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Capítulo 46

—¡Larien, todavía no he podido hacer la entrevista!   

Bliss no pudo aguantar más y terminó gritando. Larien, que no paraba de parlotear ruidosamente, se calló de golpe y se hizo el silencio. En medio de esa quietud, Bliss cerró los ojos con fuerza, incapaz de soportar la vergüenza, hasta que ella preguntó:

—¿De qué estás hablando? ¿Cómo que no pudiste hacer la entrevista? ¿Te rechazaron antes de ir? ¿O pasó algo?

Su tono indicaba que no podía comprender la situación en absoluto. Bliss inhaló profundamente y soltó el aire con fuerza. No podía posponerlo más. Al final, no le quedó otra que confesarlo con sinceridad.

—Todavía no he podido ir, lo siento.

Larien volvió a quedarse callada. Bliss se imaginó perfectamente la cara de estupefacción que tendría ella mientras sostenía el teléfono, y de pronto sintió que todo se volvía oscuro.

—…¿Que todavía no has ido? Pero si han pasado tres días. —Larien hizo una pausa antes de ir directo al grano—: ¿Pero por qué?

Bliss respondió como si fuera una queja:

—Es que tengo que pedirle permiso al Papa.

—Ah…

Solo entonces Larien soltó un ligero suspiro de entendimiento. Mentir teniendo a Ashley Miller frente a frente era una misión imposible. Aunque sus otros hermanos fallaban cada vez, nunca se rendían y seguían intentándolo; pero Bliss ni siquiera se atrevía a empezar. Por mucho que le enseñaran qué decir, siempre se quedaba mudo y fracasaba una y otra vez. Debido a eso, había vivido hasta ahora sin siquiera considerar la idea de mentir, pero…

—Si digo que me voy de viaje, mi padre seguramente me pondrá un ejército de guardaespaldas. Con ellos encima, no podré ni acercarme a la casa del Conde. Y si digo que voy de visita a la familia Strickland, contactará de inmediato con los Duques, ¿no? Entonces ese tipo se enteraría enseguida. Se escondería perfectamente para no mostrarme ninguna debilidad. Y estudiar… eso es simplemente absurdo. ¡Ya ves, no tengo ninguna excusa convincente!

—…Ja.

Larien suspiró de nuevo. Daba igual que le armara un guion, él no sabría cómo usarlo. Probablemente ni siquiera podría memorizar las líneas correctamente. ¿De qué servía todo esto si ni siquiera podía llegar al destino?

Sin embargo, Bliss era testarudo. Una vez que se le metía algo en la cabeza, rara vez se rendía, y menos tratándose de algo que involucraba a su familia. Tras un breve silencio, Larien le presentó el Plan B:

—Está bien, hagámoslo así. Te voy a ganar una semana de tiempo.

—¿Tiempo? ¿Qué tipo de tiempo? —preguntó Bliss confundido ante la inesperada propuesta. Larien respondió con total naturalidad:

—Si la casa del Conde contrata a otro empleado, todo este esfuerzo será en vano. Tengo que evitar que eso pase de alguna forma. Porque si no puedes ir a Inglaterra de ninguna manera, tendremos que abandonar este plan.

—Ah —exclamó Bliss al darse cuenta. Larien tenía razón. No se había detenido a pensar en la posibilidad de que contrataran a alguien más mientras él perdía el tiempo.

—Gr-gracias, Larien. Entendido. Dijiste una semana, ¿verdad? Pensaré en una forma como sea.

—Sí, ánimo. Fighting.

Ante la promesa de Bliss, Larien le dio un empujón de ánimo algo desganado y colgó.

Una semana. Bliss revisó el calendario con el rostro tenso. Dibujó una estrella en la fecha dentro de siete días, respiró hondo y volvió a presionarse a sí mismo:

—¡Piensa, piensa! ¡Tengo que idear un método sea como sea!

Se golpeaba la cabeza una y otra vez intentando concentrarse, pero no surgía ninguna solución brillante. Solo pasaba el tiempo sin remedio mientras él no hacía más que culpar a las limitaciones de su propio cerebro. ¿Acaso todo terminaría así de forma tan patética? Justo cuando caía en la desesperación al ver los días que le quedaban, ocurrió lo inesperado: una oportunidad cayó del cielo.

3.

—¿Qué? ¿A Inglaterra?

Ante las repentinas palabras, Bliss no pudo evitar soltar un grito de sorpresa. Ashley Miller observó con una pizca de amargura el rostro de su hijo menor, sentado frente a él en la pequeña mesa de té.

Entre el Alfa dominante Ashley Miller y el Omega dominante Connor Niles hay seis hijos. Cinco de ellos son Alfas dominantes y solo uno, el más pequeño, Bliss, es Omega. Y no cualquier Omega, sino un Omega dominante, la única naturaleza capaz de provocar un rut en un Alfas dominantes hasta causarle pérdida de memoria o incluso hacer que un Beta mute.

Al ser la naturaleza más rara de todas y poseer la capacidad de ocultar completamente sus feromonas a voluntad, los Omega dominantes suelen ser identificados como Betas en las pruebas de género; por lo tanto, es natural que ellos mismos se consideren Betas hasta el momento de su despertar.

Normalmente, estos Omega dominantes nacen por una probabilidad ínfima producto del azar o de la unión entre un Alfas dominantes y un Omega dominante, pero como su número es tan reducido, la mayoría de las personas pasan toda su vida sin ver a uno. En la familia Miller, solo uno de los seis hijos nació con esa naturaleza.

El problema era el hecho de que todos los demás hermanos eran Alfas dominantes.

Las feromonas de un Omega dominante son tan poderosas que pueden incapacitar a un Alfas dominantes en un instante, y quizás por eso, los Alfas se sienten atraídos instintivamente y de forma arrolladora por ellas. Por esta razón, antes de que naciera Bliss, los otros hermanos siempre rondaban a Koi, y cuando Bliss nació y despertó como Omega dominante, empezaron a mostrar un interés evidente, haciendo berrinches constantemente para que les permitiera oler su aroma.

Para su suerte —o no—, Bliss aún no había tenido su primer celo, pero…

Desde la perspectiva de Ashley Miller, quien observaba todo aquello, era imposible no sentirse ansioso. Si simplemente los dejaba a su aire y a Bliss le llegaba el celo, lo que vendría después era una pesadilla que prefería ni imaginar. Tras mucho pensarlo, había independizado a los hijos desde temprano y les había advertido que no se acercaran a Bliss sin permiso, pero en realidad no había forma de bloquearlos por completo. De hecho, a menudo recibía informes de que los muchachos habían contactado a Bliss a espaldas de su vigilancia.

Exactamente como esta vez.

—Larien estuvo aquí, ¿verdad?

—¡Hiiik!

En cuanto las palabras salieron de su boca, el rostro de Bliss se puso pálido como el papel y ahogó un grito. Ashley observó a su hijo mientras tamborileaba lentamente sus dedos sobre el reposabrazos del sofá.

Su hijo menor, incapaz de mentir o de ocultar lo que sentía, era prácticamente como un cachorro que movía la cola de alegría cada vez que veía a alguien; para él, Bliss era el ser más vulnerable de todos. El chico no tenía ningún sentido del peligro frente a otras naturalezas. Pensar que estaba seguro solo por tratarse de sus hermanos de sangre era un error garrafal, y aun así, él seguía creyéndolo.

Bliss, incapaz de controlarse, movía las pupilas de un lado a otro en un estado de confusión total hasta que, con mucha dificultad, logró abrir la boca.

—Pa-papa. Es que… verá. La razón por la que Larien vino a mi casa es…!

Al ver a su hijo titubeando de esa forma, Ashley no pudo evitar soltar un suspiro. Ashley Miller era excesivamente estricto en cuanto al control de las feromonas de sus hijos; pero, al ser él mismo un Alfas dominantes, sabía perfectamente con qué facilidad aquellos de su misma naturaleza podían desmoronarse ante las feromonas de un Omega.

Además, los Alfas dominantess tienen una parte del cerebro que no funciona con normalidad debido al impacto de las feromonas. Por lo tanto, a menudo cruzan con facilidad los límites de la moral y los tabúes que la gente común daría por sentados. En otras palabras, incluso violar a un hermano con tal de “liberar” feromonas era algo posible para ellos.

Por esta razón, Ashley llevaba mucho tiempo dándole vueltas al asunto: ¿estaba bien dejar que sus hijos siguieran conviviendo así?

Por supuesto, la respuesta ya estaba decidida. Solo era cuestión de tiempo. Y finalmente, había tomado la decisión de enviar a su amado hijo menor al otro lado del océano.

—Siento decirte esto de forma tan repentina.

Ante esas palabras tan bruscas, Bliss se tensó y parpadeó desconcertado. Ashley, sintiendo una punzada de culpa hacia su hijo menor —quien era un poco lento pero el más adorable de todos y, sobre todo, el vivo retrato de Koi—, continuó hablando:

—Pero no tengo otra opción si quiero garantizar tu seguridad. Una vez que los demás encuentren pareja y dejen su marca en alguien, ya no se verán afectados por tus feromonas. Hasta que eso pase, tendré que recurrir a este método.

Aunque solo fuera una medida temporal.

Un Alfa podía dejar su marca en alguien tantas veces como quisiera a lo largo de su vida, pero, a cambio, el efecto era débil. Afectaba a la pareja, pero eso era todo. Si otro Alfa sobreponía su marca a la de un Omega, la anterior desaparecía; y si se dejaban marcas en distintos lugares, el Omega podía verse afectado por varias personas a la vez. Debido a que las restricciones de la marca eran débiles, a veces incluso desaparecían sin razón aparente.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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