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Capítulo 50

«Si piensa que soy un fan obsesivo, estaré en problemas.»

Bliss puso a trabajar a toda marcha sus escasas neuronas. Tal vez ella pensaba que era un acosador; pero si descubría que en realidad era un “hater”, sería lo peor. ¿Qué debía hacer?   

El tiempo de duda se prolongaba y el silencio de Penélope también continuaba. Finalmente, incapaz de soportar la tensión, Bliss fue el primero en hablar.

—Es-esto… ¿cuál es la siguiente pregunta? ¿O acaso ya terminamos?

Ante su cautelosa pregunta, Penélope finalmente abrió la boca con parsimonia.

—Dijo que es estadounidense, ¿verdad?

—Sí.

Respondió tenso por dentro, mientras ella continuaba con su voz calmada:

—Debe haber sido muy difícil llegar hasta aquí, ¿no fue agotador?

—Ah, sí… estuve bien.

Las preguntas que siguieron no eran nada extraordinario. Aunque eso lo ponía aún más ansioso, Bliss respondió con cuidado a cada una, hasta que Penélope murmuró como si hablara para sí misma:

—Enviar a su amado hijo menor solo… el señor Miller debe haber estado muy preocupado.

Al ver su expresión de lástima, Bliss respondió con total confianza:

—Ah, no hay problema. Dijo que vendría a visitarme a menudo.

Ante eso, Penélope asintió como si le diera gusto.

—¿Ah, sí? Qué bueno. Entonces no te sentirás tan solo aquí.

—¡Sí, jaja! No tiene de qué preocuparse. ¡Gracias!

—…

—Ja… jaja…

La risa de Bliss se fue apagando gradualmente. Se dio cuenta de lo que acababa de hacer justo cuando la sonrisa desapareció del rostro de Penélope, quien lo observaba desde el otro lado.

«¡¿Qué hice?! ¡¿Qué está pasando?! ¡Ay, no! ¡¿Qué voy a hacer ahora?!»

En el instante en que el rostro de Bliss se puso pálido como el papel, Penélope enderezó la espalda y, con una voz severa, lo llamó por su nombre:

—Bliss Miller, ¿qué cree que está haciendo aquí?

—¡Hiiiiik!

En ese momento, Bliss se quedó completamente petrificado, con el rostro desencajado por el horror.

6.

La sala estaba en absoluto silencio. Solo el sonido del segundero del reloj, moviéndose con un ritmo preciso, golpeaba de vez en cuando el aire desolado. Penélope se limitó a observar a Bliss sin decir una palabra, como invitándolo a decir algo si es que se atrevía.

Por supuesto, aquello no podía ser cierto. Ante una situación que jamás imaginó, Bliss se quedó completamente mudo. Sabía que en algún momento lo descubrirían, pero ¿así de rápido? ¿De un solo golpe?

«Subestimé demasiado a esta señora.»

Bliss se reprochó a sí mismo con profundo arrepentimiento. Se trataba de una mujer que había dedicado su vida entera a ser la mayordoma de una familia noble. Intentar engañar a alguien así con un truco tan barato era, en realidad, una falta de respeto. ¿Debía disculparse? Por supuesto que sí. Pero si lo hacía, lo echarían de inmediato. No, eso no podía pasar. ¿Qué debía hacer? ¿Qué palabras usar?

—Bliss Miller.

—¡S-sí! —respondió Bliss por puro reflejo al escuchar su nombre de nuevo. Justo cuando se dio cuenta de que acababa de confirmar su identidad por completo, Penélope habló:

—Sea honesto conmigo, Bliss. Dígame la verdadera razón por la que vino.

Las comisuras de sus labios se elevaron lentamente.

—Vino porque está enamorado del Conde, ¿verdad?

—… ¿Qué?

Los ojos de Bliss se abrieron de par en par ante aquellas palabras inesperadas. Mientras él seguía congelado, Penélope unió sus manos y continuó con una voz emocionada, como si estuviera viviendo un sueño:

—Cielos, mírate, cuánto has crecido. Tú no me recordarás, pero yo aún te veo vívidamente: tu imagen corriendo y jugando en el Ducado. Eras un niño realmente adorable. Fue tan audaz y tierno cuando apareciste diciendo que te casarías con el joven amo. Pensé que todo rastro de ese vínculo se había perdido cuando te fuiste a toda prisa a Estados Unidos, pero pensar que crecerías así de hermoso y aparecerías de nuevo…

—… ¿Cómo dice?

Bliss preguntó totalmente desconcertado, pero ella siguió elevando la voz con un entusiasmo casi juvenil:

—¡Tenía que ser eso! Todo este tiempo, no has podido olvidar al Conde. Por supuesto, eras pequeño, pero tus sentimientos eran reales. ¡Todavía lo guardas así en tu corazón! Viniste porque ya no podías soportarlo más, ¿cierto? Lo entiendo, lo entiendo… debe haber sido muy difícil para ti.

