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Capítulo 47

Por esa razón, es imposible que un Alfa posea por completo a un Omega. Siempre debe vivir con el temor constante de que otro Alfa borre el rastro que dejó y le arrebate a su Omega.  

Sin embargo, en el caso de los Omegas, aunque solo pueden dejar su marca en una persona en toda su vida, esta es absolutamente irreversible. Un Alfa que ha sido marcado queda subordinado a ese Omega; a partir de ese momento, no puede percibir el aroma de las feromonas de ningún otro Omega ni tener hijos con nadie más. En resumen, su vida entera queda empeñada a favor del Omega que grabó la marca.

Solo existe una forma de eliminar dicha marca: que el Omega que la dejó o el Alfa que la porta muera. Por ello, no era raro que un Alfa que juró amor eterno y suplicó por una marca, terminara matando al Omega para librarse de ella cuando sus sentimientos se enfriaban.

Debido a que la marca de un Omega es tan poderosa y peligrosa a la vez, Ashley no tenía más remedio que sobreproteger a Bliss. Si sus otros hijos llegaban a recibir marcas de otros, ya no representarían una amenaza para el menor. Por desgracia, debido a un error de su juventud, una parte del cerebro de Ashley estaba dañada y no podía recibir la marca de Koi; no obstante, él solo reaccionaba a las feromonas de Koi y sufría efectos secundarios ante cualquier otro Omega, por lo que las feromonas de Bliss tampoco lo afectaban. Así que, mientras mantuviera a los muchachos bajo control, el asunto era sencillo. Y si eso resultaba difícil…

«Entonces tendré que impedirlo físicamente.»

Tras tomar esa decisión, Ashley se resolvió a enviar a Bliss al otro lado del océano. Y el lugar que eligió fue precisamente…

—He decidido enviarte a Inglaterra.

—¡Hiiik!

Los ojos de Bliss se abrieron como platos. Esta vez ni siquiera pudo gritar; se quedó con la mirada fija y la boca abierta de par en par. Ante tal reacción, Ashley no continuó de inmediato, sino que se llevó a los labios su café aún caliente. Ganó tiempo dejando que el líquido oscuro fluyera por su garganta y, tras dejar la taza en la mesa, volvió a hablar.

—No será por mucho tiempo. Creo que uno o dos años, a lo mucho, serán suficientes. Solo piénsalo como unas vacaciones largas y…

Mientras hablaba, Ashley chasqueó la lengua para sus adentros al ver a Bliss sentado al otro lado de la mesa con una expresión perdida. “Debe estar pasmado”, pensó. Era lógico, considerando que se le aparecía de la nada para decirle que abandonara su hogar. Con un sentimiento de amargura, se dispuso a abrir la boca para intentar persuadir a su hijo menor una vez más, pero…

De repente, Bliss recuperó el brillo en sus ojos y gritó con fuerza:

—¿En serio? ¿De verdad, de verdad es Inglaterra? ¿Voy a ir yo solo? ¡¿A Inglaterra yo solo?!

«Vaya, el impacto fue demasiado fuerte.»

Ashley volvió a chasquear la lengua internamente mientras sentía lástima por él. Debía de estar tan asustado para repetir las mismas palabras una y otra vez. Si de por sí su vocabulario era limitado, ahora ni siquiera podía formar una oración completa.

Ashley suavizó su tono y comenzó a hablar de la manera más gentil posible.

—Sí, Bliss. Aunque te sientas solo, espero que puedas aguantar por un tiempo. Dejaré todo preparado para que vivas con total comodidad…

—¡Hiiik!

Bliss ahogó un grito y se tapó la boca con ambas manos. 

«Vaya, ¿será que está a punto de romper a llorar?», pensó Ashley, y conmovido, le acarició el brazo para consolarlo.

—Lo siento, pero no te preocupes demasiado. El Papa y el Daddy iremos a visitarte en cualquier momento…

—¡Ah, no, no, no! ¡Para nada!

Ante esas palabras, Bliss se sobresaltó y agitó las manos frenéticamente. Cuando Ashley se detuvo a observarlo, el chico recuperó la compostura y, con una sonrisa forzada, añadió:

—Están muy ocupados, ¿para qué vendrían? Puedo vivir perfectamente solo. ¡Claro que sí, no se preocupe! Así que es Inglaterra, ¿eh? Inglaterra.

Una vez más, Bliss repitió lo mismo. 

«Dios mío, mi hijo menor está tan impactado que parece haber perdido el juicio», pensó Ashley mientras lo miraba con sentimientos encontrados.

—Bliss, si Inglaterra no te gusta, podemos buscar otro lugar…

Antes de que terminara la frase, Bliss dio un salto y sacudió la cabeza con violencia.

—¡Ah, no! ¡Me gusta, me encanta! Iré a Inglaterra. ¡Por favor, envíeme a Inglaterra, se lo ruego! ¡Qué emoción! ¡Inglaterra! ¡Versalles! ¡Mozart! ¡Los Alpes!

