Capítulo 44
Bliss quedó totalmente fascinado con la idea de Larien.
—Es una buena idea. Es una idea realmente buena, ¡pero…!
—¿Y qué hay de que es un Beta? —señaló Bliss, indicando un problema fundamental.
—Cassian Strickland es un Beta, Larien. Además, a mí ni siquiera me ha llegado el celo. Soy prácticamente lo mismo que un Beta. ¿Cómo voy a hacer que un hombre así se enamore de mí?
No es que no existan personas que se sientan atraídas por su mismo sexo sin ser un segundo género específico, pero es extremadamente raro y, a menudo, se les trata como personas extrañas.
—¡Es imposible que el único heredero de la familia Strickland haga algo así!
Justo cuando Bliss lanzaba una mirada de sospecha, pensando que después de todo Larien tampoco era de mucha utilidad, ella movió el dedo índice de lado a lado con total confianza y respondió:
—Bliss, definitivamente eres un tonto. Originalmente, el amor arde con más fuerza cuando hay obstáculos.
—¿Obstáculos?
—Exacto.
Ante la confusión de Bliss por esa palabra inesperada, Larien se cruzó de brazos, levantó la barbilla y preguntó:
—Pasa mucho en los dramas que ves, ¿no? Parejas que no pueden estar juntas. Pero mira, al final, todos terminan siendo felices, ¿verdad?
—Eh, sí.
Tenía razón. Cuando Bliss asintió, Larien continuó:
—¿Por qué la realidad sería distinta? El mundo entero gira gracias al amor. Amor por aquí, amor por allá. Todos unidos por el amor.
—S-sí, supongo.
—Y de todos ellos, el más ardiente es precisamente el amor imposible. Eso es lo que trato de decir.
—… No lo entiendo muy bien.
Al ver que Bliss seguía sin comprender, Larien hizo un sonido de duda, mantuvo los brazos cruzados y cambió de táctica con otra pregunta:
—Piénsalo, Bliss. El Papa da miedo, ¿verdad?
—¡U-uh-huh! ¡Claro que sí! ¡Tú también le tienes miedo, Larien!
En cuanto mencionaron a Ashley, Bliss se puso a la defensiva y contraatacó. Larien, por primera vez, pareció intimidada y encogió los hombros un momento. “Vaya, con ese miedo y aun así se atrevió a venir hasta acá”, pensó Bliss, admirando internamente el valor de su hermana. Ella carraspeó y volvió a hablar:
—Eso no es lo importante ahora. Escucha: incluso el temible Papa hace lo que sea que el Daddy le pida, ¿no es así?
—… Bueno, eso es cierto.
Larien no se equivocaba. Pensándolo bien, Ashley jamás se enojaba con Coy bajo ninguna circunstancia. Mientras crecían, Coy a menudo mentía diciendo que él había cometido los errores de los niños para protegerlos, así que Bliss asintió dócilmente. Al ver su reacción, Larien levantó la barbilla con arrogancia y declaró:
—De eso se trata el amor. Incluso alguien tan aterrador como el Papa no tiene más remedio que ser débil ante el Daddy.
—¡Es verdad!
Bliss se dejó convencer por completo en un segundo. Se puso de pie de un salto y gritó con la voz llena de entusiasmo:
—¡Entonces solo tengo que hacer que ese tipo, Cassian, caiga rendido ante mí, ¿verdad?!
—Exacto. Si logras que llegue a ese punto, hará cualquier cosa que le pidas…
Larien asintió y, antes de que terminara, Bliss la interrumpió de inmediato:
—¡Me pedirá perdón y me suplicará de rodillas!
Al ver a su hermano menor gritando de emoción, Larien esbozó una sonrisa satisfecha y estiró la mano para acariciar su cabeza redonda.
—Así es. Parece que finalmente estás empezando a usar eso que llamas cerebro.
Ante el elogio, Bliss soltó una risita tonta, pero pronto sus mejillas se encendieron por la agitación y preguntó con urgencia:
—Entendido. ¿Entonces qué hacemos? ¿Cómo hago para que se enamore perdidamente de mí? ¿Qué tengo que hacer?
Preguntó una y otra vez, pero Larien solo emitió un “Mmm…” y guardó silencio. Bliss esperó, pero ella parecía sumida en sus pensamientos y no decía nada. Al ver que, a diferencia de antes, la respuesta no llegaba de inmediato, Bliss empezó a ponerse nervioso.
«¿No será que Larien es tan cabeza hueca como yo?»
Justo cuando ese pensamiento cruzaba su mente, Larien sacó su teléfono y comenzó a buscar algo rápidamente. Durante un momento, agitó una pierna de forma frenética como si tuviera un motor encendido, hasta que de pronto relajó la expresión y habló con una voz dulce como la miel:
—Hola, Nora. Mi adorable canario… Vaya, escuchar tu voz tan sexy hace que quiera volar hacia ti ahora mismo. ¿Qué qué es lo que más extraño de ti? Pues…
Mientras hablaba, Larien hizo contacto visual con Bliss, quien la miraba con una expresión de absoluto asco; ella, fingiendo no darse cuenta, giró la cabeza hacia otro lado.