—No, esto… verá… —Bliss, que finalmente lograba “descongelarse” un poco, intentó decir algo, pero sus palabras no llegaron a los oídos de ella.

—Está bien, no hace falta que expliques nada, lo sé todo. A decir verdad, el Conde es el partido perfecto. Yo me preguntaba todo este tiempo: “¿Cuándo y con quién celebrará el Conde Heringer la boda del siglo?”. ¡He estado esperando ese momento!

Penélope soltó un largo suspiro y, volviendo a centrar su atención en Bliss, exclamó con una voz aún más potente:

—¡Y de pronto aparece el hijo menor de los Miller! ¡Qué pareja tan perfecta! Jamás imaginé que mi sueño se cumpliría de esta manera. Gracias, muchas gracias.

Bliss no podía dar crédito a lo que estaba pasando: la mayordoma se estiró por encima de la mesa, le tomó las manos y empezó a sacudirlas con fuerza.

—Ah, no, esto… espere. Señora ama de llaves, no es eso…

Robin: ajajajajaj no puedo ajajaja no saben como me ha echo reir est novela ajajajajaja

—Cruzar el océano después de tantos años buscando a su primer amor para aparecer aquí… ¡es tan romántico! ¿Acaso no es como una escena de «El Duque y la Pirata»? ¡Oh, amada mía! Cuando apareciste ante mí atravesando la espuma salvaje del mar, todo lo mío ya te pertenecía. Pirata, bruja, parca de los mares, saqueadora negra… ¡Haciendo honor a todos tus apodos, has saqueado todo mi ser con una sola mirada!

Bliss observó estupefacto a Penélope mientras ella recitaba las líneas con una intensidad digna de una obra de teatro.

—¿Usted vio El Duque y la Pirata?

Bliss se emocionó al instante y se puso de pie de un salto. De todos los materiales que había consultado para investigar a la familia Strickland, esa obra maestra era la que más lo había cautivado. Penélope se sabía de memoria, palabra por palabra, la declaración de amor que el Duque le hace a la jefa pirata suplicándole que sea su esposa. Ante el grito de Bliss, Penélope también se levantó y exclamó con el rostro iluminado:

—¡Por supuesto! Es mi romance favorito. ¡Y además es una historia real! ¡Sucedió en la familia Strickland!

Solo entonces Bliss comprendió por qué ella se había mostrado tan interesada cuando él recitaba la historia de la familia. Sin duda, ella estaba pensando en ese drama. ¡Entonces…! Bliss asintió con fuerza y continuó con el diálogo:

—El corazón que me entregaste aún no se ha enfriado, ¡¿y ya te fijas en otra mujer?!

Siguiendo el monólogo apasionado, Penélope exclamó con solemnidad:

—Te arrancaré los ojos y se los lanzaré a los perros salvajes. Te haré suplicar entre lágrimas. ¡Porque yo soy…!

—¡Yo soy…! —lo siguió Bliss.

Y ambos, mirándose fijamente, gritaron al unísono:

—¡Verónica, la gran pirata y soberana de los mares!

Acto seguido, Penélope y Bliss soltaron un alarido de alegría, se abrazaron y empezaron a dar brincos sin soltarse. ¡Lo sabía! Era la frase célebre que cualquier espectador de ese drama elegiría como la mejor. Penélope era de las de verdad; una auténtica fan de «El Duque y la Pirata».

—¡Kyahhhh! ¡Kyahhhhh!

¡Cielos, cielos! Bliss no cabía en sí de gozo y no dejaba de gritar. Era una euforia que jamás había experimentado y que no podía controlar.

Pero la cosa no terminó ahí. Al separarse, ambos compartieron una mirada significativa. Fue Bliss quien lanzó el primer reto:

—La amante del esposo que tomó mi noche de bodas.

Ante el título que lanzó Bliss, Penélope recitó la frase famosa como si hubiera estado esperando ese momento:

—¿Me prefieres como un perro, o prefieres que sea un hombre»

—¡Exacto, esa es!

Bliss aplaudió entusiasmado y esta vez fue Penélope quien lanzó un título:

—Para mi esposa, que no me reconoce.

—¡No me importa! Con tal de poseer tu cuerpo… ¡Ni siquiera deseo tu amor!

—¡Ohhh, Marcus! ¡Mi amor!

Penélope gritaba el nombre del protagonista masculino. Continuaron mencionando obras una tras otra, y cada vez recitaban con exactitud los diálogos de los dramas o libros. Finalmente, al mencionar la última obra, coordinaron sus voces para decir la misma frase al unísono y volvieron a fundirse en un abrazo.

Robin: por dios ajajajajajajaja no puedo ajaja



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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