—¡Yuju! —gritó Bliss mientras empezaba a dar vueltas por la habitación. Ashley se quedó desconcertado, pero decidió no darle más vueltas al asunto. Después de todo, si Bliss estaba satisfecho, eso era lo único que importaba.

—Está bien, Bliss. Me alegra que te guste la idea.

Ashley, ya más tranquilo, se levantó y se ajustó el traje. Bliss, que se había subido a la cama para dar brinquitos, bajó de un salto y se lanzó a los brazos de su padre. Ashley acarició con ternura el cabello de su hijo y le hizo una última recomendación:

—Si en algún momento deja de gustarte, dímelo; prepararé otro lugar para ti. Y si necesitas cualquier cosa, solo pídela.

—¡Sí, no se preocupe! ¡Lo amo, Papa!

«¡No puedo creer que me envíe a Inglaterra tan fácilmente!.»

Bliss le dio las gracias con el corazón a punto de estallar. Ashley esbozó una leve sonrisa, le dio un beso cariñoso en la mejilla y salió de la habitación. Bliss se quedó pegado a la ventana viendo cómo el auto de su padre se alejaba y, en cuanto confirmó que estaba solo, soltó por fin el grito de alegría que había estado conteniendo con todas sus fuerzas.

—¡¡¡Kyahahahaha-juuuuu!!!

Incapaz de controlar la euforia, saltó sobre el sofá, rodó por la cama y salió al balcón a gritar de nuevo.

—¡Ya está, lo logré! ¡Por fin voy a poder vengarme!

Bliss clavó la vista en el horizonte, imaginando dónde quedaría Inglaterra. No podía creer que todo se hubiera resuelto de una forma tan repentina.

El mayordomo aún no había contratado a nadie. Cassian Strickland, espera y verás. Pronto te arrepentirás hasta la médula de las palabras que dijiste hace ocho años. Cómo te atreviste a meterte con mi familia… ¡Te voy a cobrar un precio muy alto!

—¡Mwahajajaja, mwahajajaja!

Bliss ya estaba embriagado por una sensación de victoria, como si todo hubiera terminado. En ese momento, todavía no se había percatado de un detalle crucial. Fue treinta minutos después de acostarse, mientras intentaba conciliar un sueño reparador, cuando Bliss se incorporó de un salto con el rostro pálido.

Esto era grave.

—¡¡¡Aaaaaah!!!

Lanzando un grito que contrastaba totalmente con su risa de antes, salió disparado de la cama. Sobre la mesa de té seguían los papeles que le había dado Larien. Eran, precisamente, los documentos que Bliss debía memorizar.

«¿Qué iba a hacer?»

Aún no se había aprendido ni la cuarta parte de la cuarta parte. Solo le quedaban tres días. Si restaba el tiempo del vuelo, ¿acaso le quedaría un día entero?

—Pr-primero, tengo que fijar la fecha de la entrevista.

Lo demás tendría que ajustarlo sobre la marcha. Tras programar un temporizador calculando la hora para llamar al mayordomo, se enfrentó al obstáculo más grande.

—Mmm…

Era imposible memorizar todo ese fajo de papeles. Alguna vez vio a Nathaniel leer una vez y recordar por completo el contenido de un juicio tres veces más voluminoso que este; él intentó imitarlo, pero se trabó en la primera palabra de la primera página y se rindió al instante. Con estos documentos no había palabras que no entendiera, el problema era grabárselos.

—¡Qué me importa a mí la historia de la familia Strickland, si ni siquiera me sé la de Estados Unidos!

Justo cuando estalló de rabia, una idea brillante cruzó su mente. ¡Eso es! ¡Es eso! Bliss salió corriendo de inmediato hacia la sala de cine de la casa.

Y un día después, cuando Ashley y Koi llegaron a recogerlo, él seguía con los ojos inyectados en sangre, clavados en la pantalla tras veintinueve horas seguidas de visualización.

***

—Bueno, Papa, Daddy. Ya me voy.

Frente al jet privado, Bliss se despidió con un aire bastante maduro. Koi lo abrazó primero y le dijo con dulzura:

—Iremos a verte pronto, Bliss.

—Están muy ocupados, no hace falta que lo hagan.

Con una sonrisa radiante, Bliss soltó a Koi y esta vez abrazó a Ashley. Tras apretarlo con fuerza una vez, lo soltó, se despidió de ambos con la mano y caminó hacia el avión. Tenía que seguir viendo videos incluso dentro del vuelo. Para terminar de ver toda la lista antes de la entrevista, le faltaba muchísimo tiempo.

Koi soltó un suspiro al ver a Bliss subir las escaleras apresuradamente y desaparecer dentro del jet.

—Mira cómo finge ser fuerte aunque no quiera irse.

Ashley, con las manos en los bolsillos del pantalón, comentó con indiferencia:

—No hay de otra. A cambio, vayamos a verlo seguido. Y mantengámonos en contacto.

Koi asintió con un “sí” y agitó la mano hacia el avión. Aunque se había despedido como todo un adulto, su hijo parecía estar tan dolido que ni siquiera miraba por la ventana; se quedó con la cabeza baja todo el tiempo.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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