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Capítulo 60

—Bienvenido, señor Conde. ¿Qué tal ha ido su día?  

Ante la sonrisa de Penélope, que lo recibía como siempre, Cassian bajó del coche y, sin decir palabra, recorrió los alrededores solo con la mirada. No había nadie más. Ella estaba sola, tal como solía ser.

Solo tras confirmar ese hecho, Cassian asintió levemente y avanzó con paso decidido. 

«Lo sabía», pensó satisfecho. Estaba convencido de que Penélope jamás iría en contra de su voluntad. Y, tal como esperaba, “él” había desaparecido.

No importaba si realmente era un pariente de Penélope o no. Lo único que importaba era que ya no estaba frente a sus ojos. Con eso, todo terminaba.

El sonido de sus propios pasos resonando en el silencioso castillo le pareció hoy inusualmente refrescante. Sentía que su rutina, que se había desmoronado por un momento, finalmente regresaba a la normalidad.

Mientras subía las escaleras y recorría el largo pasillo, su pensamiento seguía siendo el mismo. Sí, así era. Se repitió con alivio las palabras que había estado rumiando durante todo el camino: «No tengo ningún problema».

… O eso debería ser.

En el momento en que abrió la puerta de su habitación y entró, Cassian se quedó petrificado en el sitio. Sus ojos gris plateado, fijos y tensos, captaron una escena increíble.

Allí, en medio de la habitación, estaba él. Increíblemente, con el mismo aspecto que tenía por la mañana.

No, era diferente. A diferencia de la rigidez de la mañana, ahora lo recibía con una sonrisa radiante. Y para colmo…

—¡Bienvenido, señor Conde!

«… Ahora incluso se atreve a hablar.»

Cassian se quedó tan atónito que las palabras se le atascaron en la garganta.

12.

Pasaron varios segundos con Cassian inmóvil junto a la puerta abierta. Bliss, sintiendo el latido desenfrenado de su corazón, tragó saliva con dificultad. Tal como esperaba, Penélope no estaba a la vista. Cassian, dándose cuenta de ese hecho con retraso, giró la cabeza y su rostro se contrajo en una mueca. Bliss estaba tenso, pero aquello ya estaba previsto. Después de todo, la arquitecta de este plan era la propia Penélope.

Unas horas antes…

Tras terminar sus tareas diarias temprano, Penélope había llamado a Bliss precisamente a esa habitación.

—He estado dándole vueltas todo el día y creo que este es el mejor método —dijo ella.

—¿Cuál? ¿Qué es? —preguntó Bliss con impaciencia y lleno de expectativas.

Penélope entrecerró los ojos, fingió revisar los alrededores y bajó la voz hasta convertirla en un susurro conspirador, a pesar de que ellos dos eran los únicos en toda la planta.

—Esta noche, serás tú quien atienda al Conde antes de dormir.

—¿Eh? ¿Yo?

Bliss se sobresaltó tanto que subió el tono de voz sin querer, pero Penélope reaccionó rápido sellándole los labios con un dedo para que guardara silencio. Él obedeció de inmediato, cubriéndose la boca con un gesto de “shhh”, y luego susurró con urgencia:

—¿Atenderlo antes de dormir? ¿Así, de repente? ¿Yo?

—Así es —asintió Penélope, hablando a toda velocidad—. De todos modos, era algo que iba a pasar tarde o temprano. Admito que ha llegado mucho antes de lo previsto, pero no hay otra opción. Viendo la reacción del Conde entre ayer y hoy, me temo que el plan de “acercarse a él poco a poco mientras lo sirves” ha fracasado.

—¿Y entonces?

Era el turno del Plan B. Bliss aguzó el oído, esperando una estrategia maestra, pero ella respondió con total seguridad:

—Por lo tanto, pasamos al plan de “acercarse a él rápidamente mientras lo sirves”.

Bliss se la quedó mirando en silencio durante unos segundos. Ante la expresión de orgullo de Penélope, no pudo evitar esbozar una sonrisa forzada.

—Esto… Penélope. Solo ha cambiado una palabra en todo el plan.

Ante su observación, Penélope agitó el dedo índice de lado a lado, como diciéndole que no se preocupara.

—Eso es obvio. Que ustedes dos se vuelvan cercanos es una conclusión inevitable, el destino ya está escrito.

—Pero…

—Vamos, Bliss. He visto al Conde desde que estaba en la casa del Duque. ¿Quién crees que lo conoce mejor, yo o tú?

La respuesta a esa pregunta era evidente. Bliss no tuvo más remedio que claudicar.

