Capítulo 56
Ante la pregunta asombrada de Bliss, Penélope asintió suavemente.
—Todavía recuerdo cuando viniste aquí por primera vez. Eras tan pequeño y adorable… y aun así, ¡qué valiente! Era encantador verte corretear por todas partes diciendo que querías jugar con el Conde. Por eso, el día que te marchaste a toda prisa en brazos del señor Ashley Miller, inconsciente y ardiendo en fiebre, se me rompió el corazón. Desde entonces, a menudo pensaba en ti, preguntándome cómo estarías.
Penélope escudriñó el rostro de Bliss por un momento antes de continuar:
—Los otros hijos de la familia Miller aparecían en los medios, pero no había ni rastro de Bliss. Solo corrían rumores de que serías un alfa dominante, igual que el resto de tu familia.
Tras un breve suspiro, acarició la mejilla de Bliss.
—Y pensar que tenías unos ojos azules tan hermosos.
—Penélope… —murmuró Bliss con voz quebrada.
Ella le sonrió para tranquilizarlo.
—Así que no te preocupes. Lo más probable es que el Conde te haya olvidado por completo. Es imposible que te descubra.
Solo entonces Bliss bajó la mirada y respondió en un susurro:
—Sí… si es así, me quedo más tranquilo.
Las palabras de Penélope tenían sentido. Eran, de hecho, sumamente realistas. Que alguien recordara y reconociera a un niño que vio apenas un par de veces hace más de diez años era algo casi imposible.
A menos que, como Penélope, me hubiera recordado de vez en cuando.
—Bien, ¿vemos lo que falta?
Mientras seguía los pasos de Penélope, Bliss reflexionó. Era cierto, no había razón alguna para que Cassian lo recordara. Él mismo también se había olvidado por completo de Cassian hasta hace poco, así que era lo lógico. ¿Por qué había llegado a pensar que él podría recordarlo?
Sentirse así debería haber sido un alivio. O al menos, eso intentaba creer. Sin embargo, Bliss frunció el ceño y, de repente, se presionó el pecho con una mano.
«Qué extraño. ¿Por qué me siento un poco… decepcionado?»
***
Al caer el sol y llegar la noche, los empleados que habían estado moviéndose de un lado a otro terminaron sus tareas y se retiraron a sus respectivas habitaciones para descansar. Cuidar del señor hasta el último momento era tarea de la mayordoma. Y hoy, excepcionalmente, había alguien más a su lado.
—Bli… no, Blair. No estés tan nervioso. Mantén la calma, solo mantén la calma.
Penélope repetía las palabras una tras otra, aunque, por su actitud, ella parecía estar mucho más nerviosa que nadie. Bliss, desconcertado, forzó una sonrisa.
—Estoy bien, de verdad. No se preocupe por mí.
—¿De verdad? Menos mal. Fuuu, fuuu. Vamos, respira hondo conmigo. Fuuu, fuuu.
…¿Realmente estaba Penélope fuera de peligro?
Verla tan sumamente nerviosa hizo que, irónicamente, los nervios de Bliss se disiparan un poco. Él tomó las manos de Penélope, que no paraba de moverse inquieta de un lado a otro, y le dijo:
—Lo harás bien, Penélope. No hay de qué preocuparse. Solo compórtate como siempre.
«No puedo creer que esté consolando a alguien de forma tan madura. ¡Y a alguien con mucha más edad y experiencia que yo!»
Mientras se sentía secretamente orgulloso de sí mismo, Penélope soltó un largo suspiro y abrió los ojos de par en par.
—Muy bien, vamos. Es hora de ejecutar la operación “El Pirata y el Sirviente”.
Bliss estuvo a punto de aplaudir al ver cómo Penélope recuperaba instantáneamente su faceta de mayordoma profesional. Se disponía a seguirla hacia la entrada principal, pero ella se detuvo en seco y le hizo una señal con la mano para que no avanzara.
—¿Recuerdas que te mostré la bodega de vinos en el sótano? Espérame allí.
—Ah, sí.
Bliss se detuvo, ladeó la cabeza confundido pero obedeció y dio media vuelta. Tras perderse un par de veces, logró llegar a tiempo a la bodega, donde poco después apareció Penélope para explicarle el motivo del cambio de planes.
—El Conde siempre toma una botella de vino antes de dormir. Vamos a llevársela ahora; aprovecharemos ese momento para que te presentes.
«¿Se toma una botella entera todas las noches?»
—Ca… al Conde debe de gustarle mucho el alcohol —comentó Bliss sin pensar mucho.