—… Escucha, Nora. Hay algo que me gustaría que investigaras. Oh, no es nada del otro mundo, solo información necesaria para un negocio. Por supuesto, claro. Sí. Es el Conde Heringer, el primogénito del Duque Strickland. Exacto, ese hombre. ¿Habrá alguna noticia reciente sobre él? He investigado un poco por mi cuenta, pero quería saber si hay algo oculto. Cualquier detalle por pequeño que sea servirá. Si tienes información sobre la gente de su entorno, mejor aún. Sí, gracias. Te amo.
Larien lanzó un beso al aire con un sonoro mua, presionó el botón de finalizar llamada y le dedicó una sonrisa radiante a Bliss.
—Ahora solo tenemos que esperar.
—Gracias. ¿Cuánto tardará?
Cuando Bliss preguntó con una expresión que denotaba poca confianza, Larien ladeó la cabeza y se encogió de hombros.
—No lo sé… ¿Una hora? ¿Dos?
—¿Tan rápido?
Ante la sorpresa de Bliss, Larien mostró una sonrisa llena de misterio y absorbió la limonada de un solo trago, haciendo un ruido exagerado con el popote.
—Ten.
Le tendió el vaso vacío de forma presumida, por lo que Bliss se levantó a toda prisa y corrió hacia el minibar. Cuando regresó, traía entre ambas manos una jarra de cristal llena de limonada. Le sirvió un vaso con hielos y Larien, una vez más, se lo bebió de un solo golpe.
Justo cuando terminaba su cuarto vaso, el sonido del teléfono resonó en la habitación. Larien miró quién llamaba, mostró una sonrisa llena de suficiencia y presionó el botón de contestar. Increíblemente, era la llamada que estaban esperando.
¿De verdad pasó solo una hora?
Mientras Bliss la observaba maravillado, Larien intercambió unas cuantas palabras con una sonrisa de oreja a oreja.
—Como siempre, mi tierno canario. Me dan ganas de ir ahora mismo y darte un abrazo que te deje sin aliento… Iré a verte pronto. Oh, por supuesto. ¿Cómo podría vivir sin ti?
Pero la cosa no terminó ahí. Frente a un Bliss horrorizado, Larien soltó todo tipo de frases dulces y descaradas antes de colgar. La mayor parte del tiempo se limitó a seguirle la corriente a la otra persona o a lanzar preguntas cortas, pero parecía haber obtenido toda la información necesaria, pues su rostro reflejaba una satisfacción total al mirar a Bliss.
—Hay información bastante útil.
—¿En serio? ¿Qué es? ¿Qué te dijeron? —preguntó Bliss con el corazón acelerado por la impaciencia. Larien se metió otro higo a la boca antes de responder:
—Dicen que en la casa del Conde Heringer están buscando personal nuevo. Parece que les falta gente para las tareas domésticas. El mayordomo es bastante exigente, así que no es una convocatoria abierta, sino que buscan a alguien por recomendaciones de conocidos.
—Entiendo. ¿Y luego?
Ante la mirada vacía de Bliss, Larien guardó silencio un momento y luego habló con una pausa más marcada de lo habitual:
—Si consigues empleo ahí, podrás ver al Conde de cerca, Bliss.
—… ¿Eh?
Bliss seguía sin entender y ladeó la cabeza. Un silencio incómodo se apoderó de la habitación. Tras unos segundos de quietud absoluta, parpadeando mientras miraba a Larien, Bliss finalmente pareció tener una epifanía.
—¡Ah! ¡Entonces yo puedo presentarme como voluntario!
Larien se quedó perpleja por un instante. Su idea original era pagarle a alguien para infiltrarlo. Sin embargo, al imaginar a Bliss con un uniforme de sirviente, esbozó una sonrisa radiante.
—Exacto, Bliss. Así es.
Pero pronto Bliss volvió a dudar:
—¿Pero por qué tengo que trabajar ahí?
—Entonces, ¿cómo planeabas acercarte a ese tipo?
Al final, Larien perdió la paciencia y contraatacó con otra pregunta. Bliss titubeó, buscando una respuesta. Sin esperar a que él dijera nada, Larien soltó las palabras a toda velocidad:
—Supongamos que le dices desde el principio que eres Bliss Miller. ¿No crees que se pondría a la defensiva? Empezar rompiendo sus barreras sería agotador y te daría dolor de cabeza. Por eso, tienes que hacer que baje la guardia contigo.
—¡Ah! ¡Por eso!
—Exacto.
Larien asintió al ver la reacción de Bliss, quien finalmente parecía haber comprendido el plan con los ojos bien abiertos.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN