. Los que quedaron reanudaron la conversación, pero Koi se quedó pensativo.

«¿Cómo puede ser tan sereno y elegante incluso al decir algo tan trivial?»

* * *

—Menos mal, pensé que me moría de aburrimiento.

En cuanto salió al pasillo y se quedó solo, Cassian frunció el ceño y bostezó ruidosamente. Aunque su padre había insistido en que debían visitar este lugar, había sido un evento increíblemente tedioso. Si no hubiera encontrado una excusa para salir, seguro habría terminado desplomado y dormido.

Por suerte, la mansión era bastante decente.

Caminando tranquilamente por el pasillo, pensó: si deambulaba un rato por la casa, pasaría el tiempo y pronto podrían regresar.

Había oído que esta gran mansión de tres pisos fue construida por el propio Ashley Miller antes de casarse. Entre tantas mansiones que solo eran grandes, sin tradición ni historia, esta parecía tener cierto estilo. Pensó que quizás era un poco pequeña para criar a seis niños, pero eso era solo en comparación con el castillo donde él vivía.

El castillo de la familia Strickland, cuya construcción comenzó en el siglo XII y continuó hasta hace poco, era donde residían el cabeza de familia y sus parientes directos por generaciones. Actualmente, Cassian y el Duque vivían en el castillo principal, mientras que otras edificaciones se usaban para diversos fines, como abrirlas al turismo o alquilarlas en ocasiones especiales. De hecho, al ser un edificio antiguo, a menudo tenían dificultades para instalar ciertas comodidades modernas, por lo que Cassian solía vivir en una mansión separada en la ciudad o en una residencia universitaria.

Robin: epale nos acaba de decir pobres!!

Pensándolo bien, tal vez esto sea más práctico.

Los rumores de que Ashley Miller era muy familiero ya estaban muy extendidos. Como muchos estadounidenses, él también mantenía una imagen bastante hogareña, pero quizás tuviera otras intenciones.

Por ejemplo, que estuviera interesado en la política.

Si ese fuera el caso, la relación con los Miller sería bastante importante. Si Cassian albergara la intención de incursionar en la política británica, habría sido bueno ganarse su favor de antemano, pero la verdad era que ahora mismo no estaba pensando en qué hacer en el futuro.

Después de todo, ¿acaso no estaba ya decidido su futuro? Como único heredero de la familia Strickland, heredaría todos los títulos y propiedades de su padre. Conocería a alguien adecuado de una familia de su rango, se casaría, tendría hijos y pasaría el resto de su vida gastando el dinero que no dejaría de crecer aunque solo respirara.

—… Qué aburrido.

Justo cuando llegó a ese punto del pensamiento, de repente escuchó un sonido de algún lugar. Volvió la cabeza sin pensar, detuvo lentamente sus pasos y aguzó el oído.

… CLINK, CLINK.

Esta vez lo oyó con claridad. Era el sonido de la vajilla chocando, muy cauteloso pero continuo. Cassian inclinó la cabeza ligeramente y luego se dirigió hacia donde provenía el sonido. A cada paso que daba, el ruido se acercaba más.

«Qué extraño.»

Pensó Cassian. Si fuera un empleado realizando su trabajo, no se movería con tanto sigilo y cautela. Sin duda, alguien está haciendo algo que no debería, algo que no quiere que descubran.

«O es un ladrón, o algún empleado está haciendo algo prohibido, o si no… O estoy viendo cosas.»

Finalmente, frente a una pequeña despensa o área de snack, Cassian frunció el ceño. Había un pequeño niño subido en una silla, esforzándose y gimiendo mientras intentaba alcanzar unos aperitivos en el estante superior. Por más que estiraba los brazos, apenas rozaba el frasco de vidrio que contenía las golosinas. Aun así, el niño forcejeaba con todas sus fuerzas, agitando sus cortos brazos sin mostrar el menor indicio de rendirse.

4.

«¿Será que el hijo de algún empleado está robando comida?»

Cassian observó la nuca del niño con expresión seria, sumido en sus pensamientos. Era algo perfectamente posible. No sabía cómo sería en la familia Miller, pero en el castillo de los Strickland había bastantes empleados que vivían con sus familias. Había muchos que empezaban a trabajar para la familia ducal desde niños y continuaban incluso después de casarse, así que quizás en casa de los Miller ocurría igual. Si era así, no necesitaba meterse en este asunto y armar jaleo. Si seguía haciendo eso, lo atraparían de todas formas, y las consecuencias serían asunto de los Miller.

Pero, pensándolo bien, la ropa del niño parecía bastante buena. Era ropa de marca de buena calidad, difícil de imaginar que un empleado pudiera comprar para su hijo. Justo cuando estaba inclinando la cabeza con duda, de repente sintió un mal presentimiento.

«Un momento.»

Mientras parpadeaba para confirmar lo que veía, de pronto un recuerdo cruzó por su mente. Esa nuca le resultaba familiar. ¿Dónde la había visto? Aún frunciendo el ceño mientras permanecía en el lugar, de repente el niño se puso de puntillas.

—¡Hng, hng!

Cuando, gimiendo, estiró los brazos con todas sus fuerzas, el frasco de vidrio se resbaló. La imagen del frasco girando ampliamente se grabó en su campo visual como a cámara lenta. El niño, sin siquiera imaginar lo que estaba a punto de suceder, tenía los brazos extendidos. Bueno, quizás sí lo imaginaba. Por la sonrisa feliz en su boca abierta, parecía soñar con un futuro completamente distinto a la realidad.

—¡Espera…!

Su cuerpo se movió antes que sus pensamientos. Con solo dar dos grandes zancadas, llegó detrás de la silla donde estaba el niño y, estirando el brazo con fuerza, atrapó el frasco de vidrio justo cuando estaba a punto de caer sobre la cabeza del pequeño.

—¿Eh?

El niño, aún con los brazos extendidos en el aire, emitió un sonido confuso. Parecía no haberse dado cuenta en absoluto de lo que estuvo a punto de ocurrir. Tsk, chasqueó la lengua brevemente y miró al niño. Cuando este, volviendo la cabeza tardíamente, cruzó sus miradas, Cassian lo recordó al instante. Recordó por qué le resultaba familiar ese pequeño.

—¿Eh?

El pequeño reaccionó igual. Parpadeó un par de veces, y de repente, como si recordara algo, exclamó con sorpresa y abrió la boca de par en par.

—¿Qué haces tú aquí?

Tras unos segundos de silencio, el niño preguntó con una expresión de gran desconfianza. Con sus ojos de lenguado (bizcos por la desconfianza) mirando de reojo, Cassian contuvo a duras penas una carcajada que estuvo a punto de estallar. El niño no parecía tener ni idea de lo que acababa de sucederle. Ante una reacción tan poco acorde a lo que debería sentir por su salvador, Cassian no pudo evitar que una sonrisa se extendiera por todo su rostro, aunque se aclaró la garganta para disimular.

—Ejem, fui invitado por el señor Miller.

A continuación, dijo con voz suave:

—Tú debes ser Bliss Miller.

Ante esas palabras, los ojos de Bliss se abrieron con sorpresa.

—¿Cómo lo supiste?

La respuesta fue sencilla.

—Por tus ojos.

Los ojos que Bliss había golpeado con tanta fuerza el día anterior aún estaban hinchados y amoratados.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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