Por un instante, Penélope se tensó. Por suerte, Bliss no notó esa mínima reacción. Cuando ella volvió a mirarlo, lucía su sonrisa habitual.
—Ayuda a conciliar el sueño, y un buen vino con moderación es saludable.
Ya ve”, asintió Bliss con naturalidad. Teniendo en cuenta la cantidad de alcohol que consumía su propia familia, una botella de vino cada noche era casi como un vaso de zumo de frutas. Claro que eso era ignorando el hecho de que todos en su familia, excepto él y Coi, eran Alfas Dominantes y, por lo tanto, inmunes a cualquier tipo de adicción a drogas o alcohol.
Debido a su fisiología, incluso si ingirieran veneno, no les afectaría, y por mucho que bebieran, nunca se emborracharían. Gracias a sus feromonas especiales, poseían una inmunidad muy superior a cualquier otro género, lo que los protegía incluso de virus comunes como el resfriado y les otorgaba una esperanza de vida inusualmente larga.
Tan larga, que tendrían que sobrevivir mucho tiempo en soledad tras la partida de sus amados Omegas.
Cuando aún era pequeño, después de ver un drama romántico muy emotivo, Bliss le preguntó una vez a Ashley Miller qué haría si su “Papi” llegara a faltar.
—Tendría que seguirlo.
La respuesta de Ashley había sido tan inmediata y despreocupada que, en aquel entonces, el pequeño Bliss tuvo que reflexionar un buen rato sobre su significado. Solo años después, cuando tuvo la edad suficiente para entender la profundidad de ese compromiso, el recuerdo cobró sentido.
«A mí también me gustaría tener un amor así de apasionado una vez en la vida, pero..».
La razón por la que Bliss, Larien, Grayson e incluso Stacy estaban tan obsesionados con el romance era, sin duda, por sus padres. Según decían, se conocieron en la secundaria, se enamoraron y, aunque el destino los separó un tiempo por causas de fuerza mayor, ahora vivían felices con seis hijos. Lo más romántico era que, incluso durante su separación, solo tuvieron ojos el uno para el otro. Si no fuera por el problema con las feromonas de Ashley Miller, habrían sido incluso más felices.
«Pensándolo bien, ser Beta es lo mejor.»
Bliss asintió para sus adentros. Una vida libre, sin ser esclavo de las feromonas. Aunque le aliviaba no ser un Alfa dominante, tampoco envidiaba ser un Omega. El poder de atracción de un Omega dominante era tentador, pero viendo a su “Papi”, los ciclos de celo no parecían nada divertidos.
«Ojalá pudiera seguir viviendo así, sin celos, para siempre.»
Justo cuando ese pensamiento cruzaba su mente…
—Ya llegamos, Bliss.
La voz de Penélope lo trajo de vuelta a la realidad. Sin darse cuenta, ya estaban frente a la puerta de Cassian.
GULP.
Tragó saliva de forma tan sonora que Penélope soltó una risita y le dio unas palmaditas en el brazo.
—Tranquilo, no estés tan nervioso. Vamos, respira hondo. Fuuu, fuuu.
Hacía apenas un momento era él quien la animaba a ella, y ahora los papeles se habían invertido. Bliss, avergonzado y con las mejillas encendidas, obedeció y respiró profundamente hasta recuperar la compostura.
—Estoy listo.
—Bien, aquí empezamos.
Penélope llamó a la puerta dos veces. Tras una breve espera, anunció:
—Es Penélope. Voy a entrar.
Se tomó un instante más antes de girar el pomo, quizás para darle a Bliss unos segundos extra de valor. Pero Bliss, consumido por la impaciencia, solo quería terminar con esto de una vez. Además, una duda lo carcomía por dentro:
«Quiero saber ya si me reconoce o no.»
Con el corazón martilleando contra sus costillas, siguió a Penélope al interior de la habitación y se quedó paralizado. El enorme dormitorio se veía completamente distinto a como lo recordaba de la tarde. La luz del sol había sido reemplazada por la penumbra; solo una lámpara de pie en un rincón emitía un resplandor tenue y difuso. La luz de la luna, filtrada por las nubes, era demasiado débil para iluminar la estancia, dándole a todo un matiz azulado y sombrío.
Y allí, envuelto en las sombras, había alguien de pie.
Cassian Strickland.
En el momento en que su mente pronunció ese nombre, su corazón dio un vuelco violento. Para ocultar el temblor de sus manos, Bliss comenzó a abrir y cerrar los puños con fuerza, una y otra vez.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN