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Capítulo 45

—Exacto. Nadie se imaginaría jamás que un Bliss Miller aparecería como un empleado doméstico, así que vamos a aprovechar eso. Y además —añadió Larien con una sonrisa llena de intención—, como serás un trabajador de limpieza, podrás moverte por toda la casa sin levantar sospechas. Si te llegan a ver en algún lado, solo tienes que decir que estás limpiando y listo. Nadie sospecha nada en su propia casa; el Conde Heringer no será la excepción. Estará totalmente relajado y…   

—¡Y así podré atrapar su corazón! —interrumpió Bliss de inmediato.

Larien asintió satisfecha.

—Así se habla.

Animado por la aprobación de su hermana, Bliss se puso las manos en la cintura y sacó el pecho con orgullo.

—Las mucamas lo saben todo. Son seres misteriosos, como joyas ocultas que tienen en sus manos todos los secretos de la casa.

—Cierto —secundó Larien como si fuera una verdad absoluta—. Incluyendo los secretos de la alcoba del señor.

Como buen experto en dramas de infidelidades y pasiones, Bliss captó el sentido de inmediato.

—Eso no se debe hacer. ¿Qué pasará si la señora de la casa se entera? Me echarían a patadas —regañó él, imitando el tono severo de un personaje de televisión.

Larien soltó una risita maliciosa y respondió:

—Pues que lo hagan los tres juntos.

Al ver la cara de horror de su hermano, Larien cambió de tema rápidamente:

—Aunque, pensándolo bien, a mí también me gusta más la señora.

Bliss volvió a quedar estupefacto, pero Larien lo cortó antes de que dijera nada.

—Bueno, ¿con eso se resuelven todos los problemas, no? Ven aquí y dame un abrazo. Aunque seamos familia, tienes que pagar por mis servicios.

Bliss se lanzó dócilmente a los brazos extendidos de Larien, pero de repente levantó la cabeza.

—¡Espera! ¿Cómo voy a conseguir el trabajo? Dijiste que buscan gente por recomendaciones de conocidos. Si el mayordomo no me contrata, todo esto no servirá de nada.

—No tienes que preocuparte por eso ahora mismo. Primero déjame descansar, que usar el cerebro me dejó agotada —apremió Larien con pereza.

Sin embargo, Bliss se soltó de su abrazo y volvió a sujetarse la cabeza con desesperación.

—Fue una idea inútil. Ya decía yo… Eres mala, Larien. Solo te estabas burlando de mí otra vez…

—¡No, no! Espera, es un malentendido —negó Larien apresuradamente al ver a Bliss tan desanimado. Finalmente, soltó un corto suspiro y habló—: Por supuesto que ya pensé en un método, tonto. ¿Cómo crees que te daría una solución sin haber pensado en eso primero?

Ante la mirada inquisitiva de Bliss, ella desbloqueó su teléfono y le mostró una nota que había escrito durante la llamada. Allí estaba detallada toda la información personal del mayordomo, datos sobre los antiguos empleados y hasta una lista de las posibles preguntas que harían en la entrevista. Al ver los ojos de Bliss como platos, Larien dijo con arrogancia:

—Con esto será suficiente, ¿no? Y no te preocupes por la carta de recomendación; puedo fabricarte cien si quieres.

—¿De verdad? ¿Es en serio, Larien?

Ante la mirada cargada de respeto y admiración de su hermano menor, Larien respondió con un rotundo “por supuesto”.

—Nada es imposible para mí. Confía en mí y relájate. Incluso podríamos hacerlo ahora mismo.

—¡Te amo, Larien!

Bliss gritó con entusiasmo ante su actitud segura y la rodeó con un fuerte abrazo. Larien, que parecía haber estado esperando ese momento, lo estrechó contra ella y respiró hondo; el tenue aroma de su hermano la inundó por completo. Era una fragancia dulce, como el olor de la piel de un bebé. “Si a esto se le sumaran sus feromonas, sería el mismísimo paraíso”, pensó.

Larien soltó un suspiro de embriaguez mientras inhalaba profundamente, como si solo con imaginarlo estuviera alcanzando el clímax. Bliss, que se había dejado abrazar dócilmente, recordó algo de repente y se separó de ella con un “¡Ah, cierto!”.

—Por cierto, ¿quién es esa tal Nora? ¿A qué se dedica para conseguir información así de rápido?

Ante la pregunta tardía de su hermano, que todavía la miraba con los ojos brillantes de emoción, Larien soltó una risa lánguida.

—MI5.

—¿Eh?

Bliss la miró con la misma expresión de antes, como si le estuviera preguntando si eso era algún tipo de pudin, canelé, pizza, tarta o galleta que vendieran por ahí. Larien le dedicó una mirada llena de benevolencia y le explicó con dulzura:

—Es algo que existe. Digamos que es como una agencia de recados que se encarga de resolver este tipo de asuntos complicados.

Bliss lo aceptó de inmediato y le dio su propia interpretación:

—Aja, ya entiendo. ¡Como esos detectives que toman fotos de gente siendo infiel, ¿verdad?!

Larien sonrió con frescura y asintió.

—Exactamente eso. Vaya, Bliss, ¡eres bastante listo!

—Es que cuando me pongo a ello, puedo hacerlo —respondió él con orgullo mientras sacaba el pecho.

Al final, resultó que fue mejor que viniera Larien en lugar de Grayson. ¡Quién diría que se resolvería tan fácil!

Ese mismo día, tal como prometió, Larien preparó todos los documentos necesarios antes de marcharse de la mansión. Eso sí, antes de cruzar la puerta, no olvidó darle un último abrazo apretado a Bliss para impregnarse de su aroma una vez más.

—¡Adiós, Larien! ¡Vuelve pronto!

Después de despedir felizmente a su hermana, Bliss regresó al interior de la casa tarareando una melodía. Sobre la mesa descansaba una pila considerable de documentos que Larien acababa de fabricar.

Con esto debería ser suficiente, ¿no?.

Incluso tenía las posibles preguntas de la entrevista. El único problema era memorizar las respuestas sin equivocarse, pero tenía tiempo de sobra.

—La, la, la… —canturreó mientras daba un giro sobre un pie, incapaz de ocultar su felicidad, hasta que de pronto algo lo golpeó.

¿Qué excusa voy a inventar para irme a Inglaterra?

Dulcinea: *MI5: Bliss piensa que es comida, pero en realidad es el Servicio de Seguridad del Reino Unido. ¡Larien tiene contactos en la inteligencia británica!

Robin: ajajajajaajajaj no puedo!!

—Mmm… mmm…

Bliss volvió a sujetarse la cabeza, sumido en un mar de dudas. Tenía que inventar una excusa como fuera, pero engañar a Ashley era una misión imposible. Estaba claro que, si mentía, lo descubrirían al instante. Por supuesto, lo más fácil sería contar lo que pasó aquel día y que obligaran a Cassian Strickland a pedirle perdón, pero…

Si se lo decía a Ashley, este llamaría a Cassian de inmediato y el hombre se disculparía sin rechistar.

—¡Ni hablar!

Bliss resopló con desdén. Si se hubiera conformado con una disculpa formal, no habría tenido que buscar a Grayson ni a Larien. El plan de Larien lo tenía completamente fascinado. Lo que necesitaba ahora era una forma de viajar a Inglaterra y terminar la misión sin que Ashley se enterara.

—¿Pero cómo?

—¡Larien, debiste decirme esto antes de irte!

Bliss intentó llamarla, pero su teléfono estaba apagado. Desesperado, también llamó a Grayson, pero, como era de esperarse, no contestó. Si se lo decía a Nathaniel o a Stacey, seguramente lo ignorarían. Y Chase evitaba involucrarse con la familia siempre que podía, así que tampoco era una opción.

—¡Aaaaah!

Al final, Bliss estalló de frustración y volvió a rodar por la cama gritando. Se tiraba de los pelos soltando alaridos de agonía hasta que, al tercer día, recibió una llamada inesperada de Larien.

—¿Y bien? ¿Ya tienes fecha para la entrevista? ¿Cuándo te vas? ¿Estás preparándolo todo bien? ¿Ya te memorizaste todas las respuestas? No me digas que ya fracasaste y volviste… ¿Qué pasa? ¿Por qué no respondes? ¿Eh? ¿Me escuchas?

—La… Larien…

Bliss no sabía qué decirle a su hermana, que lo bombardeaba a preguntas llena de entusiasmo.

—Es que… bueno… verá, la cosa es que…

Ante sus tartamudeos nerviosos, Larien soltó un suspiro de “ya me lo imaginaba”.

—Ya veo, fracasaste. Bueno, era de esperarse, era demasiado para ti.

—No es eso.

Bliss intentó hablar, pero Larien seguía a lo suyo sin escucharlo.

—Está bien, Bliss. Simplemente ríndete. A mí no me importa, después de todo los demás no saben nada, así que da igual. ¡Venga, vamos a olvidarlo! ¡Fuera!

—Larien, que no es eso.

Bliss trató de explicar la situación una vez más, pero Larien seguía hablando por los codos sin dejarle espacio.

—Por cierto, ¿qué pasó con el uniforme de mucama? Espero que no lo hayas dejado por ahí. Mañana tengo tiempo, ¿puedo pasar a verte? Déjame verte con el uniforme puesto. Tienes que practicar cómo servir el té… No, mejor no, que es peligroso, no hiervas agua. Solo haz el simulacro, el puro teatro. ¿Tienes la diadema del uniforme? ¿Quieres que te compre una? La diadema es esencial. ¡Ah! ¿Y el liguero? Eso también es obligatorio. Compraré uno y te lo llevo…

Robin: es el pinchi plan más genial que he leído en toda mi vida amo ajajajaj



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN 


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