—Por supuesto que usted, Penélope. Yo también lo creo, pero…

—¡Pues entonces ya está! Empecemos con los preparativos. ¿Te parece? Ven aquí. No, mejor allí. A ver, ponte de pie. Sí, creo que aquel rincón es mejor. ¡Perfecto! Quédate en ese sitio…

Penélope lo trajo de un lado a otro sin descanso. Le hizo ponerse un uniforme de empleado nuevo e impecable, le peinó el cabello con esmero y le dictó, una por una, todas las frases que debía decir.

—Hoy pedí una nueva selección de vinos para la bodega; la lista está sobre esa mesa de allí. ¿La ves? Es esa. Si el Conde te pide la lista, entrégale ese documento…

Y tras todo ese esfuerzo, se llegó a la situación actual. Bliss sentía el sudor frío recorriéndole la espalda. Penélope tenía razón: después de todo, ¿no había venido hasta aquí precisamente para esto? ¡Si siempre salía huyendo, jamás tendría éxito!

Armándose de valor con ese pensamiento, forzó una sonrisa y preguntó con dificultad:

—¿Qué tal ha ido su día? Hum… esto… ¿le traigo el vino?

En cuanto las palabras salieron de su boca, se sintió extraño. 

«¿Qué pasa? Siento que me he saltado un montón de pasos importantes.»

«El vino se toma hasta el final».

—¡Ah!

Al recordar la advertencia de Penélope, Bliss soltó un grito ahogado. Rayos, se había saltado toda la parte intermedia. Pero, sinceramente, ya ni siquiera recordaba el resto del guion. Lo único importante ahora era que acababa de cometer un error garrafal frente a Cassian.

«¿Va a empezar a gritar como ayer?»

El miedo lo invadió, pero no tenía escapatoria; aquel hombre imponente seguía bloqueando la única puerta de salida. En una situación así, solo quedaba una opción: huir hacia adelante.

Bliss forzó los músculos de su cara para mantener la sonrisa y preguntó:

—El vino… lo toma antes de dormir, ¿verdad? Entonces, ¿qué desea hacer antes? ¿Empezamos con el baño?

Cassian seguía sin pronunciar palabra. Bliss no tenía idea de si estaba sumido en sus pensamientos o si planeaba algo. Simplemente se quedó ahí, sonriendo con tanta fuerza que empezaba a sentir calambres en las mejillas.

De repente, Cassian se movió. Dio varias zancadas largas, se quitó el abrigo y lo arrojó descuidadamente sobre la cama. Bliss solo pudo parpadear mientras lo observaba.

«¡Cierto!»

Fue entonces cuando recordó que Penélope le había dicho que debía encargarse de la ropa. Se movió con urgencia para recoger el abrigo, y justo en ese momento, algo se extendió frente a él. Cassian se estaba quitando la chaqueta del traje y se la tendía directamente.

«¿Me está ordenando que la limpie?»

Le molestó el gesto, pero la aceptó en silencio junto con el abrigo. Lo último que recibió fue la corbata. Tras colocar ese trozo de tela, que parecía una pequeña serpiente, sobre el montón de ropa, vio cómo Cassian se desabrochaba un par de botones de la camisa blanca y se dirigía hacia el baño.

Bliss soltó un suspiro de alivio, pero le duró poco.

—Tú.

Cassian se detuvo con la mano en la puerta del baño y llamó a Bliss de la nada.

—¿S-sí? —gritó Bliss, poniéndose en tensión una vez más.

El Conde lo escrutó en silencio durante unos instantes antes de hablar:

—Entra tú también.

—… ¿Perdón?

Por un momento, Bliss pensó que había oído mal. Siguió mirándolo con esa sonrisa que ya empezaba a dolerle, pero Cassian soltó una risa cínica y repitió las mismas palabras:

—Que entres, tú también.

Y sin más, Cassian desapareció en el interior del baño. Bliss se quedó allí de pie, con la mirada perdida, mientras la ropa que sostenía se resbalaba de sus brazos y caía al suelo con un suave golpe.

«¿Quééééé?»

Estuvo a punto de lanzar un grito de puro pánico, pero no le salía la voz. ¿Al baño? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A él? Se llevó las manos a las mejillas, gritando internamente, aunque de su garganta solo escapaba un hilo de aire.

Quería confirmar si lo que había oído era real, pero solo había una forma de hacerlo: preguntárselo directamente. Sin embargo, sabía de sobra cuál sería la respuesta. Justo cuando se sentía atrapado en un callejón sin salida, la voz de Penélope resonó en su cabeza:

«¡No dejes pasar esta oportunidad!».

Cierto, esto era una oportunidad. Bliss tragó saliva y asintió para sus adentros. No tenía ni la más remota idea de lo que estaba a punto de suceder, pero se armó de valor y se dirigió al baño. La puerta que Cassian había cruzado estaba entreabierta.

El sonido de su propia deglución le pareció inusualmente fuerte. Y finalmente, Bliss puso un pie dentro del baño.

Robin: terminamos madafakers!!



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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